La caravana continúa su marcha

Conferencia General Octubre 1984

La caravana continúa su marcha

élder Bruce R. McConkie
del Quórum de los Doce Apóstoles

“La Iglesia es como una larga caravana, organizada, preparada, siguiendo un curso señalado. ¿Que importa si unos perros ladran y pegan mordiscones en nuestros tobillos?”


Quisiera proponer algunas pruebas sencillas que todos podríamos tomar para determinar si somos leales a la fe.

Estas pruebas consisten de unas cuantas preguntas elementales, todas las cuales deben ser contestadas afirmativamente a fin de recibir las bendiciones del evangelio en esta vida y heredar la vida eterna en el futuro celestial.

Nuestro bien amado hermano Pablo, el apóstol de la antigüedad. nos aconseja de la siguiente manera:

“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos vosotros mismos.” (2 Cor. 13:5).

Bien haríamos en preguntarnos a nosotros mismos: ¿Creemos en toda la doctrina de salvación? ¿Estamos guardando los mandamientos? ¿Somos valientes en la causa de la verdad y la justicia? ¿Seremos salvos en el reino de Dios?

De entre las muchas preguntas que algún día tendremos que responder, quisiera poneros a prueba con las siguientes:

Prueba número uno: ¿Adoráis al único Dios verdadero y viviente?

No hay salvación en la adoración de un Dios falso-ya sea una vaca, un cocodrilo, un cerdo, ni siquiera una esencia espiritual, sin cuerpo, partes ni pasiones, que llena la inmensidad del espacio.

Los verdaderos creyentes adoran a ese Santo Ser que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas (Apo. 14:7).

Él es el Padre de los espíritus con quienes vivimos antes de que se establecieran los cimientos de esta tierra. Él es nuestro Padre Celestial, quien ordenó y estableció un plan de salvación mediante el cual sus hijos espirituales pudieran avanzar y progresar hasta llegar a ser como él.

Él es un Hombre Santo, un personaje de tabernáculo, poseedor de un cuerpo de carne y huesos; creador del hombre mortal a su propia imagen, varón y hembra los creo (Gen. 1:27).

Se trata de un ser glorificado en el cual están encerradas toda plenitud y perfección, quien conoce todas las cosas, y posee todo poder, toda fuerza y todo dominio.

Prueba número dos. ¿Creéis en la caída de Adán?

No hay salvación en un sistema religioso que rechaza la doctrina de la Caída, o que concluye que el hombre es el producto de un proceso evolutivo y que por ende jamas estuvo sujeto a una caída.

El verdadero creyente sabe que esta tierra, el hombre y todas las formas de vida fueron creados en un estado edénico o paradisíaco en el cual no existía ni la procreación ni la muerte.

En esos primeros días Adán y Eva se encontraban en un estado de inocencia, sin sentir gozo, porque no conocían la miseria; sin hacer lo bueno, porque no conocían el pecado (2 Ne. 2:23).

Mas en la providencia del Señor,

“Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo” (2 Ne. 2:25).

Mediante la caída de Adán, se introdujo en el mundo la muerte temporal y espiritual, e hizo que la vida en esta tierra se transformara en un estado probatorio.

Prueba numero tres: ¿Creéis en el sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo?

En cuanto a esta pregunta, doy mi respuesta personal: Junto a Job testifico que se que mi Redentor vive. Que aunque los reveses de las enfermedades destruyan mi cuerpo, y aunque sea castigado por la espada de la muerte -aun así sé que ese ser que me compró con su sangre pronto habrá de reinar en la tierra y en mi carne he de ver a Dios (Job 19:25 26).

Soy testigo de que Cristo fue clavado sobre la cruz del Calvario; que fue crucificado, que murió, y que se levantó de entre los muertos al tercer día: que ascendió a los cielos, donde, sentado a la diestra de Dios, el Padre Todopoderoso, reina ahora en la gloria sempiterna; y que pronto volverá a reinar entre los hijos de los hombres.

Sé que él es el único Mediador entre Dios y el hombre; que lleva a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre: y que su ministerio es un ministerio de reconciliación mediante el cual el hombre caído puede reconciliarse con su Hacedor.

Sé que la salvación esta en Cristo y que únicamente mediante la fe en su nombre podemos tener la esperanza de ganar las riquezas de la eternidad

Él es mi hermano y mi amigo y aun más que eso él es mi señor mi Dios y mi Rey a quien adoro como majestuoso integrante de la Trinidad quién continuará siendo mi Salvador mi Redentor y mi Dios a lo largo de toda la eternidad.

Prueba número cuatro: ¿Aceptáis el plan de salvación?

