Fe y obras en un mundo secular

Fe y obras en un mundo secular

Obispo Keith B. McMullin
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Charla Fogonera del SEI para Jóvenes Adultos • 5 de noviembre de 2006 Universidad Brigham Young


Mis queridos hermanos y hermanas, qué solemne vista son ustedes, que poseen tantos estilos diferentes de vida y provienen de diferentes partes del país. Y pensar que esta tarde nos encontramos reunidos en la expansión del mundo. Entre este momento y la retransmisión de este programa, los jóvenes adultos de la Iglesia se reunirán y participarán en este evento. Es algo verdaderamente maravilloso.

Algo glorioso sucedió en la Conferencia General el mes pasado. La mayor parte del mundo ni siquiera se dio cuenta, pero para los amantes y conocedores de la verdad, fue tan inolvidable como el aplauso de 10.000 relámpagos.

Piensen en la sesión de clausura. El Coro del Tabernáculo dio voz al familiar son:

Te damos, Señor, nuestras gracias
que mandas de nuevo venir
profetas con tu evangelio,
guiándonos cómo vivir1

Súbitamente, los hombres y las mujeres, los niños y las niñas que estaban reunidos en el Centro de Conferencias se levantaron en reverencia y gratitud por las bendiciones pronunciadas en este himno. Nos pusimos de pie en agradecido reconocimiento por el hecho de que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado, que Dios el Padre y Su Amado Hijo han hablado de los cielos, que José Smith fue un profeta y que el presidente Gordon B. Hinckley es el profeta del Señor en la tierra hoy en día.

Fue una experiencia espiritual conmovedora. Fue un momento en que los ciudadanos del reino de Dios, actuando bajo la influencia del Espíritu Santo, ¡se pusieron de pie como señal de su fe!

Ese día temprano, el presidente Hinckley había hablado tierna y agradecidamente sobre sus avanzados años y su salud. Siempre un ejemplo de fidelidad, una vez más dedicó su vida a los propósitos del Señor. Él dijo:

“El Señor me ha permitido vivir, aunque no sé por cuánto tiempo. Pero sea cual sea, seguiré dando lo mejor de mí para realizar la obra que se me ha encomendado…

… seguiremos adelante hasta que el Señor lo desee cuando llegue el momento de que deba haber un sucesor, el cambio se hará sin dificultades y de acuerdo con la voluntad de Él, porque ésta es Su Iglesia. Por tanto, seguimos adelante con fe; y la fe es el tema del cual deseo hablarles esta mañana”2.

Su mensaje llegó en el momento justo y fue inspirado. Fue un recordatorio espiritual de lo que es realmente la vida, y de cómo los hijos de nuestro Padre Celestial pueden superar todo obstáculo. Llegó a un mundo inmerso en la secularidad, la incredulidad y el pecado.

Secularidad

La educación en temas seculares contribuye mucho al mejoramiento de nuestro mundo. El aprendizaje secular del más alto nivel florece en una atmósfera de virtud, responsabilidad moral, verdad espiritual y fe.

Actualmente se promueven mucho las sociedades seculares. La gente y las naciones se enorgullecen de ser seculares, de centrarse en “lo mundano, o [en] aquello que no se considera religioso, espiritual ni sagrado”3.

Gran parte del mundo de hoy ve la secularidad como una parte vital de un gobierno equilibrado, justo y ordenado. De aquí que se desaliente a la gente a utilizar expresiones religiosas en los foros públicos y los derechos civiles se aseguren mediante las cortes y los procesos legislativos; tanto los hombres como las mujeres se alistan para buscar soluciones y compensaciones por medio de los litigios. En lo extremo, la secularidad de la sociedad pasa por alto el concepto de la vida eterna, coloca todo en el contexto del mundo natural; y, como consecuencia, se expone a las obras sin fe.

Se requiere una vigilia de gran esfuerzo para ser hombres y mujeres de fe en un mundo secular. Cuando nos vemos inundados por lo mundano, es la naturaleza humana “primero soportar, luego sentir lástima, y por último, aceptar”4. La secularidad inunda a la gente con tales resultados hoy en día.

