Ser sin engaño

Conferencia General Abril 1988logo 4
Ser sin engaño
por el élder Joseph B. Wirthlin
del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. WirthlinEl engaño le impide al Espíritu Santo inspirarnos, guiarlos e instruirnos, y nos hace más vulnerables a los ataques de Satanás.

Mis queridos hermanos, ruego que me acompañe ese mismo Espíritu del cual hemos disfrutado tanto durante esta conferencia tan hermosa e inspiradora.

Al principio de su ministerio terrenal, el Salvador atrajo a sí una multitud de discípulos con el poder de Su presencia y el espíritu de Su mensaje. Entre esos discípulos, Él eligió a doce para que fueran sus testigos especiales.

“Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.” (Lucas 6: 13. )

No hay duda de que Jesús los había elegido, porque El mismo les dijo: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15:16). Esos doce Apóstoles eran hombres comunes de diferentes clases sociales. El Salvador los eligió porque Él veía mas allá de su apariencia terrenal, dentro de su corazón, y reconocía el potencial de cada uno de ellos.

Después de llamar a Pedro, Andrés y Felipe, este le presentó a Natanael, que, según algunos eruditos, era Bartolomé, el Apóstol. Felipe le dijo a Natanael: “Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret” (Juan 1:45).

En esa declaración Felipe testificó que Jesús era el Mesías. Natanael dudaba que de Nazaret pudiera provenir algo bueno, lo que indica la mala reputación de esa ciudad en aquella época. Felipe le dijo que fuera el mismo y viera. Esa es la perfecta respuesta que se puede dar a todos los que busquen saber la verdad sobre Cristo. Los investigadores imparciales se convierten cuando vienen y ven.

Cuando Jesús vio a Natanael que se acercaba, dijo: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1:47). En ese momento, Natanael se dio cuenta de que Jesús podía ver en su corazón y le preguntó sorprendido: “¿De dónde me conoces?” La respuesta del Salvador demostró un poder aun mayor de percepción cuando le dijo que antes de que Felipe lo llevara allí, Él lo había visto debajo de una higuera.

Evidentemente, Natanael había pasado por una experiencia espiritual extraordinaria mientras oraba o meditaba o adoraba debajo de una higuera. El Señor, aunque ausente en cuerpo, había estado con él en el espíritu. Al oírlo, Natanael lo reconoció y le dijo: ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (Juan 1:49). Habló sin engaño, y las palabras le salieron del corazón expresando una fuerte convicción de la verdad. Después, siguió al Salvador.

Ser sin engaño” es no tener embuste, ni artimañas, ni hipocresía ni deshonestidad en el pensamiento ni en las acciones. Engañar es mentir, hacer caer en error, como cuando Lucifer engañó a Eva en el Jardín de Edén. Una persona sin engaño es inocente, bien intencionada, se deja guiar por motivos puros y su vida refleja la practica de hacer concordar las acciones diarias con los principios de la integridad.

El salmista escribió: “Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño” (Salmos 32:2), y después exhortó: “Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño” (Salmos 34:13).

En el Nuevo Testamento dice que en el Salvador no había engaño (véase I Pedro 2:22), y que “El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal y sus labios no hablen engaño” (I Pedro 3:10).

En las Escrituras de los últimos días, leemos que el Señor llamó a Edward Partridge para ser Obispo de la Iglesia  “porque su corazón es puro delante de mí, porque es semejante a Natanael de la antigüedad, en quien no hay engaño” (D. y C. 41:11).

En otra revelación al profeta José Smith el Señor dijo:

” . . . mi siervo George Miller es sin engaño: se puede confiar en él por motivo de la integridad de su corazón; y por el amor de mi testimonio que él tiene, yo, el Señor, lo amo.” (D. y C. 124:20.)

Esos pasajes de las Escrituras me ayudan a entender lo que podía ver el Señor en Natanael, Edward Partridge y George Miller, y comprendo mejor lo que La espera de los santos. Creo que el Señor buscaba pureza de alma en los hombres a quienes llamó para ser sus Doce Apóstoles. Al hablar de que no haya engaño en el hombre, se refería a algo mas profundo que la apariencia exterior que podamos presentar; lo que hacia era sondear el alma para llegar al centro mismo de la integridad. En esa forma, trataba de dar la clave de la bondad y la vida cristiana.

La persona en quien no hay engaño es pura de corazón, una virtud esencial de aquellos que desean contarse entre los verdaderos seguidores de Cristo. Él enseñó en el Sermón del Monte: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8; véase también 3 Nefi 12:8). Además, reveló al profeta José Smith que Sión es “los puros de corazón” (véase D. y C. 97:21) y que en Sión se edificara una casa donde los puros de corazón verán a Dios (véase D. y C. 97:10-16).

Si en nosotros no hay engaño, somos honrados, verídicos y justos. Todos estos son atributos de la Deidad y se exigen también de los santos. Los que son honrados son ecuánimes y verídicos en su manera de hablar, sinceros en sus tratos con los demás, libres de fraude y están por encima del robo, la falsedad o cualquier otra acción fraudulenta. La honestidad es de Dios; la deshonestidad del diablo, quien fue mentiroso desde el principio. La rectitud es la forma de vivir que esta en armonía con las leyes, los principios y las ordenanzas del evangelio.