De la misma forma que hay solamente un Dios y un Salvador, también hay otra salvación, u camino recto y angosto que lleva a la vida eterna, una sola forma mediante la cual gracia de Dios puede ser derramada sobre nosotros, los mortales, en medida plena.

A fin de ganar la salvación, los hombres, donde quiera que se encuentren, deben tener fe en el Señor Jesucristo. Deben arrepentirse de sus pecados y ser bautizados por un administrador legal de tal ordenanza que tenga el poder de sellar en la tierra y en los cielos. Deben recibir el don del Espíritu Santo, ser santificados por el poder del Espíritu y guardar los mandamientos de Dios todos los días de su vida.

Prueba número cinco: ¿Creéis en el Evangelio tal como fue restaurado en esta última dispensación de gracia?

Sea puesto en conocimiento de todos los hombres, sea proclamado por el mismo clarín de Dios, canten los coros angelicales de su maravilla y gloria. Llénense las huestes de los hombres de asombro al declarar la voz de los cielos: que Dios ha restaurado en estos últimos días la plenitud de su evangelio sempiterno.

Que todo ojo vea, que todo oído escuche, que todo corazón sea penetrado-pues se escucha otra vez la voz de Dios. Los ángeles una vez mas descienden de las cortes de gloria para declarar las verdades eternas al hombre mortal. El don del Espíritu Santo se está derramando sobre los fieles, y miles de personas nuevamente cantan alabanzas al Santo de Israel.

Escuchad, todos los confines de la tierra. Dios ha hablado: los cielos se han abierto: tenemos su evangelio: el hombre esta investido nuevamente de llaves y poderes; y se invita a todos a allegarse sin dinero ni precio, y deleitarse en la buena palabra de Dios. Pues la salvación es gratuita.

Prueba número seis: ¿Sois miembros fieles de la verdadera Iglesia?

¿Estáis guardando los mandamientos de Dios? ¿Le amáis y le servís con todo vuestro corazón alma, mente y fuerza?

No existe tal cosa como ganar la salvación a través de un Dios falso ni por seguir un plan de salvación falso ni por ser miembro de una iglesia falsa.

La verdad pura e inmaculada la verdad que no se entrelaza con el error la verdad y solamente la verdad puede llevar a un alma hacia la salvación.

Prueba número siete: ¿Honráis a José Smith como el gran profeta de la Restauración?

En los días de Jesús había hombres malvados que se separaron de los verdaderos cristianos al difamar el nombre de Jesús y acusarlo de falso profeta.

En nuestra época el nombre de José Smith padece el mismo tratamiento por parte de personas de propósitos mezquinos. Los sentimientos que tienen los hombres acerca de él y de sus proféticos sucesores divide a los verdaderos creyentes de aquellos que sirven a otro maestro.

A José Smith, vidente de los últimos días el Señor de los cielos se dirigió con estas palabras: “Los extremos de la tierra indagarán tu nombre los necios se burlarán de ti y el infierno se encolerizará en tu contra; en tanto que los puros de corazón. Los sabios los nobles y los virtuosos buscarán consejo, autoridad y bendiciones de tu mano constantemente (D. Y C. 122:12).

¿Por qué tiene que ser así? Porque José Smith es el restaurador del conocimiento de Cristo y de la salvación; porque tradujo el Libro de Mormón, el cual contiene la plenitud del evangelio: porque recibió revelaciones tan numerosas y gloriosas como aquellas dadas a Moisés e Isaías; porque ángeles ministrantes depositaron sobre él las llaves, los poderes y los sacerdocios que le permitieron, al igual que a sus sucesores, atar en la tierra y hacer que sus hechos fueran sellados sempiternamente en los cielos-siendo todas estas apenas una porción de las razones por las cuales honramos el nombre de José Smith.

En lo que a mí respecta, anhelo buscar consejo, autoridad y bendiciones constantes de las manos de tal hombre.

Prueba número ocho: ¿Estáis perseverando hasta el fin, creciendo en gracia y ganando los atributos de la divinidad?

En otras palabras: ¿Estáis creciendo en fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, divinidad, bondad fraternal y caridad como Pedro nos exhortó? (2 Pe. 1:57.)

¿Estáis procurando vuestra salvación con temor y temblor ante el Señor -como Pablo lo aconsejó? (Fil. 2:12.)

¿Estáis andando en la luz, como Dios esta en la luz, disfrutando de la comunión con los santos, a fin de que “la sangre de Jesucristo su Hijo” nos limpie de todo pecado como lo prometió Juan?(1 Juan 1:7.)

¿Estáis siguiendo adelante “con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres . . . deleitándoos en la palabra de Cristo”, y perseverando hasta el fin como lo enseñó Nefi? (2 Ne. 31:20.)

