Noviembre de 1979
La importancia de «tener tiempo» en el matrimonio
por el Dr. Lindsay R. Curtis
Un amigo mío, importante hombre de negocios, me confesó el principal secreto de su éxito como persona… y éste no tenía nada que ver con su habilidad de negociante. Él lo descubrió un día al sonar el teléfono, en momentos en que estaba muy ocupado ayudando a un cliente, mientras otro esperaba su tumo.
—Es su esposa, señor —le anunció la secretaria.
—Hola, mi amor —dijo la voz en el tubo—. ¿Cómo estás?
—Estoy muy bien, querida, pero terriblemente ocupado. ¿Tienes algún problema? ¿Para qué me llamaste? —replicó él con impaciencia no disimulada.
Hubo una pequeña pausa, y luego la voz volvió a oírse, pero con un dejo de tristeza.
—No… no es nada. Sólo necesitaba oírte por un momento. Perdóname por molestarte cuando estás tan ocupado.
Mi amigo quiere mucho a su mujer, más que a nadie en el mundo, pero hasta ese momento no había pensado en que ella se quedaba en la casa todo el día, sola con cuatro niñitos menores de cinco años, rodeada por su constante parlotear, sus peleas, sus ruidosos juegos y su continua dependencia de la madre. Ella también estaba ocupada… además de nerviosa. Prudentemente, decidió disculparse por su falta de cortesía, le dijo lo mucho que la amaba, le aseguró que estaba encantado de oír su voz en cualquier momento, y la invitó para salir esa noche.
¿Cuál fue su descubrimiento? Veámoslo en sus propias palabras:
Puesto que mi esposa es para mí la persona más importante del mundo, por supuesto, debe tener prioridad en el uso de mi tiempo. Desde que he aprendido a dedicárselo, es más feliz; yo también lo soy, y así ambos estamos mejor preparados para cumplir con nuestras responsabilidades.
A través de mi propia experiencia, me he dado cuenta de que los hombres que tienen su tiempo muy ocupado deben aprender la lección que aprendió mi amigo, o sufrir las consecuencias. Como médico obstétrico, paso todo mi tiempo trabajando con mujeres y muchas de ellas me han hablado de lo que sienten con respecto a la forma en que sus maridos hacen uso del tiempo. Una de éstas, casada con un hombre que tiene gran éxito en los negocios, al igual que mi amigo, me dijo:
Mi marido falta de casa durante todo el día, pero yo comprendo que se trata de su trabajo; sin embargo, por las noches es lo mismo que si no estuviera en casa. Todo lo que hace es venir, comer y, o se va apurado a una reunión de la Iglesia o se sienta enfrente del televisor, donde inmediatamente se queda dormido; en realidad, es como si no estuviera ni de día ni de noche. Tengo la esperanza de que las cosas sean diferentes cuando se jubile… pero todavía faltan diez años para eso.
En contraste tengo otra paciente, cuyo esposo es un empresario lleno de energías que acaba de abrir una tienda que forma parte de una cadena de grandes comercios. Yo le pregunté:
—Supongo que sus negocios harán que usted esté sola gran parte del tiempo. ¿Tiene alguna vez él tiempo para dedicar a su familia?
—En realidad —me respondió ella—, viaja muchísimo por asuntos de trabajo. Pero cuando está en casa, lo pasamos tan maravillosamente que no me importa el resto del tiempo. Nos llama por teléfono a menudo, y siempre que puede me lleva consigo o lleva a alguno de los chicos cuando viaja. Mañana llegará de un viaje, ¡y estamos todos esperándolo ansiosos!
Indudablemente, el esposo de esta señora también ha aprendido la lección.
Otra cosa que he descubierto, es que realmente no tiene importancia el motivo que mantiene al marido alejado de su hogar; sea que está de viaje por causa de sus negocios o de su trabajo en la Iglesia, si no encuentra el tiempo para dedicarle a su esposa, está descuidando un primordial aspecto de tal relación matrimonial.
Otro amigo mío, que es obispo, una persona verdaderamente bondadosa y comprensiva, recientemente me dijo:
—Mi esposa y yo estamos realmente ansiosos por dedicar algún tiempo a estar juntos cuando me releven.
Yo conozco a su esposa, y sé que es de las personas que se muerden la lengua antes de quejarse, y nunca haría nada que lo hiciera sentir que no lo apoya en su llamamiento; pero sé que se siente muy sola.
— ¿Por qué no lo haces ahora? —le pregunté—. Cuando te releven de este llamamiento, el Señor tendrá otro para ti.
— ¡Es que ahora no tengo tiempo! —me respondió él.
No obstante, conozco a un presidente de estaca que se hoce el tiempo. Cada vez que tiene un problema que resolver o una reunión a la que asistir, calcula el tiempo que le va a llevar hacerlo, y arregla la pequeña alarma de su reloj de pulsera para que suene dentro del tiempo estipulado. Sus consejeros y los miembros del sumo consejo de la estaca han aprendido a seguir el orden del día al pie de la letra, y hacer que sus informes sean breves y al grano. Al hacer esto, no solamente les da tiempo para pasar con su familia, sino que espera que lo usen con ese propósito. Por supuesto, las esposas de todos los que trabajan en la estaca se lo agradecen profundamente.
