Evidencias del Libro de Mormón

Evidencias del Libro de Mormón


Por Milton R. Hunter
del Primer Concilio de Setenta.
Discurso dado en la Conferencia General de Octubre de 1954
Liahona Febrero 1955


Desde el día en que el ángel Moroni entregó las planchas de oro al profeta José Smith, de las cuales fué traducido y publicado el Libro de Mormón, una abundancia de evidencias maravillosas se han acumulado. Estas evidencias comprueban la autenticidad divina y la verdad de ese registro antiguo y santo.

También, en esta misma época, los enemigos de la verdad y la luz han hecho todo lo que les fuera posible para oponerse al Libro de Mormón, procurando demostrar que sus pretensiones son falsas. Indudablemente algunos de estos hombres se hallaban simplemente errados, pero la mayoría de ellos hicieron todo esto con intenciones inicuas. Resulta que todas estas obras han padecido sin llevar frutos. Los resultados de sus esfuerzos han desaparecido como el rocío se desvanece del verdor terrestre al romper el alba. De manera que el Libro de Mormón permanece hoy en día más firme y con mayor estimación que jamás gozaba mediante la historia de la Iglesia. No se halla ni una reclamación de esta obra que se ha demostrado ser falsa. Al contrario, una acumulación extensa de evidencias —algunas de las cuales hablan desde el polvo y otras susurrando de la antigüedad de tiempos pasados— siguen testificando de la divinidad de este libro sagrado y de su veracidad.

Sin la más ligera sombra de duda, el Libro de Mormón es la palabra de Dios, un libro divino y sagrado, resguardado por el Señor y sus santos ángeles para aparecer en los últimos días como un testigo nuevo de Jesucristo y del Evangelio que El anunció.

Señalaré algunas de las evidencias asombrosas del Libro de Mormón, poniéndolas en una lista bajo tres encabezamientos principales: Primero —evidencias arqueológicas; segundo —testimonios de historiadores indígenas del siglo dieciséis; y tercero — escritos de padres católicos de los siglos dieciséis y diecisiete, cuáles literatos obtuvieron su conocimiento de los indígenas de fuentes originales.

La arqueología americana tuvo su nacimiento poco después del martirio del Profeta José Smith. Juan Lloyd Stephens había visitado Guatemala, Honduras, y Yucatán, había regresado a los Estados Unidos de América, y entonces escribió un relato resplandeciente de los templos hermosos, pirámides, y otras reliquias arqueológicas que cubren las selvas de América Central y México. (1) Desde el día en que se publicaron los libros de Stephens en adelante, los gobiernos de México, América Central, y naciones de Sud América, tanto como organizaciones arqueológicas de los Estados Unidos y sus vecinos situados al sur, han gastado cantidades de dinero, y han hecho esfuerzos indecibles en algunos de estos sitios arqueológicos.

También se han realizado obras extensas en la reconstrucción de edificios antiguos. Mientras reedificaban estos templos y pirámides maravillosas, y otras ruinas arqueológicas, los arqueólogos con sus asistentes han restituido las piedras donde originalmente los americanos indígenas construyeron los edificios en primer lugar. El fin de todo esto es que la región más al norte de México, D. F., y extendiéndose al sur hasta Chile, se halla literalmente cubierta de numerosos sitios arqueológicos, muchos de ellos siendo ya excavados bajo la dirección de arqueólogos.

Antes de seguir más adelante, quisiera mostrarles que definitivamente, la mayor parte de las ruinas arqueológicas que se han excavado ya, posfechan la época del Libro de Mormón, y algunas de ellas fueron originalmente edificadas muchos siglos después del capítulo final de la historia Nefita. Entonces, preguntarían, “¿Qué evidencia dan estas ruinas antiguas para verificar el Libro de Mormón?”

Responderé de la siguiente manera: El Libro de Mormón nos informa que una civilización grande existía en la América antigua. En verdad, este tomo sagrado demuestra que tres distintos pueblos alcanzaron a llegar a América en tiempos antiguos y establecieron sus varias civilizaciones. Estos pueblos se conocían como los Jareditas, Nefitas y Mulekitas. Los arqueólogos más renombrados del presente nos informan que muchos de los despojos arqueológicos ya excavados fueron edificados sobre templos, pirámides y edificios que los antedataban, connotando civilizaciones más antiguas; y en muchos casos estos primeros pueblos habían alcanzado un

desarrollo más adelantado, o eran más civilizados que las gentes que construyeron los edificios de los cuales todavía existen despojos arqueológicos; para dar un ejemplo, Miguel Covarrubias, hablando de parte de los arqueólogos mexicanos, apunta el sitio de La Venta dentro del período de 200 A.C. hasta 300 D.C. Para citar de este escritor:

En todo lugar hay tesoros arqueológicos ocultados en las selvas y enterrados en tierra vegetal en la parte Sur de Veracruz, montículos de entierro y pirámides, monumentos colosales de basalto esculpidos con maestría, figurillas espléndidas de jade preciosas, y figurillas de barro modeladas con sensibilidad, todos de una alta calidad artística sin precedente. La presencia atormentadora de tiempos remotos y grandes que a la fecha son selvas impenetrables e inhabitables viene siendo más y más nebulosa poique ahora los arqueólogos concuerdan que muchas de estas obras maestras y artísticas ponen fecha al principio de la época cristiana. Apareciendo así tan repentinamente de ninguna parte en condiciones de desarrollo completo, forman una cultura que aparentemente es la raíz, la cultura materna, de la cual las siguientes y mejor conocidas culturas brotaron. (Mayas, Totonaca, Zapo teca, etcétera).

