El amor de Dios y sus creaciones

Conferencia General Abril 1988

El amor de Dios y sus creaciones

M. Russell Ballardpor el élder M. Russell Ballard
del Quórum de los Doce Apóstoles

Todas las maravillas de la naturaleza son vislumbres del poder divino y de las expresiones del amor de Dios.


Mis hermanos, esta es una hermosa época del año, con el comienzo de la primavera en muchas partes del mundo trayendo sus colores, fragancias y alegres sonidos. El milagro del cambio de estación, con el despertar y la renovación de la naturaleza, inspira en nosotros sentimientos de amor y reverencia por la maravillosa creación de las manos de Dios.

La Pascua de Resurrección es una buena época para que la gente de todo lugar aprecie las maravillas de la naturaleza y de gracias por ellas al Creador de este bello mundo. Hombres y mujeres de todas partes de la tierra tienen una necesidad desesperada de detenerse un tanto en sus ocupadas rutinas diarias y dedicar algún tiempo a contemplar reflexivamente los milagros de Dios que se realizan a su alrededor. Pensad en lo que sucedería si todos nos dedicáramos un poco a observar los prodigios de la naturaleza que nos rodea y a aprender mas de este mundo que Dios creó para nosotros.

Mi familia y yo tuvimos hace poco una sencilla pero impresionante experiencia con una de estas creaciones. El Día de los Enamorados le regale a Barbara, mi esposa, una docena de rosas de delicado color salmón y muy fragantes; ella las puso en un florero que colocó sobre la mesa de la sala. Con el correr de los días, todos los de la familia pudimos ver cómo se abrían los capullos y se convertían en flores.

Al observar ese milagro, se me despertó el interés en las rosas. Me asombró saber por un amigo botánico que hay miles de variedades de rosas. Dentro de cada flor hay un depósito gigante de códigos genéticos que originan una semilla o vástago que luego produce raíces, tallos, espinas, hojas, colores y pimpollos. Cada rosa es una fabrica compacta de procesos químicos. Con la luz del sol, las hojas verdes toman del aire anhídrido carbónico y emiten oxígeno, lo que nos permite a nosotros respirar; otras substancias de la planta tienen bajo la luz solar una reacción diferente que produce el almidón que se convierte en alimento. Como sabemos, a este proceso se le llama fotosíntesis, y sin él el oxigeno desaparecería de la atmósfera y la mayor parte de la vida de la tierra se desvanecería. Mi amigo me dijo que tanto la energía química como la energía eléctrica que nuestro cerebro emplea fue una vez luz solar que fue absorbida por la clorofila de las verduras que hemos consumido. Esa experiencia me llevó a pensar en la infinidad de formas de vida animal y vegetal que crecen en asombroso equilibrio sobre la tierra. El aprecio que sentí por nuestras rositas tomó un cariz de asombro y reverencia y me hizo meditar sobre el poder del genio creador que tan amorosamente proveyó esas maravillas para sus hijos. Pense entonces en cuan importante es que todo ser humano vea y aprecie la grandiosidad de Dios en todo lo que nos rodea. Y recordé las palabras de este hermoso himno:

Cuando en bosques y lagos yo ando,
oigo de aves la dulce canción,
y el alto monte veo majestuoso,
de gratitud canta mi corazón.
¡Con cuanto gozo canto, Dios, a ti!
¡Grande eres Tu! ¡Grande eres Tu!
(Hymns, 86. Traducción libre.)

Siento una profunda reverencia tanto por la creación como por el Creador. La reverencia se puede definir como un hondo respeto mezclado con amor y asombro; para entender mejor el termino podemos agregarle otros como gratitud, honor, veneración y admiración. La raíz latina revereri tiene el significado de gran respeto, quizás temor. Reverencia entonces se puede interpretar como una actitud de profundo respeto y amor, con el deseo de honrar y agradecer y un temor de alterar la fe u ofender. En el libro de Moisés leemos: “Y he aquí, todas las cosas tienen su semejanza, y se han creado y hecho todas las cosas para que den testimonio de mí; tanto las que son temporales, como las que son espirituales; cosas que hay arriba en los cielos, cosas que están sobre la tierra, cosas que están en la tierra y cosas que están debajo de la tierra, tanto arriba como abajo; todas las cosas testifican de mí.” (Moisés 6:53.)

