Las cosas como realmente son

Las cosas como realmente son

David A. BednarÉlder David A. Bednar
del Quorum de los Doce Apóstoles
Charla fogonera para jóvenes adultos • 3 de mayo de 2009 • Universidad Brigham Young-Idaho

Elevo una voz apostólica de amonestación sobre el posible impacto opresivo, sofocante, represivo y limitante de algunos tipos de interacciones y experiencias ciberespaciales en nuestra alma.


Hermanos y hermanas, los amo y agradezco estar con ustedes. Doy una bienvenida especial a los que están en su último año de seminario y que están asistiendo a una transmi­sión del SEI por primera vez. A medi­da que continúen con sus estudios, los exhorto a que se inscriban en las clases de instituto y que participen activamente en ellas a fin de aprovechar plenamente las oportunidades que tendrán de aprender y de progresar espiritualmente. En el futuro también podrán asistir a charlas del SEI que los fortalecerán y bendecirán.

Al estar esperando esta oportunidad de aprender con ustedes esta noche y al prepararme para ella, he llegado a comprender mejor los fuertes sentimientos que tuvo Ja­cob, el hermano de Nefi, cuando dijo: “…hoy me agobia el peso de un deseo y afán por el bien de vuestras almas” (Jacob 2:3). El mensaje que deseo compartir con ustedes esta noche se ha destilado con el tiempo sobre mi alma como rocío del cielo (véase D. y C. 121:45). Les invito a que pongan mucha atención a un tema de gran seriedad que tiene implicaciones tanto inmediatas como eternas. Es mi oración que el Espíritu Santo esté con nosotros y que nos enseñe en este tiempo que estaremos juntos.

Desde hace tiempo me ha impresionado la definición sencilla y clara de la verdad que se da en el Libro de Mormón: “.el Espíritu habla la verdad, y no miente. Por tanto, habla de las cosas como realmente son, y de las cosas como realmente serán; así que estas cosas nos son manifestadas claramente para la salvación de nuestras almas” (Jacob 4:13; véase también D. y C. 93:24).

Esta noche nos concentraremos en el primer elemento principal de la verdad que se identifica en este versículo: las cosas como realmente son. Primero repasaremos va­rios elementos clave del plan de felicidad de nuestro Pa­dre Celestial como la base doctrinal para conocer y com­prender las cosas como realmente son. Entonces conside­raremos los métodos de ataque que utiliza el adversario para distraernos de las cosas como realmente son o in­hibir nuestra capacidad de discernirlas. Y finalmente, hablaremos de las responsabilidades que tienen ustedes como la nueva generación. Será necesario que sean obe­dientes, que honren convenios sagrados y que constan­temente logren discernir las cosas como realmente son en el mundo actual que es cada vez más confuso y perverso.

Nuestro destino divino

En “La familia: Una proclamación para el mundo”, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles declaran que como hijos e hijas espirituales de Dios, “acepta[mos] Su plan por el cual obtendría[mos] un cuer­po físico y ganaría[mos] experiencias terrenales para pro­gresar hacia la perfección y finalmente cumplir [nuestro] destino divino como herederos de la vida eterna” (“La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, octu­bre de 2004, pág. 49; o Liahona, enero de 1996, pág. 116). Ahora bien, observen la importancia primordial de obte­ner un cuerpo físico en el proceso de progresar hacia nuestro destino divino.

El profeta José Smith enseñó con claridad la importan­cia del cuerpo físico:

“Vinimos a esta tierra para tener un cuerpo y presen­tarlo puro ante Dios en el reino celestial. El gran principio de la felicidad consiste en tener un cuerpo. El diablo no lo tiene y ése es su castigo; él está contento cuando puede obtener el tabernáculo del hombre; y cuando fue expulsa­do por el Salvador, le pidió que lo dejara ir a una manada de cerdos, demostrando que prefería ocupar el cuerpo de un cerdo que no tener ninguno. Todos los seres que tie­nen un cuerpo poseen potestad sobre los que no lo tie­nen”. “El diablo no tiene poder sobre nosotros sino hasta donde se lo permitimos. El momento en que nos rebela­mos contra cualquier cosa que viene de Dios, el diablo ejerce su dominio”.1