Sin el obstáculo de la fe en Cristo como el Redentor de la humanidad, este mundo secular o natural produce hombres y mujeres “orgullosos, obsesionados consigo mismos, competitivos en extremo, reaccionarios, fieramente independientes, motivados por los deseos, apetitos [y] la admiración del mundo… En general, el hombre natural es una criatura no redimida, un ser que anda en la luz de su propio fuego (2 Nefi 7:10—11). Tal ser se aclimata a la naturaleza de su ambiente, siguiendo el ejemplo y la guía de un mundo caído.”5. Dicho brevemente: “Los hombres que se hallan en un estado natural. se encuentran sin Dios en el mundo” (Alma 41:11).

Debido a que la secularidad típicamente ignora la perspectiva eterna, con el tiempo puede llevar a la incredulidad. En las palabras de Wolfhart Pannenberg, profesor de teología de la Universidad de Munich:

“Un ambiente público de secularidad deteriora la confianza de los cristianos en la verdad de lo que creen.

“En un entorno secular, aún un conocimiento elemental del cristianismo. se ve reducido. Ya no se trata de rechazar las enseñanzas cristianas; grandes números de personas no cuentan con el más vago conocimiento de lo que son esas enseñanzas. Mientras más se generalice la ignorancia sobre el cristianismo, mayor el prejuicio contra el cristianismo…

… La dificultad se agrava con la relativización cultural de la idea de la verdad. A la vista de muchos… las doctrinas cristianas son sólo opiniones que pueden o no ser afirmadas de acuerdo con las preferencias individuales, o dependiendo de si se refieren al punto de vista de las necesidades personales.

… El absoluto y secularizado orden social da nacimiento a un sentir de falta de significado”6.

La fe en Cristo se ve reemplazada por la fe en el hombre. En discursos públicos y pensamientos privados, las preguntas de dónde venimos, adónde vamos cuando termina la vida y qué es lo que finalmente gobierna el aquí y el ahora no sólo se evitan, sino que también se consideran irrelevantes. Este estado de incredulidad se está volviendo una calamidad de proporciones colosales.

Nuestro Padre Celestial sabía que esto sucedería. La restauración del Evangelio volvió a encender la llama de la fe en Jesucristo como Creador, Salvador y Redentor. Devolvió la comprensión correcta del propósito de la vida. En 1831, a los hijos de nuestro Padre Celestial se les dijo:

“Por tanto, yo, el Señor, sabiendo las calamidades que sobrevendrían a los habitantes de la tierra, llamé a mi siervo José Smith, hijo, y le hablé desde los cielos y le di mandamientos;…

“… para que también la fe aumente en la tierra” (D. y C. 1:17, 21).

Antes de que se colocara la fundación de este mundo, antes de que las esferas del universo recibieran su lugar, los hombres y las mujeres vivían, se movían y eran (Hechos 17:28). El pensamiento secular de que la vida es sólo biología niega la verdad fundamental, la consciencia subconsciente que reside en lo remoto de cada alma viviente, de que “el hombre fue en el principio con Dios” (D. y C. 93:29; cursiva agregada). Este hecho es inmutable e irrefutable.

El Edén paradisíaco, con nuestros primeros padres, Adán y Eva, vino después, para que el hombre, mediante las experiencias de la vida terrenal y la redención de Cristo, pueda convertirse en un ser completo, totalmente desarrollado y perfecto. Las épocas de los patriarcas, la venida celestial de nuestro Salvador y Su incomparable expiación en el meridiano de los tiempos, y “los tiempos de la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:21), que comenzaron en 1820, fijaron los cimientos mediante los cuales los hombres y las mujeres, los niños y las niñas, pudieran, una vez más, gobernar su vida y su ambiente mediante la “fe en el Señor Jesucristo” (Artículos de Fe 1:4).

Mis queridos jóvenes, ustedes se encuentran en la confluencia de estos sucesos mundiales. El prólogo ha finalizado ya y. el desenlace depende de lo que decidan”7. Lo que puede suceder, y lo que ha de suceder, es que su fe y sus obras conjuntamente pongan freno al progreso de la ola de incredulidad. Esta es su suerte en la vida. Este es su sagrado deber.

