Sión son los puros de corazón

Sión son los puros de corazón

Elaine S. Dalton
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Charla fogonera de SEI para jóvenes adultos • 13 de septiembre de 2009 • Universidad Brigham Young


Es un privilegio estar con ustedes esta noche. Quiero agradecer a todo el coro por la bella música. Muchas gracias por el espíritu que han traído a esta reunión, y gracias también por la hermosa oración. Me siento feliz y humilde ante ustedes, y ruego que cada uno de ustedes sepa cuánto les ama el Señor. Espero que sepan que les amo profundamente.

Me agrada que también me acompañen mi esposo, Steve, y algunos familiares. Amo a mi esposo. Él y yo asis­timos a la Universidad Brigham Young y aquí fue donde decidimos casarnos. Me parece interesante estar ante ustedes en nuestro aniversario de bodas. ¡Feliz aniversa­rio, querido! ¿Saben? Llevamos casados tantos años como tardó en construirse el Templo de Salt Lake o los años que vagaron los hijos de Israel por el desierto. Y el producto de nuestro matrimonio está sentado aquí, en la primera fila. Nuestros hijos son nuestro tesoro. Les amo y me encanta ser su madre. Los he observado crecer en el Evangelio y recibir enseñanzas desde muchos púlpitos de la Iglesia. Agradezco que hayan escogido seguir el consejo de los profetas, videntes y reveladores.

También he observado a los jóvenes de la Iglesia crecer en el Evangelio. Tengo un vínculo singular y especial con las jóvenes por los años que he servido en la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes. Esencialmente hemos vivido juntas todos los años de las Mujeres Jóvenes; hemos ganado juntas nuestros medallones; nos hemos puesto de pie cada semana para repetir juntas el lema de las Mujeres Jóvenes: “Somos hijas… seremos testi­gos…estaremos preparadas … creemos”1. Las considero mis mujeres jóvenes. Y a muchos de ustedes, muchachos, los he visto recibir el sacerdocio y avanzar en él, honrar sus convenios y el poder del sacerdocio, prepararse para la misión y servir en todo el mundo. A muchos los he co­nocido en el campo misional. ¡Ustedes son mis héroes! Son asombrosos por su fortaleza, su valor y su deseo de rectitud.

El Señor les ayudará a tomar decisiones impor­tantes

Cada uno de ustedes ha iniciado un viaje como Santo de los Últimos Días y está en el momento más crítico de la vida. Ahora es el momento de formar hábitos eternos y tomar decisiones que perduren. Ustedes son el futuro de la Iglesia y de las naciones donde viven. Han sido reserva­dos “para esta hora” (Ester 4:14). Se les presentarán opor­tunidades que excederán sus más grandes expectativas y serán bendecidos, como lo fui yo, con momentos decisivos que afectarán e influirán en esta década de toma de deci­siones.

Fue aquí, en un devocional de BYU, donde todo co­menzó para mí. Había estado saliendo con un joven agra­dable, y una noche comenzó a hablarme de matrimonio con mucha insistencia. Esa noche no dormí bien, descon­certada por sus palabras; sabía que tenía que tomar una decisión. Oré pidiendo que el Señor me ayudara a saber qué hacer, pero no recibí una respuesta inmediata. A la mañana siguiente asistimos juntos a un devocional y, es­tando allí sentada, escuché asombrada al orador, el élder A. Theodore Tuttle, hablar del proceso de tomar decisio­nes importantes. Fue como si me hablara directamente a mí. Él conocía mi corazón y sus palabras penetraron en mi alma. Explicó el proceso de tomar decisiones refiriéndose a Doctrina y Convenios. Todos parecían conocer bien esa sección de las Escrituras, excepto yo. Ustedes también la conocen, pero aquel día para mí fue revelación pura y me dio el modelo a seguir para recibir respuestas a mis ora­ciones. El leyó:

“He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme.

Pero he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu men­te; entonces has de preguntarme si está bien; y si así fue­re, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto, sen­tirás que está bien.

Mas si no estuviere bien, no sentirás tal cosa, sino que te sobrevendrá un estupor de pensamiento que te hará olvidar lo que está mal” (D. y C. 9:7-9).

Aunque ese pasaje originalmente iba dirigido a Oliver Cowdery, en ese momento era personal para mí y la res­puesta directa a la pregunta que había hecho la noche anterior en oración. Después, el élder Tuttle también ex­plicó el proceso de hacer una lista de aspectos positivos y negativos, tomar una decisión y luego consultar al Señor en oración2.

¡Sabía que tenía que actuar! No podía seguir haciendo lo mismo; tenía que tomar la decisión de decidir. Yo lo sabía, y sabía que Dios sabía que yo lo sabía. Después de mi decisión tentativa de seguir adelante, no puedo decir que la respuesta haya llegado como un ardor de pecho, pero sí me sentí bien y tranquila. Ya no sentía desconcier­to ni preocupación, sino paz. Sabía qué hacer y me sentía feliz. Entonces seguí adelante y aquel joven insistente está aquí conmigo esta noche. Agradezco su bondad, su insis­tencia y su paciencia.

¿Fue fácil después de recibir esa respuesta? No. Aún hoy mi esposo dice se pueden ver las marcas de los taco­nes de mis zapatos a la entrada del Templo de Salt Lake cuando me entró un poco de miedo y quise esperar. Pero esto es lo que aprendí: oren con fe y el Señor les ayudará a tomar decisiones críticas en los momentos críticos. Él escuchará y contestará sus oraciones mediante los susu­rros del Espíritu Santo. No estarán solos. Se les ha dado la bendición de poder recibir la guía del Espíritu Santo. En Doctrina y Convenios 8, el Señor nos promete: “Hablaré a tu mente y a tu corazón” (D. y C. 8:2). Eso fue lo que suce­dió conmigo, y sucederá con cada uno de ustedes.