Nuestro cuerpo físico hace posible que tengamos una amplitud, profundidad e intensidad de experiencia que sencillamente no podríamos obtener en nuestra existen­cia preterrenal. El presidente Boyd K. Packer enseñó: “El cuerpo y el espíritu se combinan de tal forma que el cuer­po se convierte en el instrumento de la mente y en el fundamento de nuestro carácter”.2 Por tanto, nuestra rela­ción con otras personas, nuestra capacidad de reconocer la verdad y de actuar de conformidad con ella, y nuestra aptitud para obedecer los principios y las ordenanzas del evangelio de Jesucristo se aumentan mediante el cuerpo físico. En la escuela de la vida terrenal, experimentamos ternura, amor, bondad, felicidad, pesar, desilusión, dolor e incluso los desafíos de las limitaciones físicas en formas que nos preparan para la eternidad. Dicho en forma más sencilla, hay lecciones que debemos aprender y experien­cias que debemos tener, tal como las Escrituras lo descri­ben, “según la carne” (véase 1 Nefi 19:6; Alma 7:12–13).

Los apóstoles y los profetas constantemente han ense­ñado en cuanto a la importancia terrenal y eterna del cuerpo. Pablo declaró:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

“Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le des­truirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:16–17).

Y en esta dispensación el Señor reveló que “el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre” (D. y C. 88:15). Una verdad que siempre es y siempre será, es que el cuerpo y el espíritu constituyen nuestra realidad e identidad. Cuan­do el cuerpo y el espíritu están inseparablemente conec­tados, podemos recibir una plenitud de gozo; cuando están separados, no podemos recibir tal bendición (véase D. y C. 93:33–34).

El plan del Padre está diseñado para brindar dirección a Sus hijos, para ayudarles a llegar a ser felices, y para llevarlos a salvo hasta Él con cuerpos resucitados y exalta­dos. Lucifer se esfuerza por hacer que los hijos y las hijas de Dios estén confusos e infelices y por entorpecer su progreso eterno. La intención predominante del padre de las mentiras es que todos seamos “miserables como él” (2 Nefi 2:27, y se empeña por distorsionar los elementos que más odia del plan del Padre.

Satanás no tiene cuerpo, y su progreso eterno se ha detenido. Tal como un dique detiene el agua que fluye en el lecho de un río, de la misma manera el progreso eterno del adversario se frustra debido a que no tiene un cuerpo físico. Como resultado de su rebelión, Lucifer se ha nega­do a sí mismo todas las bendiciones y experiencias terre­nales que son posibles mediante un tabernáculo de carne y huesos. No puede aprender las lecciones que sólo un espíritu encarnado puede aprender. No puede casarse ni disfrutar las bendiciones de la procreación y de la vida familiar. No puede soportar la realidad de la resurrección literal y universal de todo el género humano. Uno de los poderosos significados en las Escrituras de la palabra con­denado se ilustra en la incapacidad que él tiene de seguir desarrollándose y de llegar a ser semejante a nuestro Pa­dre Celestial.

Ya que el cuerpo físico es un elemento tan esencial del plan de felicidad del Padre y de nuestro progreso espiri­tual, no nos debe sorprender que Lucifer procure frustrar nuestro progreso, para lo cual nos tienta a utilizar el cuer­po de manera inapropiada. Una de las mayores ironías de la eternidad es que el adversario, que es infeliz precisa­mente porque no tiene cuerpo físico, nos invita y nos in­duce a compartir su miseria mediante el uso inapropiado de nuestro cuerpo. Por lo tanto, la herramienta que él mismo no tiene y no puede utilizar es el objetivo principal de sus intentos por seducirnos hacia la destrucción física y espiritual.

Los ataques del adversario

El adversario procura influir en nosotros tanto para que utilicemos de manera incorrecta nuestro cuerpo co­mo para que no le demos la importancia que tiene. Es importante que reconozcamos estos dos métodos de ata­que y que los rechacemos.

Cuando cualquiera de los hijos de nuestro Padre Celes­tial hace uso indebido de su tabernáculo físico al violar la ley de castidad, al consumir drogas o substancias adictivas, al desfigurarse y deformarse a sí mismo, o cuando adora el ídolo falso de la apariencia física, ya sea la propia o la de los demás, Satanás se llena de alegría. Para aque­llos que sabemos y entendemos el plan de salvación, cual­quier tipo de profanación del cuerpo constituye una rebe­lión (véase Mosíah 2:36–37; D. y C. 64:34–35) y un recha­zo de nuestra verdadera identidad como hijos e hijas de Dios.