Está más antigua de las culturas adelantadas de la América nativa, también es la más nueva por razón de que se ha descubierto pocos años atrás y todavía espera estudio científico extenso. (2)

Los Santos de los Últimos Días saben que las tres más antiguas “culturas avanzadas de la América nativa” eran los Jareditas, Nefitas y Mulekítas, los últimos dos llegan muy bien a caer dentro de la época de La Venta.

El sitio arqueológico de La Venta, situado cerca de la costa del golfo de México, fué excavado por el Doctor Matthew W. Stirling en 1939-1940. Se le acredita con datar esta cultura desde 450 A.C. hasta 600 D.C.

Hizo él un descubrimiento arqueológico de suma importancia, una escultura de la estatura de un hombre que le hace a uno recordar el dibujo singular de “Tío Sam.” (4) Esta estatua tenía una barba cerrada fluctuosa y una nariz aguileña, que constituye una buena representación gráfica de un sacerdote hebreo. Covarrubias describe esta estatua como uno que representa una persona de “rasgo semítico marcado sorprendentemente” (5) Stirling declara que esta estatua se describe como uno “usando zapatos con puntas curiosas vueltas para arriba.” (6) Ni los zapatos, ni el semblante con su barba fluctuosa de este “Tío Sam” pudiera haber sido una representación de un indio de cutis moreno (7), pero como se ha dicho, que es muy semejante a un sacerdote judaico de una época antes del cristianismo.

El doctor Stirling también halló en el sudoeste de México, en Izapa una piedra cubierta de grabados que han sido interpretados por el doctor M. Wells Jakeman de la Universidad de Brigham Young como una representación del sueño de Lehi del “Árbol de la Vida”, que se encuentra escrito en I Nefi 8: 1-38. Para citar al Doctor Jakeman:

La semejanza de esta escultura al relato en el Libro de Mormón no puede ser una cosa accidental. ¡Casi viene a establecer. . . una conexión histórica. . . entre los sacerdotes de la antigua América Central responsables de esta escultura y el pueblo de Lehi del Libro de Mormón! Ciertamente el conocimiento detallado y exacto de la visión de Lehi. . . demostrado por estos sacerdotes en esta escultura, puede explicarse únicamente con identificarlos como un grupo actual del pueblo de Lehi.” (8)

De interés particular para los Santos de los Últimos Días es el templo de Quetzalcoatl, situado en Teotihuacán, al norte de la Ciudad de México. Este Templo está adornado con cabezas de serpientes, circundado con plumas de quetzal. Quetzal es el nombre de un pájaro hermoso de plumas verdes, largas y fulgurantes, que se encuentra mayormente en Guatemala y Honduras. (9) Coatíes la antigua palabra para serpientes. (10)

El Libro de Mormón nos da un hermosa relación de la venida de Cristo a los Nefitas después de su crucifixión y resurrección. (11) A ellos les dió el plan verdadero del evangelio para la salvación, y el pueblo vivió por más de doscientos años en justicia casi perfeccionada. Claro es que esta visita de Cristo constituyó uno de los acontecimientos mayores, si por sea acaso no el más grande, que transcurrió en la América antigua.

Después del decaimiento de los Nefitas y Lamanitas de la verdadera religión del Maestro, y después de la exterminación de la civilización Nefita (cerca de 400 D.C.), los Lamanitas o los indígenas retuvieron en sus tradiciones la memoria de la aparición del Señor resucitado a sus antepasados. Este Dios con barba blanca, según una tradición, llegó al pueblo por el aire, y mientras descendía a la tierra los rayos del sol resplandecían en sus vestiduras hermosas y en el rostro blanco. El pájaro quetzal, cuando volaba en el aire, hacía al pueblo recordar de la hermosura gloriosa y resplandeciente del Dios con barba blanca que apareció a sus padres; y así añadieron una gota de paganismo a esta ocasión tan memorable cuando escogieron al pájaro más bello y deseable del nuevo continente, el quetzal, como un símbolo del Dios blanco, o sea Jesucristo. También, coatí, o serpiente, era un símbolo antiguo del Ungido de Israel. De tal modo conmemoraron los indígenas a su Dios de barba blanca con el símbolo del “pájaro Quetzal serpiente” o Quetzalcoatl. (12)

Entre casi todas las tribus de los indios americanos existían tradiciones, particularmente con los pueblos más civilizados del Perú, América Central, Guatemala, Yucatán, y México, que en substancia afirmaban que sus antepasados eran visitados por un Dios con barba blanca, quien les dió su cultura, su civilización, y su religión, y quien prometió que algún día volvería a sus descendientes. Estas tradiciones son responsables por la conquista tan fácil de México y Perú; pero, más importante, todos dan testimonio de la visita de Cristo a los Americanos antiguos como se relata en el Libro de Mormón.