Testifico que el Señor escucha y contesta nuestras ora­ciones y que nos guiará y nos dirigirá al esforzarnos por cumplir Su voluntad y guardar Sus mandamientos. Ése es el proceso para recibir la revelación personal. Esta noche ruego que el Espíritu del Señor les acompañe mientras escuchan el mensaje que he preparado, para que les que­de tan claro como el agua. Espero que este mensaje arrai­gue en su corazón y llegue a ser muy personal para uste­des. Pido que el Espíritu Santo les recalque la importancia de este mensaje sencillo para que lo incorporen en las decisiones importantes que tomen en los momentos deci­sivos de la vida.

Guiemos al mundo en el retorno a la virtud

Mi mensaje esta noche es un llamado urgente a los jóvenes adultos de esta generación escogida para guiar al mundo en el retorno a la virtud. ¿Qué es la virtud, y por qué es importante? ¿Cómo podemos unirnos todos en esta causa honorable y sagrada?

Comenzaré con el sencillo relato de Agnes Caldwell, una niña pionera, que nos relata su experiencia en la compañía de carros de mano de Willie en 1856, cuando sólo tenía nueve años. Ella contó: “Aunque era muy pe­queña, aún recuerdo todo con gran precisión: el incesante caminar y caminar quedará para siempre grabado en mi recuerdo. Muchas veces me sentía tan cansada y tan in­fantil, que me colgaba del carro de mano y dejaba que me llevasen en volandas; pero suavemente me bajaban del carro. Entonces me tiraba a un lado del camino y lloraba, pero al darme cuenta de que todos me rebasaban, rápi­damente me levantaba para correr y alcanzarlos”.

Y prosigue: “Poco antes de cruzar las montañas, nos al­canzaron los carromatos de auxilio, y fue un gran alivio. Los enfermos y ancianos subieron al carromato, y los sa­nos siguieron caminando. Cuando los carromatos arranca­ron, varios niños decidimos correr a su lado, con la espe­ranza de que nos dejaran subir. Al menos ésa era mi gran esperanza. Pero uno a uno, todos desistieron, hasta que sólo quedaba yo, por mi firme determinación de subirme. Después de correr más de lo que jamás había corrido, el conductor…me gritó: ‘Dime, pequeña, ¿quieres subir? ‘. Le contesté con mis mejores modales: ‘Sí, señor’. Él se agachó y me tomó de la mano, arreando los caballos para hacerme correr con aquellas piernas que no podían dar un paso más. Y así fuimos durante lo que parecieron ser mi­llas. En aquellos momentos pensaba que aquél era el hombre más malo que jamás había existido. Al llegar al punto en que pensé que no podría continuar, se detuvo. Tomó una frazada y me envolvió en ella y me puso en el fondo del carromato, calentita y cómoda. Entonces tuve tiempo para cambiar de parecer, y así lo hice, sabiendo que al haberme hecho correr, me había salvado de conge­larme cuando me subió al carromato”3.

“Agnes Caldwell y su familia llegaron a salvo al Gran Valle del Lago Salado el 9 de noviembre de 1856. Se esta­blecieron en Brigham City, Utah, donde Agnes conoció a Chester Southworth y se casó con él. Tuvieron trece hijos…[y] ayudaron a establecer la colonia mormona de Cardston, Alberta, Canadá”4. Si el conductor del carroma­to hubiera subido a Agnes sin obligarla a correr, ella segu­ramente hubiera muerto por el intenso frío. Si Agnes hubiera desistido y se hubiera quedado atrás, quizás su historia habría sido muy diferente. Sin embargo, para Agnes, fue el momento decisivo, y aunque la decisión de correr no tenía sentido para ella en ese momento, de to­das maneras corrió. Corrió hacia Sión, siguiendo los pasos del profeta Brigham Young y la voz del Señor: “Despierten, levántense y salgan sin demorar, porque yo, el Señor lo mando” (D. y C. 117:2).

¡Fue la carrera de su vida! Fue difícil y se resistió, pero al correr, generó suficiente calor para mantener su cuerpo caliente durante el trayecto en la carreta. Cada uno de ustedes está viajando hacia Sión y, como en el caso de Agnes, el Señor ha dicho: “Despierten, levántense y salgan sin demorar” (D. y C. 117:2), porque Sión no es solamente un lugar, es “los puros de corazón” (D. y C. 97:21). ¡Y la pureza de corazón debe ser su meta a fin de alcanzar ese destino final! Jamás ha habido una generación como la de ustedes. Están mejor preparados y mejor equipados. Tie­nen lo que necesitan y éste es el momento para la carrera de su vida: ¡su carrera hacia Sión!

El presidente Thomas S. Monson y los que le precedie­ron nos han mostrado el camino. El sendero está clara­mente señalado y el paso es firme y constante. Se les ha pedido, al igual que a Agnes, que crucen las llanuras. Quizás no tengan que abandonar sus posesiones terrena­les, pero el viaje a Sión requiere que abandonen sus peca­dos para que lo conozcan a Él, al Cristo verdadero y vivien­te. Quizás se les pida incluso que corran hasta la extenua­ción, pero al hacerlo, el calor del amor del Señor les pre­servará para una gran obra venidera.

