Las bendiciones de los problemas y aprietos económicos

Conferencia General Octubre 1982

Las bendiciones de los problemas y aprietos económicos

James E. Faust

por el élder James E. Faust
del Consejo de los Doce


Hace algunos años, el obispo James T. Erekson, una persona muy sabia y próspera, miembro de un sumo consejo, hizo una declaración que me impresionó en gran manera: «En esta generación hay muchos que no han conocido las bendiciones de la adversidad económica.» Esta mañana me gustaría hablar de las bendiciones que podemos recibir cuando nos enfrentamos con los problemas y los aprietos económicos.

Parece que a los economistas les es difícil decidir en que momento estamos en una depresión o una recesión; pero una persona dijo que la forma de saberlo era la siguiente:

«La recesión es el periodo en el que uno se aprieta el cinturón y la depresión es la época en que uno ni siquiera tiene un cinturón que apretar.» (Braxde Speaker Encyclopedia, pág. 46).

Muchos países del mundo han llegado a una situación económica muy difícil; hay personas que han

perdido el empleo y hasta las posesiones que tanto les había costado adquirir; otros se encuentran sin comida ni ropa. Durante el periodo normal de la existencia humana, muchas personas han tenido o tendrán que enfrentarse a momentos económicamente difíciles. En Eclesiastés leemos:

«. . . ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.» (Eclesiastés 9:11.)

El Salvador verificó esta enseñanza cuando al hablar del Padre, dijo: «. . . hace salir su sol sobre malos y buenos, y . . . hace llover sobre justos e injustos.» (Mateo 5:45.)

En las diferentes dispensaciones del evangelio encontramos lecciones que nos ayudan a comprender que algunas de las calamidades a la larga llegan a ser bendiciones. Aunque los siguientes ejemplos tienen mayor significado para la humanidad en general, sus lecciones se pueden aplicar individualmente cuando nos toca hacer frente a las tribulaciones.

El inmenso sufrimiento del Salvador en Getsemani y su crucifixión fueron grandes calamidades; sin embargo, por medio de Su sacrificio expiatorio, el hombre fue redimido de la muerte y el infierno.

El esparcimiento de Israel por todo el mundo hizo que se mezclara la sangre creyente entre todas las naciones, a fin de que ahora puedan participar del plan del evangelio.

La historia de los nefitas esta llena de pruebas, tragedias y sufrimiento; pero aun así, todas las experiencias que tuvieron que pasar los llenaron de fortaleza y les ayudaron a progresar.

El Señor conoce los valores que se pueden aprender de las pruebas y las adversidades.

Cada año trae consigo nuevas oportunidades. Con las siguientes palabras, Carlos Dickens nos da un preámbulo de su libro «Historia de dos ciudades»:

Fue la mejor época, así como la peor;
fue la era de la razón, así como la de la locura;
fue el siglo de luz; fue el siglo de la oscuridad.
Lo tuvimos todo ante nosotros;
mas no tuvimos nada.
(Nueva York: Doubleday, pág. Traducción libre.)

En la pared exterior de una antigua iglesia ubicada en Leicester, Inglaterra, se encuentra inscrito un pensamiento muy hermoso que dice:

«En el año 1654, cuando por’ toda la nación lo que no había sido demolido había sido profanado. Sir Robert Shirley fundó y construyó esta iglesia. A él se debe la honra por haber hecho las mejores obras en los peores tiempos, y por haber tenido esperanza aun en medio del desastre.»

Además de los disturbios económicos a los que hacen frente las naciones, cualquiera de nosotros puede, en cualquier momento, sufrir los reveses de la fortuna. No tenemos garantía alguna en contra de los tiempos difíciles de carácter económico. Este tipo de dificultades puede ser el resultado de varias clases de desgracias, incluyendo desastres naturales tales como inundaciones, incendios y terremotos. Los accidentes y las enfermedades pueden ocasionar gastos inesperados y asombrosos por concepto de atención medica y hospitalización. Las desgracias de otros miembros de la familia pueden requerir nuestra ayuda, y el desempleo y la inflación pueden rápidamente consumir todos nuestros ahorros.

Las dificultades económicas pueden acarrear problemas de carácter personal; el desaliento y la frustración con frecuencia acompañan a las desgracias. Los problemas monetarios ocasionalmente influyen en forma negativa en las relaciones familiares, ya que a menudo nos obligan a privarnos de cosas que tal vez necesitemos o que simplemente queremos. Lo que para uno puede ser una calamidad, para otro puede consistir en una oportunidad. Hablando por medio de El Duque, Shakespeare dijo:

«Dulces son los frutos de la adversidad; semejantes al sapo, que, feo y venenoso, lleva no obstante, una joya preciosa en la cabeza.» (A vuestro gusto, Acto Segundo, escena primera, líneas 15-18.)

