Asiros con firmeza a las palabras de los profetas

Asiros con firmeza a las palabras de los profetas

Élder Neil L. Andersen
de la Presidencia de los Setenta

Charla Fogonera del SEI para los jóvenes adultos • 4 de marzo de 2007 Universidad Brigham Young


Hace treinta y tres años, mientras estudiaba en la Universidad Brigham Young, tuve una pequeña participación en una charla fogonera como la de esta noche. El orador fue el presidente Spencer W. Kimball y de pronto me encontré junto a él caminando hacia la entrada del Marriott Center. Le pregunté si alguna vez se había sentido nervioso al ponerse de pie ante una concurrencia tan grande. Sonriendo, respondió: “Hermano Andersen, ya sabe lo que las Escrituras dicen: ‘si estáis preparados, no temeréis’ (D. y C. 38:30). Estoy temblando de pies a cabeza”. Esta noche comprendo lo que él sentía.

Expreso mi amor y mi respeto por cada uno de los presentes y por ustedes que están reunidos alrededor del mundo. Sé de su bondad y devoción al Evangelio, de su fe y esperanza en el futuro, y de su deseo de complacer a su Padre Celestial. Ruego que el Espíritu del Señor bendiga mis palabras y también la comprensión de ustedes.

Asiros con firmeza a la barra de hierro

En nuestra reunión de esta noche, quiero hablarles de la guía de la mano del Señor. A principios de enero, me dediqué a organizar y a bosquejar lo que les iba a presentar. Como sabía que el élder David A. Bednar era quien estaba programado para hablarles en el mes de febrero, le pregunté si ya había terminado de preparar su presentación.

Me impresionó cuando me dijo que hablaría sobre asirse a la barra de hierro, que era el mismo tema que yo había elegido para mi discurso. El coro ya estaba practicando este maravilloso número con el cual nos acaba de deleitar.

Al hablar sobre el mensaje que tanto el élder Bednar como yo habíamos preparado, fue evidente que abordaríamos el tema de manera diferente. El élder Bednar pensó por un instante y después dijo: “El Señor ama a los jóvenes adultos de la Iglesia y existe un propósito en todo esto. Éste es el mensaje que el Señor desea que se dé”. Y tomé la determinación de seguir adelante.

Luego, sólo una semana más tarde y antes del discurso del élder Bednar, el presidente Boyd K. Packer, presidente en funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, dio un discurso en un Devocional de BYU, titulado: El sueño de Lehi y tú1. Él también incluyó en su discurso lo que significa asirse con firmeza a la barra de hierro.

Mis hermanos y hermanas, este es un tema sobre el cual el Señor desea que ustedes reflexionen.

Del discurso del presidente Packer y del élder Bednar, y de su propio estudio del Libro de Mormón, recordarán los elementos clave del sueño de Lehi sobre el árbol de la vida. El élder Bednar nos enseñó que el árbol de la vida, que significa el amor de Dios, es una representación de Jesucristo, y que el gozo y la felicidad que se reciben al participar del fruto del árbol, simbolizan las bendiciones de la Expiación del Salvador (véase 1 Nefi 8:10; 11:8, 21-24)2.

También había un edificio grande y espacioso (véase 1 Nefi 11:35-36; 12:18). El discurso del presidente Packer me motivó a pensar de diferente forma de pensar en cuanto a esa parte del sueño.

También en el sueño había vapor de tinieblas (véase 1 Nefi 12: 16-17), que representa las tentaciones del diablo que oscurecen los senderos (véase 1 Nefi 8:19-22) que llevan al árbol. Por último, hay una barra de hierro (véase 1 Nefi 11:24- 25) que representa la palabra de Dios y que nos permite pasar con éxito a través del vapor de tinieblas y llegar al árbol.

El coro cantó en forma hermosa:
La barra de hierro firme es;
Asidla sin cesar.
La barra es la palabra de Dios;
a salvo nos puede guiar3.

Nos gustó mucho escuchar el himno en español y también en portugués, y cómo quisiéramos escucharlo en todos los idiomas de quienes nos escuchan esta noche.