Los padres saben muy bien que en los niños pequeños, por naturaleza, no hay engaño. Expresan sus pensamientos sin reserva ni vacilación, como también los padres lo sabemos cuando nos han avergonzado a veces delante de otras personas; ellos no engañan ni mienten; nos dan un ejemplo de un ser en el que no hay engaño. El Salvador enseñó sobre este atributo de los pequeñitos cuando sus discípulos le preguntaron:

“¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?
“Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos.
“y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entrareis en el reino de los cielos. “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos.” (Mateo 18:1-4.)

En otra ocasión volvió a referirse a la pureza de los niños:

“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.
“Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.”(Mateo 19:13-I4.)

Y a los nefitas les dijo: ” . . . debéis arrepentiros, y ser bautizados en mi nombre, y volveros como un niño pequeñito, o de ningún modo podréis heredar el reino de Dios” (3 Nefi 11:38).

“Y aconteció que mando que trajesen a sus niños pequeñitos.
“De modo que trajeron a sus niños pequeñitos, y los colocaron en el suelo alrededor de él, y Jesús quedó en medio; y la multitud cedió el paso hasta que todos le fueron traídos . . .
” . . . y tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y les bendijo, y rogó al Padre por ellos . . .
” . . . Y los ángeles los ministraron.” (3 Nefi 17:11-12, 21, 24.)

¡Que gran responsabilidad recae sobre los padres de no hacer jamas nada que pueda alterar o destruir la inocencia de sus pequeñitos!

Creo que la importancia de que no haya engaño en los miembros de la Iglesia puede ser más grande ahora que en otras épocas, porque hay muchas personas en el mundo que no parecen comprender lo esencial que es esta virtud o que son indiferentes a ella. Vemos y oímos sobre fraudes y engaños en todos los niveles sociales. Unos cuantos ciudadanos de algunas naciones traicionan a su patria por dinero vendiendo información secreta que han robado o que se les ha confiado. El mundo del espectáculo parece haber perdido casi por completo el concepto de los valores morales. Hay empleados que falsifican las cuentas de gastos, robando vergonzosamente a sus patrones. Estos ejemplos de engaño ilustran lo común que es este problema.

Pero mucho mas serios que los actos engañosos son los sentimientos Intimos que los motivan. Parece que el fraude y el engaño son cada vez más aceptables en la sociedad y que solamente se consideran malos si se llegan a descubrir. El objeto es casi siempre conseguir dinero o sacar ventaja, sean cuales sean la injuria, la perdida o el daño que otros sufran. Esta actitud es totalmente contraria a los principios del evangelio y retrasa o desvía el progreso espiritual de quien la tenga. El engaño le impide al Espíritu Santo inspirarnos, guiarnos e instruirnos, y nos hace más vulnerables a los ataques de Satanás. Cuando quebrantamos los mandamientos, nos cerramos a la influencia de Dios y nos abrimos a la de Satanás.

Si practicamos el engaño en cosas sin importancia, muy pronto nos encontraremos enredados en una trampa de círculos concéntricos, cada uno más grande que el otro, porque muchas veces cada mentira o embuste requiere otro mayor para poder cubrir el primero. Mas aun, esa practica lleva a la hipocresía, que es un vicio que consiste en simular una virtud o rectitud que no se posee y fingir algo que no se es. Si sabemos lo que es correcto y profesamos vivir de acuerdo con ese conocimiento, pero no lo hacemos, somos hipócritas. El Salvador acusó a los hipócritas con palabras inconfundibles:

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos . . . de inmundicia.
“Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.” (Mateo 23:27 28.)

El Señor le reveló al profeta José Smith:

“Pero ¡ay de los que son engañadores e hipócritas! Porque, así dice el Señor, los traeré a juicio . . .
” . . . los hipócritas serán descubiertos y desarraigados . . . y ¡ay de los que son excomulgados de mi iglesia!, porque estos son vencidos por el mundo.” (D. y C. 50:6, 8.)

¿Que debemos hacer los Santos de los Ultimos Días en cuanto a este problema? La respuesta es clara: en ningún aspecto de la vida de los santos debe haber ninguna clase de engaño: en nuestro hogar y nuestra familia, en los llamamientos de la Iglesia, en nuestro empleo o profesión, en todos nuestros tratos de negocios, y, especialmente, en lo privado y personal de nuestra vida que sólo nosotros y el Señor conocemos.

Sugiero que examinemos nuestro corazón y veamos si nuestros motivos y acciones son puros y están por encima de toda censura, y si estamos completamente libres de engaño. Podríamos hacernos algunas preguntas:

¿Estamos libres de engaño en nuestras conversaciones y relaciones con nuestro cónyuge e hijos, de manera que ellos siempre sepan que esperar y tengan una confianza absoluta en nosotros?

¿Somos sinceros en las entrevistas con el obispo y otros lideres? ¿Somos verídicos con nosotros mismos, nuestros compañeros y nuestros maestros, y en las tareas escolares aun cuando una “trampita” pudiera mejorarnos las notas’?