Hitos de fe

Nuestro Maestro dijo: “Si tuviereis fe como un grano de mostaza… nada os será imposible” (Mateo 17:20). El presidente Hinckley nos recuerda:

“Al fin y al cabo, la riqueza singular de la Iglesia radica en la fe de su gente”8.

“En la obra de la gran causa que llevamos a cabo, lo que más necesitamos es una mayor fe. Sin ella, la obra podría quedar estancada; pero con ella, nadie puede detener su progreso”9.

Tal fe es más que una actitud, más que una creencia, más que un testimonio sobre lo que uno siente o sabe. La fe verdadera, la fe de la que habla nuestro amado profeta, da nacimiento a la rectitud en esta vida y a la salvación en la vida venidera. Se centra en el Dios verdadero y viviente y en Jesucristo, a quien Él ha enviado (véase Juan 17:3). Está fundada en la verdad, precedida por el conocimiento y perfeccionada por las obras. Causa que los seres terrenales comprendan y se comporten como deben hacerlo los hijos de nuestro Padre Celestial. Esta fe “es el primer principio gobernante que [nos permite tener] poder, dominio y autoridad sobre”10 cómo pensamos, cómo actuamos y el tipo de hombres y mujeres que somos.

El apóstol Santiago nos dio la fórmula para tal tipo de fe:

“¿De qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?
“Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.
“… La fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
“¿No ves que la fe actuó juntamente con [las] obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?” (JST. Santiago 2:14—15, 17, 21).

Se escucha mucho sobre los hitos. Un hito es “una norma de excelencia [o] logro contra la cual se miden o juzgan cosas similares”11.

Hay cuatro hitos que pueden ayudarnos a saber si nuestra fe personal en Cristo está siendo “perfeccionada” por nuestras obras. Estos hitos son: (1) las decisiones que tomamos, (2) la devoción que exhibimos, (3) la obediencia que practicamos y (4) el servicio que prestamos. Permítanme explicarles.

Las decisiones que tomamos

Primero, el hito de las decisiones. Los Santos de los Últimos Días “creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos” (Artículo de Fe 1:13, cursiva agregada).

Imaginen a un joven élder al que llamaremos Pablo. Él aprendió esto en la Primaria; él lo creyó entonces y lo cree ahora. No obstante, por algún tiempo Pablo se ha visto plagado por la pornografía. Se ha dado cuenta que su seducción es poderosa y adictiva. Después de cada encuentro con esta cosa vil, Pablo se siente enfermo, avergonzado y sin valía interna.

Pablo asistió a la Conferencia General hace algunas semanas y en la sesión del sacerdocio escuchó al presidente Hinckley decir:

“Esta tarde, en esta vasta congregación, no hay ningún hombre ni ningún jovencito que no pueda mejorar su vida; y eso tiene que suceder. Después de todo, poseemos el sacerdocio de Dios.

“Este sacerdocio conlleva la gran obligación de que seamos dignos de él. No podemos permitirnos tener pensamientos impuros; no debemos ver pornografía; nunca debemos ser culpables de abuso de ninguna clase. Debemos estar por encima de esas cosas. ‘¡Levantaos, hombres de Dios!’ y dejen atrás esas cosas y el Señor será su guía y apoyo”12.

Pablo decidió: “¡Es hora de defender mi fe!”.

Fue al lugar secreto, quitó las sucias fotos, las películas y las revistas vulgares, y las destruyó. Limpió su biblioteca de la música dura y estridente y de las sórdidas canciones. Borró de su computadora toda referencia a sitios pornográficos, instaló un filtro protector y colocó su computadora en un sitio más público para protegerse contra la repetición de su pecado.

Pablo reconoció sus trasgresiones ante Dios. Oró fervientemente pidiendo la fortaleza para arrepentirse, para expulsar este mal de su vida. Buscó la ayuda del obispo y de sus seres queridos. En lo extremo de su situación, Pablo ha sentido la quieta convicción: “Hijo mío, estás en el camino correcto”. Su fe, por causa de sus obras, se está viendo afirmada y fortalecida.

Queda mucho por hacer. Habrá ayuno, oración, estudio de las Escrituras y muchas lágrimas. Un buen obispo brindará ayuda indispensable. La fidelidad y las oraciones de padres y seres queridos proporcionarán el apoyo necesario. No obstante, el hito demuestra: Pablo está comenzando a ejercitar fe para arrepentimiento; ¡ha tomado la decisión correcta!

