Una reserva de agua viva

Una reserva de agua viva

Élder David A. Bednar
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Charla Fogonera del SEI para Jóvenes Adultos • 4 de febrero de 2007 Universidad Brigham Young


Mi esposa y yo estamos agradecidos de estar aquí esta noche. Al viajar por el mundo, apreciamos las oportunidades de reunirnos con jóvenes fieles como ustedes y de aprender de ustedes. Esta noche pido la ayuda del Espíritu Santo mientras adoramos juntos y buscamos unidos recibir enseñanzas de lo alto (véase D. y C. 43:16).

Quiero comenzar con una pregunta sencilla. ¿Cuál es la sustancia o el artículo más valioso del mundo? Inicialmente podríamos pensar que el oro, el petróleo o los diamantes tienen el mayor valor, pero de todos los minerales, metales, joyas y disolventes de la tierra, la sustancia más valiosa es el agua.

La vida brota del agua y el agua sostiene la vida. El agua es el medio requerido para realizar las diversas funciones relacionadas con todas las formas de vida conocidas. Las dos terceras partes del cuerpo son agua. Una persona puede sobrevivir muchos días, incluso semanas, sin alimento, pero usualmente morirá en sólo tres o cuatro días sin agua. La mayor parte de los grandes centros de población están situados cerca de fuentes de agua fresca. En pocas palabras, la vida no podría existir sin el acceso a una cantidad suficiente de agua pura.

Agua viva

Dado el papel vital del agua para sostener toda forma de vida, el uso que hace el Salvador de la frase “agua viva” tiene suprema importancia. Tal como se describe en el capítulo cuatro de Juan, Jesús y Sus discípulos pasaron por Samaría al viajar de Judea a Galilea. En la ciudad de Sicar se detuvieron junto al pozo de Jacob.

“Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.
“Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
“La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.
“Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
“La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?…
“Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
“mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:7-11, 13-14).

El agua viva a la que se refiere este episodio es una representación del Señor Jesucristo y Su evangelio. Y así como el agua es necesaria para sostener la vida física, también el Salvador, Su doctrina, sus principios y ordenanzas son esenciales para la vida eterna. Necesitamos diariamente su agua viva en grandes cantidades para sostener nuestro crecimiento y desarrollo espiritual.

Las escrituras son una reserva de agua viva

Las Escrituras contienen las palabras de Cristo y son una reserva de agua viva a la que tenemos fácil acceso y de la que podemos beber profundamente. Debemos acudir a Cristo y venir a Él, quien es “la fuente de aguas vivas” (1 Nefi 11:25; compárese con Éter 8:26; 12:28) al leer (véase Mosíah 1:5), estudiar (véase D. y C. 26:1), escudriñar (véase Juan 5:39; Alma 17:2), y deleitarnos (véase 2 Nefi 32:3) en las palabras de Cristo contenidas en las Santas Escrituras. Al hacerlo, podemos recibir guía y protección espiritual durante nuestra jornada mortal.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene la mayordomía sagrada de preservar y proteger la pureza de las revelaciones escritas (véase D. y C. 42:56)—la preciosa reserva de agua viva. La Iglesia completó una obra monumental en las décadas de los setenta y ochenta al producir la edición de las Escrituras que disfrutamos hoy con notas al pie de página, referencias correlacionadas y ayudas para el estudio, mapas e información adicional.

Cuando se presentaron por vez primera las Escrituras actualizadas a los miembros de la Iglesia a principios de la década de 1980, el élder Boyd K. Packer profetizó:

“Con el paso de los años, estas Escrituras producirán generaciones sucesivas de cristianos fieles que conocen al Señor Jesucristo y están dispuestos a obedecer Su voluntad.

“La generación mayor se ha criado sin ellas, pero otra generación está creciendo” (En Conference Report, octubre de 1982, o “Scriptures”, Ensign, noviembre de 1982, pág. 53).