¿Tenéis un amor especial y sagrado por nuestros semejantes, por lo cual os conocerán a todos como verdaderos discípulos-conforme a las palabras del Señor Jesús? (Juan 13:35.)

Prueba número nueve: ¿Dais prioridad en vuestra vida a las cosas del reino de Dios? ¿Tenéis como lema “el reino de Dios o nada”?:

El presidente Brigham Young-a quien tenemos en santa memoria y quien sabemos reina en las cortes celestiales-es el autor de este clamoroso lema:

“El reino de Dios o nada” (Discourses of Brigham Young, sel. John A. Widtsoe, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1941, pág. 444; véase también Journal of Discourses, 11:249)

De él hicieron eco sus colaboradores, y bien haríamos nosotros en revivirlo hoy.

Un sabio clérigo de épocas pasadas nos da este consejo:

“Si no habéis escogido el reino de Dios primero, al final del camino realmente no importará que es lo que hayáis escogido.” (William Law)

El reino de Dios en la tierra es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, la cual prepara a los hombres para una herencia en el reino de Dios en los cielos, el cual es el reino celestial.

Cuando damos prioridad en nuestra vida a las cosas del reino de Dios, estamos obrando dentro de los confines de un reino terrenal que nos prepara para el reino celestial.

En lo que a nosotros concierne, en esta vida y en la venidera, el lema es: El reino de Dios o nada.

Este reino de Dios, tanto en esta vida como en la eternidad, esta gobernado por el espíritu de inspiración. En todo momento nos hace llegar la voluntad del Señor, ya sea por su propia voz o por la voz de sus siervos, pues es lo mismo. (Véase D. y C. 1:38.)

En todos los asuntos nos corresponde determinar que es lo que el Señor quiere que hagamos y que consejo ha dado a través de los oficiales señalados de su reino en la tierra.

Ningún verdadero Santo de los Ultimos Días tomara jamas una posición opuesta a lo que el Señor ha revelado a aquellos que dirigen los asuntos de su reino terrenal.

Ningún Santo de los Ultimos Días que es verídico y fiel en todas las cosas seguirá jamas un curso de acción, o respaldara una causa, o publicara un articulo o libro, que debilite o destruya la fe.

De hecho, no hay tal cosa como la neutralidad en lo que concierne al evangelio.

Jesús declaró: “El que no es conmigo, contra mí es, y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mat. 12:30).

Y fue Jacob quien dijo: Aquellos que no son conmigo, contra mí son, dice nuestro Dios (2 Ne. 10:16).

Si no sostenemos y apoyamos el reino de Dios en todas las cosas, estaremos por consiguiente colaborando con una causa que no es la del Señor.

Solo los valientes se salvan. I os miembros de la Iglesia que no son valientes en el testimonio de Jesús, ni valientes en la causa de Cristo, ni valientes en la defensa de sus profetas ni en la predicación de su palabra, no son herederos del reino celestial.

Prueba número diez: ¿Estáis viviendo para ser salvos en el reino de Dios?

Esta es nuestra meta y nuestro propósito en la vida. Todo lo que hacemos debe complacer al Señor y acercarnos a la salvación.

Y alabado sea el Señor, siempre llega el día en la vida de los fieles santos cuando, tras haber sido fieles y verídicos ante todas las encrucijadas, el Señor les dirá: Tu serás exaltado.

Estas son entonces algunas de las muchas pruebas de la condición de verdadero discípulo

Entonces podremos decir que tenemos lo que un verdadero discípulo tiene. Le llamamos un testimonio de Jesús. En nuestros días este testimonio incluye el conocimiento revelado de que el reino terrenal-La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días-habrá de triunfar. Con relación a esto quisiera exponeros la siguiente ilustración:

La Iglesia es como una larga caravana, organizada, preparada, siguiendo un curso señalado, con sus capitanes de decenas y capitanes de centenares, todos prestos a marchar.

¿Qué importa si unos perros ladran y pegan mordiscones en los tobillos de los cansados viajeros? ¿O que las aves de presa devoren a aquellos pocos que caen por el camino? La caravana continua su marcha.

¿Es que acaso hay una barranca que cruzar, un fangal que atravesar, una pendiente que subir? Esta bien. Los bueyes son fuertes y quienes llevan las riendas son sabios. La caravana continua su marcha.

¿Nos acometen tormentas, diluvios que arrasen los puentes, desiertos que cruzar y ríos que atravesar? Tal es la condición de vida en esta esfera caída; la caravana continua su marcha.

Nos espera la ciudad celestial, la Sión eterna de nuestro Dios, donde todos los que mantienen su posición en la caravana hallaran alimento y descanso. ¡Demos gracias a Dios que la caravana continua su marcha!

En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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