Nefi nos prometió que “quienes escucharan la palabra de Dios y se aferraran a ella, no perecerían jamás; ni los vencerían las tentaciones ni los ardientes dardos del adversario para cegarlos y llevarlos hasta la destrucción” (1 Nefi 15:24).

La barra de hierro es la palabra de Dios. Me gusta pensarlo de esta forma: La palabra de Dios contiene tres elementos muy importantes que se entrelazan y se sostienen entre sí para formar una barra inamovible. Estos tres elementos son: Primero, las Escrituras o las palabras de los profetas antiguos. Recordarán la trascendental pregunta que el Élder Bednar hizo el mes pasado: “¿Leemos, estudiamos y escudriñamos ustedes y yo las Escrituras a diario de manera que podamos asirnos con firmeza a la barra de hierro?” 4

El segundo elemento de la palabra de Dios es la revelación y la inspiración personales que se reciben mediante el Espíritu Santo. El presidente Packer lo dijo de esta manera:

“Si nos asimos a la barra, podremos sentir cómo seguir adelante en la vida mediante el don del Espíritu Santo

“…Aferrémonos a la barra de hierro y no la soltemos. Mediante el poder del Espíritu Santo podremos sentir cómo seguir adelante en la vida. (Véase 3 Nefi 18:25; D. y C. 9:8)”5.

Mi tema de esta noche es el tercer elemento, una adición trascendente que se entrelaza con las otras dos. Esta tercera parte de la barra de hierro representa la palabra de los profetas vivientes. También debemos asirnos a la palabra de Dios según se les ha dado a los profetas vivientes. Ruego que como producto de este tiempo que pasamos juntos esta noche, prestemos más atención a lo que enseñan los profetas vivientes, apresurémonos en poner en práctica lo que aprendemos de ellos y profundicemos nuestra comprensión de lo que significa asirse a sus palabras.

Las palabras de los profetas vivientes

Hace muchos años, el presidente George Q. Cannon, en ese entonces miembro de la Primera Presidencia, dijo:

“Tenemos la Biblia, el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios; pero todos estos libros, sin los oráculos vivientes y la revelación constante del Señor, no conducirían a nadie al reino celestial de Dios. Puede que ésta parezca una extraña declaración, pero es cierta.

“Por supuesto que estos registros son todos de infinito valor. No es posible valorizarlos ni estudiarlos demasiado. Pero en sí, con toda la luz que emanan, son insuficientes para guiar a los hijos de los hombres a la presencia de Dios. Por tanto, para que la gente sea guiada de esa manera, se requiere que haya un Sacerdocio viviente, una revelación constante de Dios, de acuerdo con las circunstancias en que se encuentren”6.

Por supuesto nosotros, los que estamos aquí esta noche, amamos al presidente Gordon B. Hinckley, a los dos consejeros de la Primera Presidencia y al Quórum de los Doce Apóstoles, pero al reconocer nuestro amor y nuestra lealtad, me pregunto: “¿Podría nuestra atención al consejo y a la enseñanza de esas Autoridades Generales ser más activa, más inquisitiva y más receptiva?”

Piensen cómo responderían a las siguientes preguntas:

¿Podrían nombrar a los tres miembros de la Primera Presidencia y a cada uno de los que conforman el Quórum de los Doce Apóstoles? Éstos son los 15 hombres a quienes ustedes y yo apoyamos como profetas, videntes y reveladores.

¿Si tuviéramos en nuestras manos una fotografía de esas Autoridades Generales, ¿reconoceríamos a cada uno de ellos? Rara vez le ponemos atención a alguien a quien no conocemos o reconocemos.

¿Podrían hablarme de lo que la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce nos aconsejaron en la conferencia general de octubre pasado? ¿Podrían determinar las preocupaciones que el presidente Hinckley, el presidente Monson y el presidente Faust compartieron con nosotros en el mensaje de la Primera Presidencia en las revistas Ensign y Liahona de los primeros tres meses de este año?

Tal vez más importante sería saber: ¿podrían compartir conmigo decisiones recientes en que ustedes cambiaron algo en su vida como resultado del consejo de esos 15 hombres?

