A los niños de la Iglesia

Conferencia General Abril 1989

A los niños de la Iglesia

por el presidente Ezra Taft Benson
Presidente de la Iglesia

“Deseo enseñarles lo que nuestro Padre Celestial desea que sepan para que aprendan a hacer Su voluntad y disfrutar de la verdadera felicidad. Les ayudara ahora y a lo largo de sus vidas.”


Mis queridos hermanos y hermanas, cuanto me he regocijado en los mensajes que se han dado desde este púlpito en esta gran conferencia general de la Iglesia.

Los mensajes son verdaderos, son importantes. Son vitales para nuestra salvación personal y os los recomiendo con todo mi corazón.

En otras reuniones generales de la Iglesia me he dirigido específicamente a las madres y a los padres, a los jóvenes y a las jovencitas, a los jóvenes mayores solteros y a las señoritas mayores solteras.

Para dar cierre a esta conferencia quisiera dirigirme ahora a los niños de la Iglesia -sí, a ustedes, a nuestros preciosos niños. Y a medida que escuchan, ruego que puedan entender que este es un mensaje personal para cada uno de ustedes.

¡Cuánto los amo! ¡Cuánto los ama nuestro Padre Celestial!

Tal como lo cantan en esa hermosa canción de la Primaria, cada uno de ustedes es en verdad un hijo de Dios. Porque “Y galardón tendré, si cumplo con su ley aquí, con El vivir podré” y yo sé que esto es verdad. (“Soy un hijo de Dios” Canta conmigo, B-76.)

Hoy día deseo enseñarles lo que nuestro Padre Celestial desea que sepan para que aprendan a hacer Su voluntad y disfrutar de la verdadera felicidad. Les ayudara ahora y a lo largo de sus vidas.

Primero, permítanme decirles cuan emocionado me siento al saber que ustedes, niños, están aprendiendo sobre el Libro de Mormón. Esa es una de las cosas muy importantes que nuestro Padre Celestial desea que hagan.

Sé que están leyendo el Libro de Mormón porque he recibido cientos de cartas personales en las que me dicen que están leyendo este libro tan sagrado. Me hace llorar de gozo el sólo saberlo.

Muchos de ustedes han leído el Libro de Mormón completamente. En las noches de hogar y en la Primaria han dramatizado las historias del libro, han cantado himnos relacionados con el Libro de Mormón, han aprendido los diferentes nombres de los libros del Libro de Mormón, han jugado juegos sobre el Libro de Mormón, han aprendido historias sobre profetas maravillosos del Libro de Mormón. Muchos de ustedes han trabajado para ganar dinero y mandar algunos Libros de Mormón a través del mundo.

¡Cuánto me complace saber del amor que ustedes tienen por el Libro de Mormón! Yo también lo atesoro y nuestro Padre Celestial desea que continúen aprendiendo de este libro todos los días. Es un don especial de nuestro Padre Celestial para ustedes y si siguen sus enseñanzas aprenderán a hacer la voluntad de nuestro Padre Celestial.

También espero que sus padres y lideres les den oportunidades de aprender de Doctrina y Convenios, de La Perla de Gran Precio y de La Biblia.

Ahora bien, hay otras cosas importantes que nuestro Padre Celestial desea que ustedes hagan.

Él desea que le oren diariamente; desea ayudarles porque les ama y les ayudará si oran a Él y le piden su ayuda. En sus oraciones también agradézcanle Sus bendiciones, expresen su gratitud por haber enviado al mundo a su hermano mayor, Jesucristo, porque él hizo posible que nosotros algún día podamos regresar a nuestro hogar celestial. Denle gracias por sus familias, por la Iglesia, por el hermoso mundo en el que viven. Pídanle que les proteja; en sus oraciones pídanle que les ayude a saber lo que deben hacer en la vida. Si cometen algún error, nuestro Padre Celestial igual los ama, así que oren a Él y Él les ayudara a tratar de nuevo y a hacer lo que es recto.

