Los “palos” en la profecía de Ezequiel

Los “palos” en la profecía de Ezequiel

Keith H. MeservyPor Keith H. Meservy
Liahona Diciembre 1983

Generaciones enteras de misioneros han citado este pasaje de las Escrituras:

“Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros.
“Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.” (Ezequiel 37:16-17.)

Para todo Santo de os Últimos Días, este pasaje indica que Ezequiel sabía que el palo de José, el Libro de Mormón, sería unido en los últimos días al palo de Judá, la Biblia, para ayudar al Señor a lograr la restauración de Israel. Es cierto que dentro de la Iglesia los intérpretes bíblicos no han podido concordar a qué clase de “palos” se estaba refiriendo Ezequiel, ya sea que fuera un palo con muescas, un rollo de pergamino o un cetro. A pesar de esto, la Iglesia, con la ayuda de D. y C. 27:5, ha mantenido su convicción de que cada palo representa un volumen de Escritura.

Sin embargo, esta interpretación no se ha visto libre de oposición, pues los eruditos bíblicos fuera de la Iglesia mantienen que la interpretación tradicional cristiana del “palo” como vara o cetro concuerda mejor con lo que dice Ezequiel. También indican que inmediatamente después de que surgió la profecía del palo, el Señor dijo: “Yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones… y los traeré a su tierra; y los haré una nación… y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, y nunca más serán dividí- dos en dos reinos” (Ezequiel 37:21-22).

Y en forma bien clara concluyen que al unir los cetros de estas dos tribus, vívidamente se está simbolizando la reunificación de tas tribus divididas.

La interpretación que le dio el profeta José Smith ha parecido extraña y fuera de armonía, pues los críticos afirman que lo que José Smith hizo fue interpretar un pasaje de Escritura fuera de su contexto para probar un punto.

En vista de esta clase de crítica, el élder Harold B. Lee, en el año 1968, hablando a profesores de Seminarios e Institutos reunidos en la Universidad Brigham Young, reafirmó nuevamente la interpretación que la Iglesia le ha dado a ese pasaje en las siguientes palabras:

“Según informes recibidos, algunos enseñan que el palo de José no se está refiriendo al Libro de Mormón y que la sección 27, versículo 5 de Doctrina y Convenios, que declara que efectivamente es así, no debe considerarse literalmente. ¡Que Dios no permita que ninguno de ustedes, maestros, enseñen doctrina semejante o permitan que se enseñe sin hacer de su parte una objeción, pues ustedes conocen la verdad y tienen un testimonio!” (“Viewpoint of a Gianf, BYU, 18 de julio de 1968, pág. 6; publicado por el Departamento de Seminarios e Institutos de Religión.)

El bajo relieve representa a un hombre llevando unas tablillas con apariencia de libro. En el “lomo” de los “libros” es donde en realidad se encontraban las bisagras de las tablillas.

Descubrimientos recientes confirman ahora que la interpretación dada por José Smith es correcta y lo prueban de una manera que era imposible de probar en 1830. Sin embargo, antes de analizar estos nuevos descubrimientos, examinemos rápidamente algunos puntos de carácter lingüístico. La palabra hebrea usada en este lugar en Ezequiel es etz, cuyo significado básico es madera.

El término etz aparece aproximada­mente 300 veces en el texto hebreo.

Cuando miramos la versión griega del Antiguo Testamento que fue traducida por tos judíos para su uso en el tercer siglo antes de Cristo, vemos que el término etz se traduce como madera (ksylon) 249 veces y como árbol (dendron), únicamente 15 veces. Estos traductores sabían el idioma hebreo y lo comprendían intuitivamente. Así que es obvio que para ellos la palabra madera fuera significado fundamental del término etz.

Por eso es aún más sorprendente descubrir que estos traductores de la versión griega y del Antiguo Testamento no usaron la palabra madera en el crucial capítulo 37, sino que usaron la palabra vara (rabdos). Lo que es especialmente singular es que éste es el único ejemplo en toda la Biblia en griego en que etz se traduce como rabdos.

¿Por qué lo hicieron? La respuesta es vital ya que esta traducción singular es la que la mayoría de nuestros intérpretes modernos utilizan para descifrar el significado de este pasaje. Los eruditos han expresado la hipótesis de que el relato de Números 17:2-3 haya influido en la decisión del, traductor. En esos pasajes el Señor le requirió a cada líder de las tribus que escribiera su propio nombre sobre una vara (rabdos) y la dejara por la noche en el tabernáculo. La conexión que existe entre el pasaje en el capítulo 37 y los nombres de las tribus es obvio; además está aquella profecía al final del capítulo que dice que los reinos de Israel (Efraín) y Judá volverán a estar unidos.

ensignlp.nfo-o-27caEstas tablillas para escribir todavía contienen algo del relleno de cera y sulfuro de arsénico. Esta última substancia hizo que la cera se mantuviera suave y le dio un color amarillo brillante.