Lo que se les pide es que hagan lo mismo que pidió el Señor cuando llamó a Su Iglesia La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En Doctrina y Convenios 115 leemos: “Levantaos y brillad, para que vuestra luz sea un estandarte a las naciones” (versículo 5). La pequeña Agnes Caldwell corrió hacia Sión, y al hacerlo, ella y los que eran como ella levantaron un estandarte a las nacio­nes y a esta generación. Su viaje a Sión se basó en su fe y testimonio. Tenía que ver con José Smith, Moroni, Oliver Cowdery, Nefi, Moisés y Josué, y hasta con Thomas S. Monson. Y tenía y tiene que ver con ustedes y conmigo. Agnes corrió hacia Sión porque tenía un testimonio. Su madre sabía que el Evangelio era verdadero y se lo enseñó a su hija. Sacrificaron todo lo que tenían para venir a Sión y edificar un templo a nuestro Dios. Sabían que José Smith era un profeta de Dios y que el Libro de Mormón era ver­dadero. Sabían que las bendiciones que se otorgarían en los santos templos eran necesarias para el cumplimiento del plan. Y sabían, como Moroni le enseñó repetidamente a José Smith, que “de no ser así, toda la tierra sería total­mente asolada a su venida” (José Smith—Historia 1:39).

En aquel entonces, y ahora, la meta era y es Sión. Es la causa del Evangelio restaurado de Jesucristo. Y ahora es el momento, como exhortó Mormón y Moroni, de ser “fiel en Cristo” (Moroni 9:25) y de “[procurar] toda buena dádiva; y…no [tocar] el don malo, ni la cosa impura” (Mo­roni 10:30). Ahora es el momento de “¡[despertar] y [le­vantarse] del polvo…y se cumplan los convenios que el Padre Eterno te ha hecho, oh casa de Israel! ” (Moroni 10:31). ¡Ahora es el momento de regresar a la virtud!

Regresar a la virtud es regresar a la pureza

Virtud significa pureza, y comienza en el corazón y en la mente. Es “un modelo de pensamiento y conducta que se basa en normas morales elevadas”5. La base de la vir­tud es la castidad, o sea, la pureza sexual. La virtud y la castidad están inseparablemente conectadas. No se pue­de tener una sin la otra. Regresar a la virtud es regresar a la pureza. Algunos han dicho que virtud significa ser bon­dadoso, honrado o íntegro, pero la base de una vida vir­tuosa es la castidad y sencillamente no se puede ser hon­rado ni íntegro sin la pureza sexual. Es imposible. No se puede jugar con el espíritu divino y el cuerpo precioso —el alma eterna— de otra persona y decir que se tiene virtud o se es virtuoso. Hacerlo compromete el albedrío por el que luchamos en la vida premortal. Se ha dicho que la virtud es sólo para mujeres, pero no depende del sexo de la persona. La raíz latina de la palabra virtud es virtus, que significa “fortaleza”. Un significado contemporáneo es tener fuerza o vigor, especialmente la habilidad de resta­blecer la salud o sanar6. Entonces, la virtud no se aplica solamente a las mujeres, sino a todos.

Cuando aquella mujer en las calles de Jerusalén exten­dió su brazo y tocó el borde del manto del Salvador, ella sabía que sanaría. ¿Por qué? Porque reconoció la pureza y el poder del Salvador, quien dijo: “He percibido que ha salido poder de mí” (Lucas 8:46; cursiva agregada; véase también Marcos 5:30; Lucas 6:19). La clase de virtud o poder al que se refería es el poder del sacerdocio que siempre acompaña a los hombres Santos de los Últimos Días que son puros y que practican la “virtud y la santidad delante [del Señor]” (D. y C. 38: 24).

El año pasado, un frío día de abril después de la confe­rencia general, ascendí a Ensign Peak con mis dos conseje­ras: Mary Cook y Ann Dibb. Allí desplegamos un mantón peruano dorado, un estandarte que pedía el regreso a la virtud. Allí en esa cima, al mirar el valle y el majestuoso Templo de Salt Lake, comprendimos que el regreso a la virtud significaba el regreso a la pureza moral. La virtud en la llave dorada que abre las puertas del templo. Tal como enseñó el élder Russell M. Nelson, el templo realmente es la razón de todo lo que hacemos en la Iglesia: “Toda acti­vidad, toda lección, todo lo que hacemos en la Iglesia se­ñala hacia el Señor y Su Santa Casa”7. Brigham Young lo sabía, y allí en la cima de Ensign Peak, también nosotras supimos que era verdad.

Al desplegar ese estandarte al mundo, sabíamos que el regreso a la virtud no sólo es esencial, sino vital. Debemos ser dignos de entrar en el santo templo del Señor y hacer la obra para la cual se nos ha preparado y preordenado. Nada impuro puede entrar en Su casa. Así como el con­ductor de aquel carromato de rescate salvó a Agnes Caldwell de morir congelada, a nosotros también se nos ha dado la oportunidad y el privilegio de ser salvadores en el monte de Sión, de hacer por otros lo que no pueden hacer por sí mismos. Eso sólo puede ocurrir cuando somos dig­nos de hacer y observar convenios sagrados y recibir las ordenanzas del templo.

“Vosotros sois linaje escogido”

Cada uno de ustedes tiene una gran obra por hacer. ¡Lo que hagan y decidan importa porque ustedes impor­tan! Ustedes son “espíritus selectos que fueron reserva­dos para nacer en el cumplimiento de los tiempos, a fin de participar en la colocación de los cimientos de la gran obra de los últimos días, incluso la construcción de templos y la efectuación en ellos de las ordenanzas para la redención de los muertos” (D. y C. 138: 53-54).

Con razón Satanás ha intensificado sus ataques. Si puede distraerles, demorarles o impedir que sean dignos de entrar en los templos y hacer la obra para la que se les ha preparado y para la que se les ha reservado, él gana. Si algo queda claro es que deben ser puros y dignos a fin de recibir los susurros del Espíritu Santo necesarios para las decisiones que están tomando ahora. Lo que también queda muy claro es que deben seguir siendo dignos de entrar en los santos templos del Señor.