Han pasado veinticuatro años desde que el élder Packer pronunció esas palabras, y la generación a la que se refería está sentada esta noche en edificios de la Iglesia en todo el mundo. Estaba hablando de ustedes y de mí. La gran mayoría de ustedes sólo ha conocido las Escrituras como las tenemos hoy. Tengan en mente ese hecho mientras les sigo citando las palabras del élder Packer.

“Las revelaciones les serán abiertas como no ha pasado en la historia del mundo. Ahora se han colocado en sus manos los palos de José y de Judá. Profundizarán en el Evangelio más allá de lo que pudieron haberlo logrado sus antepasados. Tendrán el testimonio de que Jesús es el Cristo y tendrán la capacidad para proclamarlo y defenderlo” (“Scriptures”, Ensign, noviembre de 1982, pág. 53).

No sólo somos bendecidos por tener estas Escrituras tan a la mano en la actualidad, sino que también tenemos la responsabilidad de usarlas de manera regular y eficaz y de beber profundamente de la reserva de agua viva. Creo que esta generación de jóvenes está más sumergida en las Escrituras, conoce más a fondo las palabras de los profetas, y es más propensa a acudir a las revelaciones en busca de respuestas que cualquier generación pasada, pero tenemos una gran distancia que cubrir en el sendero estrecho y angosto— más que aprender, más que aplicar y más que experimentar.

Cómo obtener agua viva de la reserva de las escrituras

Ahora quiero revisar con ustedes tres métodos básicos para obtener agua viva de la reserva de las Escrituras: (1) leer las Escrituras de principio a fin, (2) estudiarlas por temas, y (3) escudriñarlas buscando conexiones, modelos y temas. Cada uno de estos métodos puede ayudar a satisfacer nuestra sed espiritual si invitamos la compañía y la ayuda del Espíritu Santo al leer, estudiar y escudriñar.

El leer un libro de Escritura de principio a fin inicia el flujo del agua viva en nuestra vida al exponernos a relatos y doctrina del Evangelio importantes y a principios eternos. Este método también nos permite aprender acerca de los personajes principales de las Escrituras y la secuencia, el momento y el contexto de los acontecimientos y las enseñanzas. Al leer la palabra escrita de esta manera, nos exponemos a la amplitud de un tomo de Escritura. Ésta es la primera forma, y la más fundamental, de obtener agua viva.

El estudiar por temas usualmente sigue a nuestra lectura de principio a fin, se deriva de ella y añade a ella. Por ejemplo, al leer el Libro de Mormón, quizás busquemos y localicemos respuestas a importantes preguntas prácticas y doctrinales como éstas:

  • ¿Qué es la fe en el Salvador?
  • ¿Por qué es la fe en Jesucristo el primer principio del Evangelio?
  • ¿Por qué y cómo nos lleva la fe en el Redentor al arrepentimiento?
  • ¿Cómo me fortalece la Expiación para hacer en mi vida diaria las cosas que nunca podría hacer con mi propia capacidad y fuerzas limitadas?

El concentrarnos en esas preguntas y estudiar por temas, usando la Guía para el Estudio de las Escrituras, nos permite escudriñar y explorar la profundidad de las Escrituras y obtener un conocimiento espiritual mucho más abundante. Este método acelera el flujo del agua viva en nuestra vida.

Tanto la lectura de principio a fin como el estudio por temas son requisitos previos para el tercer método básico de obtener agua viva de la reserva de las Escrituras. Aunque la lectura de principio a fin nos da una amplitud básica de conocimiento, el estudiar por temas aumenta la profundidad de nuestro conocimiento. El escudriñar las revelaciones buscando conexiones, modelos y temas incrementa nuestro conocimiento espiritual al unir y expandir esos primeros dos métodos; extiende nuestra perspectiva y nuestra comprensión del plan de salvación.