Hermanos y hermanas, no me sería posible decirles to­das las formas en que podrían hacer uso incorrecto de su cuerpo, “porque hay varios modos y medios, tantos que no puedo enumerarlos” (Mosíah 4:29). Ustedes saben lo que está bien y lo que está mal, y tienen la responsabili­dad individual de aprender por sí mismos “tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118) las cosas que de­ben y que no deben hacer y las razones doctrinales de por qué deben o no deben hacerlas. Les testifico que a medida que deseen aprender, “cuidá[ndose] a vosotros mismos, y vuestros pensamientos, y vuestras palabras y vuestras obras, y si… observáis los mandamientos de Dios… [y] perseveráis en la fe de lo que habéis oído concerniente a la venida de nuestro Señor, aun hasta el fin de vuestras vidas” (Mosíah 4:30), recibirán luz espiritual y serán pro­tegidos. Y de conformidad con su fidelidad y diligencia, tendrán el poder de discernir la decepción y rechazar los ataques del adversario cuando él los tiente a utilizar de forma inadecuada su cuerpo físico.

Satanás también se esfuerza por inducir a los hijos y a las hijas de Dios a restarle importancia a su cuerpo físico. Este tipo de ataque en particular es muy diabólico y sutil. Quisiera dar varios ejemplos de cómo el adversario nos puede pacificar y adormecer con seguridad carnal (véase 2 Nefi 28:21) y alentarnos a arriesgar las experiencias de aprendizaje terrenales que hicieron que nos regocijára­mos (véase Job 38:7) en la existencia preterrenal.

Por ejemplo, todos podemos disfrutar de participar en una amplia gama de actividades sanas, amenas e interesantes; pero le restamos importancia a nuestro cuerpo y ponemos en peligro nuestro bienestar físico cuando nos vamos a extremos peligrosos e insólitos en busca de una mayor y más emocionante infusión de adrenalina. Pode­mos buscar explicaciones racionales de que seguramente no hay nada de malo con estas aparentemente inocentes hazañas y aventuras. Sin embargo, el arriesgar el instru­mento mismo que Dios nos ha dado para recibir las expe­riencias de aprendizaje de la vida terrenal —simplemente para ir en busca de una emoción o supuesta diversión, para alimentar nuestro ego o para sentirnos aceptados— realmente le resta importancia a nuestro cuerpo físico.

Tristemente, algunos jóvenes y jovencitas de la Iglesia en la actualidad hacen caso omiso de “las cosas como realmente son” y descuidan las relaciones eternas a causa de las distracciones, diversiones y desvíos digitales que no tienen valor perdurable. Me da muchísima pena cuando una pareja joven, que se ha sellado en la Casa del Señor por esta vida y por toda la eternidad por el poder del San­to Sacerdocio, tiene problemas matrimoniales a causa del efecto adictivo de jugar videojuegos o de socializar por internet en forma excesiva. Un joven o una jovencita pue­de desperdiciar un sinnúmero de horas, posponer o aban­donar la formación académica o vocacional, y finalmente sacrificar preciadas relaciones humanas a causa de juegos en video y en Internet que adormecen la mente y el espíri­tu. Tal como el Señor declaró: ” … por tanto, les doy este mandamiento:  No desperdiciarás tu tiempo, ni escon­derás tu talento en la tierra para que no sea conocido” (D. y C. 60:13).

Quizá se estén preguntado: “Pero hermano Bednar, us­ted comenzó su discurso esta noche hablando de la im­portancia del cuerpo físico en el progreso eterno. ¿Está acaso sugiriendo que el jugar videojuegos y que los dife­rentes tipos de comunicación por medio de computadoras pueden jugar un papel en restarle importancia a nuestro cuerpo físico?”. Eso es precisamente lo que estoy decla­rando. Permítanme explicar:

Vivimos en una época en que la tecnología se puede utilizar para reproducir la realidad, para exagerar la reali­dad, y para crear una realidad virtual. Por ejemplo, un médico puede utilizar simulación por medio de software para obtener experiencia valiosa en la realización de una operación quirúrgica complicada, sin necesidad de poner en riesgo al paciente humano. Un piloto en un simulador de vuelo puede practicar repetidas veces procedimientos de aterrizaje de emergencia que podrían salvar la vida de muchos. Y los arquitectos e ingenieros pueden usar tecno­logías innovadoras a fin de modelar sofisticados métodos de diseño y de construcción que reduzcan la pérdida de vidas humanas y de daños a edificios causados por terre­motos y otros desastres naturales.

