Las llaves del Sacerdocio

Conferencia General Octubre 1987logo 4
Las llaves del Sacerdocio
por el élder Russell M. Nelson
del Quórum de los Doce Apóstoles

Russell M. Nelson“El potencial del sacerdocio es tan grande, que resulta difícil comprenderlo totalmente.”

Todos sabéis lo valiosas que pueden ser las llaves, en general. Casi todos vosotros probablemente tengáis llaves en los bolsillos en este momento.

Pero, las llaves de las que quiero hablaros son mucho más importantes. Son valiosísimas, poderosas e invisibles. Algunas abren cerraduras en los cielos y en la tierra; me refiero a las llaves del sacerdocio.

Vosotros, jovencitos, tenéis lo que a veces se llama el sacerdocio preparatorio. La preparación, el servir por medio del sacerdocio y las llaves están relacionados entre sí, pero son diferentes. Cualquier servicio requiere preparación. Pero, para tener la autorización de servir, se necesitan llaves.

Antes de ser Apóstol, yo era medico cirujano. Había recibido dos diplomas y dos certificados de especialización, preparación esa que me había llevado muchos años; sin embargo, todavía no tenía permiso para ejercer. Para hacerlo necesitaba las llaves que otorgan las autoridades del gobierno y de los hospitales en los que quería trabajar. Una vez que los que tenían autoridad, o sea, las llaves, me dieron la licencia y el permiso, entonces pude hacer operaciones. A cambio de ello, me comprometí a obedecer la ley, ser leal, entender el poder del cirujano y no abusar de ese poder. Los pasos de la preparación, el permiso y el compromiso también se aplican a otras ocupaciones.

¿Por que es más importante el poder de actuar en el nombre de Dios’? Porque tiene consecuencias eternas. Debemos entender de dónde viene nuestra autoridad y cuales son las llaves que controlan ese poder que puede beneficiar a todas las personas que viven hoy día, a las que han vivido antes y a las que nacerán en el futuro.

Examinemos las llaves del sacerdocio en tres escenas de la historia: la época antigua, el ministerio terrenal del Señor y la época actual.

Primera escena: La época antigua

La primera escena muestra las llaves del sacerdocio en la época antigua, incluso antes de la creación de la tierra, cuando éramos sólo hijos espirituales de Dios. Abraham era uno de nosotros. A él Dios le dijo que lo había escogido antes de nacer para que fuera líder (véase Abraham 3:23) Las Escrituras también dicen que el Señor Dios ordenó sacerdotes  y los preparó desde la fundación del mundo de acuerdo con el conocimiento que tenia del futuro [presciencia]. Nuestro llamamiento al santo sacerdocio estaba previsto antes de que naciéramos (véase Alma 13:1-5)

Sabemos que Adán recibió la autoridad del sacerdocio antes de la creación del mundo (véase Enseñanzas del Profeta José Smith págs 182; D y C 78:16).

El potencial del sacerdocio es tan grande, que resulta difícil comprenderlo totalmente. El profeta José Smith declaró:

El sacerdocio es un principio sempiterno, y existió con Dios desde la eternidad, y existirá por las eternidades” (En Enseñanzas del Profetas José Smith pág. 183).

El presidente Brigham Young agregó:

“El sacerdocio es la ley por la cual existen y existieron los mundos v continuaran para siempre” (Discourses. sel. John A. Widtsoe, Salt Lake City. Deseret Book Co., edición de 1941, Pág. 130).

El sacerdocio es la autoridad que Dios delego al hombre para ministrar la salvación de los seres humanos.

El poder para dirigir esta obra constituye las llaves del sacerdocio” (Joseph F Smith. Improvement Era.  Enero de 1901, pág. 230).

Muchos de los de la primera escena tenían esas llaves: Abraham. Isaac. Jacob. José. Moisés. Elías y Elías el profeta

Segunda escena: El ministerio terrenal del Señor

La segunda escena trata de las llaves del sacerdocio durante el ministerio terrenal del Señor, quien reveló la plenitud de la autoridad de este sacerdocio. Él dijo a sus Apóstoles:

‘Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16:19; D. y C. 128:10).

Menos de una semana después de que Jesús anunciara su muerte, llevó a Pedro, Santiago y Juan a una montaña. Allí, Moisés y Elías, bajo la guía divina, les restauraron las llaves del sacerdocio (Mateo. 17:1-5).

El Maestro recordó a sus discípulos lo sagrado de sus llamamientos al apostolado: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15:16; D. y C 7:7).

Jesús no solo los llamo y ordeno, sino que también les enseñó sus deberes.

Después que Cristo fue crucificado, e incluso antes de que los Apóstoles hubieran terminado su ministerio, comenzó la Apostasía. Como se había profetizado, esta ocurrió cuando se abusó de la autoridad del sacerdocio y se profanaron las sagradas ordenanzas.

Tercera escena: La época actual

Teniendo presentes la primera y la segunda escenas, examinemos la tercera: la época en la que vivimos, Después de siglos de apostasía. Las llaves del sacerdocio se han vuelto a restaurar. Bajo esa autoridad, hemos recibido la imposición de manos.

Tanto los que extienden llamamientos u ordenaciones como los que los reciben, tienen ciertos deberes.

Os explicare con un ejemplo: Yo tengo un juego de llaves de un automóvil. Imaginaos que son las llaves de algo de mucho valor para vosotros.

Si yo os doy las llaves, retengo ciertas obligaciones; y vosotros tenéis también ciertos deberes que cumplir.