A mi juicio, el escudriñar diligentemente para descubrir conexiones, modelos y temas es, en parte, lo que significa “deleitarse” en las palabras de Cristo. Este método puede abrir las compuertas de la reserva espiritual, iluminar nuestra comprensión mediante Su Espíritu y producir una profunda gratitud por las Santas Escrituras y un nivel de compromiso espiritual que no puede recibirse de otra manera. El escudriñar nos permite edificar sobre la roca de nuestro Redentor y resistir los vientos de la iniquidad en estos últimos días.

Deseo recalcar un punto esencial. Podrían suponer que una persona necesita mucha educación formal para usar los métodos que les estoy describiendo, pero eso simplemente no es verdad. Cualquier persona que sinceramente busque la verdad, sin importar su preparación académica, puede tener éxito con estos métodos. No necesitamos ayudas sofisticadas para la enseñanza y no debemos depender extensamente del conocimiento espiritual de los demás; sólo necesitamos el deseo sincero de aprender, la compañía del Espíritu Santo, las Escrituras y una mente activa e inquisitiva.

El profeta José Smith enseñó: “Escudriñad las Escrituras; escudriñad las revelaciones que publicamos y pedid a vuestro padre Celestial, en el nombre de Su Hijo Jesucristo, que os manifieste la verdad; y si lo hacéis con el sólo fin de glorificarlo, no dudando nada, Él os responderá por el poder de su Santo Espíritu. Entonces podréis saber por vosotros mismos y no por otro. No tendréis entonces que depender del hombre para saber de Dios” (Enseñanzas del Profeta José Smith, 1976, pág. 7).

Si pedimos, buscamos y llamamos (véase Mateo 7:7), conservándonos siempre dignos de aprender del Espíritu, entonces se nos abrirán las compuertas de la reserva espiritual y fluirá el agua viva. Testifico, declaro y prometo que esto es verdad.

Permítanme explicar brevemente y dar ejemplos de lo que quiero decir con conexiones, modelos y temas.

Conexiones

Una conexión es una relación o un enlace entre conceptos, personas, cosas o acontecimientos, y las Escrituras están llenas de ellas. Consideren la relación entre el Padre Eterno y Su Hijo, Jesucristo (véase Mosíah 15:1-9), entre la misericordia y la gracia (véase 2 Nefi 9:8), entre las manos limpias y el corazón puro (véase Salmos 24:4), el corazón quebrantado y el espíritu contrito (véase 3 Nefi 9:20), el trigo y la cizaña (véase D. y C. 101:65), el conocimiento y la inteligencia (véase D. y C. 130:18-19), la justificación y la santificación (véase D. y C. 20:30-31), las ovejas y los cabritos (véase Mateo 25:32-33), la inmortalidad y la vida eterna (véase Moisés 1:39), y numerosos conceptos más. El localizar, aprender y meditar en esas conexiones con oración —por ejemplo, las similitudes y las diferencias— es una fuente primordial de agua viva y produce comprensión inspirada y tesoros de conocimiento escondidos.

Al leer cada uno de los libros canónicos de principio a fin y al estudiar distintos temas, noté que la palabra comprensión se describía comúnmente con relación al corazón. Dos pasajes del Libro de Mormón ilustran esta conexión.

“No habéis aplicado vuestros corazones para entender; por tanto, no habéis sido sabios” (Mosíah 12: 27, cursiva agregada).

“Y la multitud oyó y da testimonio; y se abrieron sus corazones, y comprendieron en sus corazones las palabras que él oró” (3 Nefi 19: 33, cursiva agregada).

Me es muy interesante que en estos y muchos otros pasajes esa comprensión está enlazada principalmente con el corazón. Nótese que no se nos aconseja explícitamente aplicar la mente para comprender. Obviamente debemos usar la mente y el razonamiento para obtener y evaluar información y para llegar a conclusiones y juicios correctos. Pero quizás las Escrituras nos estén sugiriendo que la razón y “el brazo de la carne” (D. y C. 1:19) no son suficiente para producir la verdadera comprensión, la cual, según el uso que se le da en las Escrituras, no se refiere únicamente ni primordialmente al intelecto ni a la comprensión cognitiva, sino que ocurre cuando lo que sabemos en la mente se confirma como verdadero en el corazón mediante el testimonio del Espíritu Santo.