En cada uno de estos ejemplos, un alto nivel de fideli­dad en la simulación o el modelo contribuye a la eficacia de la experiencia. El término fidelidad indica la similitud entre la realidad y la representación de la realidad. Tal simulación puede ser constructiva si la fidelidad es alta y los propósitos son buenos; por ejemplo, brindar una expe­riencia que salve vidas o que mejore la calidad de vida.

Esta imagen es una representación generada por com­putadora de una sala de sellamientos del Templo de New- port Beach, California.

1Representación

Ésta, e imágenes similares, se utilizan como parte del proceso de planificación y diseño de cada uno de los tem­plos nuevos que se construyen. La representación mues­tra telas, mobiliario, accesorios, iluminación, escala y pro­porción a fin de demostrar la forma en que cada compo­nente se verá y se sentirá cuando se termine. En esencia, todo el templo y sus elementos están diseñados hasta el más mínimo detalle aun antes de que se inicie la construc­ción.

Ésta es una fotografía real de la sala de sellamientos del Templo de Newport Beach, California.

1Fotografía

Observen la fidelidad entre la representación de la rea­lidad, la cual vimos en la representación (primera imagen), y la realidad de la sala finalizada que se aprecia en esta fotografía.

El siguiente ejemplo es una representación generada por computadora de un vestíbulo del Templo de Copenhague, Dinamarca.

2Representación

La siguiente foto muestra el verdadero vestíbulo del templo de Copenhague, Dinamarca.

2Fotografía

En cada uno de estos ejemplos, la alta fidelidad se utili­za para lograr un importantísimo propósito: el diseño y la construcción de un hermoso y sagrado templo. Sin em­bargo, una simulación o modelo puede llevar al perjuicio y

peligro espiritual si la fidelidad es alta y los propósitos son malos, tales como experimentar con acciones contrarias a los mandamientos de Dios o inducirnos a pensar o hacer cosas, “porque es sólo un juego”, que normalmente no pensaríamos ni haríamos.

El día de hoy elevo una voz apostólica sobre el posible impacto opresivo, sofocante, represivo y limitante de al­gunos tipos de interacciones y experiencias ciberespacia- les en nuestra alma. Las inquietudes de las que hablo no son nuevas; se aplican igualmente a otros tipos de medios de comunicación, tales como la televisión, las películas y la música. Pero en un mundo cibernético, estos desafíos son más comunes e intensos. Les ruego que se guarden de la influencia de las tecnologías ciberespaciales que se utili­zan para producir alta fidelidad y que promueven propósi­tos degradantes y perversos, lo cual entorpece los senti­dos y destruye al espíritu.

Si el adversario no logra inducirnos a utilizar incorrec­tamente nuestro cuerpo físico, entonces una de sus tácti­cas más poderosas es engañarnos a ustedes y a mí, que tenemos espíritus encarnados, para que nos desconecte­mos gradualmente y físicamente de las cosas como real­mente son. En esencia, nos alienta a pensar y a actuar como si estuviéramos en un estado preterrenal, sin cuer­po. Y si lo dejamos, puede astutamente emplear algunos aspectos de la tecnología moderna para lograr sus propó­sitos. Por favor tengan cuidado de no sumergirse y enfras­carse tanto en los pixeles, en los mensajes de texto, en los auriculares, en Twitter y en las redes sociales de Internet y en los potencialmente adictivos usos de los medios de comunicación y de Internet al punto que no reconozcan la importancia de su cuerpo físico y que se pierdan de la riqueza de la comunicación de persona a persona. Cuíden­se de las muchas formas de interacciones por computado­ra cuyas imágenes e información pueden tomar el lugar de la amplia gama de capacidades y experiencias físicas.