Los efectos perdurables de los problemas económicos con frecuencia los determina nuestra actitud hacia la vida. Un escritor dijo:

«De las mismas substancias, un estómago extraerá alimento y otro veneno; de igual forma, los desengaños de la vida purificaran y refinaran el espíritu de un hombre y llenaran de amargura el de otro.» (William Matthews, Webster’s Encyclopedia of Dictionaries, New American Edition, Ottenheimer Publishers, Inc., pág. 864.)

El élder LeGrand Richards relató la siguiente anécdota a un joven, que en un momento de desesperación le preguntó con que fin vive la juventud:

«Recordarás la historia de los dos cubos que bajaban al pozo; mientras uno subía con el agua, dijo: ¡Que mundo tan frío y solitario; subo tantas veces lleno de agua, pero siempre tengo que bajar vacío!’ El otro cubo le contestó sonriendo: ‘A mi me sucede lo contrario; no obstante todas las veces que baje vacío, siempre subo lleno.» (En Conference Report, abril de 1951, pág. 40.)

El hermano Joseph Stucki, fiel miembro de la Iglesia, murió en la Navidad de 1927 después de una corta enfermedad, dejando a su esposa con siete hijos, de los cuales el mayor se encontraba en una misión. Dos de los hijos y un sobrino que ella estaba educando murieron poco tiempo después. Otro de los hijos fue enviado a una misión, y esto a costa de grandes sacrificios, cosiendo ropa ajena, v viviendo con el poco dinero que recibían mensualmente de una póliza de seguros.

Durante esa época tan difícil, se distribuyó harina entre los miembros necesitados del barrio, para lo cual se solicitó la ayuda de los jóvenes para que llevaran a cabo esa tarea. También la hermana Stucki recibió una bolsa de harina, pero ella, sabiendo que en el barrio había otras familias mas necesitadas, rehusó aceptarla, diciéndole al joven que la había llevado que ella estaba tratando de enseñar a su familia a ser independiente y autosuficiente. Aunque a los miembros dignos de la Iglesia deben sentirse bien al aceptar ayuda cuando la ofrece el obispo, la hermana Stucki estaba tratando de enseñar una lección al joven que estaba a su puerta: ¡su propio hijo! Todos sus hijos asistieron a la universidad y se convirtieron en personas bastante prósperas, viviendo siempre bajo el lema: «Vive con lo que tienes, o arréglatelas sin lo que no puedes tener.»

Un hombre sabio dijo: «El Señor recluta a sus mejores soldados de entre las filas de la aflicción.» (C. H. Spurgeon, Sorrows Discipline, No. 9.) Algunas de las bendiciones que podemos utilizar para superar la adversidad económica son:

Primero, y tal vez lo de mayor importancia, es que nuestra fe y testimonio pueden fortalecerse. El miembro fiel de la Iglesia sabe que en los momentos de dificultad económica el Señor ayuda a quienes «temprano me han buscado» (D. y C. 54:10). Sin embargo, aquellos miembros que no han empezado a buscarle desde el comienzo de su vida religiosa, pueden tomar la decisión de hacerlo con mas diligencia. Aprendemos a reconocer la mano del Señor cuando nos ayuda y en los momentos difíciles tenemos la oportunidad de considerar y poner en orden lo que es de mayor prioridad en la vida. Aprendemos lo que para nosotros es de mayor importancia y a nuestro paso se abre el camino que fortalecerá nuestra fe y testimonio.

Segundo, podemos aprender la necesidad de adquirir humildad. El sentir que dependemos del Señor infunde en nosotros el deseo de desarrollar la cualidad de querer aprender de otros, el cual es un aspecto importante de la humildad.

Tercero, los miembros de la familia aprenden a cooperar y amarse mutuamente al verse forzados a estar mas unidos para poder sobrevivir.

Cuarto, se pueden lograr la dignidad personal y el autorrespeto. Alguien dijo:

«Alégrate de que la vida este llena de grandes obstáculos, y a la vez regocíjate porque son mas difíciles de vencer de lo que a la mayoría de las personas les gustaría. Se feliz al ver que son numerosos.» (Autor anónimo.)