El don espiritual de la revelación normalmente opera en forma de pensamientos y sentimientos que el Espíritu Santo deposita en la mente y en el corazón (véase D. y C. 8:2-3; 100:5-8). Y al avanzar el testimonio y la convicción de la mente al corazón, ya no tenemos sólo información o conocimiento, sino comenzamos a comprender y a buscar el potente cambio de corazón. La comprensión, entonces, es el resultado de la revelación, un don espiritual, un requisito previo a la conversión, y nos insta a vivir con más constancia de acuerdo con los principios que aprendemos.

Esta comprensión revelada acerca de la relación entre el corazón y la comprensión ha influido grandemente en mi método de aprendizaje y estudio del Evangelio, ha afectado de manera positiva la manera de enseñar a nuestros hijos y nietos, y ha tenido un impacto en el servicio que presto en el sacerdocio.

Modelos

Un modelo es un plan o una norma que puede usarse como guía para hacer o fabricar algo de manera repetitiva; y las Escrituras están llenas de modelos espirituales. Usualmente un modelo es más amplio y abarca más que una conexión. En Doctrina y Convenios encontramos modelos para predicar el Evangelio (véase D. y C. 50:13-29), para evitar ser engañados (véase D. y C. 52:14;18-19), para la construcción de templos (véase D. y C. 115:14-16), para establecer ciudades (véase D. y C. 94), para organizar los quórumes del sacerdocio (véase D. y C. 107:85-100) y los sumos consejos (véase D. y C. 102:12), y diversos propósitos más. El identificar y estudiar los modelos de las Escrituras es otra fuente importante de agua viva que nos ayuda a familiarizarnos más con la sabiduría y la voluntad del Señor (véase D. y C. 95:13).

Cuando he leído de principio a fin y también cuando he estudiado por temas en Doctrina y Convenios, me ha impresionado un modelo que queda evidente en muchas de las respuestas del Señor a las preguntas de los misioneros. En varias ocasiones en 1831, diversos grupos de élderes que habían sido llamados a predicar el Evangelio desearon saber cómo debían proceder, qué ruta seguir y qué medio de transporte usar. En las revelaciones dadas a través del profeta José Smith, el Señor respectivamente aconsejó a esos hermanos que podían viajar por agua o por tierra (véase D. y C. 61:22), que podían fabricar o comprar los vehículos necesarios (véase D. y C. 60:5), que podían viajar juntos o de dos en dos (véase D. y C. 62:5), y que podían de manera apropiada viajar en varias direcciones diferentes (véase D. y C. 80:3). Las revelaciones daban instrucciones específicas a los hermanos de tomar esas decisiones “según os parezca bien” (D. y C. 60:5; D. y C. 62:5) o “conforme a lo que… les sea manifestado, según su criterio” (D. y C. 61:22). Y en cada uno de esos casos, el Salvador declaró: “a mí me es igual” (D. y C. 60:5; D. y C. 61:22; D. y C. 62:5; D. y C. 63:40; D. y C. 80:3).

Tal vez nos sorprenda esa declaración del Señor de que le es igual lo que hagamos en esas cosas. Claramente, el Señor no les decía a esos misioneros que no le importaba lo que ellos hicieran, sino que recalcaba la importancia de poner en primer término lo más importante y concentrarse en las cosas debidas, que en esos casos era llegar al campo de labor asignado e iniciar la obra. Debían ejercer la fe, usar el buen juicio, actuar de acuerdo con la guía del Espíritu y determinar la mejor forma de viajar a su asignación. Lo esencial era la obra que se les había llamado a realizar; la manera de llegar no era esencial.