Todo el sacrificio y el trabajo de las generaciones ante­riores nos han conducido a este momento. Los pioneros lo sacrificaron todo, aún sus vidas, para que lográramos ver este día, porque la llegada de ustedes a este mundo no es casualidad, sino parte del plan que aceptaron en las cortes celestiales. Ustedes viven en un momento asombroso de la historia del mundo. Se ha dicho que ustedes son “una generación vitalmente importante”8. Refiriéndose a uste­des, Pedro dijo: “Vosotros sois linaje escogido, real sacer­docio, nación santa” (1 Pedro 2:9), Y aunque jamás se ha requerido tanto de ustedes, tampoco se les ha dado tan­to: profetas, Escrituras, el sacerdocio, ordenanzas y con­venios, templos, el Libro de Mormón y el evangelio en su plenitud. Ustedes han sido preparados, llamados y escogi­dos. Éste es su momento. Yo creo que las aportaciones de su generación quedarán visiblemente grabadas en los registros de estos tiempos turbulentos en los que vivimos.

A fin de lograr las tareas que les fueron preordenadas se requerirá una gran fe firmemente centrada en nuestro Salvador, Jesucristo. Recuerden que la fe no es sólo un principio de poder, sino también de acción. Deben actuar partiendo de la fe que ya tienen. En las cortes celestiales ustedes demostraron “fe excepcional y buenas obras” (Alma 13:3). Alma dice que ustedes fueron “llamados y preparados desde la fundación del mundo de acuerdo con la presciencia de Dios” (Alma 13:3). Muchachos, ustedes fueron preparados para recibir el sacerdocio, lo cual les permitiría ejercer el poder de Dios aquí en la tierra. Mu­chachas, ustedes recibieron la responsabilidad y el don majestuoso de velar por otros y ser madres de espíritus selectos. Se les han confiado los poderes divinos de crear la vida. Las personas virtuosas están totalmente dedicadas a la santidad de la vida y respetan el consejo de Dios sobre la forma de concebir, proteger y nutrir la vida. No hay fortaleza más grande que la de la virtud, ni confianza más segura que la de una vida virtuosa.

Ustedes participaron en una guerra en el mundo prete­rrenal y lucharon con su fe y testimonio por aceptar y sostener el plan presentado por Dios, el Padre. Sabían que era lo correcto, y sabían que el Salvador podía hacer lo que dijo que haría, y que lo haría, ¡porque ustedes lo co­nocían! No hubo espíritus neutrales en la guerra en los cielos, y ahora tampoco puede haber posturas neutrales en lo que concierne a las decisiones correctas e incorrec­tas. El Señor dijo: “El que no está conmigo, contra mí está” (Mateo 12:30). ¡Ustedes lo apoyaron! ¡Estaban ansiosos de recibir su asignación! Sabían lo que se requeriría de ustedes. Sabían lo difícil que sería, y sin embargo confia­ban no sólo en lograr su misión divina, sino en ejercer una influencia positiva. Un profeta dijo acerca de ustedes y de su época:

“Dios los ha reservado desde hace casi seis mil años para que nacieran en los últimos días, antes de la Segunda Venida del Señor. …Dios ha reservado a Sus hijos espiri­tuales más nobles, los que sacarán triunfalmente adelante el reino, para que nacieran en los últimos días. Ahí es donde intervienen ustedes, porque son la generación que debe prepararse para recibir a su Dios.

“Los profetas de todas las épocas han tenido la mira puesta en nuestros días; los miles de millones de seres humanos que han muerto y aquellos que todavía están por nacer tienen la mira puesta en nosotros. No cabe la menor duda de que ustedes son una generación singular”9.

El regreso a la virtud podría salvar a una nación entera

Cuando Pedro escribió su epístola a los santos de aque­lla época, les mandó “añadir a [su] fe virtud” (2 Pedro 1:5). Sin la fe, la virtud decaería y moriría pronto porque sin virtud, no hay pureza; sin virtud no hay fortaleza; y sin virtud no hay espiritualidad. Queda claro que una vez que realmente entiendan quiénes son, deben ser puros. La pureza precede al poder espiritual10. El poder del que hablo no es el que vemos en el mundo. No tiene nada que ver con la fama, el puesto, la belleza, la celebridad ni las riquezas. El poder y la fortaleza de los que hablo tienen todo que ver con la virtud, o sea, la castidad y la pureza sexual.

Vivimos en un mundo preocupado por la limpieza y la pureza: la limpieza del aire y del medio ambiente, del agua e incluso de los alimentos. En algunos lugares se aprueban leyes contra la contaminación ambiental y tenemos agen­cias para la protección del medio ambiente financiadas por los gobiernos para evitar enfermedades por la conta­minación del aire, el agua y los alimentos. Y sin embargo, la sociedad tolera una contaminación moral como es la pornografía en las carteleras, la televisión, los espectácu­los, los medios de comunicación, Internet y otros medios. Toleramos la inmundicia que invade la mente a través de la letra de canciones, la música y el lenguaje indecentes. En algunos sentidos somos una generación preocupada por la salud que se asegura de garantizar la pureza y la calidad de vida, y sin embargo nuestra fibra moral está contaminada. Creo que la falta de virtud en nuestra socie­dad es la causa directa de muchos de nuestros males so­ciales, económicos y gubernamentales. Creo que la desin­tegración de la fe y de la familia y los problemas financie­ros están directamente relacionados con la falta de virtud en la sociedad. Y creo que el regreso a la virtud podría salvar a la nación entera.

Pedimos reformas sociales, pero quizás lo que más ne­cesitamos es una reforma moral, el llamado a un regreso a la virtud. Y si nosotros, que tanto hemos recibido, incluso el evangelio restaurado de Jesucristo, no encabezamos al mundo en el regreso a la virtud, ¿quién lo hará? Ustedes fueron líderes en el mundo premortal y defendieron todo lo que ahora está en peligro en la sociedad. Ustedes, que se están preparando para influir en todo sector de la so­ciedad, los jóvenes adultos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pueden y deben dirigir ese regreso.