Oren a nuestro Padre Celestial para que los bendiga con Su Espíritu constantemente. A menudo nos referimos al Espíritu con el nombre de Espíritu Santo. El Espíritu Santo también es un don de nuestro Padre Celestial y nos ayuda a elegir lo que es bueno; los protegerá de la maldad y les hablara con una voz muy suave para que hagan lo correcto. Cuando hacen lo correcto, se sienten bien, y ese es el Espíritu Santo que les habla; es un compañero maravilloso y esta siempre cerca para ayudarles.

Mis queridos niños y niñas, honren a sus padres y a sus madres; ellos les ayudaran a tomar decisiones buenas. Disfruten y respeten a sus abuelos; sean un verdadero amigo con sus hermanos y hermanas. Escojan amigos que tengan ideales sanos; elijan amigos que les ayuden a ser buenos.

Asistan a la reunión sacramental y escuchen cuidadosamente lo que dice el obispo, porque él es un líder importante que tiene un llamamiento especial de nuestro Padre Celestial, para ayudarles.

Disfruten de la Primaria y asistan todas las semanas; traigan a sus amigos miembros y a los que no son miembros a la Primaria. Aprendan bien los himnos de la Primaria ya que son maravillosos. Aprendan de memoria los Artículos de Fe y esfuércense para obtener el premio El Evangelio en Acción.

Sean honrados; no mientan, ni roben, ni engañen. No digan groserías sino que usen un vocabulario limpio y tengan pensamientos puros.

Sean verdaderos Santos de los Ultimos Días; defiendan sus creencias. Uno de mis himnos favoritos de la Primaria es “Debes osar”, y parte de la letra dice “Debes osar ser recto y leal, se te ha confiado una obra especial. Muestra valor y cariño al obrar, que ángeles quieren el hecho narrar” (Debes osar, Canta conmigo, B-81).

Recuerden que Satanás no desea que sean felices; no desea que sean osados y se atrevan a hacer el bien. Desea que ustedes sean miserables como él. Satanás ha capturado los corazones de gente inicua que espera que ustedes participen en cosas malas como la pornografía, las drogas, la profanidad y la inmoralidad. Manténganse alejados de esas maldades. Eviten los libros, las revistas, los videos, las películas y la televisión que muestre cosas malas. Como se nos dice en las Escrituras: eviten la apariencia de la maldad. (1 Tesalonicenses 5:22.)

Vístanse en forma modesta; elijan ropa que les cubra el cuerpo adecuadamente. Compórtense con cortesía y buena educación. Cumplan con la Palabra de Sabiduría; guarden el Día de Reposo; escuchen música buena; hagan lo posible por ser buenos.

Sobresalgan en sus tareas escolares y esfuércense por ser buenos alumnos.

Con la ayuda de sus padres, empiecen su propia biblioteca de cintas, libros y laminas que se pueden encontrar en los centros de distribución de la Iglesia. Aprovechen los artículos que se escriben especialmente para ustedes en la revista Liahona.

Amen el país en el que vivan; sean buenos ciudadanos; sean patriotas; izen la bandera al frente de su casa en los feriados especiales. Oren por los lideres de su país.

Niños de la Primaria: hagan planes para servir una misión regular para el Señor. Niñitas: prepárense para ayudar en el servicio misional si se les llama, pero al mismo tiempo, aprendan de sus madres las cualidades importantes que una ama de casa debe tener, las cuales les serán de gran utilidad cuando tengan su propio hogar.

Ahora quisiera decirles algo a ustedes, niños, que no se sientan seguros, o que se sientan temerosos o heridos y no sepan que deben hacer. A veces se pueden sentir muy solos. Deben entender que aun cuando a veces les parezca que nadie se interesa por ustedes, nuestro Padre Celestial siempre esta con ustedes; él les ama siempre y en todo momento desea que estén protegidos y que se sientan seguros. Si no es así, les ruego que hablen con alguien que les pueda ayudar: Un padre, un maestro, el obispo o un amigo, ya que ellos les ayudaran.