Qué modelo tan asombroso que podemos aplicar en nuestra vida. Jesucristo nos conoce y nos ama individualmente. Está interesado en nuestro desarrollo y progreso espiritual, y nos insta a crecer mediante el uso de nuestro juicio inspirado, recto y sabio. El Redentor nunca nos dejará solos. Siempre debemos orar pidiendo guía y dirección, y buscar la compañía constante del Espíritu Santo. Pero no debemos desmayar ni sentirnos desanimados si no recibimos rápidamente respuestas a nuestras peticiones de dirección o ayuda. Esas respuestas casi nunca llegan de una sola vez. Se impediría nuestro progreso y se debilitaría nuestro juicio si se nos diera toda respuesta inmediatamente y sin requerir el precio de la fe, el trabajo, el estudio y la persistencia.

El modelo que estoy describiendo queda ilustrado brevemente en la siguiente instrucción a esos misioneros de antaño.

“Yo, el Señor, estoy dispuesto, y si alguno de vosotros desea ir a caballo, o en mula, o por carro, recibirá esta bendición, si la recibe de mano del Señor con un corazón agradecido en todas las cosas.

“Queda en vosotros hacer estas cosas según vuestro juicio y las indicaciones del Espíritu.

“He aquí, el reino es vuestro; y estoy siempre con los fieles. Así sea. Amén” (D. y C. 62:7-9; cursiva agregada).

Las cuestiones principales de este episodio no son los caballos, las mulas ni los carruajes, sino la gratitud, el juicio y la fidelidad. Sírvanse notar los elementos básicos de este modelo: (1) un corazón agradecido en todas las cosas; (2) según vuestro juicio y las indicaciones del Espíritu; y (3) el Salvador siempre está con los fieles. ¿Podemos comenzar a percibir la guía y la certeza, la renovación y la fortaleza que se pueden recibir al seguir este modelo sencillo para el juicio justo y recto? En verdad, los modelos de las Escrituras son una valiosa fuente de agua viva.

Los juicios más difíciles que hacemos pocas veces son entre el bien y el mal o entre alternativas atractivas y no atractivas. Usualmente, las decisiones más difíciles son entre el bien y el bien. En este episodio de las Escrituras, los caballos, las mulas y los carruajes podrían haber sido opciones igualmente eficaces para viajar. De manera similar, ustedes y yo podríamos ubicar diferentes oportunidades u opciones aceptables que podríamos elegir. Debemos recordar este modelo de las Escrituras al tomar decisiones importantes. Si ponemos lo más importante en primer término en nuestra vida, como ser un discípulo dedicado, honrar los convenios y guardar los mandamientos, entonces seremos bendecidos con inspiración y buen juicio al avanzar por el sendero que nos conduce de regreso al hogar celestial. Si ponemos en primer lugar lo más importante, “no podre[mos] errar” (D. y C. 80:3).

Temas

Los temas son cualidades o conceptos que dominan, se repiten y unen, como hilos esenciales entretejidos en el texto. Generalmente, los temas de las Escrituras son más amplios y globales que los modelos o las conexiones; de hecho, proveen el entorno y el contexto para entender dichas conexiones y modelos. El proceso de buscar y determinar los temas de las Escrituras nos conduce a las doctrinas fundamentales y a los principios de salvación— a las verdades eternas que invitan el testimonio confirmador del Espíritu Santo (véase 1 Juan 5:6). Este método para obtener agua viva de la reserva de las Escrituras es el más exigente y riguroso, pero también rinde la máxima edificación y reanimación espiritual. Y las Escrituras están repletas de temas poderosos.

Por ejemplo, el Libro de Mormón salió en esta dispensación para “convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios, que se manifiesta a sí mismo a todas las naciones” (Portada del Libro de Mormón). El tema central y repetitivo del Libro de Mormón es la invitación a todos: “venid a Cristo, y perfeccionaos en él” (Moroni 10:32). Las enseñanzas, las advertencias, amonestaciones y episodios de este maravilloso libro de Escritura se centran en Jesús el Cristo y testifican de Él como nuestro Redentor y Salvador.

Permítanme dar algunos ejemplos más de temas importantes, valiéndome de pasajes del Libro de Mormón.

