A los jóvenes

Conferencia General Abril 1989logo 4
A los jóvenes
por el elder Boyd K. Packer
del Quórum de los Doce Apóstoles

President Boyd K. Packer«Veréis acontecimientos que pondrán a prueba vuestro valor y expandirán vuestra fe. Si os ponéis de cara a la luz de la verdad, las sombras del desaliento, el pecado y el error se desmoronaran a vuestra espalda. ¡Nunca debéis daros por vencidos!»

El presidente Monson nos ha recordado que esta es una Iglesia mundial. Una vez recibí el recorte de un diario de India en el que se comentaba algo que yo había dicho a los jóvenes desde este púlpito. Entre los que escuchan ahora y entre los que lean después nuestras palabras habrá jóvenes de ambos sexos, en muchos países, luchando por atravesar esos maravillosos e inquietantes años de la adolescencia. Conozco a jóvenes de todo el mundo, en unos setenta países. Me he quedado en sus hogares, desde casitas colocadas sobre postes en la jungla hasta hermosos apartamentos de ciudad.

Me encuentro unos cincuenta años mas adelante que vosotros en el camino, pero tengo una buena memoria y no he olvidado completamente cómo me sentía cuando estaba donde vosotros estáis ahora. Además, mis hijos y nietos me refrescan la memoria de lo que siente un adolescente.

Hace unos años, nos detuvimos una vez en un pequeño restaurante. La joven que nos sirvió era cortes pero muy seria. Cuando me dio la cuenta, le pregunte: «¿Que camino tenemos que seguir para salir de este pueblo?» Ella estalló en sollozos y me dijo: «Mire, señor, yo ni sé cómo llegue a este pueblo».

Mas de una vez he pensado que ojalá la hubiéramos invitado para sentarnos en un rincón y hubiéramos hablado. Quizás hubiéramos podido ayudarla.

Los deseos de los adolescentes

Los adolescentes, aun los varones, a veces se sienten con deseos de llorar y decir: «¡Yo ni sé cómo llegue aquí!» Se preguntan quienes son y por que están ahí y cómo llegaron adonde están.

Sé que a veces pensáis que la vida no es justa. ¿Por que no podéis tener lo que otros tienen? Hasta os preguntáis por que no podéis ser otra persona y cambiaros por alguien que parece mas apuesto, o talentoso, o inteligente, o fuerte, o delgado; o cambiar personalidades con alguien que no sea tan tímido o tan torpe o tan temeroso como vosotros.

A veces pensáis por que no podréis cambiar a vuestros padres por otros mejores. No os sintáis abochornados; ellos a veces querrían cambiaros a vosotros por otros hijos con quienes fuera más fácil vivir.

Los padres y los abuelos entendemos esos sentimientos; después de todo, no somos mas que jovencitos que nos hemos sobrepuesto a algunas frustraciones para no de mostrarlas como lo hacíamos cuando teníamos vuestra edad. ¡Y un día no muy lejano vosotros estaréis donde estamos nosotros ahora!

Un mundo diferente

Ojalá pudiéramos prometeros que el mundo será mas seguro y fácil para vosotros de lo que fue para nosotros. Pero no podemos hacer esa promesa, porque sucede precisamente lo contrario.

Ahora existen tentaciones que no existían cuando nosotros éramos jóvenes. Todavía no se había inventado el SIDA en mi juventud, y las drogas eran algo que los médicos recetaban. Por las novelas de misterio sabíamos lo que era el Opib, pero los esteroides, las pastillas, la cocaína y todo lo demás era producto de imaginaciones futuras.

Nadie se burlaba de la modestia en aquel tiempo. En los libros y las películas se fomentaban la moral y la cortesía tanto como ahora se fomenta lo opuesto. No se hablaba de la perversión ni se sonaba con aprobarla como estilo de vida. Lo que entonces se prohibía por ser pornográfico se ve ahora en los programas familiares de televisión.

Las pruebas que vosotros enfrentáis son mucho mayores que las nuestras. Muy pocos querrían cambiaros de lugar; francamente, sentimos gran alivio de no estar donde vosotros estáis. Pocos lo aguantarían.

Pero ¡qué hermosa época es esta para ser joven! Vosotros tenéis un conocimiento mucho más vasto del que nosotros necesitábamos. Estoy convencido de que vuestra generación es mejor y más fuerte que la nuestra; mejor en muchos sentidos. ¡Tengo fe en que vosotros, varones y mujeres jóvenes, podéis enfrentar el mundo así como es y conquistarlo!

