Quiénes creen que son?

¿Quiénes creen que son?

James E. Faustpor el presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Liahona, Junio 2001

Como hijos e hijas de Dios, tenemos la obligación de cultivar tantos de los talentos que Dios nos ha dado como nos sea posible. Ustedes serán más felices si saben quiénes son y se sienten bien consigo mismos.


Les felicito, jóvenes, por ser espíritus especiales y escogidos que han sido reservados para nacer en esta generación. Están ustedes comenzando la lucha por descubrir quiénes son y hallar su lugar en la vida; tienen sentimientos nuevos y fuertes; tienen grandes retos. Espero que estén comenzando a tener éxito y a sobresalir de alguna forma especial; puede que se trate de su sonrisa, su personalidad o su habilidad para edificar a los demás; quizás estén descubriendo el talento que tienen como atletas, eruditos, especialistas en computadoras, músicos, constructores, artistas o cualquier otra actividad. El descubrir su talento podría proporcionarles algún tipo de reconocimiento personal, y estos logros pueden hacer que se pongan a pensar en quiénes son ustedes en realidad.

El doctor Fred Riley, un prominente trabajador social, ha tratado a muchos atletas que se ven a sí mismos más como atletas que como hijos de Dios, y dice: “¿Qué sucede cuando no pueden jugar al básquetbol? Pierden su identidad” 1. Su propia estimación está relacionada más con sus habilidades físicas que con su carácter. Muchos de los que logran un reconocimiento mundial tal vez no estén a gusto consigo mismos. Algunas personas ricas y famosas, aun cuando tienen gran talento y habilidad, se sienten inseguras y sucumben a las drogas, el alcohol o la inmoralidad, destrozando así su vida; y en vez de ser felices siendo quienes son, están insatisfechas y descontentas. Miden el mérito que tienen únicamente en términos de sus talentos y logros, en vez de por quienes son realmente en el interior. No siempre es cierto que cuanto más se logra, más feliz se es o más a gusto se está con uno mismo.

Junio de 2001 Liahona 1Como hijos e hijas de Dios, tenemos la obligación de cultivar tantos de los talentos que Dios nos ha dado como nos sea posible. Todos deberíamos esforzarnos por alcanzar objetivos dignos. Debemos adquirir habilidades y obtener una educación académica. Ustedes serán más felices si saben quiénes son y se sienten bien con ustedes mismos.

Así que, ¿quiénes creen que son ustedes? Quienes crean que son y lo que en realidad son pueden ser dos versiones diferentes de ustedes mismos. Desde una perspectiva eterna, ambas versiones tienen que llegar a un mismo punto. Dios les conoce y sabe lo que ustedes pueden llegar a ser porque Él les conoce desde el principio, cuando eran Sus hijos e hijas espirituales. Lo que ustedes lleguen a ser dependerá en gran medida de cómo obedezcan los principios de rectitud y hagan buenas obras.

Puede que se pregunten: “¿Cómo aprendo a gustarme a mí mismo?”. Les sugiero cinco ideas que pueden ser de utilidad.

  1. CAMBIEN EL MAL COMPORTAMIENTO.

Tenemos que cambiar nuestro mal comportamiento; debemos arrepentirnos. Tal como Alma dijo a su hijo Coriantón: “…la maldad nunca fue felicidad”2. Es difícil gustarse a uno mismo si estamos haciendo cosas que sabemos que son malas. Los padres y los líderes de la mayoría de ustedes les han enseñado lo que es un buen comportamiento. También tienen las Escrituras y el folleto La fortaleza de la juventud para guiarles.

En la búsqueda de su identidad, no caigan en la trampa de compararse con modelos de conducta o con apariencias físicas que puedan parecer muy masculinas o muy elegantes, pero que en realidad no son apropiadas para los hijos y las hijas de nuestro amoroso Padre Celestial. Una joven de diecisiete años llegó a estar tan obsesionada con su figura que comenzó a dejar de comer y terminó teniendo un desorden alimenticio. Cuando su padre empezó a darse cuenta, insistió en que ella comiera bien. En última instancia, esta confrontación le hizo entrar en razón y escribió:

“Durante toda mi vida todo lo que había hecho tenía como fin complacer a los demás. Las notas, los modales, los premios, todo por ellos, y nada por mí. Esta cuestión de la comida, de la pérdida de peso, se había convertido en algo mío. Me representaba a mí y a mis decisiones, y ahora mi padre estaba intentando arrebatarme también eso.