Por favor escuchen con atención las siguientes pala­bras que describen una intensa relación romántica que una mujer tuvo con un pretendiente del ciberespacio. Y observen cómo el medio de comunicación le restó impor­tancia al cuerpo físico. “Así que PFSlider (el nombre de usuario del hombre) se convirtió en mi vida diaria. Todo lo tangible se disipó. Mi cuerpo no existía; no tenía piel, ni cabello ni huesos. Todo deseo se había convertido en una corriente cerebral que no llegaba más allá de mi lóbulo frontal. No había naturaleza, ni vida social, ni clima. Sólo existía la pantalla de la computadora y el teléfono, mi silla, y a lo mejor un vaso de agua”.3

Ahora bien, como contraste, debemos prestar atención a la admonición de Pablo: “que cada uno de vosotros sepa tener su propi[o] [vaso] en santidad y honor” (1 Tesalonicenses 4:4).

Consideren nuevamente el ejemplo que mencioné an­teriormente de una pareja joven recién casada en la Casa del Señor. Un cónyuge inmaduro o insensato quizá dedi­que una cantidad exorbitante de tiempo a jugar videojue­gos, a chatear en Internet o a permitir en otras formas que lo digital domine las cosas como realmente son. Al principio la inversión de tiempo quizá parezca relativa­mente inofensiva, justificándola como unos cuantos minu­tos de alivio necesario de las exigencias de un día ajetrea­do. Pero se pierden oportunidades importantes de des­arrollar y mejorar las habilidades interpersonales, de reír y llorar juntos, y de crear un lazo profundo y perdurable de intimidad emocional. Progresivamente, la diversión apa­rentemente inocente puede llegar a convertirse en una forma de esclavización perniciosa.

Sentir el calor de un tierno abrazo de parte de nuestro compañero eterno o ver la sinceridad en los ojos de otra persona al expresar el testimonio —todas estas cosas vividas tal como realmente lo son y mediante el instru­mento de nuestro cuerpo físico— se podrían sacrificar a cambio de una fantasía de alta fidelidad que no tiene ningún valor perdurable. Si ustedes y yo no estamos aler­tas, podemos llegar al punto de “deja[r] de sentir” (1 Nefi 17:45), tal como Lamán y Lemuel hace tanto tiempo.

Permítanme darles otro ejemplo de la desconexión gradual y física de las cosas como realmente son. En la actualidad una persona puede entrar a un mundo virtual, tal como el programa cibernético “Second Life”, donde puede asumir una nueva identidad. Una persona puede crear un avatar, o un ciber personaje, que se ajuste a su propia apariencia y comportamiento. O bien, una persona puede inventar una identidad falsa que no se correlacione de ninguna manera con las cosas como realmente son. Por muy aproximada que sea la nueva identidad a la de la persona, tal comportamiento es la esencia de las cosas como realmente no son. Hace unos momentos definí la fidelidad de una simulación o un modelo. Ahora recalco la importancia de la fidelidad personal: la correlación entre la persona real y la identidad asumida y cibernética. Ten­gan a bien observar la falta de fidelidad personal en el siguiente episodio que se reportó en el diario Wall Street Journal:

Ric Hoogestraat es un “corpulento hombre [de 53 años], con una larga cola de caballo gris, patillas gruesas y bigote canoso estilo Dalí… [Ric pasa] seis horas cada noche y a veces hasta 14 horas a la vez los fines de semana bajo la identidad de Dutch Hoorenbeek, su muscular yo ci­bernético de 2 metros de alto. El personaje tiene la apa­riencia de un [Ric] más joven y más en forma.

“Se sienta a la computadora con las persianas cerra­das. Mientras su esposa Sue ve televisión en la sala, el Sr. Hoogestraat chatea en Internet con lo que en la pantalla aparenta ser una pelirroja alta y delgada.

“Nunca ha conocido a la mujer fuera del mundo com- putacional de “Segunda vida”, un mundo digital de fantas­ía sobre el que se ha escrito mucho. Ni siquiera ha habla­do con ella por teléfono. Pero su relación ha tomado di­mensiones curiosamente reales. Tienen dos perros, [y] pagan la hipoteca entre los dos y se pasan horas [en su mundo cibernético] de compras en el centro comercial y tomando largos paseos en motocicleta. El lazo que los une es tan fuerte que hace tres meses el Sr. Hoogestraat le pidió a Janet Spielman, la mujer canadiense de 38 años que controla a la pelirroja, que se convirtiera en su esposa virtual.