También de interés particular a los miembros de la Iglesia de Jesucristo son las hermosas y famosas ruinas arqueológicas de Yucatán, particularmente las de Chiohén Itzá, Uxmal y Kabah. Las pirámides masivas, templos y otros edificios importantes fueron construidos durante el siglo X D.C., y constituyen la maestría del nuevo imperio Maya. Aquellos Mayas de Yucatán, tanto como los Toltecas de Teotihuacán, adoraban al Dios de la barba blanca, a quien llamaban Kukulcán. Ellos tallaban motivos a Kukulcán en sus edificios parecidos a los grabados de Teotihuacán y en otros lugares mexicanos, es decir, la serpiente con plumas. (13) En verdad, la serpiente con plumas se usaba extensamente en el adorno de todos sus edificios.

También los Mayas decoraban sus edificios con otro motivo o símbolo —ese de un hombre con barba blanca vestido con plumas de quetzal. Los últimos grabados representaban sacerdotes de Kukulcán (Quetzalcoatl), o probablemente el mismo Kukulcán. Pero con seguridad, no son tipos indios sino ejemplares distintivos hebraicos. Para citar a Teodoro Arturo Willard:

Un detalle incidental de interés… es los ejemplares distintivos de semblantes semíticos de algunas de las esculturas antiguas y de murales encontradas en Chichén Itzá y en otras ciudades antiguas de los Mayas. La dignidad de rostro y serenidad de equilibrio de estos semejantes pintados o esculpidos son notablemente Hebraicos. (14)

Los descubrimientos arqueológicos tan maravillosos en Palenque en el Valle del Usumacinta particularmente la cruz y los sepulcros de tipo egipcio, las ruinas famosas de la civilización maya en Honduras y Guatemala, especialmente los de Copán, Uaxactún, y Quirigua, todos dan testimonio de las declaraciones del Libro de Mormón que una civilización avanzada vivía en la América antigua. El Dr. Sylvanus G. Morley ya difunto, afirmaba que la historia Maya empezó tan temprano como 300 años A.C. (15) y que la historia pre-maya se extiende atrás hasta algo como 3,000 A.C. (16) La primera fecha vendría a estar dentro de la primera parte de la historia Nefita, y el último se extendería hasta el comienzo de la historia Jaredita.

Al contemplar todas las maravillosas ruinas arqueológicas de México, Honduras, Guatemala, América Central y aquellas de América del Sur, llega uno a la conclusión que las ruinas arqueológicas del hemisferio del norte no sobrepujan aquellas tan maravillosas que se hallan en el Perú, Ecuador, Bolivia y Colombia. Se han excavado varios edificios, y algunos de ellos están ya reconstruidos. Miles de tumbas han sido abiertas, y de ellas se han obtenido bellas y artísticas obras de oro, plata, cobre, y de piedras preciosas de varios tipos. (17) También de esos sepulcros han tomado hermosos encajes de tejido fino, preciosas telas de lana y algodón, y “lienzos primorosos”. Para decir la verdad, varios arqueólogos tienen por realidad que en todo el mundo no se han conocido razas humanas que sobrepasan a los antepasados de la civilización incaica en estas varias maniobras. Hay entre ellos algunos que sostienen que la civilización más antigua de Sud América se remonta a 3,000 A.C. (18) Por ejemplo como nos informa A. Hyatt Verrill:

A pesar de las adquisiciones altas de éste, ingeniería, astronomía y gobernación que lograron los Aztecas, Incas, Mayas y otros, en un sentido estas razas de Sud América ya perdidas, eran más notables, indudablemente más antiguas. Desde el distrito Chibcha de Colombia hasta el norte de Chile, varias razas lograron un maravilloso estado de civilización, se desvanecieron, y entonces sus memorias fueron perdidas muchos siglos antes de que el primer Moctezuma o el primer Inca viera la luz del día. (19)

Generalmente, cuando encontramos una raza que es sobresaliente en algún arte o trabajo, también vemos que carecen de conocimiento en otras artes e industrias, pero los Chimus parecen haber sido maestros de todos los oficios, sus telas, particularmente los encajes, eran ejemplos maravillosos de tejidos, y sus trabajos de nácar en mosaicos eran exquisitos. Muchos especímenes de esto son verdaderamente ejemplares maravillosos de este arte sumamente desarrollado. Hay floreros, tazas, útiles ceremoniales, tapones de orejas, pectorales, útiles de madera, objetos de barro y hueso que son altamente y artísticamente embellecidos con embutidos mosaicos de nácar, cascos rojos de espóndilo, piedras jaspeadas, y metales preciosos. Muchos de sus mantos y ponchos de telas magníficas se ven completamente cubiertos con adornos de oro, plata, nácar y porciones de jaspeados cascos del mar, formados en pantas encantadoras, de tal modo que les dan el efecto de tela mosaica.

