El tiempo de los Gentiles

El tiempo de los Gentiles

Por Joseph Fielding Smith

(Discurso pronunciado por radio el domingo, 24 de septiembre de 1944 por la estación KSL de Salt Lake City, Utah).

El nombre de Gentil es dado primeramente a los descendientes de Japhet, hijo de Noé. Los nombres de los hijos de Japhet se encuentran en el capítulo diez de Génesis, del cual leemos: “Por estos fueron repartidas las islas de las gentes en sus tierras, cada cual según su lengua, conforme a sus familias en sus naciones.” (Génesis 10:5). Entre los Israelitas este título solo tenía referencia a uno que no fuera de la raza Hebrea, y después esta interpretación fué hecha menos amplia para designar solamente las naciones que no eran descendiente de Abraham. El diccionario da la siguiente definición:

El término “gentil” definido

Gentil (1) Entre los Judíos, una persona que no es de raza o de creencia Judaica, quien no es Judío. (2) Entre los Cristianos; uno que no es ni Judío ni Cristiano; Pagano, Idólatra. (3) Entre los Mormones; uno que no es Mormón.

Al formar esta definición el autor ha cometido un error con relación a la interpretación dada a esa palabra por los “Mormones”. De acuerdo con la creencia de los Santos de Los Últimos Días, hay muchas personas quienes no son clasificadas como Gentiles. Los Judíos no son considerados como tales, a pesar del dicho popular de que solo entre los Mormones el Judío es Gentil. Los Judíos solo constituyen una parte de la casa de Israel y los miembros de otras tribus no son Gentiles. Es una creencia de los Santos de los Últimos Días que los Indios Americanos son descendientes de José, hijo de Jacob, y así es que ellos no son Gentiles, la misma cosa sucede con los Polinesios del Hawái, Samoa, Nueva Zelandia y otras islas del Pacífico. Los descendientes de Ismael, hijo de Abraham, no son Gentiles.

Los Santos de Los Últimos las clasifican como Gentiles a los que no son de la sangre de Abraham, ya sea que pertenezcan a las naciones Cristianas o paganas, pero no es ningún oprobio la naturaleza y el uso de esta expresión. Simplemente quiere decir que un Gentil no es de la sangre de Abraham. Moroni escribiendo acerca de la llegada del registro de su pueblo dijo: “Fueron sellados y escondidos al Señor, para salir en su debido tiempo por medio de un Gentil. —La interpretación, de ellas por el poder de Dios”. A pesar de que el Libro de Mormón dice que el hombre que tenía que revelar los registros debía de ser descendiente de José, hijo de Jacob, además tenía que venir de entre los Gentiles, y esto va de acuerdo con la creencia de Los Santos de los Últimos Días.

En un discurso anterior, demostré el cumplimiento de la promesa hecha por el Señor con Abraham, Isaac y Jacob, en la cual dijo que por medio de ellos todas las naciones de la tierra serían bendecidas, lo que en su mayoría se cumplió con el esparcimiento de Israel entre las naciones, así permitiendo que la sangre de Israel leudara las naciones, y así se han transformado en la simiente de Abraham. Estos Israelitas que han morado entre las naciones Gentiles, fueron absorbidos por estas y por lo cual han perdido su identidad como descendientes de Abraham; excepto que la identidad sea hecha por medio de revelación. Las promesas que el Señor hizo a Abraham, son de una grande esfera en cuanto a la bendición de su posteridad. En el libro de Abraham en la Perla de Gran Precio, estas promesas están más claramente definidas que en las variadas traducciones de la Biblia, a pesar de que en concreto son las mismas. El Señor dijo a Abraham:

“Y haré de ti una nación grande y te bendeciré sobremanera, y engrandeceré tu nombre entre todas las naciones, y serás una bendición para tu descendencia después de ti, para que en sus manos lleven este ministerio y sacerdocio a todas las naciones.

“Y las bendeciré mediante tu nombre; pues cuantos reciban este evangelio serán llamados por tu nombre; y serán considerados tu descendencia, y se levantarán y te bendecirán como padre de ellos;” (P. de Gran Precio, Abraham 2:9-10).

Mientras que las tribus de Israel fueron especialmente favorecidas, el Señor en su justicia y misericordia a toda la gente de la tierra, proveyó un medio para incluir a las naciones Gentiles en el seno de las bendiciones dadas a Abraham, por el esparcimiento de sus hijos, y así regando su sangre entre los Gentiles y permitiéndoles participar de los convenios sagrados que fueron conferidos sobre Israel, pero, naturalmente si eran dignos. Además el Señor proveyó en la bendición de Abraham que los Gentiles puros quienes no tenían la sangre de Abraham en sus venas, podrían participar de las bendiciones de Abraham por la obediencia y bajo el principio de adopción.

Los israelitas se convierten en exclusivos

Cuando los Israelitas salieron de Egipto, no tenían la inclinación de ser exclusivos. El Señor, por medio de Moisés, tuvo que amonestarlos y darles algunas leyes severas para evitar su mezcla entre otras naciones. La generación que salió de Egipto, todos los mayores de veinte años perecieron en el desierto por su rebelión para que cuando menos no contaminaran a sus hijos con el espíritu de rebelión.