Durante los días decisivos de la Segunda Guerra Mun­dial, Winston Churchill inspiró a la nación entera cuando dijo: “Si me preguntan cuál es nuestro fin, se lo diré en dos palabras: la victoria. La victoria a toda costa, la victoria a pesar del terror, la victoria pese a lo largo y penoso del camino”11. Jóvenes y jovencitas, me hago eco de ese lla­mado en la guerra que entablamos hoy parafraseando las palabras de Winston Churchill: Si me preguntan cuál es nuestro fin, se lo diré en dos palabras: la virtud. La virtud a toda costa, a pesar de toda oposición, pese a lo largo y penoso del camino hacia el arrepentimiento, porque sin la virtud, no habrá victoria.

En el Libro de Mormón, Helamán y sus jóvenes guerre­ros son conocidos por su virtud y su habilidad para confiar en el testimonio de sus madres. Ellos fueron “en todo momento…fieles a cualquier cosa que les [fue] encomen­dada” (Alma 53:20). Guardaron sus convenios y lucharon para que sus padres también pudieran guardar los suyos. Su meta era la victoria y su fortaleza la virtud.

Moroni escribió a su hijo Moroni para hablarle acerca de la sociedad degenerada en la que vivía. Dijo que habían llegado a ser tan bajos e inmorales, que no valoraban lo que era “más caro y precioso que todas las cosas.la casti­dad y la virtud” (Moroni 9:9). ¿Es posible que hayamos llegado a ese punto en nuestra sociedad? Antaño, los que violaban la ley de castidad eran marcados con una letra escarlata. Ahora parece que son los castos los que llevan esa marca.

¿Cómo se conocerá su generación? ¿Se conocerá como la generación tolerante, la generación consumista, la ge­neración X o Y? ¿Se les conocerá como la generación tentada a vivir una vida virtual en lugar de virtuosa? ¿O será posible que se les conozca por su pureza y virtud, y por su valor y fortaleza al guiar al resto del mundo en un regreso a la virtud, un regreso tan sensacional que la pureza de su vida y la fortaleza de sus convicciones cambie el curso de la sociedad y cambie el mundo?

Ustedes se están preparando para el regreso del Salva­dor. Deben aborrecer el pecado. Deben posicionarse y prepararse ahora para ser “más [dignos] del reino”12. Se ha profetizado que en una época venidera, la gente de todas las naciones dirá: “Venid, y subamos al monte del Señor…y nos enseñará acerca de sus caminos, y camina­remos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley” (2 Nefi 12:3). ¿Será la generación actual la que dirija ese ascenso?

Sean guardianes de la virtud

Para ello, cada uno debe ser un guardián de la virtud. Muchachas, protejan su virtud personal. Realmente es, como dijo Moroni: “Más caro y precioso que todas las cosas” (Moroni 9:9), y ustedes también lo son. Son hijas de Dios y llevan en su interior el poder sagrado de crear vidas y ser madres de los espíritus escogidos y puros de nuestro Padre Celestial. Es uno de los máximos dones que Dios ha dado a Sus amadas hijas y deben salvaguardar ese poder viviendo las normas, vistiendo y actuando con reca­to, y manteniendo su virtud. Deben proteger su poder con la pureza de sus pensamientos y hechos. No permitan que nadie juegue con esos dones divinos, para que ustedes, sus familias y las generaciones venideras sean fortalecidos y bendecidos.

Muchachos, también ustedes son guardianes de la vir­tud. Tienen el poder del sacerdocio, el poder de bendecir y actuar por Dios aquí en la tierra. El Señor dijo a todos los poseedores del sacerdocio: “[Pongan] en práctica la virtud y la santidad delante de mí” (D. y C. 38:24). Deben prote­ger su virtud personal, sus pensamientos, lo que ven, lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen. No permitan que la pornografía reduzca su poder personal. Deben permanecer puros para ejercer el poder del sacerdocio que Dios les ha confiado. Moroni resume la antigua ense­ñanza profética acerca de la virtud cuando nos dice: “Sed prudentes en los días de vuestra probación; despojaos de toda impureza; no pidáis para dar satisfacción a vuestras concupiscencias, sino pedid con una resolución inque­brantable, para que no cedáis a ninguna tentación, sino que sirváis al verdadero Dios viviente” (Mormón 9:28).

Hace varios años, estaba corriendo con un grupo de mujeres temprano por la mañana del día antes de Acción de Gracias. Lo llamábamos la carrera de Acción de Gracias y mientras corríamos gritábamos cosas por las que está­bamos agradecidas. Acababa de decir que agradecía tener un cuerpo fuerte y saludable cuando resbalé en un trozo de hielo y me caí. Al tratar de levantarme, me di cuenta de que estaba seriamente herida. Sabía que tenía la pierna rota por encima del tobillo. Si les digo cómo lo sabía me desmayo aquí mismo. Mi esposo dijo que si yo fuera un jugador de fútbol profesional, habría salido en las noticias de aquella noche.

Allí tirada en el camino, entre las sombras del alba, es­perando auxilio, vi las luces de un auto que se aproximaba a gran velocidad. El auto se detuvo y un hombre se bajó. Dijo que pensaba que yo era una bolsa de basura tirada al lado del camino y que había estado a punto de pasar de largo. Le pregunté si era miembro de la Iglesia y respondió que sí. Le pedí que me diera una bendición porque el do­lor era tan intenso que no sabía cuánto tiempo podría aguantar en ese estado. Hizo una pausa y agregó: “No puedo. Mejor espere a que lo haga su esposo”. Acto se­guido se subió al auto y se fue.

Cuando llegué al hospital me pasaron a un pequeño cubículo de la sala de emergencias, donde esperé a que me llevaran al quirófano. Al abrir las cortinas, allí estaban mi esposo y nuestros cinco hijos varones. Al rodearme y poner sus manos sobre mi cabeza, sentí su pureza, su poder y su fortaleza. Poseedores del sacerdocio, mantén­ganse puros a fin de emplear el poder de su sacerdocio en cualquier momento. Ese día fui bendecida por el poder del sacerdocio que poseían y que ejercieron con virtud y san­tidad.