La devoción que demostramos

Segundo, el hito de la devoción. Los Santos de los Últimos Días “creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios”.

“Creemos en la congregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las Diez Tribus; que Sión (la Nueva Jerusalén) será edificada sobre el continente americano…” (Artículos de Fe 1:9—10) y que los hombres y las mujeres son llamados por Dios, por profecía.” y la autoridad divina para llevar esto a cabo (Artículos de Fe 1:5).

La verdadera devoción está vinculada a las causas divinas puestas en movimiento antes de la fundación de este mundo. Antepasados rectos se alistaron en ellas y dieron su vida para que los propósitos de nuestro Padre Celestial avanzaran. Se ha confiado en nosotros para que continuemos y sigamos construyendo sobre sus consagradas labores.

Ahora les contaré una historia que les puede resultar familiar a algunos de ustedes.

En 1856, Robert y Ann Parker con sus cuatro hijos, se embarcaron en Inglaterra para unirse a los Santos en Utah. Un profeta había hablado y de ellos era la responsabilidad de recogerse en la Gran Cuenca y ayudar a edificar Sión. Como miembros de la compañía de carros de mano McArthur, cada persona de la familia tenía una responsabilidad. El padre y la madre tiraban del pesado carro de mano, Maxie (de 12 años) empujaba, y Martha (de 10 años) cuidaba al pequeño Arthur (de 6 años). A Ada la bebé de un año, que empezaba a caminar, la cargaban o iba sobre el carromato.

En alguna parte de Nebraska, el pequeño Arthur se sentó a descansar y se quedó dormido. Se levantó una tormenta repentina. La compañía se dio prisa y armó campamento. Fue entonces que descubrieron que Arthur no estaba con los otros niños.

Buscaron por días en vano. La compañía tuvo que seguir adelante. Este era el momento para que Robert y Ann Parker actuaran de acuerdo con su fe. Archer Walters registró en su diario bajo el 2 de julio de 1856: “El niño del hermano Parker… se perdió, y su padre volvió a buscarlo”.

Cuando Robert se fue, Ann le colocó un chal de color rojo brillante en los hombros y le dijo: “Si lo encuentras muerto, envuélvelo en este chal para enterrarlo. Si lo encuentras con vida, úsalo como bandera para hacernos señas”. Ella y los otros niños tomaron el carro de mano y siguieron en su estrago junto con la compañía.

Robert siguió las millas de camino entre los bosques, llamando, buscando y orando por su indefenso hijito. Finalmente llegó a una estación de correo y trueque donde supo que a su hijo lo cuidaban un leñador y su esposa. El pequeño Arthur había estado enfermo por el miedo y por estar expuesto a los elementos, pero Dios había escuchado las oraciones de sus amorosos padres.

En el camino, todas las tardes, Ann y sus hijos mantuvieron vigilia. La tercera tarde, cuando los rayos del sol poniente capturaron el reflejo del chal de brillante color rojo, esta valiente madre se desvaneció sobre un montón de tierra. Completamente exhausta, Ann durmió por primera vez en seis largos días y noches13. Dios ciertamente era bueno y misericordioso; sus obras habían premiado su devoción y santificado su fe, y con alegría en el corazón, los Santos cantaron: “Oh, está todo bien”14.

La bebita Ada, mi abuela, creció hasta ser mujer y se casó con mi abuelo, Brigham Young McMullin. Ésta es la moraleja: ella nunca permitió que sus hijos olvidaran que ella y su familia habían cruzado las planicies con la compañía de carros de mano de Daniel D. McArthur. La historia del chal rojo se convirtió en nuestra historia, y el legado de su fe también se convirtió en el nuestro. Y así todos nosotros “seguimos adelante”15 y vemos grandes obstáculos desvanecerse como el rocío ante el sol matutino.

En cuanto a estos primeros santos, el hito demuestra: Sus obras fueron señal de fe; su devoción, la norma de acuerdo a la cual debe vivir su posteridad.

