La Congregación de Israel

La Congregación de Israel

Joseph Fielding Smith

(Discurso pronunciado por radio el domingo 10 de septiembre de 1944 por la estación KSL de Salt Lake City, Utah.)


Si todas las cosas han de ser restauradas en la dispensación de la plenitud de los tiempos, como predijeron Pedro y Pablo, entonces tiene que haber, como parte de esa gran restauración, la congregación de Israel. Es bien conocido que los profetas predijeron la dispersión de Israel a todas partes de la tierra, mucho antes de que esa dispersión comenzara. Este hecho es una de las evidencias del origen divino de las profecías en la Biblia, en vista de que la dispersión fué cumplida literalmente.

La promesa del regreso de Israel fué proclamada con igual énfasis y tiene que ser cumplida tan seguramente como la dispersión.

La herencia dada a Abraham y su posteridad sería una herencia eterna. No les fué dada por unos pocos años, mientras se portaban bien, para después serles quitada cuando su comportamiento no era bueno. Es verdad, que fueron echados de sus heredades por su rebelión, pero aún sigue en su fuerza la promesa hecha por el Señor a Abraham, y aun cuando los profetas les amonestaban acerca de su dispersión, por su desobediencia, también dijeron que en los últimos días cuando se hubieren arrepentido, de nuevo serían juntados. Moisés dijo, “porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá ni se olvidará del convenio que él juró a tus padres”. (Deut. 4:31).

Alcanza hasta la eternidad

La promesa de la herencia de Israel alcanza hasta la eternidad cuando la tierra será limpiada y hecha digna habitación de los justos, de otro modo la promesa a Abraham e Israel habría fallado, porque, como mostró el mártir, Esteban, el Señor dio esta tierra de Palestina a Abraham y su posteridad para siempre, y sin embargo durante su vida terrenal, Abraham no recibió “…ni aun para asentar un pie, pero le prometió que se la daría en posesión a él y a su descendencia después de él, aunque no tenía hijo todavía.” (Hechos 7:5).

La congregación de Israel es una de las doctrinas importantes enseñadas por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y ella es evidencia de la misión divina de José Smith. La Iglesia no tan solamente tiene que predicar esta doctrina de la congregación, sino también tiene que practicarla. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se para sola entre las iglesias cristianas, enseñando y practicando la congregación de sus miembros, en cumplimiento de los antiguos profetas.

En una revelación dada a la Iglesia en septiembre de 1830, el Señor dijo:

Y sois llamados para efectuar el recogimiento de mis escogidos; porque estos escuchan mi voz y no endurecen su corazón.

Por tanto, del Padre ha salido el decreto de que serán recogidos en un solo lugar sobre la faz de esta tierra, a fin de preparar su corazón, y que se preparen en todas las cosas para el día en que se derramen tribulaciones y desolación sobre los malvados”. (D. y C. 29:7-8).

Por revelación a la Iglesia, se ha declarado a la América como la tierra de Sión, de la cual se habla en la Biblia. Las escrituras son enfáticamente claras en cuanto a que tendrá que haber tal congregación en cumplimiento de esta promesa. La autoridad debida para principiar la congregación de Israel tiene que ser dada a hombres debidamente apartados como siervos del Señor. Los hombres no pueden tomar sobre sí el mandamiento de juntar a Israel, como tampoco pueden tomar sobre sí la autoridad de oficiar en cualquiera de las ordenanzas del evangelio, sin ser debidamente apartados por llamamiento divino.

Una predicción de Jeremías dice:

Por tanto, he aquí, vienen días, dice Jehová, en que no se dirá más: ¡Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto!

sino: ¡Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras adonde los había arrojado! Porque los haré volver a su tierra, la cual di a sus padres.

He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán; y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán por todo monte, y por todo collado y por las cavernas de los peñascos”. (Jer. 16:14-16).

Y otra vez dice:

“Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo: y os tomaré uno de una ciudad, y dos de una familia, y os introduciré en Sion;

“Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten de ciencia y de inteligencia”. (Jer. 3:14-15).