Permanezcan virtuosos en un mundo tóxico

Realmente creo que unos jóvenes virtuosos, guiados por el Espíritu, ¡pueden cambiar el mundo! Pero antes de hacerlo, debemos cambiar nosotros mismos. El presidente Boyd K. Packer dijo que vivimos en “un entorno que se está volviendo tóxico para el espíritu”13. ¿Qué podemos hacer para permanecer virtuosos en un mundo tóxico?

Primero, arrepentirnos. Sé que algunos de quienes me escuchan esta noche no se sienten muy virtuosos o han cometido errores. Por eso es tan importante el retorno a la virtud. Sepan que es posible regresar. Pueden cambiar.

Si yo estuviera corriendo un maratón en sentido con­trario y me diera cuenta de mi error, ¿seguiría adelante? ¡Daría la vuelta de inmediato! ¿Por qué? Porque habría perdido tiempo, energía y fuerza valiosos y sería un ma­ratón más difícil para mí por la distancia y el tiempo adi­cionales. No me quedaría en el curso incorrecto porque, no importa cuánto tiempo corriera, nunca alcanzaría la meta final. Y sin embargo, a muchos que cometen un error moral, una vocecita les dice: “Fallaste. No puedes cambiar. Nadie se va a enterar”. A ustedes, yo les diría: No lo crean. “Satanás quiere hacerte pensar que no puedes arrepentirte, pero eso es absolutamente falso”14. El re­greso siempre es posible gracias a la expiación del Salva­dor. El presidente Monson dijo a los que hemos cometido errores: “Si alguno de ustedes ha cometido algún error, hay personas que los ayudarán a volver a ser limpios y dignos. Su obispo o presidente de rama está ansioso y deseoso por ayudar y, con comprensión y caridad, hará todo lo posible por ayudarlos en el proceso del arrepenti­miento, para que una vez más se presenten en rectitud ante el Señor”15.

Algunos de ustedes han sufrido abusos y han sido víctimas de los actos pecaminosos de otras personas. Co­mo dijo Moroni, se les ha privado de “lo que [es] más caro y precioso…la castidad y la virtud” (Moroni 9:9). Por favor sepan que, gracias a la expiación del Salvador, es posible sanar. Ustedes no tienen la culpa y no tienen que arrepen­tirse. El Salvador no sólo sufrió por nuestros pecados e imperfecciones, sino también tomó sobre Sí nuestros pe­sares (véase Alma 7:11). Mediante Su infinita expiación, Él los sanará y les dará paz. Apresúrense a ir a Él. Mediante la expiación del Salvador, Dios, el Padre, escuchará sus oraciones y las contestará a través del Espíritu Santo y de las personas que pondrá en su camino.

Estoy muy agradecida por esa doctrina y por el princi­pio del arrepentimiento. Sin él, nadie podría regresar a su hogar celestial siendo puro y digno de morar en la presen­cia de Dios, el Padre, y de nuestro Salvador, Jesucristo. ***Estoy agradecida por la restauración del poder del sacerdocio sobre la tierra en estos últimos días, lo cual nos permite recibir la ayuda que precisamos para regresar a la virtud. Ese poder también nos permite permanecer “sin mancha del mundo” (D. y C. 59:9) al participar dignamen­te de la Santa Cena. Cada semana, al renovar nuestros convenios, prometemos guardar Sus mandamientos, to­mar sobre nosotros Su nombre y recordarle siempre. Y Él, a Su vez, nos promete que tendremos siempre Su Espíritu con nosotros. (Véase D. C. 20:77, 79. ) En un mundo tan tentador y atrayente, es imperativo que recibamos y re­conozcamos la guía del Espíritu Santo, y dependamos de ella. Ese don maravilloso nos mostrará “todas las cosas que [debemos] hacer” (2 Nefi 32:5). Es una promesa asombrosa porque el Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad. Algunas de Sus funciones son: enseñar, testificar, consolar y advertir. Ese don precioso también purifica y santifica; así, el Espíritu Santo y la virtud están insepara­blemente conectados. Podemos ser purificados “por fue­go y por el Espíritu Santo” (2 Nefi 31:17). Cuando eso ocu­rre, “no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente” (Mosíah 5:2).

Segundo, seleccionar cuidadosamente a los amigos. En la sociedad tecnológica actual, quizás pasemos más tiem­po con compañeros no humanos que con los humanos. Aunque quizás escojamos cuidadosamente a los compa­ñeros humanos, a veces escogemos con descuido a los demás compañeros que permitimos que influyan en noso­tros. Los medios de comunicación de cualquier tipo influ­yen enormemente en la sociedad. Todos hemos recibido tres dones valiosos para nuestra experiencia terrenal: el cuerpo, el albedrío y el tiempo. Si Satanás puede tentar­nos a usar el tiempo de manera desaconsejada o impro­ductiva, o peor aún, en actividades no virtuosas, y luego nos engaña, haciéndonos pensar que si lo hacemos en privado nuestros hechos no afectan a nadie, saldrá victo­rioso. “Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputa­ción, o digno de alabanza, a esto aspiramos” (Artículos de Fe 1:13).

Busquen la compañía de amigos virtuosos y no virtua­les. Recuerden que “la virtud ama a la virtud [y] la luz se allega a la luz” (D. y C. 88:40). Ese pasaje trata sobre las relaciones. Al buscar amigos y futuros cónyuges eternos, no pueden simplemente hacer una lista de las cualidades que buscan en otra persona o en su compañero eterno.

Ustedes deben ser su lista en todo momento, en todas las cosas y en todo lugar.