“…si los hijos de los hombres guardan los mandamientos de Dios, él los alimenta y los fortifica, y provee los medios por los cuales pueden cumplir lo que les ha mandado” (1 Nefi 17:3).

“[Seguid] adelante con firmeza en Cristo” (2 Nefi 31:20).
“Existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25).
“Con la fuerza del Señor puedes hacer todas las cosas” (Alma 20:4).
“La maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10).

Si prometen no reírse, les contaré uno de los métodos sencillos que uso para buscar temas en las Escrituras. No recomiendo que ustedes usen el mismo método, porque cada cual usa métodos diferentes con el mismo resultado eficaz. Sencillamente describiré el proceso que funciona bien para mí.

Al prepararme para un discurso reciente, sentí la impresión de hablar del espíritu y los propósitos del recogimiento. Había estado estudiando y meditando el mensaje reciente del élder Nelson (“El recogimiento del Israel disperso”, Liahona, noviembre de 2006, págs. 79-81) en la conferencia general sobre el principio del recogimiento, y el tema era perfectamente adecuado para la naturaleza de mi asignación (véase The Spirit and Purposes of Gathering, BYU-Idaho Devotional, 31 de octubre de 2006).

Percibí que tenía mucho que aprender de las Escrituras acerca del tema, así que busqué y saqué copias de todos los pasajes en los libros canónicos con cualquier variación de la palabra “recoger”. Enseguida leí cada pasaje buscando conexiones, modelos y temas. Es importante notar que no comencé a leer buscando ciertas ideas preconcebidas. Oré pidiendo la ayuda del Espíritu Santo y sencillamente comencé a leer.

Al estudiar los pasajes acerca del recogimiento, marqué con lápices de colores los que tenían frases o puntos de énfasis similares. Cuando había leído todos los pasajes, algunos de los versículos estaban marcados de rojo, algunos de verde y algunos de otros colores.

Ahora, esta es la parte que quizás les haga reír. Después usé las tijeras para recortar los pasajes que había copiado y los coloqué en pilas según su color. Ese proceso produjo una pila grande de pasajes marcados de rojo, otra de pasajes marcados de verde, etc. Luego clasifiqué los pasajes dentro de cada pila grande en pilas más pequeñas. ¡Parece que cuando cursaba el primer grado me gustaba mucho recortar con tijeras y poner las cosas en pilas!

Los resultados de ese proceso me enseñaron mucho acerca del principio del recogimiento; por ejemplo, al examinar las pilas grandes aprendí que los pasajes describen por lo menos tres aspectos claves del recogimiento: los propósitos, los tipos y lugares del recogimiento y las bendiciones del recogimiento.

Advertí que algunos de los propósitos primordiales eran adorar (véase Mosíah 18:25), recibir consejo e instrucción (véase Mosíah 18:7), edificar la Iglesia (véase D. y C. 101:63-64) y brindar defensa y protección (véase D. y C. 115:6). Al estudiar acerca de los tipos y lugares de recogimiento, descubrí que somos recogidos en familias eternas, (véase Mosíah 2:5), en la Iglesia restaurada (véase D. y C. 101:64-65), en las estacas de Sión (véase D. y C. 109:59), en los santos templos (véase Alma 26:5-6) y en dos grandes centros: la antigua Jerusalén (véase Éter 13:11) y la Ciudad de Sión o la Nueva Jerusalén (véase D. y C. 42:9; Artículos de Fe 1:10). Sentí agradecimiento al aprender que la edificación (véase Efesios 4:12-13), preservación (véase Moisés 7:61) y fortaleza (véase D. y C. 82:14) son algunas de las bendiciones del recogimiento.

A través de ese proceso sentí un agradecimiento más profundo por el espíritu del recogimiento como parte integral de la restauración de todas las cosas en la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Ahora no tomaré el tiempo para relatar las otras cosas que aprendí; mi propósito es ilustrar brevemente una manera de buscar los temas de las Escrituras.