También eran altamente instruidos como talladores de madera, y casi no se encuentra objeto hecho de madera que no sea grandiosamente tallado. . . Habían inventado la manera de entretejer plumas para hacer telas, y así lograron tener mantos, túnicas, redecillas, etc., que son suntuosos en color y arreglo. . .

Aún en el trabajo común de metal los Chimus demostraban la más grande destreza y gusto artístico. Los metales fueron colados, abollonados, grabados al agua fuerte, cincelados, comprimidos, repiqueteados, torneados o formados en innumerables figuras por soldadura y sopletes de soldar. En fin, todo artificio de trabajo con metales que usan los presentes artesanos, se conocía entre los Chimus. (20)

Se debe recordar que la historia del Libro de Mormón se limita a la época dentro de la construcción de la Torre de Babel y 421 D.C., la época durante la cual los Americanos antiguos lograron las mayores ejecuciones en las varias manos como se explicó por el señor Verril. También debemos tener presente que el Libro de Mormón hizo tales aserciones como la siguiente:

“(Los Jareditas) tenían toda clase de frutas y granos, y sedas, y lino fino, y oro, y plata, y objetos preciosos.” (21)

“(Los Nefitas y Mulekitas tenían en abundancia) cuanto necesitaban, y muchos rebaños y ganado y toda clase de animales cebados, y también cereales, oro, plata y objetos preciosos en abundancia, así como seda, lienzos de fino tejido y toda clase de buenas telas caseras. (22)

De nuevo leemos.

Y he aquí, había en estas dos regiones toda clase de oro y plata, y minerales preciosos de todo género; y había también ingeniosos artífices que trabajaban y retinaban toda especie de metales; y de este modo se hicieron ricos.

Y he aquí, sus mujeres trabajaban e hilaban fabricando toda clase de telas, de lino finamente tejido y ropa de toda especie para cubrir su desnudez. Y así pasó en paz el año sesenta y cuatro. (23)

Ciertamente todas estas reliquias arqueológicas comparan ventajosamente con reclamaciones del Libro de Mormón respecto a las civilizaciones de los Jareditas, Nefitas y Mulekitas; de modo que la ciencia arqueológica habla como si fuera del polvo, confirmando que el Libro de Mormón es verídico — la plena palabra de Dios.

La segunda lista de evidencias verificando el Libro de Mormón que mencionaré son los escritos de historiadores indígenas del siglo dieciséis. Cuando los conquistadores españoles y los padres católicos superaban a México y Yucatán, notaron que los indígenas poseían varios libros — bibliotecas grandes. Algunos de los indios sabían escribir y leer y gozaban de una civilización más adelantada que sus conquistadores de Europa. Al fin de sumergir cuánto fuera posible la civilización indígena, y destruir lo que los padres católicos nombraban “paganismo inicuo de los indios”, estos padres católicos quemaron todos los libros que lograron hallar, totalmente destruyendo bibliotecas enteras. Este hecho terrible de vandalismo dió lugar a una pérdida terrífica a nuestro entendimiento de la historia de los indios y sus antepasados.

Afortunadamente, por casualidad, tres o cuatro manuscritos excelentes, escritos por historiadores indígenas en el primer siglo de la conquista hispana, escaparon a esta destrucción insensible. Estas escrituras han sido traducidas al inglés en estos últimos años.

Uno de estos escritos importantes fué producido en el año 1554, en el Quiché-Maya, lenguaje indígena de Guatemala y firmado por los reyes dignatarios del tribunal Quiché(24)

Se conoce con el “Titulo de los Señores de Totonicapán.” Para complacer los desees de los Quiché indios, un padre católico, Dionisio José Chonoy, tradujo el documento del lenguaje Quiché al es-pañol en el año 1834.

En el año de 1953 fué por la primera vez traducido y publicado en inglés, por Delia Goetz. No obstante, el Dr. M. Wells Jakeman publicó extractos en inglés de la versión española en 1945, es-to siendo la primera vez que cualquiera parte de esta obra se encontraba en inglés. El Totonicapán nos asegura que los antepasados de los Quiché-Mayas:

“…vinieron del otro lado del mar donde el sol amanece, un lugar con nombre de Pa Tulán, Pa Civán (significado Abundancia). . . y ellos vinieron de la dirección de la salida del sol, eran descendientes de Israel, con las mismas costumbres y lenguaje. . . porque eran hijos de Abraham y Jacob. (25)

En fin los autores del Totonicapán concluyen su relato de la siguiente manera:

En este día del veintiocho de septiembre de 1554 suscribimos esta atestación en la cual hemos escrito lo que nos ha sido explicado pollas tradiciones de nuestros antepasados, los cuales vinieron del otro lado del mar, de Civán-Tulán, lindando con Babilonia. (26).