Nombramiento divino

Vemos por esto que fué el Señor quien iba a mandar los cazadores y pescadores. Era el Señor que iba a dar a estas gentes pastores según su corazón. Los hombres no tomarían sobre sí este llamamiento y autoridad, sino que serían divinamente nombraros para juntar y conducir de su dispersión a estos israelitas arrepentidos en los últimos días.

José Smith y sus asociados reclamaron que mensajeros celestiales bajaron y les confirieron autoridad divina y les comisionaron que mandaran embajadores para buscar a Israel esparcida. El Señor dijo a sus pastores escogidos:

Y la voz de amonestación irá a todo pueblo por boca de mis discípulos, a quienes he escogido en estos últimos días.

E irán y no habrá quien los detenga, porque yo, el Señor, los he mandado”. (D. y C. 1:4-5).

En obediencia a esta comisión sus siervos escogidos han salido durante los ciento veinte años pasados proclamando la restauración del Evangelio. Han ido a casi todo clima. Han buscado estos israelitas esparcidos de entre las cavernas de los peñascos, han pescado por ellos como los discípulos de la antigüedad pescaban. Una cosa muy peculiar pero a la vez significativa conectada con la conversión de estas personas al Evangelio de Jesucristo, es el hecho de que después que se bautizan han sentido un gran deseo de juntarse con el cuerpo de los Santos. Este deseo no sigue a los convertidos de otras fes, y es evidencia presuntiva de que los misioneros de la Iglesia han sido llamados divinamente.

El Señor dijo a Juan:

Y oí otra voz del cielo, que decía: ¡Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis parte de sus plagas!”, (Apoc. 18:4).

Esto se dijo de la Babilonia espiritual, la cual es el mundo.

Si José Smith no hubiera incluido en sus enseñanzas de la restauración esta doctrina de la congregación hubiera sido una evidencia de que su misión era falsa, porque esta es uno de los mandamientos necesarios para ser restaurado en estos últimos días y por eso el Señor no permitió que se dejara esto atrás.

Autoridad restaurada

Moisés poseía las llaves de la congregación de Israel. El recibió la primera comisión de juntarlos y sacarlos de Egipto y plantarlos en su tierra prometida. Cuando Moisés apareció en el monte con Elías, confirió las llaves de esta autoridad de conducir a Israel sobre Pedro, Santiago y Juan para la dispensación del meridiano de los tiempos. El tercer día de abril de 1836, este mismo Moisés vino a José Smith y Oliverio Cowdery” en el Templo de Kirtland y confirió sobre ellos “las llaves de la congregación de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de conducir a las diez tribus de los países del norte”. (D. y C. 110:11).

Mientras que el Señor prometió u los hijos de Israel que serían restaurados a sus tierras en Palestina, sin embargo hay muchas predicciones que apuntan que la congregación del Israel esparcido será primero a este Continente Americano, el cual el Señor ha designado como la tierra de Sión. Es aquí donde vendrán todos los descendientes de las diez tribus mientras que los de la casa de Judá se congregarán en Palestina. En una, revelación dada a la Iglesia en noviembre de 1831, el Señor dijo:

Sí, abrid vuestra boca y será llena, y decid: Arrepentíos, arrepentíos y preparad la vía del Señor, y enderezad sus sendas; porque el reino de los cielos está cerca;

sí, arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros para la remisión de sus pecados; sí, bautizaos en el agua, y entonces vendrá el bautismo de fuego y del Espíritu Santo.

He aquí, de cierto, de cierto os digo, este es mi evangelio; y recordad que deberán tener fe en mí, o de ninguna manera podrán salvarse;

y sobre esta roca edificaré mi iglesia; sí, sobre esta roca estáis edificados, y si perseveráis, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros”. (D. y C. 33:10-13).

Hay profecías en la Biblia que corresponden a esta. De ellas cito la siguiente:

Y acontecerá en los postreros días que será establecido el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.

Y vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará acerca de sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová”. (Isa. 2:2-3).

Predicción cumplida

Esta predicción se ha cumplido literalmente. Miles de personas han venido a los valles de estas montañas de toda tierra y clima, proclamando estas palabras de Isaías y Miqueas, y aquí han encontrado la palabra del Señor y han entrado en los convenios, en la casa del Señor, la cual los profetas dijeron les sería ofrecida para que caminaran en sus sendas. No hay ningún otro lugar en la tierra en que se encuentre un sitio semejante a esta descripción y al cual infinidad de personas se están congregando.