Le fué dicho a Israel que no debería mezclarse o participar de las costumbres de las naciones que le rodeaban. Sin hacer caso de estos estrictos mandamientos estaban constantemente quebrando la ley hasta el tiempo de su cautividad. Cuando los Judíos regresaron de Babilonia, parecía que habían aprendido su lección. Habían perdido su amor hacia la idolatría y se habían vuelto aún más exclusivos que lo que el Señor les requería. En los días de nuestro Señor, no tenían ningún trato con nadie, excepto los que se les forzaban, sus tratos con sus vecinos y sus tratos con los Romanos simplemente eran como de conquistados para con sus conquistadores. Habían desarrollado una cultura exclusiva y se sentían superiores a todas las razas. Se glorificaban en ser descendientes de Abraham, y presumían de guardar la ley de Moisés. Los discípulos del Señor deben haber recibido un poco de ánimo para adoptar esta misma actitud, pues cuando el maestro los envió a su primera jornada misionera les dijo:

“…Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis;
sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.” (San Mateo 10:5-7).

Nuestro Salvador en una ocasión declaró que solo había sido enviado a las ovejas perdidas de la Casa de Israel. Sus enseñanzas solamente se referían a su ministerio entre los Judíos, una notable excepción fué cuando conversó con la Samaritana en el pozo, pero esto fué solamente incidentemente. Sus palabras parecen severas hacia la mujer Cananea, cuando le dijo, “No es bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”, pero habiéndose sorprendido por su grande fe como fué expresada en su réplica, tuvo compasión de ella y concedió su petición. La razón por que el Señor no predicó y llevó su mensaje a otros pueblos aparte de los Judíos se debe a que el tiempo en que los Gentiles deberían participar del Evangelio aún no había llegado. Después de su resurrección comisionó a sus discípulos y les dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado”. (Marcos 16:15-16).

El tiempo de los gentiles

El tiempo cuando las naciones Gentiles tendrían una oportunidad de oír el evangelio, sería después del tiempo cuando este fuera dado a las “Ovejas perdidas de la casa de Israel”, quienes estaban .designados para oírlo primero. Los Apóstoles tuvieron algunas dificultades en el principio de su ministerio para comprender que el mensaje de salvación no era exclusivamente para los Judíos. Pedro tuvo que aprender esta lección en una visión vivida que le dió el Señor en la cual animales inmundos le eran bajados en un gran lienzo, y le fué ordenado que matara y comiera, cuando Cornelio, el Gentil, deseaba ser adherido a la Iglesia. Cuando Pedro llegó a Joppe, con algo de duda, le dió una disculpa a Cornelio y le dijo:

“Vosotros sabéis que está prohibido para un varón judío juntarse con un extranjero o acercarse a él, pero Dios me ha mostrado que a ningún hombre llame común o inmundo;
 por lo cual, al ser llamado, he venido sin poner ninguna objeción. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?” (Hechos 10:28-29).

Después de haber oído la historia de Cornelio y recibido una demostración del poder del Señor, Pedro dijo:

“abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas,
sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace lo justo”. (Los Hechos 10.34-35).

Los profetas antiguos supieron por revelación que el día vendría cuando el evangelio sería llevado a los Gentiles, pero también comprendieron que sería después de que Cristo fuera glorificado, y luego iría a ellos de los Judíos. Isaías dijo:

Y vendrá el Redentor a Sion y a los que se vuelvan de la transgresión en Jacob, dice Jehová.

Y este será mi convenio con ellos, dice Jehová: Mi espíritu que está sobre ti y mis palabras que he puesto en tu boca no se apartarán de tu boca, ni de la boca de tu descendencia ni de la boca de la descendencia de tu descendencia, dice Jehová, desde ahora y para siempre.

“¡Levántate, resplandece!, porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.
Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra y oscuridad los pueblos; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.
Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer”. (Isaías 59:20-21; 60:1-3).

Otra vez profetizó:

“Y dijo: Poco es que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los preservados de Israel; también te daré como luz a las naciones, para que seas mi salvación hasta el extremo de la tierra”. (Isaías 49:6).

Todo esto había de acontecer después que el Redentor viniera a Sión y entonces esta luz saldría entre los Gentiles. Una de las expresiones más significantes y más repetidas por nuestro Salvador es: “Así, los primeros serán postreros y los postreros, primeros; porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”. (Mateo 20:16).