“Mientras estaba acostada en la cama aquella noche, llorando y sintiéndome gorda, sabía que precisaba ayuda. Sabía que estaba haciendo daño a la gente que amaba.

“Después de estar despierta toda la noche, llegué a la conclusión de que no era a mi padre al que odiaba, sino ¡a MÍ! Me di cuenta de que había perdido el control; por primera vez en mi vida, comprendí que ése era mi problema. Tenía que retomar el control de mi vida, y no dejar que lo hiciera una enfermedad.

“Las cosas no cambiaron de la noche a la mañana; de hecho, el camino hacia la recuperación fue muy largo.

Pero a paso lento, con la ayuda de amigos y familiares, comencé a recuperarme. Ahora que estoy en mi peso ideal, he dejado totalmente de pesarme. Ya no leo revistas de moda y puede que no vaya ‘a la última moda’, ¡pero me siento fenomenal!”3

El sentirse “fenomenal” con uno mismo contribuye a nuestra felicidad y a nuestro sentido de identidad.

Al cambiar nuestro mal comportamiento y nos volvemos al Señor, nos hacemos merecedores de la compañía del Espíritu Santo, lo cual tiene un efecto profundo en nuestro bienestar. Este gran don se recibe por medio de un vivir recto, la obediencia a los mandamientos de Dios y el prestar servicio a los demás. Parley P. Pratt tenía esta perspectiva en cuanto al don del Espíritu Santo:

“Estimula todas las facultades intelectuales, incrementa, amplía, despliega y purifica todas las pasiones y los sentimientos naturales… Inspira virtud, amabilidad, bondad, ternura, mansedumbre y caridad… Ensancha todas las facultades físicas e intelectuales del hombre”4.

  1. PERDONÉMONOS A NOSOTROS MISMOS Y A LOS DEMÁS.

El perdón es una parte importante del hecho de dejar atrás nuestro mal comportamiento. Cuando realizamos los cambios necesarios, debemos perdonarnos a nosotros mismos, pero puede que también tengamos que perdonar a los demás que hayan estado viajando con nosotros por el camino equivocado. El perdón nos ayudará a desprendernos del mal comportamiento al que intentamos renunciar. El Libro de Mormón nos dice cómo podemos saber que hemos hecho el cambio de mal para bien. Después de que el rey Benjamín hubo pronunciado su magnífico discurso sobre Cristo, los nefitas clamaron a una voz:

“…el Espíritu del Señor Omnipotente… ha efectuado un potente cambio en nosotros, o sea, en nuestros corazones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente…

“Y es la fe que hemos tenido en las cosas que nuestro rey nos ha hablado lo que nos ha llevado a este gran conocimiento, por lo que nos regocijamos con un gozo tan sumamente grande”5.

Al sentir gozo y paz, sabremos quiénes somos y obraremos de acuerdo con ese conocimiento.

  1. OBTENGAN CONFIANZA AL TOMAR BUENAS DECISIONES.

Ahora están empezando a tomar decisiones importantes. Las decisiones tienen consecuencias y, hasta cierto punto, éstas les afectarán no sólo por el resto de sus días, sino por toda la eternidad. Recuerden, mis jóvenes amigos, que la fama y la fortuna no son necesariamente sinónimos de felicidad. Es mucho mejor tener confianza en uno mismo y estar conforme con lo que se es, lo cual depende por entero de la habilidad que tengan ustedes para escoger lo correcto. También es importante destacarse en algún campo.

Al volvernos al Señor, nos hacemos merecedores de la compañía del Espíritu Santo, lo cual tiene un efecto profundo en nuestro bienestar.

Al volvernos al Señor, nos hacemos merecedores de la compañía del Espíritu Santo, lo cual tiene un efecto profundo en nuestro bienestar.

El verano pasado se celebraron los Juegos Olímpicos en Sydney, Australia. Los varios eventos olímpicos iban acompañados de ciertas reglas y limitaciones: los corredores y los nadadores tenían que permanecer en sus marcas, los lanzadores de peso debían permanecer dentro del círculo delimitado en el terreno y los luchadores tenían que estar sobre la lona, pues de lo contrario los atletas serían descalificados. Además, estaba prohibido el uso de estimulantes.