De veras, los cielos y la tierra y todo lo que hay en ellos son evidencias de la obra de Dios, su Creador. En el Libro de Mormón leemos sobre Korihor, un anticristo, a quien llevaron a la presencia de Alma; él dijo que para creer tendría que recibir una señal de la existencia de Dios.

“Mas Alma le dijo: Ya has tenido bastantes señales; ¿quieres tentar a tu Dios? ¿Dirás: Muéstrame una señal, cuando tienes el testimonio de todos estos tus hermanos, y también de todos los santos profetas? Las Escrituras están delante de ti; si, y todas las cosas indican que hay un Dios, si, aun la tierra y todo cuanto hay sobre ella, si, y su rotación, si, y también todos los planetas que se mueven en su orden regular testifican que hay un Creador Supremo.” (Alma 30:44.)

Esas evidencias eternas continúan testificando hoy.

Los astronautas, al ver la tierra desde el espacio, han dicho cuan increíblemente hermosa es y cuan viva parece. Un senador de los Estados Unidos, Jake Garn [del estado de Utah], escribió esto de su experiencia en el espacio:

“Me es imposible describir la hermosura de la tierra. Verla desde el espacio, viajando a una velocidad veinticinco veces superior a la del sonido, es una visión que quita el aliento, una experiencia espiritual que inspira asombro. Veía también el negro vacío del espacio y los miles de millones de estrellas y galaxias, a millones de años luz de distancia. El universo  es tan vasto que es imposible de comprender, pero en cambio comprendí que la mano de Dios esta en todo.

Sentí Su presencia en los siete días que permanecí en el espacio. Sé que Dios creó esta tierra y el universo. Sé que, vivamos donde vivamos, todos somos sus hijos, sea cual sea nuestra nacionalidad o el color de nuestra piel. Más importante aun, sé que Dios vive y que Él es el Creador de todos nosotros.” (Carta de Jake Garn al élder Ballard, fechada el 3 de marzo de 1988.)

Y volví a recordar las palabras del himno:
Oh, Salvador, cuando con gran asombro
contemplo de tus manos la labor;
veo la lluvia, el rayo poderoso,
toda tu obra en su esplendor.
¡Con cuanto gozo canto, Dios, a ti!
¡Grande eres Tu! ¡Grande eres Tu!

El salmista escribió:

“Cuando veo tus cielos. obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tu formaste,

“digo: ¿Que es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?

“Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.” (Salmos 8:35.)

El Señor dio una respuesta a la pregunta del salmista, la cual se encuentra en el libro de Moisés:

” . . . Para mi propio objeto he hecho estas cosas . . .

Y las he creado por la palabra de mi poder . . .

“Porque, he aquí, esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.” (Moisés 1:31-32, 39.)

Cuando miramos a nuestro alrededor para ver evidencias de la creación, desde el grano de arena hasta los majestuosos planetas, nos damos cuenta de que nosotros somos la más grande de las creaciones de Dios: somos creados a su imagen. Con gozo recordé este hecho hace tres semanas cuando nació nuestro vigésimo cuarto nieto. Me llene otra vez de asombro y de amor al tener en mis brazos al preciado bebe, al contemplar el milagro de la vida, al ver en la vida terrenal a esa criatura tan recientemente salida de la presencia de nuestro Padre Celestial.