Estas aseveraciones se hallan completamente en acuerdo con las declaraciones del Libro de Mormón. (27) Debemos tener presente que Nefi con sus hermanos construyeron su barco en un lugar que llamaron Abundancia, que estaba en el litoral sudeste de Arabia, o “lindando con Babilonia”; y de este sitio embarcaron para América. (28)

El Totonicapán también declara que Dios le dió a su líder y profeta original algún instrumento peculiar que conocían como el Girón-Gogal, por la cual virtud el pueblo fué dirigido a su nuevo hogar. (29) Uno se recuerda del Liahona que el Señor dió a el Patriarca Lehi. (30)

Otro libro del Quiché-Maya pueblo, el Popol Vuh más particularizado que el Totonicapán, fué generado entre 1554 y 1558 D.C. En su presente forma impreso, es un tomo de más de doscientas páginas. Se le puede reconocer como el relato lamanita de su historia y religión, así como el Libro de Mormón es el relato Nefita. En cuanto a este libro, escribió Brasseur de Bourbourg:

El Popol Vuh aparentemente fue escrito, en parte, de memoria, siguiendo leyendas antiguas, y en parte, citado de registros sagrados de los Quichés. .. Este manuscrito fue producido en un Quiche sumamente elocuente, y el autor habrá sido uno de los príncipes de la familia real, y lo escribió pocos años después de la venida de los españoles, en tiempo que todos sus libros iban desapareciendo. (31)

El Popol Vuh fue primeramente traducido al inglés por Delia Goetz y Sylvanus G. Morley y publicado en 1950.

En este libro los Quiché-Maya indios de Guatemala dan un relato de la creación del mundo, (32) del principio del género humano, (33) del diluvio, (34) de la confusión de lenguas (35) y de la venida de sus antepasados del otro lado del mar del oriente. (36) De igual manera refieren al hecho de que estos antiguos colonizadores fueron guiados a su nuevo hogar mediante un instrumento, conocido como el Pizom-Gagal, (37) el Liahona. Así que el Popol Vuh en muchos detalles respalda las enseñanzas más hermosas y un relato más completo hallado en el Libro de Mormón.

El tercer libro escrito por historiadores indios en Guatemala, Los Anales de los Cakchizuelestambién da testimonio y verifica las enseñanzas del Libro de Mormón. Los autores, los Cakchiquel indios, eran una rama de los Quiché-Mayas. Citaré de este relato:

“Escribiré las leyendas de nuestros primeros padres y abuelos. . . que venimos del otro lado del mar a un hogar que tenía por nombre, Tulán (Abundancia). . .

Así, pues, éramos cuatro familias que desembarcaron en Tulán, nosotros el pueblo Cakchizuel, ¡oh, nuestros hijos! ¡Así nos dijeron!’’ (38)

El libro de más importancia entre los escritos indígenas del siglo dieciséis es “Las Obras de Ixtlilxochitl”, escritas alrededor de 1,600 D.C., por un príncipe Azteca, Ixtlixochitl quien vivía cerca de México. (39) Este historiador indio nos asegura que la América antigua fué poblada por tres distintos grupos. Los primeros colonizadores, llamados los ancianos, los Gigantes, o los primeros Toltecas, declaraba él, llegaron de la Torre de Babel en la época de la confusión de lenguas. Llegaron a esta tierra del otro lado del mar al oriente. Muchos detalles de su historia nos han sido dados por Ixtlilxochitl que comparan favorablemente con la historia Jaredita en el Libro de Mormón.

Al segundo grupo de colonizadores, Ixtlilxochitl les llama los Tultecas. Su relato de este pueblo, aun cuando menos detallado, corresponde aproximadamente a la historia Nefita hallada en el Libro de Mormón, acontecimientos uno tras el otro concordándose en los puntos principales. Aún llegó él a contar las batallas finales entre los dos pueblos con fechas casi iguales con la relación en el Libro de Mormón.

El tercer grupo, llamados Olmecas por Ixtlilxochitl, y que se conoce como los Mulekitas, llegaron a exterminar los últimos de los primeros colonizadores. Este acontecimientos nos trae a la memoria el caso de Coriántumr, el último ser viviente del pueblo Jaredita, el cual llegó a vivir por nueve meses con los Mulekitas antes de morirse. Ixtlilxochitl aun relata el hecho de amalgamación entre los Tultecas y Olmecas (Nefitas y Mulekitas) y de la predominancia de la cultura Tulteca, que está en acuerdo con el Libro de Mormón.

A través del tomo entero de “Las Obras de Ixtlilxochitl, punto tras punto, como en historia así también en doctrina, son bastante comparables a los acontecimientos históricos y enseñanzas del Libro de Mormón. Al fin de darles un ejemplo, citaré un pasaje de Ixtlilxochitl. El da una descripción de la destrucción terrible que se realizó al tiempo de la crucifixión del Señor, de la siguiente manera:

Y habían pasado 166 años desde que ajustaron sus años y sazones con el equinoccio, y hacía 270 años desde que los Antiguos habían sido destruidos, cuando el sol y la luna eclipsaron, y la tierra tembló, y las piedras se quebraron, y muchas otras cosas y señales se realizaron. . . Esto ocurrió en el año de ce Calli, que, ajustando este calendario con nuestro tiempo viene siendo cuando Cristo, Nuestro Señor padeció y dicen que todo esto aconteció en los primeros días del año. (40)