Un joven de Denver, Colorado, que ganó una medalla de plata, posteriormente fue recompensado con la de oro debido a que el ganador de su prueba quedó descalificado por utilizar un esteroide prohibido. Él respondió, aludiendo a la pérdida de la medalla por parte de su desafortunado competidor:

“Me da mucha lástima lo que le pasó, pero todos tomamos decisiones… Él tomó la suya y yo la mía… “Creo que Dios me estaba cuidando. Creo que Él cuida de todos nosotros. He aprendido muchas lecciones con lo que ha ocurrido; he experimentado la agonía de la derrota antes del éxtasis de la victoria, lo cual me ha convertido en una persona más fuerte, tanto mental como espiritualmente” 6.

Crecemos y nos desarrollamos al tomar buenas decisiones. La confianza aumenta cuando decidimos orar cada día, asistir a las reuniones sacramentales, cumplir con la Palabra de Sabiduría, obedecer a nuestros padres y líderes del sacerdocio, leer las Escrituras y controlar los apetitos del cuerpo.

  1. PRESTEN SERVICIO.

Si realmente queremos sentirnos mejor con nosotros mismos, debemos llevar a cabo obras de bondad. La bondad moldea nuestro carácter y nos hace más semejantes a nuestro Padre Celestial. El Salvador nos enseñó: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”7. Cuando demostramos nuestro amor por los demás, a cambio entenderemos mejor el amor que nuestro Salvador tiene por cada uno de nosotros y que somos hijos de un Padre Celestial amoroso. De vez en cuando debiéramos buscar oportunidades de prestar servicio público. De hecho, tal como escribió una vez un prominente psiquiatra: “Sentimos placer cuando nos relacionamos con otras personas, y cuando ellas se relacionan con nosotros; mas sentimos dolor y soledad cuando no lo hacemos. El sendero que conduce a una identidad aceptable en cualquier sociedad es la participación” 8. Podemos recibir gran satisfacción al ayudar al pobre, al enfermo, al anciano o a cualquier otra persona que tenga necesidades especiales. Miren a su alrededor; hay todo tipo de oportunidades.

  1. ESCOJAN LA FELICIDAD.

La más fundamental de todas las búsquedas del hombre es la de la felicidad. Cada uno escoge su propia felicidad. Tal como dijo una vez el presidente Harold B. Lee (1899–1973): “La felicidad no depende de lo que pase fuera de uno, sino de lo que sucede en el interior. Se mide por el ánimo con que enfrentamos los problemas de la vida”9. A menudo será necesario que escojamos entre pasar un buen rato y vivir una vida buena.

Si realmente queremos sentirnos mejor con nosotros mismos, debemos llevar a cabo obras de bondad. La bondad moldea nuestro carácter y nos hace más semejantes a nuestro Padre Celestial.

Si realmente queremos sentirnos mejor con nosotros mismos, debemos llevar a cabo obras de bondad. La bondad moldea nuestro carácter y nos hace más semejantes a nuestro Padre Celestial.

Cada uno de nosotros nace con hormonas naturales de “felicidad”, las cuales, cuando se estimulan, segregan en nuestro cuerpo poderosas sustancias químicas. Las hay de muchas clases y algunas se llaman endorfinas. Generalmente, cuando sentimos dolor o ansiedad, las endorfinas nos producen una sensación de bienestar. Hace tiempo que la ciencia médica sabe que nuestra actitud y nuestro bienestar mental afectan nuestra salud física. Un letrero en un gran hospital dice: “La risa es la mejor medicina”. Sonreír es bueno para el alma.

El sonreír proporciona a nuestro rostro un brillo que irradia a los demás. El ser amigables con nuestros vecinos, con la gente de la escuela, de la Iglesia o del trabajo es una gran forma de mostrarle al Señor que queremos guardar el convenio que hicimos al bautizarnos de “llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras”10. Recomiendo que seamos amigables porque hay demasiada gente tímida o solitaria necesitada de una palabra amable o de una sonrisa. El edificar a los demás nos hace crecer espiritualmente y es también la forma de obrar del Maestro11. A semejanza de Anna en El Rey y yo, encuentro que el silbar “una tonadilla feliz” y el cantar (¡especialmente cuando estoy solo!) también pueden elevarme los ánimos.