Isaías dijo además:

Y alzará estandarte a las naciones lejanas y les silbará desde el extremo de la tierra; y he aquí que vendrán pronto y velozmente.

No habrá entre ellos cansado ni quien tropiece; ninguno se dormirá ni a ninguno le dará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos ni se le romperá la correa de su calzado.

Sus saetas están afiladas y todos sus arcos tensados; los cascos de sus caballos serán como de pedernal; y las ruedas de sus carros, como torbellino”. (Isa. 5:26-28).

Quizá ésta no se haya cumplido enteramente, pero la gente se ha congregado velozmente. Han cruzado el Continente en los ferrocarriles sin desatar la correa de sus zapatos ni quitar su ropa, con rumbo a Sión. El tiempo puede estar no muy distante cuando vendrán por aire y así cumplir lo demás de esta profecía. Y hablando de las uñas de los caballos y las ruedas ¿no puede ser que el profeta trataba de mostrar los ferrocarriles en que la gente viaja? Recordaos que esta profecía fué hecha en la Palestina, y es lo suficientemente lejos de estos valles para cumplir la profecía.

De nuevo Isaías dice:

Y levantará estandarte a las naciones, y juntará a los desterrados de Israel y reunirá a los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra.

Y se disipará la envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán talados. Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín,

sino que volarán sobre los hombros de los filisteos al occidente y saquearán juntos a los hijos del oriente. Edom y Moab estarán bajo su mano y los hijos de Amón les rendirán obediencia”. (Isa. 11:12-14).

Por Filisteos se entiende los que no son de Israel, y ellos llevarán a los israelitas arrepentidos que regresan, a su destino en el oeste.

Jeremías dijo esto:

“En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntamente; e irán andando y llorando, y buscarán a Jehová su Dios.

Preguntarán por el camino de Sion, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid y unámonos a Jehová en un convenio eterno que jamás se echará en el olvido”. (Jer. 50:4-5).

Herencia de los congregados

En la palabra del Señor dada a saber en estos días se nos informa que el número mayor de los que ahora se están juntando son de Efraín quien tuvo la primogenitura en Israel, y por consiguiente en esta dispensación se paran a la cabeza para bendecir a los otros israelitas al venir a Sión.

El Señor pronto recordará a los que están perdidos y los conducirá a Sión y está escrito:

“Y los que estén en los países del norte serán recordados ante el Señor, y sus profetas oirán su voz, y no se contendrán por más tiempo; y herirán las peñas, y el hielo fluirá ante su presencia.

Y se levantará una calzada en medio del gran mar.

Sus enemigos llegarán a serles por presa,

y en los yermos desolados brotarán pozos de aguas vivas; y la tierra reseca no volverá a tener sed.

Y traerán sus ricos tesoros a los hijos de Efraín, mis siervos.

Y los confines de los collados eternos temblarán ante su presencia.

Y allí se postrarán, y serán coronados de gloria, sí, en Sion, por la mano de los siervos del Señor, los hijos de Efraín.

Y serán llenos de cantos de gozo sempiterno.

He aquí, esta es la bendición del Dios sempiterno sobre las tribus de Israel, y la bendición más rica sobre la cabeza de Efraín y sus compañeros.

Y también los de la tribu de Judá, después de su aflicción, serán purificados en santidad ante el Señor, para morar en su presencia día y noche, para siempre jamás”. (D. y C. 133:26-35).

Entonces se habrán cumplido estas palabras de Isaías:

¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que publica la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: Tu Dios reina!

Tus atalayas alzarán la voz; juntamente darán voces de júbilo, porque ojo a ojo verán cuando Jehová vuelva a traer a Sion.

Prorrumpid en alabanzas, cantad juntamente, ruinas de Jerusalén, porque Jehová ha consolado a su pueblo, ha redimido a Jerusalén.

Jehová ha desnudado su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro”. (Isa. 52:7-10).

Que el Señor os bendiga y os guíe, pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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