La obediencia que practicamos

Tercero, el hito de la obediencia. Los Santos de los Últimos Días “creemos que por la Expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio” (Artículos de Fe 1:3).

Aquí nos imaginamos a una pareja joven que representa a quienes viven en un mundo secular. David y Michelle conocían este artículo de fe mucho antes de conocerse el uno al otro. Aún así, deben lidiar con la preocupación a la que se enfrentan muchos de los participantes en esta transmisión. David y Michelle tienen entre veinticinco y treinta años de edad. Se han conocido por un tiempo, salen juntos, y están enamorados. No obstante, están indecisos en cuanto al matrimonio y la familia. ¿Deben posponer el matrimonio hasta haber completado sus estudios universitarios, hasta tener más dinero o hasta haber logrado algunas de sus ambiciones personales?

También se preguntan sobre la escaladora tendencia al divorcio, las guerras y los tumultos por todo el mundo, y la superpoblación. ¿Sobrevivirá su matrimonio? ¿Deben traer niños a un mundo como éste?

David y Michelle, ¡ejerciten su fe! Recuerden: “El matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios”16. “Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. (Mateo 19:6; D. y C. 132:19—20). “Herencia de Jehová son los hijos” (Salmos 127:3). “La tierra está llena… hay suficiente y de sobra” (D. y C. 104:17).

Actúen sobre lo que saben que es verdad, y sus buenas obras perfeccionarán su fe. Tendrán una vida plena y maravillosa. Sigan los buenos ejemplos de sus padres. Ellos no tenían dinero para casarse, pero lo hicieron. Ellos también se preocupaban de las guerras y de los tumultos, ¡pero ejercieron su fe y los tuvieron a ustedes! Las exigencias del matrimonio y de la familia no impidieron su educación, sino que la enriquecieron. Y en cuanto a sus ambiciones personales, ellos están completa y felizmente entrelazados en el bienestar el uno del otro, el de ustedes, sus hermanos y hermanas, y en el de sus nietos.

La vida no fue fácil para sus padres. Tuvieron que escatimar con el dinero y hacer lo mejor que pudieron con lo que tenían. Ellos también afrontaron preguntas y circunstancias que no podían resolver, pero sabían que el camino ordenado por el Dios Omnipotente decretaba que siguieran adelante. Y ustedes son mucho más “ricos” por causa de ello.

De las historias que les han contado una y otra vez, ustedes saben que para ellos todo ha sido una batalla, “en ambas direcciones”. Pero sus obras han santificado su fe.

Ellos seguramente son mayores. No caminan con tanta ligereza, su comportamiento no es tan intenso, su apariencia no es algo típicamente aclamado por anunciadores. Pero su amor por Dios y el que se tienen el uno al otro, refleja profunda reverencia y adoración. Las cicatrices de la vida les han provisto de sabiduría, paciencia y gratitud. En pequeñas pero importantes maneras, se han convertido en la “certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1), cosas que no podían ver cuando eran más jóvenes en su vida. Pero obedecieron. Ejercitaron su fe, se sellaron en el templo, fueron bendecidos con hijos y ahora conocen la verdadera fuente de la felicidad. El hito demuestra: La obediencia evoca las bendiciones del cielo; funcionó para sus padres y funcionará para ustedes.

El servicio que prestamos

Cuarto, el hito del servicio. Los Santos de los Últimos Días “creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo.

Creemos… que Cristo reinará personalmente sobre la tierra, y que la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca” (Artículos de Fe 1:10).

Sabemos más sobre la Trinidad de lo que la mente humana jamás haya concebido; y lo que sabemos es verdad. Y más aún, conocemos el propósito de la Deidad para esta tierra y de todas sus criaturas. Debido a lo que sabemos, y debido a que el Señor ha colocado sobre nuestros hombros el sagrado deber de ayudar a realizar ese propósito, no debemos tomar a la ligera nuestra condición de miembros de la Iglesia.

Hay quienes se ven tentados a comprometerse menos por temor a parecer demasiado religiosos. Ven “la Iglesia como una institución y no como un reino”17. “Oh, juventud bendita”18, hagan de la obra de la Iglesia y del Reino de Dios el centro de su vida. Cuando se les llame a servir, digan: “Sí”, y hagan la mejor labor posible. Escuchen este mandato del Señor: “Por tanto, no busquéis las cosas de este mundo, mas buscad primeramente edificar el reino de Dios, y establecer su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (TJS Mateo 6:38).