Las razones por las que las respuestas a esas preguntas son tan importantes se basan en el llamamiento y en la responsabilidad de la Primera Presidencia y de los Doce Apóstoles. En cualquier época en la que se ha establecido la Iglesia del Señor, Él ha llamado a profetas y a apóstoles. El Salvador dijo: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15:16). Esa ordenación brinda a esos hombres poder espiritual y responsabilidad solemne, el poder para saber y para testificar y la responsabilidad de enseñar y de bendecir. También nos hace responsables a nosotros y nos hace una promesa. Tenemos la responsabilidad de escuchar y de seguir; y recibimos la promesa de que si creemos y hacemos lo que nos dicen, recibiremos bendiciones.

Cuando el Señor llamó a doce discípulos en las Américas, después de Su resurrección, Él le enseñó a la gente: “Bienaventurados sois si prestáis atención a las palabras de estos doce que yo he escogido de entre vosotros para ejercer su ministerio en bien de vosotros y ser vuestros siervos” (3 Nefi 12:1). En nuestros días, en una época difícil, el Señor les prometió a los Santos: “Y si los de mi pueblo escuchan mi voz, y la voz de mis siervos que he nombrado para guiar a mi pueblo, he aquí, de cierto os digo que no serán quitados de su lugar” (D. y C. 124:45).

Esta es la manera del Señor. Él llama a 15 hombres “comunes de la vida”7, y les otorga las llaves y el poder de guiarnos y dirigirnos. No estamos forzados a obedecer; todo se hace sin compulsión. Pero si prestamos atención a sus palabras, si respondemos y estamos dispuestos a cambiar nuestro comportamiento cuando el Espíritu Santo nos confirme su consejo, no seremos quitados de nuestro lugar: lo que quiere decir que nos asiremos con firmeza a la barra de hierro y permaneceremos para siempre seguros en el sendero que lleva al árbol de la vida.

¿Cómo es que uno busca y se aferra al consejo de los profetas vivientes? Consideremos esta pregunta reflexionando con detención las tres palabras que utilizamos al apoyar a estos hombres: profetas, videntes y reveladores.

Profetas

Primero, la palabra profeta. El apóstol Juan dijo que “el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” (Apocalipsis 19:10). Los profetas testifican de Cristo. Su testimonio seguro del Cristo viviente es una de las mayores bendiciones para la Iglesia y el mundo. El Señor declaró que estos hombres han de ser “testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo” (D. y C. 107:23). Y que sobre todo, sus voces se elevan como testimonio de Su divinidad y de Su realidad. Esos testigos, nacidos como discípulos y fortalecidos por medio de su ordenación, influyen de manera significativa en nuestros sentimientos.

Su testimonio se expresa de manera sencilla, permitiendo que el Espíritu Santo lleve el testimonio hasta nuestro corazón. Por ejemplo, puede que los escuchemos testificar con palabras como éstas: “Con la misma certeza de que sé que estoy aquí y ustedes allá, sé que Jesús es el Cristo. ¡El vive!”8, o, “Posee el conocimiento verdadero de que Jesús es nuestro Divino Salvador y Redentor, y el Hijo de Dios el Padre. Sé de Su realidad por una percepción segura y tan sagrada que me es imposible explicarla”9.

Aunque esas declaraciones son poderosas, van acompañadas de confirmación espiritual que nos hace arder el corazón y nos fortalece.

Al explicar el papel de los ángeles, Mormón dijo:

“Y el oficio de su ministerio [el ministerio de ángeles] es …preparar la vía entre los hijos de los hombres, declarando la palabra de Cristo a los vasos escogidos del Señor, para que den testimonio de Él.

“Y obrando de este modo, el Señor Dios prepara la senda para que el resto de los hombres tengan fe en Cristo, a fin de que el Espíritu Santo tenga cabida en sus corazones” (Moroni 7:31-32).

La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles son los vasos escogidos del Señor.

Nuestra propia fe en el Salvador incrementa y se fortalece al pasar por las épocas y las estaciones de la vida. Puede que haya momentos de duda y desánimo cuando sentimos que estamos como envueltos en el vapor de tinieblas. No subestimemos lo que cada uno de nosotros puede recibir del solemne y seguro testimonio del Salvador que los testigos especiales pueden dar de Él. Ese testimonio, cuando se recibe con espíritu de fe, nos fortalecerá en momentos de dificultad y nos dará un firme cimiento para andar por el sendero hacia el árbol de la vida. Aférrense a las palabras de los profetas. Reflexionen en ellas, crean en ellas, confíen en ellas, síganlas.