Estoy seguro que todos ustedes tienen alguna historia favorita de las Escrituras. Una de mis historias favorita se encuentra en el capitulo 17 de 3 Nefi, en el Libro de Mormón. Cuenta acerca de la visita que Jesus hizo a la gente del continente americano, después de su resurrección; también nos cuenta cuando Jesus sanaba a los enfermos y enseñaba a la gente y oraba a nuestro Padre Celestial por ellos.

Esta es una de mis partes favoritas de la historia:

“Y aconteció que cuando Jesus hubo concluido de orar al Padre, se levantó; pero era tan grande el gozo de la multitud, que fueron dominados.
“Y sucedió que Jesús les hablo, y mando que se levantaran.
“Y se levantaron del suelo, y les dijo: Benditos sois a causa de vuestra fe. Y ahora, he aquí, es completo mi gozo.
“Y cuando hubo dicho estas palabras, lloró, y la multitud dio testimonio de ello; y tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y les bendijo, y rogó al Padre por ellos.
“Y cuando hubo hecho esto, lloró de nuevo; y habló a la multitud, y les dijo: Mirad a vuestros pequeñitos.
“Y he aquí, al levantar la vista para ver, dirigieron la mirada al cielo, y vieron abrirse los cielos, y vieron ángeles que descendían del cielo cual si fuera en medio de fuego; y bajaron y cercaron a aquellos pequeñitos, y fueron rodeados de fuego; y los ángeles los ministraron.” (Vers. 18-24.)

Les prometo, queridos niños, que los ángeles les ministraran a ustedes también. Puede que no los vean, pero estarán allí para ayudarles y ustedes podrán sentir su presencia.

Cuan dichosos en verdad los niñitos que el Señor en sus brazos recogió, como un padre con amor, de ellos dijo el Salvador Rey viviente y Redentor, yo mi reino a tales di, deben, pues, venir a mí. (“Dejad a los niños venir”, Canta conmigo, 25-14.)

Queridos niños, nuestro Padre Celestial les envió a la tierra en esta época porque ustedes son algunos de Sus hijos más valientes; La sabia que habría mucha iniquidad en el mundo de hoy y La sabia que ustedes podrían ser, obedientes.

Querido niño, eres el don que dio Dios a tus padres, y el don que tus padres pueden darle a Dios es llevarte de regreso a El limpio, puro y fiel.

La espera que tus padres y tus líderes te enseñen, que caminen a tu lado, y que sean brillantes ejemplos para que tu sepas el camino que deberás seguir. Deben pasar tiempo contigo y amarte y orar contigo y por ti.

Tus líderes deben llamar a hombres y mujeres dignos para que te enseñen en la Primaria. Debemos proporcionarte experiencias positivas a una temprana edad para que aprendas a vivir de acuerdo con las normas del evangelio.

Dios bendiga a los niños de la Iglesia. ¡Cuánto les amo! ¡Cuánto les ama nuestro Padre Celestial! Y ruego que nosotros, como padres, maestros y lideres seamos mas como niños: más sumisos, más dóciles y más humildes.

Deseo terminar mi mensaje para ustedes hoy día. rogando que siempre estemos prestos a responder a su dulce suplica, tal como la cantan tan bellamente:

Hazme en la luz de su amor caminar
y a mi Padre enséñame a orar,
Las cosas rectas procura enseñar,
hazme, hazme en la luz andar.
Ven hijo mío, y juntos los dos,
aprenderemos las leyes de Dios
para poder su presencia lograr,
siempre, siempre en la luz andar.
Te agradecemos, oh Padre, Señor,
tu orientación, tu cariño y amor;
dígnate nuestro loor aceptar,
gracias, gracias por luz para andar.
(“Hazme andar en la luz”, Canta conmigo, B-45.)

Por estas cosas y por los niños de la Iglesia, ruego fervientemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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