Tenemos presente que está escrito en III Nefi:

“Y sucedió que en el año treinta y cuatro, el cuarto día del primer mes, se levantó una tormenta como jamás se había conocido en todo el país.” (41)

Y después continúa el relato en el Libro de Mormón con una explicación de la destrucción terrible que sobrevino a la tierra que acaeció en la hora en que Cristo padeció en la cruz, y obscuridad intensa prevaleció por los tres días en que el cuerpo del Maestro fué sepultado. Nótese que el Libro de Mormón señala el tiempo de este acontecimiento en el cuarto día del primer mes del año y durante el período en que Cristo fué crucificado, mientras que Ixtlilxochitl dice “…cuando Cristo, nuestro Señor padeció… en los primeros días del año.” No hay manera bajo el alba como este indígena tuviese conocimiento de estas verdades a no ser por revelación directa, o mediante registros a su disposición. El declaró que la segunda probabilidad era su fuente de información.

Algunos autores se inclinan a desvirtuar los escritos de Ixtlilxochitl y de los otros historiadores indios a base de que hayan sido influidos por los padres católicos de España. Sin embargo, es un hecho de gran significación, que estos historiadores indígenas apuntaron varias verdades históricas, así como datos relacionados a enseñanzas sociales y religiosas, y costumbres de sus antecesores, de las cuales los padres católicos no tuvieron cómo saberlas, únicamente con el Libro de Mormón a mano, o algún otro registro comparable. Tales escritos no tenían los padres católicos, no obstante, los indios sí poseían registros y leyendas de sus antecesores, que dieron lugar a estas historias tan semejantes al Libro de Mormón.

El tercer punto mencionado para este discurso es los escritos de algunos misioneros católicos del siglo dieciséis quienes obtuvieron sus datos directamente de los indios.

Uno de estos historiadores más nombrados es Bernardino de Sahagún. Él vivió en México desde 1529 hasta 159Ó D. C. y escribió su obra erudita en el idioma Azteca en los últimos años del siglo dieciséis. (42) Este informe es uno de los más dignos de confianza y amplios que se interesan con los antepasados de América Central. Se publicó por la primera vez en español en 1929, y desde entonces porciones de esta obra han sido traducidas al Inglés. Sahagún nos informa:

“En cuanto al origen de este pueblo, el comunicado que nos dan los antiguos (del centro de México) es que atravesaron el mar… en algunos barcos de madera. . . Pero se cree por causa de un informe hallado entre todos estos indígenas que vinieron de siete cuevas, y que estas cuevas son siete barcos o galeras en las cuales vinieron los primeros colonizadores a esta tierra. . .

Primero, este pueblo… vino navegando a lo largo de la costa y desembarcándose en el puerto de Pánuco, que llamaron Panco, que significa “lugar donde llegaron los que habían atravesado las aguas.” Este pueblo vino en busca de un paraíso terrestre, y tenía por apellido Tomoanchán, que quiere decir “estamos buscando nuestro hogar.” (43)

Acuérdense de la historia jaredita que nos relata que los antepasados atravesaron el mar en ocho barcos en busca de “…un país escogido sobre todos los países de la tierra” (44) Los escritos de Sahagún dan amplias muestras que corroboran las enseñanzas e historia del Libro de Mormón, pero el espacio no nos concede darles más aquí.

El Obispo Bartolomé de las Casas, un misionero católico muy nombrado, escribiendo en los años 1552-1553, dijo concerniente a los indígenas de Guatemala que:

“… poseían entre ellos información del diluvio y del fin del mundo…, y así creían que otro Butic vendrá pronto que es diluvio y juicio, no de agua sino de fuego que dicen será el fin del mundo. . .” (45)

Las Casas encontró una abundancia de enseñanzas entre los indios que se relacionaban a las doctrinas cristianas, y por eso llegó a concluir que el diablo había llegado a América primero que los cristianos para sembrar en las mentes y corazones de los indígenas muchas enseñanzas casi igual a las del cristianismo. (46) En cuanto los pueblos del Libro de Mormón tenían un conocimiento amplio del evangelio, seguro que varias verdades divinas fueron pasadas de generación en generación, probablemente cambiándose poco a poco.

Diego de Landa, un misionero español en Yucatán y muy nombrado, escribiendo en el año 1556, dice que, según los Mayas, “. . .el mundo fué destruido por un diluvio.” (47) Además dice:

“Algunos de los ancianos de Yucatán cuentan que han oído de sus antepasados que esta tierra fué anteriormente poblada por una raza de gente que vinieron del oriente y quienes Dios salvó. . . Si es esto verídico, quedamos en que todos los habitantes de los indios son descendiéntes de los judíos.” (48)

Juan de Torquemada, un misionero español de México que publicó su libro por primera vez en España en 1613 D. C., declara que: “. . .los ancianos pusieron (es decir, escribieron o grabaron) muchas cosas en dos columnas, una de metal, otra de ladrillo o piedra. (49) Debemos tener presente que los Nefitas grabaron su historia en planchas de metal.