Quisiera presentar unas pocas sugerencias especialmente dirigidas a aquellos que piensan que los negocios, la Iglesia o el trabajo civil, les consumen todo el tiempo que deberían dedicar a su familia:
- Es necesario delegar las tareas tanto como sea posible. El ser secretario financiero de un barrio puede convertirse en un trabajo abrumador, si al mismo tiempo se trata de arreglar todas las entrevistas del obispo, de ser el mecanógrafo del barrio, el limpiador, y el secretario histórico. Hagamos nuestro trabajo, y dejemos que otros hagan el suyo. Los mejores obispos que conozco son aquellos que han capacitado tan bien a sus consejeros, que cualquiera de ellos podría reemplazarlos.
Un presidente de estaca sumamente eficiente, aconseja a los miembros del sumo consejo de su estaca: No lleven problemas a nuestras reuniones, lleven las soluciones. Naturalmente, discutirla solución en lugar del problema mismo, ahorra el tiempo de todos los presentes.
- Es indispensable organizar el tiempo. Una de las cosas que debemos hacer es calcular lo más exactamente posible cuánto tiempo nos llevará realizar determinadas tareas. El mantener un registro de la forma en que he hecho uso de mi tiempo, me ayudó a distribuirlo mejor. ¿Podría escribirse una nota o hacerse una llamada telefónica, en lugar de convocar a una reunión? ¿Es posible abreviar el tiempo que se dedica a trasladarse de un lugar a otro, haciendo que la gente concurra a la oficina en lugar de ir a su casa? ¿Podemos encontrar la manera de prever los problemas y evitarlos, en vez de esperarlos y tener que encontramos en una emergencia?
Yo soy un firme defensor de las entrevistas preventivas, no solamente para los obispos y los presidentes de quórumes de élderes, sino para los maestros de la Escuela Dominical, los maestros orientadores, los esposos y padres de familia. La comunicación honesta y sincera que se puede obtener en una entrevista que se realiza adecuadamente, traerá como consecuencia una unidad de propósito y un cimiento de comprensión mutua, que en sí mismos eliminarán muchos problemas.
- Debemos reservar ciertos momentos para la familia, y no solamente aquellos en que llevemos a cabo la noche de hogar. Es necesario también que de vez en cuando nos dediquemos a renovar y refrescar la comunicación conyugal, sin interrupciones ni intrusiones de ninguna clase.
Por la experiencia de mi propio matrimonio, sé sin ninguna duda que no hay nada tan importante como nuestra mutua relación, y que el tiempo que invirtamos en ella en realidad será tiempo que ahorraremos, como padres, como oficiales en la Iglesia, como profesionales.
- Es importante planificar bien el tiempo. Estoy convencido de que la gente más ocupada no “tiene” tiempo, sino que lo encuentra o se lo hace. Si planificamos con dos semanas de anticipación, mi esposa y yo podemos fácilmente reservarnos un período de tiempo que dedicamos a estar juntos; pero no me sería tan fácil hacerlo con solamente veinticuatro horas de antelación.
La planificación produce los mismos buenos resultados empleada en períodos cortos de tiempo. Como médico, con mil-chas pacientes en la sala de espera, todavía puedo encontrar dos minutos de calma y serenidad en el día para llamar por teléfono a mi mujer. Me doy cuenta de que ella me lo agradece, y para mí significa volver a mi trabajo con renovadas energías.
Otra forma en que he encontrado tiempo para mí y para mi esposa, es comer juntos el almuerzo de cuando en cuando, en lugar de hacerlo siempre con mis colegas. También en este caso me he dado cuenta de que los beneficios que recibo por la energía que obtengo de este acto renovador de afecto, son regalos que me motivan a progresar, y que ningún colega podría brindarme, no obstante cuánto aprecie mi labor profesional,
- Es importante elogiarse mutuamente. Todos tenemos por lo menos un buen aspecto de personalidad, y el desarrollarlo hará que Otros rasgos similares se pongan de manifiesto. Sé perfectamente que haría cualquier cosa por no desilusionar a mi compañera, no sólo porque quiero hacerla feliz sino porque ella me hace feliz a mí constantemente, sin fallarme nunca. Quizás las palabras más importantes en el matrimonio sean: “¡Eres maravillosa!” Y el decirlo lleva menos de cinco segundos.
El Libro de Mormón nos recuerda:
“Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra.” (Alma 34:32.)
El élder Neal A. Maxwell lo expresó en esta forma: “El tiempo no puede volver a usarse”. Y esto es cierto; tenemos sólo una oportunidad para aprovecharlo.
Son muy pocos los hombres que, por muy ocupados que estén, puedan pensar que su trabajo es más importante que su esposa; y son muy pocas las mujeres que exigirían que su marido les dedicara t ellas tanto tiempo como el que dedica a su trabajo. Lo único que desean, y sin ninguna duda merecen, es tener prioridad en la manera en que el hombre dispone de su tiempo; y debe ser el cometido de todo marido ocupado el encontrar ese tiempo, esencial para su matrimonio. Puedo asegurar que jamás lo considerará tiempo perdido.
El Dr. Lindsay R. Curtís; conocido médico ginecólogo y obstétrico en los Estados Unidos, es el actual Presidente de la Misión de Catifomia-Oakland.

