El caballero negro

El poeta ingles Alfred Tennyson [1809-1892] escribió sobre la aventura de Garet, un príncipe y caballero de la Tabla Redonda del rey Arturo. El terrible Caballero Negro había robado a la hermosa doncella Leonor y la tenia prisionera en su castillo. Muchos caballeros jóvenes trataron en vano de rescatarla: todos regresaron derrotados y abatidos contando relatos del asombroso poder del Caballero Negro; le rogaron a Garet que no fuera.

Pero él fue al castillo con el puente levadizo, la torre y la ventana donde la doncella Leonor se retorcía las manos entre sollozos. Entonces, en un caballo negro como la noche, con armadura negra en la que había pintados huesos blancos, símbolos de muerte, con una calavera grabada en el casco, en la penumbra del alba apareció el monstruo, más aterrador, más espantoso de lo que se lo habían descrito.

El Caballero Negro bajó la lanza y arremetió. Garet, que había sido derrotado en mas de un torneo, presintió un horrible fin. La lógica y todas sus emociones le gritaron: «¡Huye! ¡Salva la vida!» Pero el no podía huir; es decir, no podía huir y mantener intacto su honor. Garet bajó la lanza y salió al encuentro del enemigo.

Entonces, para su sorpresa, derribó al Caballero Negro y le arrancó el casco. Y vio que allí, dentro de aquella armadura negra adornada con huesos, yacía un muchachito que se echo a llorar rogando clemencia. («Gareth and Lynette», The Complete Poetical Works of Alfred Lord Tennyson, Cambridge, Massachusetts: The Riverside Press, 1898, pág. 332.)

Jovencitas, muchachos, no obstante todos los torneos en que salgáis derrotados, no obstante lo monstruosas que puedan ser vuestras dificultades, u -lograis aprender unas cuantas lecciones sencillas, estas os acompañarán como acompañaron a Garet en el castillo del Caballero negro.

De noble estirpe

Garet sólo era un príncipe. Vosotros sois mas que eso: sois hijos de Dios; Él es el padre de vuestro espíritu. Espiritualmente sois de noble cuna, la estirpe del Rey de los Cielos. Grabaos esta verdad en la memoria y aferraos a ella. Aunque tengáis muchas generaciones de antepasados terrenales, sea cual sea la raza o el pueblo que representéis, el linaje de vuestro espíritu se puede escribir en una sola línea: ¡Sois hijos de Dios!

Sois seres duales, espíritus vestidos con cuerpos mortales. Vuestro cuerpo es el instrumento de vuestra mente y el cimiento de vuestro carácter. No le deis a ese cuerpo nada que pueda dañarlo ni alterar las funciones de su mente y su espíritu. Cualquier cosa que cause enviciamiento es peligrosa.

Lleváis en vosotros el poder de engendrar la vida, de participar en la creación. La única manera de ejercer legalmente ese poder es dentro del convenio matrimonial. El emplearlo dignamente es la llave misma a vuestra felicidad. No lo empleéis prematuramente, con nadie. El mal uso de ese poder no puede convertirse en cosa buena sólo porque sea ampliamente aceptado por la sociedad.

Aunque el espíritu funciona por medio de la mente, no es suficiente con cultivar el intelecto. La razón sola no os protegerá ni os redimirá; la razón nutrida por la fe puede hacerlo.

El lado tenebroso

Una advertencia: lo espiritual presenta un lado tenebroso. En un momento de curiosidad o imprudente baladronada algunos adolescentes se han sentido tentados a enredarse en el culto a Satanás. ¡Jamas hagáis eso! ¡No os juntéis con los que lo hacen! No tenéis la menor idea del peligro que encierra. ¡Alejaos! Hay además ciertos juegos y actividades sin sentido que también están de ese lado tenebroso. ¡Apartaos de ellos!

Existe un valor mucho más grande que el que necesitó Garet para enfrentar al Caballero Negro: es el valor de huir de las cosas malas cuando sabéis que los demás se burlaran de vosotros; pero ese valor esta guarnecido con la prudencia. Nosotros tuvimos que aprenderlo por experiencia; vosotros lo necesitáis ahora.

Jóvenes, tanto en el cuerpo como en el espíritu tenéis un sistema de alarma; en el cuerpo es el dolor; en el espíritu es la culpa, o sea, un dolor espiritual. Aunque ni el dolor ni la culpa son agradables y un exceso de cualquiera de ellos puede ser destructivo, ambos son una protección porque hacen sonar la alarma que os dice: » ¡No vuelvas a hacerlo!»

Agradeced que tenéis ambos. Si se os alteraran los nervios de las manos de manera que no sintierais el dolor, podríais inadvertidamente ponerlas en el fuego o meterlas en una maquina y destruirlas. En vuestro corazón de adolescentes podéis discernir el bien del mal (2 Nefi 2:5). Aprended a prestar atención a esa voz espiritual de advertencia que tenéis dentro. Aun así, no podréis evitar el cometer algunos errores.