Permítanme darles un ejemplo: Un joven amigo mío casado, perdió a su hijita en un trágico accidente. En los meses posteriores, sintiéndose solo, la pregunta “¿por qué?”, y la tristeza, y la duda comenzaron a minar su vida. Me dijo que ya no estaba seguro de lo que creía. Le sugerí que durante esa época difícil sería bueno que cediera menos a sus dudas y que confiara un poco más en las palabras del Salvador y en las de Sus vasos escogidos. Mi amigo estudió meticulosamente las Escrituras, las promesas del Salvador, y el fuerte y convincente testimonio de los profetas vivientes. Él se apoyó en el seguro testimonio del Salvador cuando el suyo propio pareció fallarle. Se asió con firmeza a la barra de hierro. Con el tiempo, la oscuridad se disipó, volvió a ver el árbol nuevamente y pudo participar del preciado fruto de la Expiación.

Videntes

Segundo, ¿Qué es un vidente? En el Libro de Mormón, Amón explicó al rey Limhi la función de un vidente: “Mas un vidente puede saber de cosas que han pasado y también de cosas futuras; y por este medio todas las cosas serán reveladas, cosas secretas serán manifestadas, y las cosas ocultas saldrán a la luz; y lo que no es sabido, ellos lo darán a conocer” (Mosíah 8:17).

Miren esta hermosa fotografía:

¿Qué ven? ¿No les gustaría andar en canoa por este paisaje tan tranquilo? ¿No se ve atractivo?

¿Qué pasaría si de pronto se les agrandara el panorama y vieran esto?

El viaje en canoa sería diferente de lo que inicialmente pensaron.

Espiritualmente, los videntes ven un panorama más amplio. Ven lo que a veces nosotros no podemos ver. Sus palabras y consejos nos ayudan a ver un panorama más amplio. Si seguimos su consejo, asiéndonos a la barra de hierro, estaremos seguros.

Permítanme darles un ejemplo. El presidente Hinckley ha hablado enérgicamente sobre las bendiciones del diezmo. Con frecuencia les habla a las Autoridades Generales sobre este tema. Él ha dicho:

“Nosotros podemos pagar nuestros diezmos. Esto no es tanto un asunto de dinero sino un asunto de fe.

“Los insto,… a cada uno de ustedes a tomar la palabra del Señor en este importante asunto”10

“Reiteramos la promesa que el Señor hizo en la antigüedad mediante el profeta Malaquías de que Él abrirá las ventanas de los cielos a quienes son honestos con Él en el pago de sus diezmos y ofrendas, hasta que sobreabunden las prometidas bendiciones”11.

En otoño de 2001, tres de los Doce Apóstoles fueron a Brasil al mismo tiempo y cada uno de ellos enseñó la promesa de un diezmo honesto. Unos pocos meses más tarde, una joven estudiante universitaria de Sao Paulo fue puesta a prueba. Ella

trabajaba e iba a la universidad. Esta son sus palabras según las contó el presidente Hinckley:

“La universidad en la que estudiaba tenía un reglamento que prohibía a los alumnos [que no habían pagado sus cuotas] presentar exámenes….

“Me encontré en serios aprietos económicos. Era jueves cuando cobré mi sueldo. Al calcular el presupuesto del mes, me di cuenta de que no tendría dinero suficiente para pagar mi diezmo y la universidad. Tendría que escoger una de las dos. Los exámenes bimestrales comenzarían a la semana siguiente, y si no los daba, me iba a arriesgar a perder todo el año escolar. Sentí una angustia terrible. Me dolía el corazón. Tenía que tomar una decisión dolorosa y no sabía qué decidir”.

Mediante la oración ella decidió confiar en el Señor y en las palabras de los profetas. El domingo pagó el diezmo, y al día siguiente, buscó la manera de tomar los exámenes pero no encontró la solución. Entonces, explicó lo que había sucedido:

“La jornada de trabajo iba llegando a su fin cuando mi jefe fue a darme las últimas órdenes del día.. De pronto se detuvo y… preguntó: ‘¿Cómo le va en la universidad?’ Eso me sorprendió… Lo único que pude contestar… fue: ‘¡Todo marcha bien!’. Él me miró pensativamente y se despidió de nuevo.