Esto tenía referencia a la proclamación del Evangelio. En la dispensación del meridiano de tiempo, el Evangelio fué llevado primero a los Judíos. Les fueron dadas todas las oportunidades para recibirlo, y se predicó exclusivamente entre ellos. Cuando rechazaron el mensaje y desecharon a los siervos del Señor de entre ellos, entonces estos siervos se volvieron a los Gentiles. A los Judíos se les fué ofrecido primero, y por último a los Gentiles en la postrer parte de esta dispensación. Leemos que cuando Pablo y Bernabé estaban predicando en la Ciudad de Antioquía los Judíos rechazaron sus palabras, pero los Gentiles pidieron el poder oír a estos hombres una vez más el siguiente sábado. En la segunda ocasión Pablo y Bernabé hablaban denodadamente mientras que su testimonio era rechazado por los Judíos y dijeron: “…A vosotros a la verdad era menester que se os hablase primero la palabra de Dios; pero puesto que la desecháis y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”. (Los Hechos 13:46). Una escena semejante ocurrió en Corinto. Aquí Pablo y Silas trataban de presentar el Evangelio a los Judíos, quienes se enojaron y se opusieron al trabajo. Entonces Pablo sacudió sus vestidos y dijo a ellos: “…Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo estoy limpio; desde ahora me iré a los gentiles”. (Los Hechos 18: 6).

La manera de predicar el evangelio

En esta manera fué enseñado el Evangelio en la dispensación del Meridiano. Primero fué ofrecido a los Judíos y después de que ellos lo rechazaron fué llevado a los Gentiles y entre ellos fueron organizadas las ramas de la Iglesia. En la dispensación en que vivimos, la segunda parte de la profecía hecha por nuestro Señor se está cumpliendo. Cuando el Evangelio fué restaurado por la instrumentalidad de José Smith, vino primero a los Gentiles y durante los últimos ciento veinte años ha sido proclamado entre las naciones Gentiles. No ha sido llevado en toda su extensión a los Judíos, y solo unos cuantos lo han aceptado. Hablando a los Santos en Roma, Pablo dijo que “…el endurecimiento ha acontecido a Israel, en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;”. (Romanos 11:25).

En la dispensación del Meridiano, los Gentiles recibieron el Evangelio de los Judíos. En la dispensación de la plenitud de los tiempos, el evangelio ha sido restaurado a los Gentiles y ha sido predicado a ellos primero, y al último irá a los Judíos, así que los primeros son ahora postreros, y los postreros son primeros. El tiempo de los Gentiles ha sido desde que Pablo y otros discípulos les llevaron el evangelio, hasta el presente día, pero el tiempo de los Gentiles está próximo a su término y pronto el mensaje será llevado a los Judíos por sus hermanos que han salido de entre las naciones Gentiles. En una revelación dada a la Iglesia en marzo de 1831, el Señor dijo:

“Y cuando llegue el tiempo de los gentiles, resplandecerá una luz entre los que se asientan en tinieblas, y será la plenitud de mi evangelio;
mas no lo reciben, porque no perciben la luz, y apartan de mí su corazón a causa de los preceptos de los hombres.
Y en esa generación serán cumplidos los tiempos de los gentiles.” (Doc. y Con. 45:28-30).

Podemos observar que el tiempo de los Gentiles rápidamente se está terminando, si nos fijamos en las señales de los tiempos. Una de estas señales primeras que denotaban que el tiempo de los Gentiles se estaban cumpliendo fué cuando Palestina se cedió a Gran Bretaña y el estado Judío fué proclamado. Otro indicio es que los Judíos están empezando a creer en Cristo. No han llegado al punto en que lo quieran recibir voluntariamente como su Redentor, y no lo harán, sino tan solo uno que otro individuo, hasta que Cristo venga como su Salvador. Sin embargo, durante los últimos cien años, ha habido un camino maravilloso en creencia y actitud de parte de nuestros hermanos Judíos hacia Jesucristo. Hace cien años, no tenían ninguna cosa buena que decir de Él, pero ahora muchos de sus hombres de influencia lo aceptan como uno de sus profetas. Una cosa asombrosa de esto es que Nefi lo profetizó y dijo: “Y acontecerá que los judíos que estén dispersos empezarán también a creer en Cristo; y comenzarán a congregarse sobre la faz de la tierra; y cuantos crean en Cristo también llegarán a ser una gente deleitable.” (2Nefi 30:7).

Parte del gran plan

Es parte del gran plan de los Judíos que se junten en su incredulidad y entonces nuestro Señor se les aparecerá como nos dice Zacarías. Y entonces serán plenamente convertidos, y no antes. Sin embargo hay un gran trabajo que llevar a efecto entre los restos esparcidos de Israel; el Señor ha dicho:

“Y entonces el poder del cielo descenderá entre ellos, y también yo estaré en medio.

Y entonces empezará la obra del Padre en aquel día, sí, cuando sea predicado este evangelio entre el resto de este pueblo. De cierto os digo que en ese día empezará la obra del Padre entre todos los dispersos de mi pueblo, sí, aun entre las tribus que han estado perdidas, las cuales el Padre ha sacado de Jerusalén.” (3Nefi 21: 25-26).

Que el Señor los bendiga en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Una respuesta a El tiempo de los Gentiles

  1. Carmen dijo:

    Muy importante mensaje me ayudo mucho y comprender mas aserca del gran amor que dios tiene para con todos sus hijos y si deseo de corazón que nuestros hnos los judíos resiban desde verdadero evangelio y las tribus? Perdidas no ay duda que ya están recibiendo esta bendición

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