Harold Gladwin cita a Torquemada en la descripción de la vestidura que acostumbraban los Olmecas y entonces menciona que esta descripción recuerda una de “. . .las túnicas bíblicas que se usaban antiguamente en Palestina.” (50)

He presentado algunas evidencias grandes de la arqueología, de historiadores indígenas del siglo dieciséis, y de padres católicos también del siglo dieciséis, las cuales corroboran las declaraciones proclamadas por el Libro de Mormón; no obstante, el testimonio mayor que tenemos a favor del Libro de Mormón es el libro mismo, particularmente las exhortaciones y testimonios de Moroní que dice lo siguiente:

“Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntaseis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo.” (51)

Miles de los Santos de los Últimos Días han puesto esta promesa en prueba y saben, como saben que viven, que el Libro de Mormón es verdadero. Cuando era niño, y por primera vez oí las historias del Libro de Mormón, el Espíritu Santo tocó mi corazón y me dió un testimonio dulce de la autenticidad divina de este registro antiguo. Yo sabía de aquello como lo sé ahora, que este Libro de Mormón es verídico, es divino, es un registro sagrado de los habitantes de la América antigua. Mientras avanzaba en edad, leí el libro varias veces, y cada vez ese mismo testimonio dulce llegó a tocar mi corazón, algunas veces viniendo con tantas fuerzas que causaba que lágrimas derramasen sobre las mejillas, el Espíritu Santo da testimonio que es la palabra de Dios.

Yo sé que el Libro de Mormón es uno de los libros más importantes del mundo. Envuelve el evangelio de Jesucristo a los Judíos y a los Gentiles. Es un testigo nuevo de Cristo y de la obra grande que El hizo. Desafío a todo ser honesto en el mundo que ponga la exhortación de Moroni a prueba, y le prometo que si se lo hace con una intención genuina, teniendo deseos verdadero? de alcanzar un testimonio, y teniendo fe en Cristo, Dios lo declarará por el Espíritu Santo y le dará un testimonio de la veracidad del Libro de Mormón a cada uno.

Que el Señor les bendiga a todos los sinceros de corazón en todo el mundo, que puedan escudriñar el Libro de Mormón y obtener un testimonio; y que Él nos bendiga a los miembros de la Iglesia que podamos nosotros estudiar este libro sagrado y vivir en acuerdo con sus enseñanzas, es mi oración humilde en el nombre de Jesucristo. Amén.


REFERENCIAS:

  1. Juan Lloyd Stephens, Novedades del viaje en América Central, Chiapas y Yucatán (1841) Novedades del viaje en Yucatán (1843).
  2. Miguel Covarrubias, México del Sur — El Istmo de Tehuantepec (1946) pp. 79-80.
  3. A. Hyatt Verrill, Civilización Antigua de América (1953) p. 100.
  4. Mateo W. Stirling, Mayazine Geográfico Nacional (Sept., 1940) p. 327; Milton R. Ilnnter y Tomás Stuart Ferguson, América Antigua y él Libro de Mormón, pp. 133-135, 173.
  5. Covarrubias op. cit., pp. 90.
  6. Stirling op. cit., p. 327.
  7. Sylvanus G. Morley, El Maya Antiguo, p. 21. Dice: “Los Mayas no son peludos. Los hombres no tienen nada de barba y bigote, o las tienen muy livianas mientras que otras partes de cuerpo tienen menos que es el caso con los americanos blancos.” Esto es el caso con la mayoría del pueblo indígena.
  8. M. Wells Jakeman, “Un árbol raro de la escultura del antiguo América Central”
  9. Hunter y Ferguson, op. cit., pp. 199, 195, 222.
  10. Ibid. 199; Verrill, op. cit. pp. 101-111.
  11. III Nefi. Capítulo 11 a. BR, 385-416.
  12. Jorge C. Vaillant., Aztecas de México, p. 52, Bancroft, Razas Nativas, tomo. 2 p. 511. Números b1:8-9; Juan 3:14-15; Maurice H. Farbridge, Estudio en Símbolos Bíblicos ySemíticos, p. 15; Hunter y Ferguson op. cit., pp. 195-222; Verrill, op. cit. p. 14.
  13. Ibid, p. 101 ff.
  14. Teodoro Arturo Willard, Ciudad del Pozo Sagrado, p. 36.
  15. Morley op. cit., p. 14.
  16. Ibid. pp. 38, 44.
  17. Verrill, op. cit. pp. 183-195.
  18. Ibid. pp. 174-175, 183, 210.
  19. Ibid. p. 148.
  20. Ibid. pp. 154-157.
  21. Eter 9:17.
  22. Alma 1:29 vea 4:6.
  23. Helaman 6:11, 13; vea. Mosíah 10:5.
  24. Título de los Señores de Totonicapán p. 164.
  25. Ibid. pp. 169-170.
  26. Ibid. p. 194, Hunter y Ferguson, op. cit. pp. 8, 56-64, 70, 80-84, 250.
  27. I Nefi 17:40.
  28. Ibid, 17:5-7.
  29. Totonicapán, op. cit. p. 170.
  30. 1 Nefi 16:10; Alma 37:38-41.
  31. Brasseur de Bourbourg, cited de Popol Vuh, p. 21.
  32. Popol Vuh, pp. 81-90.
  33. Ibid. pp. 86-89.
  34. Ibid. p. 90.
  35. Ibid. p. 36.
  36. Ibid. pp. 18, 79-80.
  37. Ibid. p. 205.
  38. Los anales de los Cakchicueles. pp. 43-44.
  39. Hunter and Ferguson, op. cit. pp. 1-450.
  40. Las obras de Ixtlilxochitl, en Hunter y Ferguson, Ibid. p. 190.
  41. III Nefi 8:5.
  42. Bernardino de Sahagún, Historia de Las Casas de Nueva España, Citado en Hunter y Ferguson, op. cit. pp. 30-31.
  43. Ibid.
  44. Vea Eter 1:42; 2:7; 6:5, 6.
  45. Bartolomé de Las Casas, Apologética Historia de los Indígenas, Cap. CCXXI.
  46. Hunter y Ferguson, op. cit. p. 222.
  47. Diego de Lauda, Relación de las cosas de Yucatán, p. 93.
  48. Ibid. p. 16.
  49. Juan de Torquemada, Monarquía Indiana, Tomo I, p. 255.
  50. Harold S. Gladwin, Hombres que procedieron de Asia (1947), p. 305.
  51. Moroní 10:4.
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2 respuestas a Evidencias del Libro de Mormón

