La ciencia y el conocimiento de Dios
por Henry Eyring
Este artículo es un resumen de un discurso dado por el Dr. Henry Eyring, distinguido Profesor de Química de la Universidad de Utah, y ex presidente de la Asociación para el Progreso de la Ciencia.
Para mí, el evangelio se basa en el principio del análisis. El Señor nos dijo que pusiéramos a prueba sus palabras, para saber si su doctrina era verdadera:
“…si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.” (Juan 7:17.)
Y la ciencia, por supuesto también está basada en el mismo principio: está basada en el experimento, el análisis, la verificación, etc. Este método hace que la ciencia sea lo que es. Esta similitud entre el evangelio y la ciencia hace posible que una persona pueda ser a la vez científico y Santo de los Últimos Días.
Es por eso que no me sentí molesto cuando alguien me dijo:
— Henry, ¿ves aquel hombre? Es un desecho humano a pesar de que es un miembro de la Iglesia mormona.
Le di la razón, pero agregué:
— ¿Te imaginas cómo sería si no fuera por el evangelio?
Puede que el evangelio no haga cambiar totalmente a una persona, pero cualquiera que lo ponga en práctica llegará a ser mejor. Yo lo he hecho y he comprobado que esto es verdad.
Pienso que debemos contar con que la religión esté acompañada de revelaciones de Dios; no puedo apartarme de la idea de que existe una guía divina, un Dios que siente compasión por nosotros, nos ama y puede comunicarse con sus hijos.
Cuando alguien me pide que pruebe la existencia de Dios, me pregunto qué querrá decir; supongo que debe querer que lo pruebe por medio de la lógica; sin embargo, la lógica no es suficiente para establecer la verdad y no siempre nos lleva a sacar conclusiones correctas. En la Edad Media, algunos pensaban que el mundo era plano, y para ellos esto era perfectamente lógico. Pero a pesar de usar la lógica, se basaban en observaciones falsas y por lo tanto llegaron a conclusiones incorrectas.
La verdad es que, tanto en el evangelio como en la ciencia, sólo las suposiciones correctas nos pueden llevar a sacar conclusiones acertadas.
Lo que creemos acerca del mundo que nos rodea son las hipótesis o conjeturas que nos hemos formado, y están basadas en nuestra propia experiencia y en la de otras personas.
Si se me pidiera que expusiera mis convicciones, o conjeturas, empezaría diciendo: “Creo que existe una Inteligencia Suprema en el universo”, y nadie podría decir que este pensamiento es ilógico; lo único que le quedaría por hacer sería disentir.
Si se me preguntara cómo llegué a esta conclusión, diría que lo hice basándome en mis experiencias y en las experiencias de otras personas. Cuando me pongo a pensar en lo que les pasó al apóstol Pablo y a José Smith, y descubro la maravilla de las leyes científicas, me veo obligado a preguntar: “¿Qué hay detrás de todo esto?” Por supuesto que cada uno saca sus propias deducciones al respecto.
Y llego a la conclusión de que hay una Inteligencia Suprema: Dios, a quien honro. Lo que quiere decir que continuaré orando porque creo que Dios, el Ser más sabio del universo, sabe lo que pienso v siento, y se preocupa por mí.
Algunos, sin embargo, sacan en consecuencia que la injusticia del mundo es prueba suficiente de que Dios no existe. Yo, por lo contrario, pienso que El, que es a la vez justo y misericordioso, puede y quiere compensarnos en el mundo venidero, por lo que podamos haber sufrido en la tierra.
En resumidas cuentas, utilizo el mismo razonamiento y los mismos métodos de experimentación y análisis para llegar a mis conclusiones científicas, que para alcanzar mí fe religiosa.
Ahora relataré lo que me pasó en septiembre de 1919: Me encontraba en Pima, Arizona, y ese viernes, sumamente caluroso, había pasado todo el día acarreando heno.
El lunes siguiente iba a empezar a tomar clases en la Universidad de Arizona con el propósito de estudiar ingeniería de minas, y mi padre, que quería asegurarse de que yo seguiría portándome bien una vez que estuviera fuera de casa, me invitó a sentarme a hablar con él.
— Somos buenos amigos, ¿no es cierto? —me dijo.
— Sí, eso creo —le contesté.
— Henry, hemos cabalgado juntos por las llanuras y hemos cultivado la tierra el uno al lado del otro, y pienso que nos entendemos bien. Lo que quiero decirte es que estoy convencido de que el Señor se valió de José Smith para restaurar su Iglesia. No me cabe la menor duda de que fue así. Hay muchas cosas en el mundo que no veo con tanta claridad; pero en esta Iglesia, no tenemos que creer nada que no sea verdad. Ve a la Universidad de Arizona y aprende todo lo que puedas, porque todo lo que es verdadero es parte del evangelio. Yo sé que el Señor realmente controla el universo y estoy convencido de que El inspiró y guio al profeta José Smith. Además quiero decirte que si cuando estés en la universidad, te cuidas de no blasfemar, vas a la Iglesia, vives una vida limpia que te permita sentirte cómodo en la compañía de buena gente, y cumples con los demás mandamientos como hasta ahora, no tendré que preocuparme, porque sé que no te apartarás.
De esto hace unos sesenta años y todavía estoy aprendiendo; pero sigo convencido de que Dios existe y de que se valió del profeta José Smith para restaurar el evangelio, de la misma forma en que transformó a Pablo, el Apóstol, de enemigo de la Iglesia que era, en el misionero más grande de todos los tiempos. ¿Y por qué lo hizo? Simplemente porque lo necesitaba. ¿Y por qué se valió del profeta José Smith? Porque éste tenía la habilidad poco común de escuchar atentamente.
Hay muchísima gente inteligente en el mundo; hay personas tan brillantes que creen que lo saben todo. Una de las cualidades que caracterizaba a los hombres que ayudaron a encaminar la Iglesia en los primeros tiempos, era la de ser lo suficientemente humildes como para prestar oído a los consejos del Señor. Es importante que nosotros también desarrollemos esta cualidad, porque Dios también puede utilizamos para llevar a cabo Sus propósitos, pero sólo si estamos dispuestos a escuchar.
Creo que lo más importante, es que Dios puede hablamos; si tenemos la humildad necesaria para acercamos a Él por medio de la oración, con la actitud adecuada, El podrá comunicamos directamente Su voluntad.
Si poniendo el evangelio a prueba, como recomendó Jesucristo, llegáis a la misma conclusión que yo de que el Señor es sabio, que puede hablarle a quien desee y decirle lo que le plazca, habréis usado el método científico para acercaros más a Dios.
Por causa de sus muchas limitaciones, la ciencia nos ayuda a mantenemos lo suficientemente humildes como para escuchar y adquiere en nuestra vida un papel muy importante cuando sirve ese propósito.
En resumen, el evangelio nos enseña a poner a prueba las palabras del Señor, a hacer como el científico: suponer, predecir, medir, analizar, comparar los resultados con la hipótesis y llegar a conclusiones verdaderas.
Yo he seguido este método para llegar a la conclusión de que este evangelio es verdadero; de que existe una Inteligencia Suprema, un Dios que nos ama, que se comunica con Sus hijos, quien habló a José Smith y en la actualidad revela Su voluntad a Sus. Siervos.
Este es un mensaje en el que muchos grandes hombres han creído a través de las épocas, y hoy sigue siendo tan importante como lo fue en el pasado.

