El único problema de esta explicación es que la palabra traducida como vara en Números no es etz, sino matteh, la cual es una buena palabra hebrea, que literalmente significa vara, de manera que si eso fuera lo que Ezequiel quiso dar a entender, ¿por qué no usó también el término matteh? Con estos antecedentes, los descubrimientos de los arqueólogos y los lingüistas en Irak cobran un nuevo significado.

La nación moderna de Irak incluye casi toda la Mesopotamia, la tierra de los antiguos reinos de Asiria y Babilonia. En el año 593 antes de Cristo, cuando Ezequiel fue llamado para ser profeta, vivía desterrado en Babilonia entre los judíos que habían sido llevados allí por el rey Nabucodonosor. Mientras caminaba por las calles, debió haber visto a un escriba común grabando en las húmedas tablillas de barro con un estilete o punzón en forma de cuña, para hacer aquellos escritos complejos que conocemos como la escritura cuneiforme. Hoy día los eruditos saben que en aquella época en la Mesopotamia también se hacían otras clases de registros: Papiros, pergaminos y tablillas de madera. A pesar de que las tablillas de barro son las únicas que se han conservado a través de los milenios, las personas que las escribieron se refirieron en ellas a los otros materiales que empleaban para guardar registros.

Los arqueólogos modernos saben lo que son los papiros y los pergaminos, pero ¿en qué consistían esas tablillas de madera? ¿Cómo pudo registrarse la escritura cuneiforme en la madera? Los eruditos concluyeron especulativamente que los moradores de la Mesopotamia debieron haber pintado los caracteres cuneiformes en la madera.

Sin embargo, esa conclusión fue rechazada hace algunos años cuando San Nicolo descubrió dos tablillas de barro en los archivos del templo de Eanna en Uruk (Erech), al sur de Babilonia, siendo una de ellas del año 596 a. C. y la otra del año 582 de la misma época. Los dos escritores mencionaron que habían obtenido cera de abejas (y alguna otra sustancia desconocida para San Nicolo) del tablillas de madera. ¿Un relleno? San Nicolo recordó que los romanos y los griegos habían hecho tablillas de madera con el propósito de llevar registros. Las tablas que utilizaban tenían la superficie ahuecada hasta cierta profundidad, la que luego rellenaban con una capa delgada de cera. Los escribas entonces escribían sobre esa cera. En las tablas dejaban las orillas más altas para proteger la superficie grabada, y de esa forma poder colocar dos planchas juntas.

¿Acaso los babilonios hicieron la misma cosa? San Nicolo llegó a la conclusión de que para un escritor de caracteres cuneiformes, el escribir sobre cera con un estilete o punzón tiene que haber sido como escribir sobre barro, mientras que el haber pintado en las tablas de madera hubiera ocasionado un proceso completamente diferente. El concluyó que las planchas de madera con escritos babilonios consistían en una tabla con cera donde se grababan los diferentes caracteres. Así que en 1948 publicó al mundo de eruditos sus conclusiones. Una de sus hipótesis fue que la razón por la que las tablas con cera nunca se habían encontrado era porque debían de haber sido sumamente perecederas. Sin embargo, cinco años más tarde, un descubrimiento realizado en el territorio que había constituido la Siria antigua llenó de gran asombro a los arqueólogos copartícipes de esta teoría, y confirmó que dicha teoría no estaba equivocada.

El descubrimiento, dirigido por el arqueólogo Max Mallowan, se efectuó en una capa de sedimento en la profundidad de un pozo en Nimrud, ciudad conocida en la Biblia como Cala (Gén. 10:11-12). Lo primero que se encontró fue la mitad de una tabla de marfil llana de aproximadamente 150 centímetros de largo por 150 de ancho y doce centímetros de espesor. Al finalizar ese día los hombres que trabajaban en esta excavación encontraron la otra mitad de esta tabla quebrada. Para el momento en que finalizaron su trabajo, habían encontrado fragmentos de dos juegos completos de tablillas, uno de marfil y otro de nogal, y cada juego se componía de 16 tablas. Ambos juegos habían sido hechos con tablas del mismo tamaño: Trescientos treinta centímetros de largo por 152 de ancho y 12 de espesor.