En cuatro días a partir de hoy, el 9 de noviembre, se cumplirán 150 años desde que la desafortunada compañía Willey llegó con tanta dificultad al valle del Lago Salado. Estas personas experimentaron mucho sufrimiento y muerte. Las tormentas y su debilitada condición habían reclamado la vida de muchos; los rescatadores salvaron a muchos más.

Levi Savage se encontraba entre quienes llegaron ese día. La historia cuenta su fiel y determinado trabajo para salvar a los santos y llevarlos a salvo al valle. Pero este noble servicio no comenzó en las planicies nevadas de Wyoming. Éste no fue sino otro capítulo, tal vez el coronador, en una vida consagrada al servicio.

Levi se bautizó en junio de 1846 a los 26 años de edad. Respondiendo al llamado del profeta de ir hacia el oeste, registra que “…nos preparamos lo mejor que pudimos para un largo viaje a una tierra desconocida y, para nosotros, un país completamente nuevo. Dijimos adiós al antiguo hogar. y nos dirigimos curso al oeste, sin conocer el destino final, esperando ubicarnos en algún lugar en el oeste, en la desolación de las Montañas Rocosas”19.

El 16 de julio de 1846, él, con otros hombres valientes, nuevamente respondieron al llamado del profeta, se alistaron en el Batallón Mormón y marcharon unos 3.200 kilómetros desde Council Bluffs, Iowa, a San Diego, California, y luego a Los Ángeles. Allí se los relevó de su servicio al gobierno. Aunque no sabían nada sobre dónde estaban sus familias, comenzaron su viaje hacia el valle del Gran

Lago Salado. La ruta extra que Levi Savage recorrió fue de unos 1.650 kilómetros más, sobre rudo y hostil terreno, pero finalmente llegó al valle de Lago Salado.

Aquí, Levi fue pionero, luchó contra los grillos, se casó, tuvo un hijo y sepultó a su esposa meses después del nacimiento de su hijo. Diez meses luego de la muerte de su esposa, durante la conferencia de octubre de 1852, él y varios hermanos fieles fueron llamados por el profeta a abrir una misión del Evangelio en Siam (hoy conocida como Tailandia).

En esta ocasión viajaron en carreta y vagones de vuelta al sur de California y al Océano Pacífico. Con el tiempo, zarparon desde San Francisco a Calcuta destino a su misión en Siam. Los datos ingresados en el diario personal de Levi el 29 de enero de 1853 nos dejan entrever el corazón de estos primeros misioneros. Él escribe:

“Nuestro majestuoso barco, empujado por una suave brisa, dirigió curso sobre las ruidosas profundidades hacia nuestro lugar de destino; dejando atrás nuestra amada tierra natal. Cada uno buscó su propio lugar de meditación, y allí reflexionó sobre la comodidad de su hogar, los afectos de su amada esposa y sus hijos y amigos. Pero ahora había sido llamado a morar en lo remoto de la tierra, ¿y para qué? ¿Para apilar oro y plata, o para asegurarse los honores, la pompa y el esplendor de este mundo? No, ciertamente no. Sino en obediencia a los mandamientos del Señor de llevar el mensaje de la verdad y… la salvación a naciones que se encuentran en la oscuridad espiritual y la superstición. Poco después, todos nos retiramos a nuestras camillas para descansar y reposar. Pero despiertos o dormidos, nuestra mente continuaba

pensando en las realidades del pasado y los prospectos del futuro”20.

Tras su misión, Levi zarpó hacia casa vía Boston, Massachussets, llegó a su lugar de nacimiento en Greenfield, Ohio, y escribió a su arribo allá: “He dado la vuelta al mundo”21. Se unió a la compañía Willie en Iowa City, Iowa, la que comenzó una saga de eterna importancia para él, su familia y la Iglesia entera. Su obra en esa epopeya coronó una vida de sacrificio y de servicio. De estos pioneros, el hito muestra: Su fe y sus obras fueron un faro en un mundo incrédulo. Su servicio, un patrón para todos a seguir.