El don de la vida hace surgir en nosotros un profundo sentimiento de reverencia; hace que los padres y otros miembros de la familia se acerquen mas unos a otros. Hasta los niños pequeños perciben la admiración y el asombro: quieren tomar en brazos al bebé, tocarlo, pasarle las manos sobre la cabecita o extender un dedo para que cierre su manita en torno a él.

El recibir a este pequeño espíritu en nuestro circulo familiar me trajo a la memoria otra vez una verdad increíble. Volví a comprender que Dios creó la tierra, en toda su magnificencia y gloria, no como un fin en sí, sino para nosotros, sus hijos. No hay duda de que somos sus hijos, su descendencia, y que Él es el Padre de nuestros espíritus.

A veces sentimos gran respeto y reverencia por los genios creadores en las Bellas Artes o la música. ¿Cuánto mas debemos venerar el poder y la majestad de nuestro Creador Divino? Quizás contemplemos con asombro la creación del hombre en edificios o puentes hermosos. Pero recordemos las palabras del apóstol Pablo a los hebreos:

” . . . tiene mayor honra que la casa el que la hizo.

“Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.” (Hebreos 3:34.)

Los que no sienten reverencia por las creaciones y los divinos atributos de Dios con seguridad sentirán poco aprecio por otras cosas sagradas Esa falta de respeto por las creaciones se va profundizando hasta que la persona se vuelve completamente insensible a los sentimientos de los demás. Me temo que esta es la condición que actualmente existe en algunas partes del mundo.

Consideramos irreverentes a las personas que tienen malos modales, que son insensibles y descorteses, y que demuestran poco o ningún respeto por la refinación y por lo que es sagrado Quizás algunas personas no tengan reverencia hacia la vida y hacia sus semejantes porque no entiendan quienes son ellas mismas y lo que pueden llegar a ser.

Dios expresa su amor por nosotros proveyéndonos la guía que necesitamos para progresar y alcanzar nuestro potencial. Un relato sencillo quizás pueda ilustrar ese punto. Hace poco, un joven compró una computadora usada, pero por mas que trató no pudo hacerla funcionar. En seguida se desanimó, se puso de mal humor y amenazo al objeto inanimado con terrible destrucción a menos que funcionara. Su padre, un hombre inteligente, llevó al hijo a una tienda que vendía el aparato, donde consiguieron un manual de instrucciones. Después de todo, ¿quién podría saber mas sobre una compleja computadora que la persona o la compañía que la creó? ¿Quién podría conocer mejor su capacidad y posibilidades? ¿Quién podría saber las precauciones que se deberían tomar para no dañar tan delicado instrumento? Muy pronto, guiado por las instrucciones del manual escrito por el creador de la computadora, el muchacho pudo disfrutar de la entera capacidad del aparato.

En la misma forma, Aquel que lo sabe todo de nosotros, que conoce nuestro potencial y nuestras posibilidades eternas, nos ha dado consejo divino y mandamientos en sus manuales de instrucciones: las Sagradas Escrituras. Si comprendemos y seguimos esas instrucciones, nuestra vida tiene propósito y significado. Sabemos que nuestro Hacedor nos ama y desea que seamos felices. En una manifestación incomparable de su amor divino, Él envió a su Hijo Unigénito, Jesucristo.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” (Juan 3:1617.)

Jesús nació en la vida mortal; vivió en forma perfecta y, al hacerlo, marcó el sendero que debemos seguir. Él enseñó a sus discípulos: ” . . . Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá luz de la vida” (Juan 8:1 2).

Su evangelio es de amor, amor por Dios y de los unos por los otros. Él nos guía para que sigamos su ejemplo, y nuestra condición de discípulos depende de cómo lo sigamos.

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (Juan 13:3435.)

¿Podéis imaginar el impacto que produciría en la sociedad el hecho de seguir esa enseñanza?

Me temo que mucha gente jamas llega a comprender que los mandamientos de Dios son para nuestro beneficio y que según lo que sembremos eso mismo cosecharemos.