“Inesperadamente, la secretaria entró en la habitación y me dijo que era yo una persona muy afortunada. Cuando le pregunté por qué., me respondió sencillamente: ‘El jefe acaba de decir que a partir de hoy la empresa le pagará todos los gastos de la universidad y los textos de estudio. Antes de que se vaya pase por mi escritorio a decirme a cuánto asciende la cantidad y mañana le daré el cheque’ ”.

Entonces la estudiante explicó sus sentimientos: “Después de que [la secretaria] se hubo ido, llorando y sintiendo una gran humildad, me arrodillé en el mismo lugar en que me encontraba y le di gracias al Señor por Su generosidad. Le dije a nuestro Padre Celestial que no tenía que bendecirme tanto, que yo sólo tenía que hacer el pago de un mes,¡ y el diezmo que yo había pagado el domingo era muy pequeño comparado con la cantidad que iba a recibir! Durante esa oración, acudieron a mi mente las palabras registradas en Malaquías [y declaradas tan a menudo por el profetas y los apóstoles]: ‘probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendiciones hasta que sobreabunde’ (Malaquías 3:1o)”12.

En medio de la oscuridad, la decisión fue difícil; el resultado no era seguro, pero ella se asió con firmeza a la barra de hierro. Su fe en el Señor y en Sus siervos fue confirmada. Aunque puede que no todas las experiencias se resuelvan con tal rapidez, las promesas para quienes cumplen honradamente con la ley del diezmo son absolutamente ciertas.

He escuchado al presidente Thomas S. Monson decirles a los misioneros que regresan: “Hay una manera en la que ustedes siempre se mantendrán activos en la Iglesia: sean siempre honrados en el pago del diezmo”. ¡Qué hermosa promesa!

Reveladores

Finalmente, revelador. “La palabra revelation en inglés se traduce del griego apocalypse, que significa dejar saber o descubrir13. Como reveladores, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles dejan saber las preocupaciones específicas que el Señor tiene por nosotros y lo que debemos hacer para responder. Y más aún, con tantas elecciones y decisiones disponibles ante nosotros, los reveladores nos ayudan a dirigir nuestra atención a lo que es de mayor importancia en nuestro viaje por esta vida terrenal. Ellos nos ayudan a mantener el enfoque.

En agosto de 2005, el presidente Hinckley nos instó a leer el Libro de Mormón antes de que terminara el año. Él nos ayudó a dedicar nuestro tiempo en lo que el Señor quería que hiciéramos. Como a menudo acompaña las invitaciones de los profetas, el presidente Hinckley incluyó una promesa, una promesa que estoy seguro es tan verdadera como cuando la dijo en agosto de 2005. Él dijo esto: “Sin reserva les prometo que si todos ustedes siguen este simple programa, sin importar cuántas veces hayan leído el Libro de Mormón anteriormente, vendrá a su vida y a su hogar influencia extra del Espíritu del Señor, una más fuerte resolución de caminar en obediencia a Sus mandamientos, y un testimonio más fuerte de la realidad viviente del Hijo de Dios”14.

¿No se nos bendijo tal como el profeta prometió?

Una joven de Ucrania escribió: “Cada mañana oré pidiendo guía del Espíritu Santo. Me ocurrió un milagro: El Libro de Mormón se abrió ante mí como nuevo. Recibí respuestas a preguntas que había tenido por años”. Un hermano de Alemania escribió: “Debido a que estudié por más tiempo cada día, hice conexiones que nunca había hecho antes. El Libro de Mormón ciertamente está lleno de testimonios sobre Jesucristo. Debido al espíritu que sentí, mi propio testimonio del Redentor aumentó”15 Y qué tal este comentario de una joven familia de Utah: “Nos preguntábamos si nuestro hijo de cuatro años prestaba atención (cuando leíamos el Libro de Mormón), pero un día, cuando le preguntamos por qué su cuarto estaba tan desordenado, respondió: ‘¡Alguien ha andado “despojando” por ahí!’ ”16

Aquí hay otro ejemplo del papel de un revelador, el presidente Hinckley los ha instado a ustedes los jóvenes adultos de la Iglesia, a obtener toda la educación posible. En la Conferencia General de octubre dijo: “Quisiera informarles en cuanto a otro asunto que me tiene sumamente preocupado. Mediante la revelación, el Señor ha mandado que Sus hijos adquieran toda la instrucción que les sea posible. Él ha sido claro acerca de eso”17.

