Hombres así no pueden ser vencidos

Abril de 1981
Hombres así no pueden ser vencidos
Por el élder Vaughn J. Featherstone
Del Primer Quorum de los Setenta

Vaughn J. FeatherstoneLos que escalan las montañas más altas de la vida son los hombres que tienen disciplina y voluntad.

Se cuenta que un día, Espínola y Richardet, embajadores enviados por el rey de España para negociar un tratado en La Haya. Holanda, en 1608, vieron que ocho o diez individuos desembarcaban de un bote y. sentándose sobre la hierba, procedían a alimentarse con pan, queso y una bebida.

«¿Quiénes son esos viajeros?» preguntaron los embajadores a un campesino.

«Esos son nuestros reverenciados gobernantes, los diputados del estado», fue la respuesta.

Espínola dijo: «Hombres así no pueden ser vencidos». (Tomado de Happy Homes and the Hearts That Make Them, por Samuel Smiles.) Hace algún tiempo tuve el privilegio de concurrir a una conferencia de estaca en compañía del presidente Spencer W. Kimball. En aquel entonces él no era el Presidente de la Iglesia. El élder Kimball trabajó incansablemente realizando una reunión tras otra hasta muy tarde el sábado en la noche. El domingo a las ocho de la mañana tuvimos una reunión con los obispados y miembros del sumo consejo. Esta reunión fue seguida por la sesión general, una reunión con el quorum de los setenta, una entrevista con el patriarca, la dedicación de una capilla y un discurso ante los alumnos de seminario, reunión que tuvo lugar en la noche. Llegamos a la casa del presidente de la estaca a eso de las nueve de la noche para esperar la salida de nuestro avión, salida prevista para las once de esa misma noche. La esposa del presidente de la estaca amablemente quiso prepararnos la cena. El élder Kimball dijo: «Por favor, todo lo que necesito es un vaso de leche y un poco de pan casero para acompañarla». Hombres así no pueden ser vencidos.

La mayoría de los hombres de igual capacidad directriz se deleitarían comiendo carne de faisán, caviar y otros alimentos exquisitos dignos de un rey. Llenarían su estómago con champaña, licores y vinos al grado de quedar ebrios y tontos. Pero los que corren más rápidamente, los que escalan las montañas más altas, los que nadan a través de las corrientes más peligrosas de la vida son los listos y firmes, los que están preparados, los hombres que tienen disciplina y voluntad. Hombres así no pueden ser vencidos.

Hemos leído de líderes políticos y hombres de negocios que cada noche se atiborran de alimentos y duermen hasta las diez de cada mañana, hombres que pronto pierden su poder. La ley de la cosecha es absoluta. Los que «se zambullen en las profundidades del placer salen con más arena que perlas», dijo un profeta moderno.

Se cuenta que el general Antígono (382-301 a. de J. C, general de Alejandro el Grande) se encontraba preparando a sus hombres para atacar al enemigo. Se bosquejó el plan, se decidió la estrategia y se determinó la hora. El número de los hombres de Antígono era inferior al de los enemigos. Se dio la señal de ataque. Nadie atacó. De hecho, estaban listos para la retirada sin gloria alguna. Antígono preguntó a los capitanes cuál era el problema, a lo que éstos respondieron diciendo que eran tan inferiores en número que los hombres no se atrevían a atacar. Antígono pensó por un momento y luego preguntó: «¿A cuántos os parece que equivalgo yo?» Este espíritu se esparció en las filas; atacaron y vencieron.

¿Cuántos cuenta el Señor para igualar a uno de nosotros? ¿A cuántos equivale un presidente Spencer W. Kimball? ¿Y qué de un Nathan Eldon Tanner, un Marión G. Romney, un Ezra Taft Benson?

Hombres así no pueden ser vencidos. Una vez que vosotros hayáis hecho vuestra contribución en la vida, ¿pensáis que los hombres señalarán vuestras posesiones y fortuna o hablarán de vuestro carácter e integridad?