El perdón

Los que cometen un error grave tienden a cometer otro suponiendo que ya es demasiado tarde para ellos. ¡Nunca es demasiado tarde! ¡Nunca!

Aunque vuestras tentaciones son más grandes que las que nosotros tuvimos, el Señor tendrá eso en cuenta en sus juicios. Él dijo que acomodaría »sus misericordias a las condiciones de los hijos de los hombres» (D. y C. 46: 15). Y eso es lo justo.

La explicación que se da en el Libro de Mormón de la forma en que la justicia y la misericordia, el arrepentimiento y el perdón operan juntos para borrar el pecado es una gran contribución a la doctrina cristiana (Alma 42).

La desalentadora idea de que un error (o aun una serie de errores) hace que sea demasiado tarde para salvarse no proviene del Señor. El ha dicho que si nos arrepentimos, no sólo nos perdonara los pecados sino que también los olvidará y no los recordara más. (Isaías 43:25; Hebreos 8:12, 10:17; D. y C. 58:42; Alma 36:19.) El arrepentimiento es como el jabón, puede borrar los pecados. Las manchas que estén muy percudidas quizás requieran el detergente fuerte de la disciplina para quitarlas, pero las quitara.

El fin del mundo

A veces los jóvenes también piensan: «¿De que sirve todo? El mundo volara en pedazos y llegara a su fin». Esa idea proviene del temor, no de la fe. Nadie sabe la hora ni el día (D. y C. 49:7), pero el fin no llegara hasta que todos los propósitos del Señor se hayan cumplido. Todo lo que he aprendido de las revelaciones y de la vida me convence de que hay tiempo de sobra para que os preparéis cuidadosamente para una larga vida.

Un día vosotros mismos os las veréis con hijos adolescentes. Lo tenéis bien merecido. Después, echareis a perder a vuestros nietos, y ellos, a su vez, a los suyos. Si le llegara el fin antes a alguno, razón de mas para vivir con rectitud.

No obstante lo limitado que pueda estar, vuestro cuerpo es un don precioso. Unos de vosotros seréis bien formados, mientras que otros no. En cualquier caso, es una prueba; eso es la vida terrenal. Los que han nacido pobres quizás no tengan autoestima, o los que han nacido ricos quizás estén enfermos de orgullo. El orgullo es el virus espiritual más mortífero. En el plan eterno, ¿quién puede decir cuáles son los mas favorecidos?

Escuchad atentamente esto del Libro de Mormón:

» . . . si los hombres vienen a mí, les mostrare su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mi, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos.» (Eter 12:27.)

Quizás haya mas justicia de la que suponemos en lo que somos y en lo que tenemos o no tenemos.

¡Vosotros sois hijos de Dios!

¡Que época maravillosa para ser joven! Vosotros veréis acontecimientos que pondrán a prueba vuestro valor y expandirán vuestra fe. Si os ponéis de cara a la luz de la verdad, las sombras del desaliento, el pecado y el error se desmoronaran a vuestra espalda. ¡Nunca debéis daros por vencidos! ¡Nunca es demasiado tarde! No hay ningún caballero con armadura negra que pueda tener el poder que vosotros tenéis si vivís rectamente.

El Señor os dice:

«Por tanto, alzad vuestros corazones y regocijaos, y ceñid vuestros lomos y tomad sobre vosotros toda mi armadura, para que podáis resistir el día malo, después de haber hecho todo, a fin de que podáis sosteneros firmes. »Seguid firmes, pues, estando ceñidos vuestros lomos con la verdad, llevando puesta la coraza de la rectitud y calzados vuestros pies con la preparación del evangelio de paz, el cual he mandado a mis ángeles que os entreguen;

«tomando el escudo de la fe con el cual podréis apagar todos los dardos encendidos de los malvados;

«y tomad el yelmo de la salvación, así como la espada de mi Espíritu, que derramare sobre vosotros, y mi palabra que os revelare; y estad de acuerdo en todo lo que pidiereis y sed fieles hasta que yo venga, y seréis arrebatados, para que donde yo estoy vosotros también estéis.» (D. y C. 27:15-18.)

Que Dios os bendiga, jóvenes varones y mujeres que atravesáis penosamente los difíciles años de la adolescencia. Quizás algunos de vosotros no se hayan encontrado todavía, pero no estáis perdidos, porque Jesus es el Cristo, el Hijo de Dios, nuestro Salvador y Redentor. El evangelio ha sido revelado y restaurado. Os dejo mi testimonio de Él al mismo tiempo que oro por sus bendiciones sobre vosotros, nuestros jóvenes, en el nombre de Jesucristo. Amen.

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