Las bendiciones que podemos recibir

Son maravillosas las bendiciones de conocimiento, comprensión, revelación y júbilo espiritual que podemos recibir al leer, estudiar y escudriñar las Escrituras. El “[deleitarnos] en la palabra de Cristo” (2 Nefi 31:20) es emocionante y placentero y nos edifica. La palabra es buena “porque empieza a ensanchar mi alma; sí, empieza a iluminar mi entendimiento; sí, empieza a ser deliciosa para mí” (Alma 32:28). “He aquí, están escritas, las tenéis ante vosotros; por lo tanto, escudriñadlas” (3 Nefi 20:11)— y serán “en [vosotros] una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14).

Al leer, estudiar y escudriñar durante varios años, me he concentrado muchas veces en la doctrina de la expiación de Jesucristo. No hay otro acontecimiento, conocimiento ni influencia que haya ejercido un mayor impacto en mí en mis 54 años de vida que el leer, estudiar a fondo y escudriñar repetidamente buscando conexiones, modelos y temas relacionados con la doctrina de la Expiación. Esta doctrina central y salvadora ha destilado gradualmente en mi alma como el rocío del cielo; ha influido en mis pensamientos, palabras y obras (véase Mosíah 4:30); y ha llegado a ser para mí un pozo de agua viva.

La visión de lehi

La importancia de leer, estudiar y escudriñar las Escrituras queda resaltada en varios elementos de la visión que tuvo Lehi del árbol de la vida.

El padre Lehi vio a varios grupos de personas que seguían adelante por el sendero estrecho y angosto tratando de llegar al árbol y a su fruto. Los integrantes de cada grupo habían entrado al sendero por la puerta del arrepentimiento y el bautismo por agua y habían recibido el don del Espíritu Santo (véase 2 Nefi 31:17-20). El árbol de la vida es el elemento central del sueño y en 1 Nefi 11 se indica que es una representación de Jesucristo. El fruto del árbol simboliza las bendiciones de la expiación del Salvador. Resulta interesante que el tema principal del Libro de Mormón de invitar a todos a venir a Cristo es el punto central de la visión de Lehi. La barra de hierro que conduce al árbol es de gran interés (véase 1 Nefi 8:19); representa la palabra de Dios.

En 1 Nefi 8, en los versículos del 21 al 23 aprendemos de un grupo de personas que se adelantaron e ingresaron al sendero que conducía al árbol de la vida; no obstante, al encontrarse con los vapores de tinieblas, que representan las tentaciones del diablo (véase 1 Nefi 12:17), perdieron el camino, se alejaron y se perdieron.

Es importante notar que en estos versículos no se hace mención de la barra de hierro. Los que no hacen caso de la palabra de Dios o la tratan a la ligera no tienen acceso a esa brújula divina que señala el camino al Salvador. Consideren el hecho de que los de este grupo entraron al sendero y siguieron adelante, exhibiendo una medida de fe en Cristo y una convicción espiritual, pero fueron desviados por las tentaciones del diablo y se perdieron.

En los versículos del 24 al 28 del capítulo 8 leemos de otro grupo de personas que entraron en el sendero estrecho y angosto que conducía al árbol de la vida y que siguieron adelante, avanzaron a través del vapor de tinieblas, asidos a la barra de hierro, hasta que llegaron y participaron del fruto del árbol. Sin embargo, cuando los ocupantes del edificio grande y espacioso se burlaron de ellos, sintieron vergüenza y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron. Sírvanse notar que en las Escrituras dice que este grupo se asió de la barra de hierro.

Resulta importante que el segundo grupo haya avanzado con fe y dedicación. También contaban con la bendición adicional de la barra de hierro, ¡y estaban asidos a ella! No obstante, cuando enfrentaron la persecución y la adversidad, cayeron en senderos prohibidos y se perdieron. Aun con fe, dedicación y la palabra de Dios, este grupo se perdió— tal vez porque sólo leían o estudiaban o escudriñaban periódicamente las Escrituras. Tal vez tenían sólo “arranques” ocasionales de estudio, o se sumergían de manera irregular en lugar de tener una inmersión constante y regular en la palabra de Dios.