¿A cuántas personas equivalen Barbara Smith o Belle Spafford?

La declinación y la caída de Roma fue atribuida a la corrupción general de sus habitantes y a su marcada inclinación hacia el placer y la pereza; el trabajo, en los últimos días de Roma, era considerado solamente digno de esclavos. Sus ciudadanos dejaron de enorgullecerse en las virtudes de sus antepasados y el imperio cayó porque no mereció sobrevivir. Del mismo modo las naciones que son perezosas y que se dan a la lujuria, las «que prefieren perder medio litro de sanare», como dijo Robert Burton (clérigo y escritor inglés que vivió entre 1577 y 1640), «en un solo combate, antes que perder una gota de sudor en el trabajo honesto», deben morir inevitablemente. En su lugar surgen las naciones enérgicas, trabajadoras.

En la declaración anterior podríamos reemplazar el vocablo nación por hombres y el principio se aplica igualmente. Los hombres y mujeres de buenos principios no son fáciles de vencer.

El presidente Nathan Eldon Tanner no había alcanzado todavía su punto más alto como uno de los grandes líderes del Canadá. La oportunidad y la riqueza, más allá de lo imaginable, estaban esperándolo. Recibió un llamamiento de parte del Profeta y todo aquello quedó de lado.

El presidente Marión G. Romney estaba en el servicio funerario de su, esposa el lunes 12 de marzo de 1979. El martes este gran hombre concurrió y habló en la dedicación del Templo de Logan, Estos hombres no pueden ser vencidos.

Escuchad la voz de «uno» del pasado que también se puede calificar como nombre invencible. Hablando en la conferencia general de octubre de 1942, el presidente J. Reuben Clark, hijo, miembro de la Primera Presidencia, dijo:

«Creo que yo podría decir que mi relación con vosotros en la Iglesia depende de si acepto o no las revelaciones y los principios que Dios ha revelado. Si no me siento inclinado a hacerlo, entonces no tengo derecho a ser vuestro hermano. Todo aquel que no acepta las revelaciones y los principios que Dios ha revelado se encuentra en esa situación.»

¿No es ésa, acaso, una declaración potente? Tengo fuertes sentimientos de que el Señor ahora ha enviado una generación maravillosa de jóvenes que serán hombres y mujeres invencibles. ¡Qué destino maravilloso es el vuestro! ¡Qué período especial en la historia del mundo en el cual vivimos! Ruego poder vivir lo suficiente como para veros, miles de miles, poneros de pie como la generación de Santos de los Últimos Días a la cual todo el mundo exterior pueda conocer; para que sepa que vosotros sois nombres y mujeres que no se pueden vencer. Vosotros haréis y veréis cosas que nunca han sido hechas por la humanidad. Recordad, mis jóvenes amigos, debéis ser listos y firmes. Debéis estar ^preparados para la carrera. Debéis tener como luces indicadoras en los días obscuros del futuro el carácter, la integridad y los principios de verdad. Me siento emocionado cuando en mi mente veo, como en una visión, la grandeza futura que espera a aquellos que son puros y leales a las enseñanzas y al ejemplo del Maestro.

Ruego que el Señor bendiga a cada jovencito y a cada joven mayor en su gran Iglesia.

Spencer W. Kimball¿Cuándo fue la última vez que tomasteis en vuestros brazos o les pasasteis el brazo alrededor de los hombros a vuestros hijos, para decirles lo felices que os sentís de saber que ellos os pertenecen eternamente? ¿Cuánto hace que vosotros, esposos o esposas, comprasteis un regalito, por barato que fuera, Y lo disteis de sorpresa a vuestro cónyuge, por el sólo hecho de hacer algo que le agradara? ¿Cuándo fue la última vez que llevasteis una flor a vuestra esposa? ¿Cuánto tiempo hace que cocinasteis algo especial para vuestro marido? Cuánto tiempo, desde que hicisteis cualquier cosa agradable el uno por el otro, sólo por hacer brillar la vida con un poco más de calor y afecto?
Presidente Spencer W. Kimball

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