Por ser el dador, yo tengo el deber de ayudaros a triunfar; si falláis, en parte yo he fallado también. Así es que debo capacitaros bien para que no corráis peligros y protejáis a la vez la valiosa propiedad que vais a usar.

Al recibir las llaves, contrajisteis obligaciones: ahora tenéis que aprender las leyes que se aplican y obedecerlas. Además, se espera que seáis leales y que procuréis entender el poder o capacidad que tiene el objeto que recibisteis. Cuando aceptáis las llaves, se espera de vosotros obediencia, lealtad y que aprendáis a conocer lo que recibisteis.

Ahora apliquemos los mismos principios a las llaves del sacerdocio. El presidente de estaca, el presidente del quórum y el obispo tienen las llaves para presidir. Sus llaves controlan la unidad que esta bajo su jurisdicción. Esos lideres no solo pueden hacer llamamientos y relevar, sino que deben capacitar a los hermanos y responsabilizarse de que se cumpla la misión de la Iglesia.

Los que reciben llamamientos o son ordenados tienen el deber de ser obedientes y leales y de entender su llamamiento.

La obediencia a la ley quiere decir, sobre todo, cumplir con los mandamientos de Dios. Al hacerlo, somos dignos de recibir revelaciones personales. Los que reciben el Sacerdocio de Melquisedec están bajo juramento y convenio solemnes de vivir de acuerdo con toda palabra que salga de la boca de Dios (D. y C. 84: 44).

La lealtad es vital. Es preciso que seamos leales al que nos llama y nos releva, aunque el también es humano e imperfecto, para que exista la unidad que lleve al éxito (D. y C. 124:45-46). El Señor definió esta realidad cuando dijo: ”Israel será salvo en mi propio y debido tiempo; y será conducido por las llaves que he dado” (D. y C. 35:25).

Para entender el poder del sacerdocio debemos conocer sus limites. Si no cuidamos el automóvil que nos prestan, es muy posible que no nos dejen usarlo en el futuro. Por lo tanto, cuando se abusa del poder del sacerdocio, el Espíritu del Señor se ofende y cuando este se retira, se acaba el sacerdocio o la autoridad de ese hombre (D. y C. 121:37).

Para comprender el poder del sacerdocio, debemos saber que fue restaurado por Dios en estos últimos días. En 1820, nuestro Padre Celestial y. su hijo Jesucristo se le aparecieron al profeta José Smith. En 1829. Juan el Bautista confirió el Sacerdocio Aarónico a José Smith y a Oliverio Cowdery (D. y C. 13; 27: 8; José Smith-Historia 69,72). Poco después recibieron el Sacerdocio de Melquisedec de manos de Pedro. Santiago y Juan (D. y C. 27:11-12).

Mas adelante, el Señor habló a José y a Oliverio de otros que temían en su poder llaves especificas del sacerdocio. Cada uno de ellos confirió estas llaves:

Moroni: las llaves del Libro de Mormón (D. y C. 27:5).

Moisés: las llaves del recogimiento de Israel y las de guiar a las diez tribus (D. y C. 110:11).

Elías: las llaves de la restauración de todas las cosas y del convenio que Dios hizo con Abraham (D. y C. 27:6; 110:12; Doctrina de Salvación tomo 3, págs. 119-120).

Elías el profeta: las llaves del poder para sellar (D. y C. 27:9;110:13-16; 128:21).

José Smith confirió las llaves a todos los Apóstoles (Joseph Fielding Smith. Doctrina de Salvación, tomo 3, págs. 146-148). A su vez ellos transfirieron las llaves a los lideres que los siguieron.

Hoy en día cl presidente Ezra Taft Benson posee todas las llaves que se han restaurado y que tenían “todos los que han recibido una dispensación en cualquier ocasión desde el principio de la creación” ( D . y C . 119:31; D. y C. 128:18).

Deseo mencionar que el I 9 de abril de 1984 fue un momento sagrado en mi vida cuando la Primera Presidencia y los miembros del Quórum de los Doce Apóstoles me impusieron las manos para ordenarme Apóstol. Como se han otorgado a otros, a mí también me confirieron todas las llaves del sacerdocio. Nosotros, todos los miembros del Quórum de los Doce no utilizamos algunas de las llaves sino hasta que el Señor lo mande o hasta que nos lo indique el Apóstol de mayor antigüedad.

Siento el peso de esta responsabilidad y el encargo eterno que se me dio. Sé que esas llaves han sido restauradas para los últimos días y por ultima vez (D. y C. 112:30).

Estoy sumamente agradecido de que poseemos el sacerdocio; cada uno de nosotros ha sido preordenado para recibirlo desde la fundación del mundo (véase Alma 13:15).

Como muestra de gratitud he escrito la letra de una composición que se cantara al final de mi mensaje. Cada una de sus estrofas representa una escena de la historia y servirá de resumen. La música para la que escribí esta letra viene de Gales*. Expreso agradecimiento por la amable participación del Hermano Ottley y el coro masculino. La composición se titula “Hosanna” o sea súplica y exclamación de jubilo:

HOSANNA

Dios Padre, el gran Elohim
nos guía con amor hasta el fin;
desde su reino celestial
por toda la eternidad.
Hossanna damos al Señor,
de nuestros padres el Dios.
En santa de Belén
Jesús buscó nuestro bien.
De Dios el hijo en la cruz murió;
a todo hombre salvó.
Hossanna, damos al Señor
con voces de gozo y loor.
Hosanna damos al Señor,
de nuestros padres en Dios.
Amén, amén, amén, amén.*

Ruego que seamos dignos de la confianza que El ha depositado en los que poseemos el santo sacerdocio y las llaves, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Letra de Russell M. Nelson, derechos de autor.

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