¿Hacemos mas trabajo del que el patrón nos exige y tratamos de buscar maneras de hacerlo mejor’?

¿Les pagamos a nuestros empleados un salario justo por su trabajo?

¿Somos honrados en la declaración de impuestos?

¿Somos escrupulosos en todas las transacciones de negocios, hasta el punto de que aquellos con quienes tratamos saben que se les trata con justicia y se sentirían seguros aun sin un contrato?

¿Estamos satisfechos con nuestras normas de integridad, moral y honradez? ¿Podríamos decir de nuestra persona lo que Jesús dijo de Natanael, que no hay engaño en nosotros?

Quizás haya quienes piensen que en nuestra época es descabellado pensar en tener una sociedad sin engaños. Si esto es verdad, se debe sólo al poder que tiene Satanás sobre el corazón del hombre. Pero con la ayuda del Señor los santos pueden estar libres de engaño. El ser honrado y justo es una ventaja para lograr el éxito y la prosperidad. Un conocido mío tuvo un negocio competitivo durante treinta y seis años; siempre ofreció lo mejor en servicio, calidad y cantidad; pagaba siempre sus deudas; y jamas demandó a nadie ni fue demandado por nadie.

En un viaje reciente que hicimos a Chile, visitamos personas en las que no había engaño, casi hasta el punto de poseer esa inocencia característica de los niños. Nos sentimos humildes y renovados de estar entre ellas. El conocerlas fortaleció nuestra fe en la humanidad y nuestra esperanza en el futuro.

Si, los santos podemos estar libres de engaño, y debemos estarlo con el fin de hallarnos preparados para la segunda venida de Cristo. Podemos producir una influencia elevadora en la sociedad y demostrar el valor de un carácter en el que no hay engaño. Al desarrollar ese atributo divino, podemos convertirnos en una luz al mundo. Podemos enseñar los principios del evangelio y bendecir a las familias de la tierra siguiendo el ejemplo perfecto del Salvador, Aquel en el que no hay engaño.

Imaginad una sociedad en la que todos fueran puros de corazón y estuvieran libres de engaños y deshonestidades. ¿Podéis imaginar lo que seria una ausencia total de contenciones, no habiendo nadie que intentara siquiera engañar a otro? ¿Cómo seria la vida si siempre pudiéramos tener la certeza total de que aquello que los demás representan es verídico? El robo se desconocería; no tendríamos necesidad de cárceles y raramente habría litigios. La bendición mas grande que podría recibir una sociedad en la que no hubiera engaño es la paz interior que gozarían sus ciudadanos, sabiendo que viven rectamente y que su forma de vivir es aceptable ante el Señor.

Y es posible tener una sociedad en la que no haya engaño. Cito dos ejemplos de las Escrituras. El primero es la Ciudad de Santidad, o sea, Sión, un lugar cuyos habitantes eran puros de corazón y vivían con rectitud. De hecho, Sión es el nombre que el Señor da a sus santos. Aquella ciudad, a la que se refieren también como la ciudad de Enoc, fue llevada al cielo (véase Moisés 7:18-21). El segundo ejemplo es la sociedad de los nefitas, que duró unos doscientos años después de que el Señor resucitado los visitó y les enseñó. Estas palabras de inspiración del Libro de Mormón la describen:

” . . .no había contiendas ni disputas entre ellos, y obraban rectamente unos con otros. . .
“Y no había envidias, ni contiendas, ni tumultos, ni fornicaciones, ni mentiras, ni asesinatos, ni lascivias de ninguna especie; y ciertamente no podía haber un pueblo más dichoso . . .
“No había ladrones, ni asesinos . . . sino que eran uno, hijos de Cristo y herederos del reino de Dios.
“¡Y cuan bendecidos fueron! Porque el Señor los bendijo en todas sus obras; sí, fueron bendecidos y prosperaron . . . ” (4 Nefi 2, 16-18.)

Estos son ejemplos de la meta de perfección que debemos establecernos, aun cuando sabemos que debemos perfeccionarnos de a poco, gracia sobre gracia y línea sobre línea (véase Juan 1:16; 2 Nefi 28:30).

Yo veo al presidente Ezra Taft Benson como una persona cuya vida de servicio ejemplifica la virtud de un carácter sin engaño.

Para terminar, en esta Pascua agrego a los de mis hermanos mi testimonio de que la Expiación y la Resurrección son una realidad. Estoy agradecido por la bendición que dan a todos de la inmortalidad y la posibilidad que ofrecen a los que sean fieles de obtener la vida eterna.

Os testifico que nuestro Padre Celestial vive y que Él es el Padre de nuestros espíritus, Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Él esta a la cabeza de esta Iglesia. José Smith fue el Profeta de Dios por medio del cual se restauró el Evangelio de Jesucristo en estos, los últimos días. El presidente Ezra Taft Benson es el Profeta del Señor ahora. El Señor dirige la Iglesia por revelación. Doy este testimonio humildemente, en el nombre de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Amen.

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