¿Cuál es la gran preocupación? La instrucción. ¿Quién ha sido muy claro a este respecto? El Señor. ¿Quién se los está revelando? Su profeta. Y, sí, él les está hablando a ustedes.

Si ustedes provienen de una familia con pocos recursos para invertir en su educación académica, puede que se sientan inseguros en cuanto a lo que esto significa para ustedes. Cuando se sientan inseguros, recuerden asirse con firmeza a la barra de hierro. ¡Confíen en la voz del profeta! La respuesta llegará.

En algunas partes del mundo, como en los Estados Unidos y en Europa, puede que esto signifique que deban vender su automóvil o vivir en condiciones más humildes para mantenerse estudiando o volver a hacerlo. En otras partes del mundo puede que el sacrificio sea mayor. En algunos países, el Fondo Perpetuo para la Educación puede ayudar. En casi todos los casos, esto requiere de fe, y de confianza en el Señor y en Su profeta: asiéndose firme a la barra de hierro, a medida que se encuentra el camino. Si no están seguros sobre cómo seguir un consejo específico del profeta oren con todo el corazón y hablen de su preocupación con sus padres y con su obispo. Aunque requerirá de paciencia y de fe, les prometo que las respuestas llegarán y se abrirá un camino ante ustedes.

He visto cómo les llegan las respuestas a muchos jóvenes de fe en Latinoamérica. Miles se aferran fuertemente a la barra de hierro, confiando en el presidente Hinckley e invirtiendo en su educación.

La dirección profética fluye de cada uno de los miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles, a quienes todos apoyamos como profetas, videntes y reveladores. Si tuviéramos tiempo, repasaríamos el consejo de cada uno de ellos.

“Permítanme darles un ejemplo del consejo de uno de los Doce. Hace casi dos años el élder Dallin H. Oaks se dirigió a ustedes en una noche como ésta. Recordarán que capturó su atención cuando se refirió al tema de salir en citas en oposición a “juntarse a pasarlo bien”. Él dijo: “Mis jóvenes amigos solteros, les aconsejamos que canalicen su asociación con el sexo opuesto en salidas con alguien del sexo opuesto que tenga el potencial de madurar hasta convertirse en matrimonio y no en juntarse para pasarlo bien, que sólo tiene como mira madurar hasta convertirse en juegos como de sencillos equipos deportivos”18.

Ahora la pregunta importante: ¿Qué hicieron ustedes después de escuchar este discurso? ¿Hicieron algo por cambiar? El élder Henry B. Eyring nos advirtió lo siguiente:

“El no seguir el consejo profético disminuye nuestro poder de aceptarlo en el futuro….

“En mi vida, siempre que he elegido posponer seguir el consejo inspirado o que he decidido que yo era la excepción, he llegado a darme cuenta de que me encontraba en peligro. Siempre que he escuchado el consejo de los profetas, lo he confirmado por medio de la oración, y lo he seguido, he visto cómo me ha dirigido hacia un lugar seguro..”19.

¿Cómo es que sus acciones de los últimos dos años reflejan que ustedes se han asido con firmeza a la barra de hierro? Quienes respondieron positiva y prontamente al consejo del élder Oaks habrán descubierto que las bendiciones del cielo fueron el resultado. Permítanme leerles una carta enviada a las Oficinas Generales por una pareja en Arizona luego de haber pasado más de un año después de su discurso:

“Sus palabras han tenido un impacto duradero en nuestra vida….

“…. Su consejo claro y directo nos ayudó a darnos cuenta de que salir en citas era una oportunidad para conocernos mejor y no un cometido inmediato a una relación de largo plazo o al matrimonio”20

El resultado es que se casaron en mayo en el Templo de Washington, D.C.