“La mujer con la que está legalmente casado no le ve la gracia. ‘Es un golpe tremendo’, dice Sue Hoogestraat… quien ha estado casada con el Sr. Hoogestraat durante siete meses”.4

Ahora bien, hermanos y hermanas, por favor entien­dan. No estoy sugiriendo que toda la tecnología es intrínsecamente mala; no lo es. Ni tampoco estoy diciendo que no debemos usar sus muchas facultades en formas apro­piadas para aprender, comunicar, elevar e iluminar vidas y para edificar y fortalecer la Iglesia; claro que debemos hacerlo. Pero elevo mi voz de amonestación de que no debemos derrochar ni dañar las relaciones auténticas por obsesionarnos con las artificiales. “Cerca del 40% de los hombres y el 53% de las mujeres que juegan juegos en Internet dijeron que sus amigos virtuales eran iguales o mejores que sus amigos reales, de acuerdo con una en­cuesta que se le hizo a 30 mil video jugadores realizada por. una persona que hace poco recibió su doctorado de la Universidad Stanford. Más de una cuarta parte de los video jugadores [que respondieron indicaron que] el mo­mento emocional más destacado de la semana pasada ocurrió en el mundo de la computadora”.5

Cuán importante, cuán perdurable y cuán oportuna es la definición del Señor de la verdad: las cosas como realmente son. El profeta Alma preguntó: “Luego, ¿no es esto verdadero?” (Alma 32:35). Estaba hablando de luz y bondad tan discernibles que se pueden gustar. Ciertamente, “los que moran en [la] presencia [del Padre] ven como son vistos, y conocen como son conocidos, habiendo reci­bido de su plenitud y de su gracia” (D. y C. 76:94).

Mis queridos hermanos y hermanas, ¡tengan cuidado! En la medida en que la fidelidad personal disminuya en las comunicaciones por computadora y los propósitos de dichas comunicaciones sean distorsionadas, pervertidas y malignas, el potencial del desastre espiritual es peligrosa­mente alto. Les imploro que se alejen inmediata y permanentemente de tales lugares y actividades (véase 2 Timo­teo 3:5).

Ahora me gustaría hablar de una característica adicio­nal de los ataques del adversario. Satanás con frecuencia ofrece la ilusión atrayente de la anonimidad. Lucifer siem­pre ha buscado realizar su obra en secreto (véase Moisés 5:30). Recuerden, sin embargo, que la apostasía no es anónima simplemente porque ocurre en un blog o a través de una identidad falsa en una sala de chat o en un mundo virtual. Los pensamientos, las palabras y los hechos inmorales siempre son inmorales, incluso en el ciberespacio. Los hechos engañosos supuestamente ocul­tos en lo secreto, tales como descargar música ilegalmen­te de Internet, o copiar CDs o DVDs para distribuir a ami­gos y familiares, son de todas maneras engañosos. Todos somos responsables ante Dios, y finalmente seremos juz­gados por Él de acuerdo con nuestros hechos y los deseos de nuestro corazón (véase Alma 41:3). “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).

El Señor sabe quiénes realmente somos, lo que real­mente pensamos, lo que realmente hacemos y lo que realmente estamos llegando a ser. Nos ha advertido que “los rebeldes serán traspasados de mucho pesar; porque se pregonarán sus iniquidades desde los techos de las casas, y sus hechos secretos serán revelados” (D. y C. 1:3).

Ahora bien, he elevado una voz de amonestación en cuanto a sólo unos cuantos de los peligros espirituales en nuestro mundo tecnológicamente orientado y rápidamen­te cambiante. Permítanme decirles nuevamente: ni la tecnología ni el cambio rápido es bueno o malo en sí; el verdadero desafío es comprender ambos dentro del con­texto del plan eterno de felicidad. Lucifer los alentará a utilizar incorrectamente su cuerpo físico y a restarle la importancia que tiene. Intentará substituir la monotonía de la repetición virtual a cambio de la variedad infinita de las creaciones de Dios y convencernos de que sólo somos cosas mortales sobre las que se debe actuar, en vez de almas eternas bendecidas con el albedrío moral de actuar por nosotros mismos. Engañosamente, incita a los espíri­tus encarnados a perder las bendiciones y las experiencias de aprendizaje “según la carne” que son posibles median­te el plan de felicidad del Padre y la expiación de Su Hijo Unigénito.