Hace muchos años, mi padre nos contó de cuando dio un paseo por el bosque con un viejo amigo, el juez Bringhurst. El juez cantó tan fuerte por el camino que asustó a toda la vida animal, pero mi padre dijo que disfrutó tanto de las canciones del juez que no se preocupó por no ver animal ni pájaro alguno. De manera que cuando reímos, sonreímos, cantamos, silbamos o hacemos ejercicio, nos sentimos mejor. Nuestras preocupaciones, o las olvidamos o quedan en una perspectiva mejor. Cuando extendemos una mano amiga a los demás, estimulamos las hormonas de la felicidad y descubrimos nuestro verdadero yo.

Recuerdo un estudio realizado hace algunos años con el fin de determinar qué influencias hacían que los jóvenes siguieran adelante por el sendero estrecho y angosto. Naturalmente, había ciertas influencias críticas, todas ellas importantes, entre las que se incluían la influencia de los padres, de los asesores del sacerdocio y de las Mujeres Jóvenes, de los líderes Scout y de los amigos. Pero me quedé sorprendido al encontrar un denominador común de gran importancia a lo largo del estudio. Se trataba de la creencia de que un día cada uno de nosotros sería responsable ante el Señor de sus acciones. Muchos creían que “el guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque él no puede ser engañado, pues su nombre es el Señor Dios”12. Aquellos que tenían una perspectiva eterna tenían también una porción adicional de fortaleza y de determinación espiritual. El sentir una responsabilidad personal ante el Salvador por nuestras acciones y mayordomías, y el responder por ello, nos proporciona una profunda protección espiritual.

Ralph Waldo Emerson nos dio un criterio mediante el cual podíamos medir nuestro éxito personal, cuando escribió:

¿Qué es el éxito?
Reír mucho y con frecuencia;
ganar el respeto de la gente inteligente
y el afecto de los niños;
Merecer el aprecio de críticos honrados
y superar la traición de los falsos amigos;
Apreciar la belleza;
Hallar lo mejor de los demás;
Dejar el mundo un poco mejor, bien al
criar a un niño sano, plantar un huerto
o solucionar un conflicto social;
Saber que alguien se ha beneficiado
porque hemos vivido;
Eso es tener éxito.
(Traducción libre).

Así que, ¿quiénes creen que son? El profeta José Smith dijo: “Si los hombres no entienden el carácter de Dios, no se entienden a sí mismos”13. El saber quiénes son, quiénes son en realidad, está estrechamente ligado a conocer a Dios, pues son Sus hijos. El cumplir con las sugerencias sencillas que he bosquejado les servirá para conocer a Dios y, por tanto, a ustedes mismos. Creo en ustedes, en que serán obedientes y valientes y que recibirán las bendiciones del Señor en su búsqueda por establecer su identidad como Sus hijos e hijas escogidos.

NOTAS

  1. Citado en Sarah Jane Weaver, “Developing a Healthy Self-Regard”, Church News, 10 de febrero de 1996, pág. 2.
  2. Alma 41:10.
  3. Gabriella Tortes, “ ‘Gabby, You’re Sooo Skinny’ ”, en Chicken Soup for the Teenage Soul: 101 Stories of Life, Love and Learning, compilado por Jack Canfield, Mark Victor Hansen, Kimberly Kirberger, 1997, págs. 234–235; cursiva en el original.
  4. Key to the Science of Theology, novena edición, 1965, pág. 101.
  5. Mosíah 5:2, 4.
  6. Brandon Slay, citado en “U.S. Wrestler Savors Gold, Even Though It Came Late”, Deseret News, 24 de octubre de 2000, pág. D3.
  7. Mateo 22:39.
  8. Citado en The Teachings of Harold B. Lee, editado por Clyde J. Williams, 1996, pág. 477.
  9. “A Sure Trumpet Sound: Quotations from President Lee”, Ensign, febrero de 1974, pág. 78.
  10. Mosíah 18:8.
  11. Véase Lucas 6:31.
  12. 2 Nefi 9:41.
  13. Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 425.
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Una respuesta a Quiénes creen que son?

  1. Inmejorable discurso para meditar y hacer y sobre todo compartir

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