Me gustaría invitar a mi esposa, Kathy, que tan bien ha enseñado estos principios a nuestra familia, a que comparta su opinión sobre la importancia de las palabras de los profetas.

Comentarios de la hermana Kathy Andersen

Mis queridos hermanos y hermanas, hace unos 20 años tuve una experiencia que me dejó una profunda impresión. Vivíamos en Florida. Habíamos llevado a nuestros hijos al centro de estaca para escuchar juntos la conferencia general. Poco después recibimos por correo el ejemplar de la revista Ensign de la conferencia. Decidimos que cada semana durante la Noche de Hogar estudiaríamos uno de los discursos de la conferencia de uno de los miembros de la Primera Presidencia o del Quórum de los Doce Apóstoles.

Nuestros hijos eran pequeños, pero tenían edad para leer y queríamos que cada miembro de la familia tuviera un ejemplar de la revista con los discursos para que pudiéramos leerlos, estudiarlos y marcarlos juntos. Como vivíamos en Florida, no había ningún lugar en donde comprar ejemplares extra de la revista, por lo que llevé el que habíamos recibido en el correo a un lugar donde hacían copias e hice fotocopias de los discursos para nuestra familia.

Cuando terminé de hacer las fotocopias, las llevé a la cajera, quien calculó el costo y me dijo que debía aproximadamente 50 dólares. Me avergüenza contarles que sentí un malestar en el estómago y pensé: “Eso es mucho dinero para hacer fotocopias de estos discursos para los niños”. Entonces, hermanos y hermanas, tuve el siguiente pensamiento: “¿Cuánto vale para ti y tu familia tener las palabras de los profetas de Dios?”

Lo supe entonces, pero lo sé con aun mayor certeza hoy, que lo vale todo para nosotros y para nuestra familia. Lo vale todo para ustedes y su futura familia. De esto doy testimonio. En el nombre de Jesucristo. Amén.

“Como si vinieran de mi propia boca”

Es una maravillosa bendición estar casado con una persona que tiene una fe pura e inflexible. Te amo Kathy y estoy agradecido de tenerte.

En un mes más tendremos la oportunidad de participar en la Conferencia General de la Iglesia y escuchar los mensajes de los hombres de los que hemos hablado esta noche. La Conferencia General es un tiempo para hacer una pausa en lo que estamos haciendo, escuchar a los siervos del Señor, y en oración, fijar nuestro rumbo para los meses por venir. Tengan a bien poner en consideración las siguientes preguntas:

  • ¿He marcado la Conferencia General claramente en mi calendario para escuchar todas las sesiones disponibles para mí?
  • ¿Cómo me voy a preparar durante los meses que vienen para estar espiritualmente listo para recibir los mensajes?

Y al concluir la conferencia, podríamos preguntarnos:

  • ¿Qué impresiones específicas recibí durante la conferencia?
  • ¿Qué cambios necesarios deberé hacer en mi vida?

La barra de hierro es la palabra de Dios. Las Escrituras, las palabras de los profetas vivientes y el don del Espíritu Santo delete tienen el poder de mantenernos a salvo. Aferrémonos a las palabras de los profetas. Aferrémonos a la barra de hierro.

Me gustaría concluir con una experiencia que tuve en marzo del año 2000. Mi esposa y yo recibimos una invitación para asistir a la dedicación del Templo de Albuquerque, Nuevo México. Sabía que me pedirían que hablara y que mis palabras deberían ser breves.

Entramos al salón celestial vestidos de blanco. El presidente Hinckley se sentó en la silla del centro con un miembro de los Doce a su derecha y conmigo a su izquierda. Mientras esperábamos reverentemente la primera sesión, sentí la fuerte y específica impresión de que debía cambiar los puntos que había preparado. La impresión que me vino era: “Habla sobre las llaves. Habla sobre las llaves”.

Rápidamente me volví a las Escrituras para ubicar las páginas que explicaban acerca de las llaves del sacerdocio que habían sido devueltas a la tierra. Luego, y puedo recordarlo como si fuera ayer, un poderoso sentimiento espiritual invadió mi mente y mi corazón. El sentimiento que ardía dentro de mí era: “Quien está sentado junto a ti posee todas las llaves del sacerdocio sobre la tierra. Quien está sentado junto a ti posee todas las llaves del sacerdocio sobre la tierra”.