Nos conmueven las palabras del clérigo, Frederick W. Faber:

“Fe de nuestros padres, aún viviente,
a pesar del calabozo, el fuego y la espada;
oh, cómo nuestro corazón late de gozo
cuando oímos su gloriosa palabra.

Fe de nuestros padres,
lucharemos por traer a toda nación a ti,
y mediante la verdad que viene de Dios,
la humanidad será verdaderamente libre.

Fe de nuestros padres, amaremos
tanto a amigo como enemigo en toda lucha,
y te predicaremos como el amor sabe,
con bondadosas palabras y virtuosa vida.

Fe de nuestros padres, santa fe,
¡seremos fieles a ti hasta la muerte!”20

Testifico, mis amados hermanos y hermanas, que Dios está en los cielos, que Su nombre es Elohim y que conoce a todos Sus hijos sin importar de dónde vengan o en dónde vivan. Jesús, el Santo de Israel, es Su Amado Hijo, el Redentor de la Humanidad. José Smith, un joven, fue llamado por la voz de Dios y la de Su Santo Hijo como profeta, y como resultado de ese llamado se restauró la verdadera Iglesia y Reino de Dios sobre la tierra. Qué bendecidos somos nosotros de saber estas cosas, y ustedes, mis hermanos y hermanas, ustedes se encuentran en la confluencia de la historia. Ustedes proceden de un mundo de gloria. Es su singular privilegio permanecer firmes en la fe y seguir adelante en la obra del Señor. Hagan lo que dice el profeta. Las generaciones pasadas lo esperan. Las generaciones presentes son salvas por ello. Las generaciones futuras dependen de ello y el Espíritu Santo los guiará a cada paso.

En el nombre de Jesucristo. Amén.

NOTAS

  1. “Te damos, Señor, nuestras gracias”, Himnos, N° 10.
  2. Gordon B. Hinckley, “La fe que mueve montañas”, Liahona, noviembre de 2006, págs 82-85.
  3. Random House Webster’s UnabridgedDictionary, Segunda Edición, 2001, “secular”, pág. 1731.
  4. Alexander Pope, An Essay on Man, Epístola 2, línea 220.
  5. Book of Mormon Reference Companion, ed, Dennis L. Largey, 2003, pág. 582.
  6. “How to Think about Secularism”, First Things, junio-julio de 1996, págs. 27, 30. www.firstthings.com/ftissues/ft9606/articles/ pannenberg.html.
  7. Boyd K. Packer, General Authority Training, octubre de 2006; véase William Shakespeare, Obras completas, “La tempestad”, Acto 2 escena I, Aguilar, S.A. de Ediciones, Madrid, 1967, pág. 2036. Cursiva agregada.
  8. Gordon B. Hinckley, “La situación de la Iglesia”, Liahona, julio de 1991, págs. 60—64.
  9. Gordon B. Hinckley, “La fe que mueve montañas”, Liahona, noviembre de 2006, págs. 82—85.
  10. Joseph Smith, comp., Lectures on Faith, 1985, pág. 8.
  11. Random House Webster’s Unabridged Dictionary, “benchmark”, pág. 193.
  12. Gordon B. Hinckley, “¡Levantaos, hombres de Dios!”, Liahona, noviembre de 2006, págs. 59-61.
  13. Véase Boyd K. Packer, Memorable Stories and Parables of Boyd K. Packer, 1997, págs. 4-6.
  14. “¡Oh, está todo bien!”, Himnos, no. 17.
  15. “A vencer”, Himnos, no. 167.
  16. La Familia: Una proclamación para el mundo, Liahona, junio de 1996. Págs. 10—11.
  17. Neal A. Maxwell, “Resolved esto en vuestros corazones”, Liahona, enero de 1993, pág. 73.
  18. “A vencer”, Himnos, No. 167.
  19. En Levi Savage, Jr. Diario personal, comp. Lynn M. Hamilton, 1996, pág. xii.
  20. En Levi Savage, Jr. Diario personal, pág. 5, cursiva agregada.
  21. En Levi Savage, Jr. Diario personal, pág. 59.
  22. “Faith of Our Fathers,” Hymns, No. 84.
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