En el versículo 30 leemos del tercer grupo de personas que avanzaron asidos constantemente de la barra de hierro hasta llegar y postrarse y comer del fruto del árbol. La frase clave de este versículo es “asidos constantemente” a la barra de hierro.

El tercer grupo también avanzó con fe y convicción; sin embargo, no hay ninguna indicación de que se hayan alejado, que hayan caído en senderos prohibidos o se hayan perdido. Quizás hayan leído y estudiado y escudriñado constantemente las palabras de Cristo. Quizás haya sido el constante flujo de agua viva lo que salvó al tercer grupo de perecer. Ustedes y yo debemos esforzarnos por ser parte de ese grupo.

“¿Qué significa la barra de hierro, que nuestro padre vio, que conducía al árbol?

“Y les dije que era la palabra de Dios; y que quienes escucharan la palabra de Dios y se aferraran a ella, no perecerían jamás; ni los vencerían las tentaciones ni los ardientes dardos del adversario para cegarlos y llevarlos hasta la destrucción” (1 Nefi 15:23—24, cursiva agregada).

¿Cuál es entonces la diferencia entre asirse y aferrarse a la barra de hierro? Permítanme sugerir que aferrarse conlleva el uso constante y con oración de los tres medios de obtener agua viva que hemos analizado esta noche.

“Y aconteció que vi que la barra de hierro que mi padre había visto representaba la palabra de Dios, la cual conducía a la fuente de aguas vivas o árbol de la vida” (1 Nefi 11:25).

Cada uno de estos métodos —leer de principio a fin, estudiar por temas y buscar conexiones, modelos y temas— edifica, instruye y brinda una porción intermitente del agua viva del Salvador; no obstante, yo creo que el uso regular de los tres métodos produce un flujo más constante de agua viva y es, en gran medida, lo que significa aferrarse a la barra de hierro.

Durante nuestras actividades normales del día, ustedes y yo perdemos una gran cantidad de agua que compone gran parte de nuestro cuerpo físico. La sed es la exigencia de agua por parte de las células, y debemos reponer diariamente el agua del cuerpo. Francamente no tiene sentido “llenamos” ocasionalmente de agua, con largos periodos intermedios de deshidratación, y lo mismo se aplica a la sed espiritual, que es la necesidad de agua viva. Un flujo constante de agua viva es muy superior a los sorbos esporádicos.

¿Estamos leyendo, estudiando y escudriñando diariamente las Escrituras de una manera que nos permita aferrarnos a la barra de hierro, o estamos sólo asidos? ¿Estamos ustedes y yo avanzando hacia la fuente de aguas vivas, confiando en la palabra de

Dios? Éstas son preguntas importantes en las que debemos reflexionar con oración.

Esta noche, para concluir, cantaremos juntos el himno “La barra de hierro”. En verdad, esta canción de los justos será una oración ferviente y conmovedora (véase D. y C. 25:12). Que tengamos oídos para escuchar las lecciones de este himno.

Testifico de Jesucristo y del poder de Su palabra, y de Él como la Palabra. Él es el Hijo del Eterno Padre, y yo sé que Él vive. Testifico que el aferrarnos a la barra de hierro nos conducirá a Su agua viva. Como siervo Suyo, invoco esta bendición sobre ustedes: que se expanda su deseo y capacidad de aferrarse a la barra de hierro; que aumente su fe en el Salvador y que esa fe desplace sus temores— y que beban profundamente de la reserva de las Escrituras y de esa manera lleguen a conocerlo a Él. Recordemos siempre que

Si en oscura tentación
la senda no se ve,
la barra os dirigirá,
si os sujetáis con fe.
(Himno no 179)

En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Una reserva de agua viva

  1. Juan Carlos dijo:

    Ha desarrollado el tema muy completo y es de uso permanente.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s