Tercero, participar en un programa de entrenamiento estricto. Entrenarse para un maratón implica un plan de entrenamiento estricto que nos permita terminar la carre­ra. El mismo concepto se aplica a la vida. Estamos en la carrera más importante de la vida y debemos tener un plan de entrenamiento estricto. Los componentes de éxito del plan son lo que haremos todos los días, sin falta, para invitar al Espíritu a ser nuestro compañero. Serán cosas diferentes para cada uno, pero siempre incluirán la ora­ción diaria. Nuestro Padre Celestial escucha nuestras ora­ciones y las contestará. Testifico que esto es verdad. El desafío es estar en un lugar donde logremos escuchar y reconocer las respuestas.

El entrenamiento estricto también incluirá la lectura diaria del Libro de Mormón. José Smith dijo que “un hom­bre se acercaría más a Dios por seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro”16. El Libro de Mormón aumen­tará su fe en Jesucristo, la cual les permitirá resistir la ten­tación. Ese registro es para ustedes y para su generación. El leerlo tan sólo cinco minutos al día cambiará su vida. Sé que es verdad porque yo y miles de personas más lo hemos hecho. Piensen en el cambio que habrá en cinco años si todos nos comprometiéramos a hacerlo ahora mismo tan sólo cinco minutos todos los días.

Y finalmente, ¡sonrían! Y al sonreír, recuerden quiénes son. Ustedes son hijos de nuestro Padre Celestial. Él los conoce y sabe cómo se llaman; confía en ustedes y les ama. Así que ¡sonrían! Ése es el entrenamiento básico, pero se tiene que hacer estrictamente todos los días.

¡Sigan adelante! ¡No se desanimen!

Quiero agregar una sugerencia más a esta lista: sigan adelante con un fulgor perfecto de esperanza (véase 2 Nefi 31:20). ¡No se desanimen! La vida tendrá momentos difíciles y no siempre será fácil.

Al estudiar las Escrituras he visto una pauta, y cada vez me queda más claro que el Señor saca a Su pueblo escogi­do de la comodidad una y otra vez y le enseña lo que re­almente importa. Durante la primera parte de su viaje, los jareditas llegaron a una playa y allí se quedaron cuatro años. ¡Estaban muy cómodos! , tanto así que se olvidaron de invocar al Señor; pero el Señor había ideado una expe­riencia diferente. Reprendió al hermano de Jared por tres horas. Hasta le dijo por adelantado que la siguiente etapa del viaje sería difícil, que quedarían sumergidos en las profundidades del mar y serían llevados por los vientos, pero también les reconfortó con siete palabras hermosas: “yo os [prepararé] contra todas estas cosas” (Éter 2:25). ¡El Señor los preparará y preparará el camino!

A veces pienso que subestimamos por completo las grandes bendiciones y el gran conocimiento que tendría­mos si estuviéramos dispuestos a salir de nuestra comodi­dad. Quizás por eso dijo Nefi:

“¡Ay del reposado en Sión!
“¡Ay de aquel que exclama: Todo está bien!
“Sí, ¡ay de aquel que escucha los preceptos de los hombres, y niega el poder de Dios y el don del Espíritu Santo! ” (2 Nefi 28:24-26).

Se ha dicho que nos estamos convirtiendo en una ge­neración de espectadores y detractores. Quiero compartir con ustedes una de mis citas favoritas. La tengo en mi espejo. Dice así: “El que importa no es el detractor, el que señala cómo tropieza el hombre fuerte o cómo podría haber hecho más el hombre bueno. El mérito es del que está en el ruedo, con el rostro embarrado de polvo, sudor y sangre, que lucha con valentía, que comete errores y tropieza una y otra vez, porque no existe esfuerzo sin error o defecto, de aquel que tiene gran entusiasmo, gran devoción, que se desgasta en una causa digna, quien, en su mejor momento, conoce al final el triunfo del éxito y quien, en su peor momento, al menos fracasa mientras se esfuerza. Éste nunca ocupará el lugar del alma tímida que jamás conoce la victoria ni la derrota”17.

No sean tan sólo espectadores ni detractores. No lo hicieron en la vida preterrenal; allí no fueron neutrales, sino firmes. No permitan que las voces que piden toleran­cia no los toleren a ustedes ni a su punto de vista. Éste es el ruedo en el que todo lo que defendieron y escogieron en aquel entonces está sucediendo ahora. ¡No se cansen ni se distraigan ni se descalifiquen! Estén dispuestos a salir de su comodidad y “seguir adelante con…un fulgor perfec­to de esperanza” (2 Nefi 31:20).

Desplieguen su estandarte de la virtud

Por todo el mundo mujeres jóvenes Santos de los Últi­mos Días manifiestan su compromiso de permanecer pu­ras y castas. Algunas de ellas, junto con varios muchachos, han escalado montañas y han desplegado sus banderas personales declarando su compromiso al regreso a la vir­tud y a permanecer puros y castos. ¿Se unirán a ellos? Piensen en su estandarte personal. ¿Qué pondrían en él si fuera su único o último mensaje al mundo? ¿Cómo sería su estandarte?

En otra época y en otro lugar desplegó otro estandarte un hombre valiente, Moroni, comprometido con la causa de la rectitud. La sociedad en la que vivía se hallaba en el caos. El deseo de poder, riquezas y prestigio había causa­do que algunos de los más fuertes y decididos, según dice el Libro de Mormón, fueran “[envenenados] poco a poco” (Alma 47:18). En otras palabras, los que inicialmente eran firmes y estaban decididos a no transigir fueron lentamen­te persuadidos a hacerlo. Alexander Pope expresó así lo que significa ser envenenado “poco a poco”:

El vicio es un monstruo de horrible parecer,
Pues no hay más que verlo para detestarlo;
Sin embargo, de tanto contemplarlo puede suceder,
Que tras tolerarlo y compadecerlo, lleguemos a abrazarlo18.