  1. Antonio Rodriguez dijo:

    Es muy cierto q todos eso hermanos son
    Parte de la obra d dios y como en Puerto Rico escitiero los ondios bendiciones a

    Me gusta

  2. Saludos,
    Parece un relato muy esmerado y extenso por parte del autor, y a pesar de entender las motivaciones para exponer tan largo esquema de explicación sobre los eventos históricos que se señalan en el Libro de Mormón, en comparación de los eventos históricos que se dieron en América Central y SUR América durante esos periodos de tiempo, no logro entender muchas de las cosas que se exponen, y solo con el fin de presentarlos al autor, por si desea complementar lo anterior, se los comunico a continuación.
    Antes de la venida de Jesucristo, tomando la información ofrecida por el autor según relatos del Libro de Mormón, es notable ver que ya la población de las zonas ya contaban con un notable crecimiento y desarrollo en muchas áreas de sus vidas, por lo que seria mas que injusto acreditar a eventos posteriores un crecimiento tecnológico repentino luego de darse ese evento, apoyados en los relatos escritos Mormones.
    Es notable que en muchos relatos del Libro de Mormón se menciona que las poblaciones tenían adelantos tecnológicos sustentados en materiales complejos, y la elaboración de herramientas de trabajo y para la fuerza militar, que a la larga resultaría en los enfrentamientos que según el relato, acabaría con millones de vidas humanas a manos de espadas y artículos bélicos a base de metales, sin embargo, tomando encuentra la colosal tarea de forjar dicha cantidad de material en metal, y la ausencia de restos metálicos (especialmente con características de forjado y forma oriental) y la falta de restos humanos en los sitios de los supuestos enfrentamientos, deja un enorme vacío entre los relatos y las evidencias recolectadas… que de por si, basado en los relatos deberían ser muchos restos humanos y materiales.
    A pesar de la eliminación de muchas de las fuentes de información de los pobladores de esas zonas, a manos de la conquista religiosa que llevo a cabo la iglesia católica, en tiempos posteriores a los eventos de los relatos, es bien conocido que otros elementos son considerablemente difíciles de ocultar, como los tallados en piedra en lenguaje local, construcciones bajo y sobre el nivel de la superficie de la tierra, y en fin elementos de construcción que pueden ser comparados para lograr tener idea de los métodos de construcción y materiales usados. En este sentido elaborar estructuras con forma de pirámide no es una relación concluyente o directa entre estas estructuras y las de Egipto (por mencionar algunas), pues es posible recordar que para estas fechas al otro lado del mundo, durante estas edades ya existían imperios asiáticos muy desarrollados donde también existían estructuras piramidales que albergaban un sin numero de propósitos para dichas civilizaciones.
    No deseo extenderme mucho mas, porque seria un sin fin, sin embargo respeto sus buenas intensiones en la defensa de sus creencias, pues yo también tengo las mías, y no es mi intensión ofender a nadie, sino recordar que uno de los primeros conceptos que se dan en la iglesia Mormona al ingresar es ser “Investigador”, y es una faceta que todos deben hacer con mucha seriedad, porque estoy seguro que existen muchos elementos que actualmente no se escudriñan porque tienen enormes repercusiones, tal y como el relato de la Perla de Gran Precio y las implicaciones de los relatos de Abraham y Moises dentro de dicho libro… daría mucha tela que cortar.
    Gracias por leer, se despide respetuosamente,
    Dennys Parada
    España

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