Respiré profundamente. Examiné al presidente Hinckley. No pude negar esa poderosa manifestación del Espíritu. Pensé en esta Escritura:

“Porque recibiréis su palabra… como si viniera de mi propia boca. Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros; sí, y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien” (D. y C. 21:5-6).

Dios, nuestro Padre Celestial, vive y nos ama. Su Hijo Unigénito, Jesucristo, es nuestro Salvador. Él ha resucitado. Él vive. Juntos se le aparecieron al profeta José Smith. El presidente Gordon B. Hinckley es el profeta ungido del Señor en la actualidad, investido con todas las llaves del Sacerdocio sobre la tierra. De esto testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Véase el discurso del devocional de la Universidad Brigham Young, 16 de enero de 2007. La copia del discurso del presidente Packer, El sueño de Lehi y tú, se puede encontrar en línea en la página byu.edu.
  2. Véase Una reserva de aguas vivas (Charla fogonera del SEI para adultos solteros, 4 de febrero de 2007), pág. 6.
  3. “La barra de hierro”, Himnos, 179.
  4. Una reserva de aguas vivas, pág. 7.
  5. El sueño de Lehi y tú, págs. 3-4.
  6. Gospel Truth, Jerreld L. Newquist, 2 tomos. 1974, tomo I, pág. 323. Relativo a la importancia de los profetas vivientes, el presidente Wilford Woodruff, cuarto presidente de la Iglesia, dijo: “Aunque tuviéramos ante nosotros toda revelación dada por Dios al hombre; aun cuando tuviéramos el Libro de Enoc, las planchas que no se tradujeron ante nosotros en el idioma inglés, los registros de Juan el revelador que están sellados, y todas las otras revelaciones, y estuvieran apiladas aquí hasta los cien pies de altura, la Iglesia y el reino de Dios no crecerían, en ésta ni en ninguna otra época del mundo, sin los oráculos vivientes de Dios” (véase The Discourses of Wilford Woodruff, pág. 52).
  7. Boyd K. Packer, “Los Doce Apóstoles”, Liahona, enero 1997, pág. 6.
  8. Boyd K. Packer, “Lenguas de fuego”, Liahona , julio de 2000, pág. 10.
  9. Véase James E. Faust, “Herederos del Reino de Dios”, Liahona, julio de 1995, pág. 71.
  10. Gordon B. Hinckley, “Hagamos avanzar esta obra”, Liahona, enero de 1986, pág. 67.
  11. Gordon B. Hinckley, “Un milagro hecho posible por la fe”, Liahona, julio de 1984, pág. 85.
  12. Gordon B. Hinckley, “Por fe andamos”, Liahona, pág. 82.
  13. Véase “Revelation” Bible Dictionary, pág. 762.
  14. Gordon B. Hinckley, “Un testimonio vibrante y verdadero”, Liahona, agosto de 2005, pág. 3.
  15. En “Something Remarkable: Testimonies of the Blessings”, Ensign, diciembre de 2007, pág.
  16. “Aceptación del desafío”, Liahona, diciembre de 2006, pág. 34
  17. Gordon B. Hinckley, “Levantaos, hombres de Dios”, Liahona, noviembre de 2006, pág. 60.
  18. Dallin H. Oaks, The Dedication of a Lifetime, Charla Fogonera para jóvenes adultos, 1 de mayo de 2005, págs. 5-6.
  19. Henry B. Eyring, “Busquemos seguridad en el consejo”, Liahona, julio de 1997, pág. 28.
  20. Carta a las Oficinas Generales fechada el 19 de noviembre de 2006.

 

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Una respuesta a Asiros con firmeza a las palabras de los profetas

  1. nancy dijo:

    valoro grandemente las palabras y consejos reveladores de nuestro profeta y apostoles por que se que es la palabra del SEÑOR atraves de ellos se que debo esforsarme por cumplirlos porque se que es el camino a la felicidad terrenal y eterna y todo esto me hace sentir bien amen.

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