Podemos volver a nuestro Padre Celestial sólo por medio de su Hijo Jesucristo. Él dijo a sus discípulos: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14:6). También nos enseñó que si lo amamos, debemos guardar sus mandamientos (véase Juan 14:15). Enseñó, además:

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestare a él.” (Juan 14:2 1.)

En la expiación y la resurrección de Jesucristo, podemos vislumbrar la realidad de su divina misión de redimir a todos los que vengan a Él y honren y veneren a Dios, nuestro Eterno Padre.

Quizás podamos tener una idea de la profundidad del amor de Cristo por nosotros al considerar que estuvo dispuesto a expiar y sufrir el dolor de nuestros pecados “padecimiento que hizo que [Él], Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu” (véase D. y C. 19:18).

Las palabras finales del inspirador himno que mencione dicen:

Y al pensar que enviaste a tu Hijo
para morir por todo pecador,
que en la cruz sufrió y llevo mi carga,
mi alma se sobrecoge de dolor.
¡Con cuanto gozo canto, Dios, a ti!
¡Grande eres Tu! ¡Grande eres Tu!

Mis hermanos, en este domingo de Pascua, demos fervientes gracias a Dios por la expiación y resurrección de su amado Hijo Jesucristo. Porque en Él, por Él y mediante Él esta condición mortal y temporaria se puede convertir en una existencia permanente y perfecta, hecho por el cual no hay palabras con las que podamos expresar nuestro gozo.

Para reverenciar de verdad a nuestro Creador tenemos que apreciar sus creaciones. Tenemos que dedicar tiempo a observar las maravillas de la naturaleza. En nuestros días es muy fácil dejarnos rodear de edificios de ladrillos y estructuras de cemento que nos impidan ver la vida a nuestro alrededor. Haced planes de observar con vuestra familia el milagro de los pimpollos que se convierten en perfumadas flores; dedicad tiempo a sentaros un día en la falda de una colina y disfrutar de la serenidad del atardecer, cuando el ultimo fulgor dorado del sol se refleja sobre el horizonte. Dedicad tiempo a aspirar la fragancia de las rosas.

Todas las maravillas de la naturaleza son vislumbres del poder divino y de las expresiones del amor de Dios. No obstante, todavía nos espera el más grande de todos los milagros, el que tendrá lugar cuando nos levantemos de la tumba a un nuevo mundo que no tendrá fin, donde, si somos dignos, estaremos con Cristo y con nuestro Padre Celestial para siempre jamas.

Con humildad, pero con firme convicción, declaramos a todo el mundo que sabemos con seguridad que Dios el Padre y su Hijo Jesucristo viven; sabemos que ambos visitaron al profeta José Smith en la primavera de 1820, que le hablaron y que, por medio de él, revelaron maravillosas y verdaderas doctrinas y restauraron la plenitud del Evangelio de Jesucristo que había desaparecido del mundo.

Invitamos a todos los hombres y mujeres, en todas partes, a que aprendan sobre la Restauración y sobre el evangelio, porque al hacerlo sentirán profunda reverencia y amor por Dios, por su amado Hijo Jesucristo y por las creaciones de ellos. Doy mi testimonio de que la verdadera reverencia trae paz, gozo y felicidad a todos. En el nombre de Jesucristo. Amen.

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5 respuestas a El amor de Dios y sus creaciones

  1. Anónimo dijo:

    Excelente discurso

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  2. JOrge Daniel Bronzini dijo:

    Las tenemos frente a nuestra nariz y de puro cotidiano NO LAS PERCIBIMOS. Debemos reconocerlas y dar gracias por ellas pues manifiestan su amopr por nosotros sus hijos.

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  3. José Miguel Jiménez dijo:

    Todo denota que hay un DIOS, los atardeceres, los amaneceres, los montes y los valles y los rios. Doy mi testimonio de que DIOS vive y su hijo JESUCRISTO es nuestro salvador.

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