Fue en ese entorno que Moroni desplegó su estandar­te, el estandarte de la libertad, pidiendo la defensa de las familias, de mujeres y niños, de la religión y de Dios. Él no fue neutral ni pasivo. No fue tolerante, sino que hizo lo correcto. Siguió adelante con audacia. En las Escrituras se describe a Moroni con palabras que describen a muchos de ustedes: “Si todos los hombres hubieran sido, y fueran y pudieran siempre ser como Moroni, he aquí, los poderes mismos del infierno se habrían sacudido para siempre; sí, el diablo jamás tendría poder sobre el corazón de los hijos de los hombres” (Alma 48:17; véase también Alma 46:12- 13, 18, 21).

¡Ustedes son el estandarte! Sus vidas de pureza y vir­tud son el estandarte que hará que las naciones de la tie­rra levanten la mirada para venir al templo. Al permanecer virtuosos serán guiados por el Espíritu Santo, y su virtud personal les hará dignos de ir al templo con frecuencia. Si no tienen una recomendación, ahora es el momento de hacerse dignos de una. Ésa es su labor. El templo será una fortaleza y una protección para ustedes en un mundo cada vez más oscuro, y será un estandarte no sólo para ustedes, sino para las naciones. Regresar a la virtud es regresar al templo, y regresar al templo es regresar al Salvador.

La virtud nos brinda las bendiciones de la eterni­dad

Hace cuarenta y un años me arrodillé ante un altar del Templo de Salt Lake y allí concerté un convenio con este hombre que me acompaña. Esa decisión tuvo una gran influencia en las décadas posteriores. Supongo que lo que trato de decirles es: ¡Estén allí! ¡No se distraigan ahora! ¡No olviden quiénes son! No permitan que nada les impi­da recibir las bendiciones del santo templo del Señor.

Me siento inspirada a compartir las palabras de Doctri­na y Convenios 121:45-46 dirigidas a los que son llamados y escogidos y perseveran con valentía. Estas palabras no son solamente para José Smith y los santos en esos días difíciles de los inicios de la Iglesia, sino para ustedes en estos últimos días: “Deja que la virtud engalane tus pen­samientos incesantemente; entonces tu confianza se for­talecerá en la presencia de Dios; y…el Espíritu Santo será tu compañero constante”.

Cuando somos virtuosos, se nos promete que tendre­mos confianza al estar en Su presencia; seremos santos y semejantes a Él. Se nos promete el poder del sacerdocio, el poder de Dios, ¡por ser virtuosos! Se nos promete la compañía constante del Espíritu Santo, que testifica, diri­ge, protege, enseña, advierte, consuela y santifica. Él no mora en tabernáculos impuros. Y finalmente, se nos pro­mete que tendremos la vida eterna, el mayor de todos los dones de Dios. Seremos dioses y viviremos una vida divina cuando seamos virtuosos. Seremos como Él, puros como Él.

El viaje a Sión, los puros de corazón, requerirá todo lo que ustedes y yo tengamos. Ruego que cada uno tenga el deseo y la fortaleza para salir de la comodidad al prepa­rarnos para la carrera de la vida. Y al igual que Agnes Caldwell, extendamos la mano para tomar la del Maestro, porque Su promesa es para cada uno: “Iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alre­dedor de vosotros, para sosteneros” (D. y C. 84:88). Testifico que nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo viven y nos prepararán para la gran obra que se realizará en los santos templos como preparación, no sólo de la Segunda Venida del Salvador, sino para nuestra exaltación eterna. Y lo digo en el nombre de Jesucristo, amén.

NOTAS

  1. “El lema de las Mujeres Jóvenes”, El progreso Personal para las Mujeres Jóvenes, pág. 5.
  2. Véase A. Theodore Tuttle, Becoming Goodly Parents, Brigham Young University Speeches of the Year (12 de diciembre de 1967).
  3. Agnes Caldwell Southworth, en Susan Arrington Madsen, I Walked to Zion: True Stories of Young Pioneers on the Mormon Trail, págs. 57-59.
  4. Susan Arrington Madsen, I Walked to Zion, pág. 59.
  5. Predicad Mi Evangelio, pág. 125.
  6. RAE, 22- edición, “virtud” , en línea.
  7. Russell M. Nelson, Liahona, julio de 2001, pág. 37.
  8. Véase Sheri L. Dew, “You Are a Pivotal Generation”, reunión espiritual de BYU-Hawai, 17 de febrero de 2009).
  9. Ezra Taft Benson, “In His Steps”, en 1979 Devotional Speeches of the Year, pág. 59.
  10. Véase M. Russell Ballard, Liahona, enero de 1991, pág. 43.
  11. Winston Churchill (discurso pronunciado en la Cámara de los Comunes el 13 de mayo de 1940), .
  12. “Más santidad dame”, Himnos, n. ° 131.
  13. Boyd K. Packer, “Faith in the Lord Jesus Christ and His Atonement”, Seminario para nuevos presidentes de misión, 27 de j u- nio de 2009, pág. 5.
  14. Para la fortaleza de la juventud, pág. 30.
  15. Thomas S. Monson, Liahona, mayo de 2008, pág. 66.
  16. José Smith, en History of the Church, tomo IV, pág. 461.
  17. Theodore Roosevelt, “Citizen in a Republic”, discurso pronunciado en la Universidad de la Sorbona, París, Francia, el 23 de abril de 1910, Presidential Addresses and State Papers and European Addresses, Del 8 de diciembre de 1908 al 7 de junio de 1910, tomo VIII de Presidential Addresses and State Papers, editorial Homeward Bound, 1910, pág. 2191.
  18. Alexander Pope, An Essay on Man (1732), carta 2, líneas 217-220, en The Complete Poetical Works of Pope, edición de Henry W. Boynton, 1931, pág. 144.
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