Toda la parte plana o la superficie de las tablas había sido ahuecada para que tuviera una profundidad de dos centímetros y medio, dejando intactas las orillas de las tablas en todo su derredor. La parte de las tablas que había sido ahuecada se llenaba con cera, de la cual se encontraron algunos fragmentos parecidos a galletas, los cuales estaban adheridos a las tablas o entre el barro del pozo.

El barro había borrado casi todo lo escrito; sin embargo, la evidencia quedaba, porque uno de los fragmentos todavía contenía escritos cuneiformes legibles. Las tablas que servían como cubierta, y cuya superficie externa no tenía cera, conservaban en ambos lados marcas de bisagras, lo cual daba la impresión de que las 16 tablas de cada juego en alguna ocasión habían estado unidas en forma de biombo. El descubrimiento total proporcionó un registro extenso, y Mallowan pudo anunciar que su descubrimiento consistía en el ejemplo más antiguo conocido de lo que hoy llamamos un libro.

Los análisis de laboratorio proporcionaron detalles adicionales en cuanto al relleno. El 20 por ciento era de sulfuro de arsénico y el ochenta por ciento era de cera. El sulfuro de arsénico debe haber sido la otra sustancia que San Nicolo no pudo identificar cuando leyó las planchas de barro. Se usaba para conservar la cera lo suficientemente suave como para que el instrumento puntiagudo que se utilizaba pudiera grabar claramente los caracteres y también para darle a la superficie un color amarillo brillante. Los pequeños escritos hechos en forma muy pulcra y preservados sobre aquel – fragmento de cera son tan compactos que los treinta lados de un juego en los que se podía escribir, podrían muy bien haber contenido aproximadamente 7.500 líneas de texto.

En la cubierta de uno de los libros de madera se encuentra la siguiente inscripción: “Palacio de Sargón [véase Isaías 20:1], Rey del mundo, Rey de Asiría. El hizo que el texto que comienza con las palabras Enuma Anu Enlil se grabara en una plancha de marfil y se colocara en su palacio de Dur- Sharrukin.” Cuando Sargón murió en el año 705 a. C., el palacio fue saqueado y las tablas fueron arrancadas de las bisagras, las cuales posiblemente eran de oro; luego, pensando que las tablas no tenían ningún valor, las tiraron en el pozo. Este descubrimiento confirmó la hipótesis de San Nicolo. Los eruditos sabían que las tablas de madera habían sido usadas en el reino del antiguo Babilonia desde el año 1700 a. C., porque se hace referencia a la palabra is le ‘u (tabla de madera) en las escrituras cuneiformes. Estas tablas se continuaron usando mil años después en Asiria para escribir textos religiosos, ritos, informes, pedidos reales, para registrar los nombres de individuos y para registrar los detalles de una herencia, las cartas de porte y los registros de distribución de aceite.

Una vez que fue identificado uno de estos juegos, los eruditos reconocieron que los bajo relieves de los asirios proporcionaban una evidencia visual de su uso, Estos también se encontraron en monumentos antiguos entre los arameos del norte de la Mesopotamia. Hasta ahora no se han encontrado ejemplos de los heteos; sin embargo, San Nicolo mencionó que los heteos, quienes también usaban la escritura cuneiforme, habían mencionado haber escrito algunos de sus registros sobre madera y empleaban un nombre especial para el escriba encargado de hacerlo. Los eruditos clásicos han sabido que los griegos y los romanos emplearon tablas con cera. Zacarías escribió el nombre de su hijo, Juan el Bautista, en una de estas tablas (Lucas 1:63). En Europa su uso continuó hasta por lo menos el siglo XIV después de Jesucristo. En resumen, el uso de las tablillas con cera para escribir fue una práctica antigua bastante común que se extendió por miles de años (1700 a, C, hasta 1400 de nuestra era) y en muchas culturas.

¿En qué forma nos ayuda este conocimiento a entender este versículo de Ezequiel 37? Todos los que han tenido que ver con su interpretación han llegado a la conclusión de que cualquier interpretación de este pasaje debe ser consistente con lo que se conoce del idioma y también debe estar en armonía con lo que se conoce del contexto de la profecía, ya que el contexto determina el significado.