Quinto, podemos llegar a ser mas fuertes y resistentes. Edmund Burke*  (*Edmund Burke: escritor y orador Irlandés [1729-1797.])  dijo:

«La dificultad es un instructor severo, impuesto por decreto supremo de un Padre legislador R protector, que nos conoce mejor de lo que nosotros nos conocemos y que también nos ama mas. Aquel que lucha contra nosotros. involuntariamente nos fortalece v mejora nuestras habilidades.  Nuestro oponente es nuestro ayudante». («RetectiowLs on the Ret olution iel Fraelce», Nueva York: P.F. Collier, 1909, 24:299-300.)

Sexto, aprendemos paciencia. En algunas ocasiones la adversidad económica requiere mas tiempo del que pensamos. La paciencia aumenta en aquel que aprende a soportar las adversidades mientras trata de superarlas, y de esa forma los problemas no le agobian. Durante la aflicción económica y social que sufrieron ciertas personas del Libro de Mormón se les exhortó a soportarlas pacientemente para que no fueran «llevados por las tentaciones del diablo» (véase Alma 34:39)

Séptimo, al usar los talentos y habilidades que de otra forma no hubiéramos podido desarrollar, nos elevamos a alturas que antes nos parecían inalcanzables La necesidad económica abre el camino a las buenas experiencias de aprendizaje.

Octavo, podemos aprender a confiar en el Señor y de este modo vencer el temor. «. . . si estáis preparados, no temeréis.» (D. y C. 38:30.)

Hay muchas formas en que se pueden afrontar las dificultades económicas. A veces tenemos que aceptar menos de lo que esperábamos recibir. Un discursante declaró en una ocasión: «Pase por una capilla muy pequeña que tenía el siguiente letrero: ‘Festival anual de las fresas’, y debajo en letras mas pequeñas, ‘debido a la depresión se servirán ciruelas.» (Braude SpeaAcers Encyclopedia, pág. 1.)

Karen Nielson nació en Aalborg, Dinamarca, en 1844; era hija de una familia de granjeros. En los primeros años de su vida aprendió sentada en las rodillas de su padre todo lo relacionado con la lechería.

En 1861, Karen fue bautizada, pero nunca pudo regresar a su hogar debido a que su padre se oponía a su conversión. En 1862 salió de Dinamarca y emigró a Utah con un grupo de santos escandinavos. Vivió por algunos años en la jurisdicción de Utah donde contrajo matrimonio con Benjamin Franklin Barney, y luego fueron llamados para colonizar el valle de Sevier.

Karen tuvo diez hijos y quedó viuda cuando todavía varios de ellos eran pequeños. En vista de que no tenía familiares a quien acudir, decidió poner en practica todo el conocimiento que había adquirido sobre la lechería cuando vivía en Dinamarca; mejoró el ganado lechero con las técnicas de cría que había aprendido de su padre. Muy pronto su ganado fue reconocido como uno de los mejores de la región y fue así como pudo mantener a su familia y velar por sus necesidades. Aun después de haber cumplido los ochenta años, Karen continuaba ordenando las vacas por las mañanas y por las noches y cuidando de su granja con la ayuda de sus hijos y nietos. Dejó una herencia de arduo trabajo y el conocimiento de que nuestra vida es tan buena como nosotros deseemos hacerla. Nunca se alejó de las dificultades y penurias; mas bien, estas parecían fortalecerla.

Antes sugerí ocho bendiciones que podremos recibir a medida que tratamos de superar las dificultades económicas. Ahora me gustaría sugerir seis pasos que nos pueden ayudar a no dejarnos vencer por dichas dificultades:

  1. Buscar primeramente el reino de Dios (véase Mateo 6:33). Esta búsqueda incluye el pago del diezmo y de las ofrendas de ayuno a fin de que, debido a nuestra obediencia, seamos bendecidos tanto espiritual como temporalmente. El buscar primeramente el reino de Dios implica que nos esforcemos por guardar la ley que el apóstol Santiago llamó «la ley real», o sea, «. . . amaras a tu prójimo como a ti mismo» (Santiago 2:8). Para buscar primero el reino de Dios debemos guardar los mandamientos divinos. La fortaleza espiritual proviene de muchas fuentes en las que se incluyen la oración personal, el estudio de las Escrituras y el deseo de «someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente imponer . . .» Mosíah 3:19). Estas medidas nos pueden dar cierta paz y estabilidad.
  2. Afianzar la fortaleza familiar en dos aspectos: espiritual y material. Entre los aspectos mas importantes de la vida familiar se destaca su fortaleza espiritual, la cual aumenta por medio de la oración familiar. Tanto el hacer un buen presupuesto del dinero como el llevar a cabo los concilios familiares, contribuirían al establecimiento de una unidad familiar especial. Todos debemos esforzarnos por tener comida, ropa y otros artículos de primera necesidad en cantidad suficiente como para un año. En los tiempos difíciles son muy necesarias y apreciadas las demostraciones de bondad. Cuando el dinero es escaso es mas fácil enseñar a los hijos a gastarlo prudentemente e inculcar en ellos la necesidad de ahorrar para el futuro. A la familia se le puede recordar la importancia de mantener una perspectiva eterna en lugar de concentrarse en la riqueza y las posesiones mundanales. Las organizaciones familiares pueden ofrecer a la familia la ayuda que necesita. También es importante aprender a aceptar la ayuda de los familiares en una forma cortes.
  3. Ejercer la fe. El Salvador dijo: «. . . al que cree todo le es posible» (Mareos 9:23). Y en otra oportunidad «todas las cosas obraran juntamente para vuestro bien» (D. y C. 90:24). La actitud con que nos sometemos a «todas las cosas» es importante. Será de ayuda el mantener una actitud positiva y jovial. La creencia de que «todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien es como un estabilizador (D. y C 122:7).
  4. Ser adaptable en el trabajo Teodoro Roosevelt dijo:

«No se debe sentir lastima por alguien que tiene que trabajar… El mejor precio que la vida ofrece, es la oportunidad de trabajar arduamente en algo que valga la pena.» (The Reader’s Digest Treasury of Modern Quotations. New York Reader’s Digest Press., 1975, pág. 169).

En épocas de dificultades económicas tal vez sea necesario trabajar por menos salario. También debemos estar dispuestos a aprender nuevas técnicas comerciales. Hay una gran cantidad de personas que han descubierto gozo v satisfacción al tener un empleo totalmente diferente al trabajo para el cual se prepararon originalmente. Los miembros de la familia necesitan buscar la manera de aumentar ingresos por medio de oportunidades apropiadas de trabajo. El ser flexibles al considerar dichas oportunidades es lo que tal vez nos mantenga a flote económicamente. El trabajar honradamente por lo que se recibe ha salvado muchos empleos; ayuda también a evitar el tener que aceptar la caridad del gobierno, lo cual mina nuestra dignidad y amor propio David Grayson dijo

«He descubierto que la felicidad es casi siempre el resultado del trabajo arduo.» (En The Reader’s Digest, Treasury of Modern Quotations, pág. 171.)

  1. Evitar las deudas. El presidente J. Reuben Clark, hijo, dijo: «Evitad la deuda como evitaríais la plaga» (En Conference Report, abril de 1937, pág. 2ó). Este, en particular, es un consejo muy sabio en una época de intereses extremadamente altos. La deuda, con su siempre constante fruto, el interés, son déspotas despiadados. Hace un año, escuchamos en este tabernáculo, en una cinta cassette, la voz del presidente Clark que decía: «El que pida prestado debe entender lo que es el interés; estará con el a toda hora del día y de la noche. » (Conference Report, abril de 1938, pág. 103.)
  2. Reducir los gastos. Cuando se le pregunto a George Lyman cómo era que alguna gente de un pueblito del sur de Utah vivía de sus escasos ingresos, respondió: «Vivían sin gastar». En otra ocasión alguien hizo esta observación:

«Generaciones de grandes filósofos han sonado con una sociedad que no requiera dinero. Por lo que respecta a algunos de nosotros, ya hemos dejado atrás esa época.. .» (Levenson, Folt Dboel’t Have to Be in Who’s Who to Know What is What, pág. 184.)

La riqueza no nos asegura bendiciones eternas y la dificultad económica no anula los convenios eternos. El élder Neal A. Maxwell dijo:

«Una depresión económica sería terrible, pero no cambiaría la realidad de la inmortalidad. La inseguridad de la bolsa de valores no afecta el hecho inevitable de la Segunda Venida . . . Un caso de cáncer no anula las promesas de la investidura del templo . . .

«Todo lo que vale la pena permanece gloriosamente intacto. Las promesas son inmutables. Todo depende de nosotros.» (Notwtthstanding rny Weakness, Salt Lake City: Deseret Book, 1981, pág. 57.)

Antes de enseñar la parábola del rico, cuya heredad había producido mucho, Jesús dijo:

«Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.» (Lucas 12:15.)

Y también ha dicho:

«. . . no me molestéis mas en cuanto a este asunto.

«Aprended, mas bien, que el que hiciere obras justas recibirá su galardón, sí, la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero.» (D. y C. 59:22-23.)

En el fuego purificador de las dificultades económicas pueden surgir bendiciones eternas que quizás ayuden a salvar a las familias y a exaltar a sus miembros, si somos unidos y nos fortalecemos mutuamente, de lo cual testifico en el nombre del Jesucristo. Amen.

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