Para su felicidad y protección, les invito a estudiar más diligentemente la doctrina del plan de salvación, y a medi­tar con espíritu de oración las verdades que hemos exa­minado. Les ofrezco dos preguntas para su consideración conforme mediten en forma personal y conforme estu­dien con espíritu de oración:

  1. El uso de las varias tecnologías y medios de comuni­cación, ¿invitan o impiden la compañía constante del Espí­ritu Santo en su vida?
  2. El tiempo que pasa haciendo uso de las diferentes tecnologías y medios de comunicación, ¿aumentan o restringen su capacidad de vivir, de amar y de servir en for­mas significativas?

Recibirán respuestas, inspiración e instrucción del Espí­ritu Santo que se ajusten a sus circunstancias y necesida­des personales. Repito y afirmo la enseñanza del profeta José: “Todos los seres que tienen cuerpos, tienen dominio sobre los que no los tienen. El diablo no tiene poder sobre nosotros sino hasta donde se lo permitimos”.6

Estas verdades eternas sobre la importancia de nuestro cuerpo físico los fortalecerán en contra de la decepción y los ataques del adversario. Uno de mis más profundos deseos para ustedes es que obtengan un testimonio cada vez mayor de la Resurrección y un agradecimiento cada vez mayor por él, incluso su propia resurrección con un cuerpo celestial y exaltado “por causa de vuestra fe en [el Señor Jesucristo], de acuerdo con la promesa” (Moroni 7:41).

La nueva generación

Ahora quisiera hablarles específicamente a ustedes como realmente son. En realidad ustedes son la nueva generación de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En octubre de 1997, el élder Neal A. Maxwell visitó el campus de la Universidad Brigham Young–Idaho para hablar en un servicio devocional. Durante el día que estuvo en el campus, hablamos sobre una variedad de temas del Evangelio en general y sobre la juventud de la Iglesia en particular. Recuerdo que el élder Maxwell hizo una declaración que causó una gran impresión en mí. Esto fue lo que dijo: “La juventud de esta generación tiene una capacidad mayor de obedecer que cualquier generación anterior”.

Luego indicó que su declaración provenía de una ver­dad que enseñó el presidente George Q. Cannon: “Dios ha reservado espíritus para esta dispensación que tienen el valor y la determinación de enfrentar el mundo y todos los poderes del maligno, visibles e invisibles, de proclamar el Evangelio y mantener la verdad y establecer y edificar la Sión de nuestro Dios sin temor a todas las consecuencias. Ha enviado estos espíritus durante esta generación a fin de establecer los cimientos de Sión para que nunca más sea derrocada y para levantar simiente justa que honrará a Dios y que lo honrará de forma suprema y será obedien­te a Él en toda circunstancia”.7

Los padres y líderes de la Iglesia con frecuencia hacen hincapié en que los jóvenes y las jovencitas de esta generación se han reservado para esta época de la historia del mundo y que son algunos de los hijos más valientes de nuestro Padre Celestial. Es cierto que esas declaraciones son verdaderas, pero con frecuencia me he preguntado si los jóvenes escuchan esta descripción con tanta frecuen­cia que se convierte en algo trillado, y que su importancia y profundas implicaciones se pasan por alto. Sabemos que de “aquel a quien mucho se da, mucho se requiere” (D. y C. 82:3). Y las enseñanzas del presidente Cannon y del élder Maxwell nos ayudan a comprender más plenamente lo que se requiere de nosotros en la actualidad. Ustedes y yo debemos ser valientes y “obedientes a Él en toda cir­cunstancia”. Por tanto, la obediencia es el arma principal en el que la nueva generación debe confiar en la lucha de los últimos días entre el bien y el mal.

Nos regocijamos que el Señor, mediante Sus siervos autorizados, ha “elevado el nivel de los requisitos” para los jóvenes y las jovencitas de la actualidad. Dado lo que sabemos en cuanto a quiénes somos y por qué estamos aquí en la tierra, agradecemos y apreciamos tal dirección inspirada. Y debemos reconocer que Lucifer se esfuerza incesantemente por “bajar el nivel de los requisitos”, para lo cual intenta persuadirnos a utilizar incorrectamente nuestro cuerpo físico y a restarle la importancia que tiene.