El contexto de Ezequiel se refiere al mundo de Babilonia con sus costumbres y sus prácticas; su idioma es el hebreo, un idioma hermano del idioma de Babilonia. El término babilonio is es semejante al término hebreo etz, los cuales significan madera. El hecho de que en una escritura babilónica a la tablilla de marfil se le llame is le ‘u hecha de shin piri (“tablilla de madera hecha de marfil de elefante”), lo cual parece un contradicción absurda, indica que el término is le ’u no significa más “tablilla de madera”, sino que su significado es “tablilla para escribir”, cualquiera que sea el material con que se haya hecho. Asimismo, el término latino para libro, líber, originalmente significaba “corteza de árbol”. Sin embargo, hoy día a un bibliotecario no se le conoce como especialista en corteza de árboles.

Teniendo presentes estos antecedentes, podemos ver cómo es que podríamos traducir los versículos 15 al 17 del capítulo 37 de Ezequiel.

“Estas fueron las palabras que el Señor me dijo: Hombre, toma una tablilla de madera y escribe en ella, ‘Judá y sus asociados de Israel’, Luego toma otra tablilla y escribe en ella, ‘José, la tablilla de madera de Efraín y todos sus asociados de Israel’.

“Luego júntalas para formar una sola tablilla, y entonces serán una tablilla plegadiza en tu mano.”

Esta traducción es fiel a lo que por ahora conocemos del idioma y de la cultura de Ezequiel. De hecho, la traducción aparece así en la Nueva Biblia Inglesa (New English Bible), cuya traducción fue patrocinada por las principales iglesias protestantes y sociedades bíblicas de las Islas Británicas,

Por lo tanto, no necesitamos ponernos a la defensiva cuando se habla de los palos como si fueran “registros”. De hecho, ahora se trata de lo opuesto: Aquellos que hasta ahora los han interpretado como cetros, o lo que sea, deben explicar cómo pueden mantener a Ezequiel en su verdadero medio ambiente mientras dan esa clase de interpretación.

Poco después de que las excavaciones hechas por Mallowan en el pozo antiguo sacaron a luz las tablillas de madera, las paredes del pozo se desplomaron, casi sepultando al anciano que por medio de cuerdas había descendido hasta la parte más profunda. Además de reconocer su gran fortuna al poder sacar del pozo tanto las tablillas como a los hombres que trabajaban en él antes de que se desplomara totalmente, Mallowan registró su sentimiento de que habían tenido más que suerte al encontrar las tablillas.

Estas fueron sus palabras: “El que esta materia orgánica se haya conservado en el fondo de un pozo… parece ser casi un milagro, sin embargo, el hecho se puede explicar debido a las propiedades especiales del sedimento,

“Esta buena suerte tan sorprendente nos ha permitido rescatar del abandono y del olvido una clase de documento que, aunque en una época debe de haber existido por lo menos en otras cien ciudades del Asia Oriental, únicamente sobrevivió en una. Aquí es donde tenemos la evidencia del material más antiguo que hasta ahora conocemos, y que entonces debió haber sido una forma común de llevar registros,”

¿Fue acaso una suerte sin igual? ¿o un milagro? No es mayor que el hecho de que el profeta José Smith, en un remoto lugar de Nueva York a comienzos del siglo XIX, interpretara un pasaje bíblico de una forma contraria a la interpretación lógica y acostumbrada que se le daba a ese pasaje, únicamente para ser corroborada por medio de ¡os descubrimientos efectuados en el siglo, Es maravilloso tener detalles como éste, que hacen que la totalidad del evangelio restaurado sobresalga aún más claramente, mostrando de nuevo cuán infinita fue la inspiración que recibió José Smith durante su corto ministerio.

Keith H. Meservy, profesor asistente de escritura antigua en la Universidad Brigham Young, es un miembro de la Estaca Sharon East de Provo, Utah,

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Una respuesta a Los “palos” en la profecía de Ezequiel

  1. Cadillo dijo:

    ¡Infinita inspiración recibida por José Smith! claro, al igual que lo dicho sobre los cumomes y curulomes, las palabras en egipcio reformado, la tierra de Zarahemla y demás misterios. ¿Quién más podía saberlo? Gracias al profeta sabemos que los indígenas americanos vienen de los lamanitas. ¡miserables científicos ignorantes! ¡cómo se atreven a decirnos que éstos descienden de aquellos que cruzaron el estrecho de Bering! Queridos amigos ignoremos las pruebas de ADN, aferrémonos a la esperanza de que algún día sabremos toda la verdad y toda la aplastante evidencia en nuestra contra desaparezca, ah, y si todo esto falla pregúntemosle al divino si el libro de mormón es verdad, no importa que los budistas, musulmanes y todo aquel crédulo que no pueda argumentar su fe haga lo mismo.

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