El Salvador nos ha advertido repetidamente que nos cuidemos de la decepción del Adversario:

“Y Jesús respondió y les dijo: Mirad que nadie os enga­ñe …

“porque en aquellos días también se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, a tal grado que engañarán, si fuere posible, aun a los mismos escogidos, que son los escogidos conforme al convenio .

“y el que atesore mi palabra no será engañado” (José Smith—Mateo 1:5, 22, 37).

La obediencia abre la puerta a la compañía constante del Espíritu Santo. Y los dones y habilidades espirituales activados por el poder del Espíritu Santo nos permiten evitar ser engañados, al mismo tiempo que nos permiten ver, sentir, conocer, entender y recordar las cosas como realmente son. Ustedes y yo hemos sido investidos con una mayor capacidad de obedecer precisamente por esas razones. Moroni declaró:

“.escuchad las palabras del Señor, y pedid al Padre, en el nombre de Jesús, cualquier cosa que necesitéis. No dudéis, mas sed creyentes; y empezad, como en los días antiguos, y allegaos al Señor con todo vuestro corazón, y labrad vuestra propia salvación con temor y temblor ante él.

“Sed prudentes en los días de vuestra probación; des­pojaos de toda impureza; no pidáis para dar satisfacción a vuestras concupiscencias, sino pedid con una resolución inquebrantable, para que no cedáis a ninguna tentación, sino que sirváis al verdadero Dios viviente” (Mormón 9:27–28).

Conforme prestemos atención a ese consejo inspirado, podemos ser y seremos bendecidos para reconocer y rechazar los ataques del adversario, el día de hoy y en los días que están por venir. Podemos cumplir, y cumplire­mos, nuestras responsabilidades preordenadas, y contri­buiremos a la obra del Señor en todo el mundo.

Testifico que Dios vive y que es nuestro Padre Celestial. Él es el Autor del plan de salvación. Jesús es el Cristo, el Redentor cuyo cuerpo fue molido, quebrantado y desga­rrado por nosotros cuando ofreció el sacrificio expiatorio. Él resucitó; Él vive; y está a la cabeza de esta Su Iglesia en estos últimos días. El estar “para siempre envuelto entre los brazos de su amor” (2 Nefi 1:15) será una experiencia real, no virtual.

Testifico que podemos ser bendecidos, y que seremos bendecidos, con el valor y la determinación de enfrentar el mundo y todos los poderes del maligno. La rectitud prevalecerá. Ninguna mano impía puede detener el pro­greso de esta obra. Testifico de estas cosas como real­mente son y como realmente serán, en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.

NOTAS

  1. Citando a William Clayton, quien dio informe de un discurso sin fecha pronunciado por José Smith en Nauvoo, Illinois; en L. John Nuttall, “Extracts from William Clayton’s Private Book”, págs. 7–8, Journals of L. John Nuttall, 1857–1904, L. Tom Perry Special Collections, Universidad Brigham Young, Provo, Utah; copia en la Biblioteca de Historia de la Iglesia; véase también José Smith,Enseñanzas del Profeta José Smith,compilación de Joseph Fielding Smith, 1982, pág. 217; Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 222 .
  2. 2. Boyd K. Packer, The Instrument of Your Mind and the Foundation of Your Character, charla fogonera del SEI para jóvenes adultos vía satélite, febrero 2 de 2003, pág. 2.
  3.  Meghan Daum, “Virtual Love”, The New Yorker, 25 de agosto y 1° de septiembre de 1997, pág. 82; también Meghan Daum, My Misspent Youth, 2001, pág. 19.
  4.  Alexandra Alter, “Is This Man Cheating on His Wife?”, Wall Street Journal, 10 de agosto de 2007, W8, W1.
  5. Alexandra Alter, Wall Street Journal, 10 de agosto de 2007, W8.
  6. Citado por William Clayton; en L. John Nuttall, “Extracts from William Clayton’s Private Book”, pág. 8; véase también José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 217.
  7. George Q. Cannon, en Journal of Discourses, tomo XI, pág. 230.
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