Genealogía

Genealogía

Dr. John A. Widtsoe


¿Cuál es nuestra obligación personal para la salvación de nuestros muertos?

La obra para la salvación de los muertos es de suprema importancia. José Smith declaró que “. . .nosotros sin ellos (los muertos) no podemos ser hechos perfectos; ni ellos sin nosotros pueden ser hechos perfectos”. (D. y C. 128:18). En otra ocasión el profeta dijo: “La más grande responsabilidad en este mundo que Dios puso sobre nosotros es buscar por nuestros muertos, (Enseñanzas del profeta José Smith, p. 356). Y el amonestó que, “estos Santos que son negligentes en beneficio de sus parientes fallecidos, lo hacen con peligro de su propia salvación”. (Enseñanzas pág. 193).

La razón básica de la importancia de la obra para los muertos, es que el Señor desea salvar a todos sus hijos. El plan de salvación es absolutamente universal. La obra del Señor no será completada hasta que todos los que vengan a morar sobre la tierra hayan tenido una plena y equitativa oportunidad de aceptar o rechazar el Evangelio. El poder para hacerlo así permanece con los muertos en el mundo espiritual, donde el Evangelio les será predicado.

Sin embargo las posibles bendiciones de la salvación están condicionadas sobre la obediencia a los principios y ordenanzas del plan. Los muertos tanto como los vivos deben cumplir con los requerimientos para la salvación. Estos requerimientos son de naturaleza dual. Estos que pueden aplicarse en la vida después de ésta, en el cielo, y éstos que deben ser ejecutados sobre la tierra. Fe y arrepentimiento pueden ser desarrollados en el mundo espiritual. Bautismo con agua (un elemento estrictamente terrenal) una ordenanza necesaria del evangelio, puede ser ejecutada únicamente sobre la tierra.

Esto hace a los muertos dependientes de nosotros, los vivos, por ayuda. Siendo que los muertos no pueden someterse por sí mismos a las ordenanzas que son específicamente de la tierra, no obstante que por edicto divino son requisito para la entrada en el reino del cielo, la única cosa que puede ser hecha, puesto que la ley no puede ser quebrada, es de que algún viviente en la tierra ejecute estas ordenanzas en beneficio de los muertos. Tal obra vicaria, por supuesto, vendría únicamente a ser efectiva cuando los muertos acepten la obra así hecha para ellos. Esto provee un modo, por el cual, con la ayuda de los vivos, los fieles muertos pueden alcanzar su pleno destino.

A menos que nosotros, los vivos, ejecutemos tal obra para los muertos, nos ponemos en contra del propósito del Señor en cuanto a todos sus hijos. Esto coloca sobre nosotros, de cada generación aun entre los vivientes, el deber de ayudar a completar el plan de salvación. A tal ayuda todos nosotros estamos obligados, por haber aceptado las proposiciones presentadas en el concilio en los cielos. Nosotros acordamos allí de ayudar a llevar el plan a su finalización. Esto explica la afirmación del Profeta, de que nuestra más grande obligación es ayudar a abrir las puertas de la salvación para los muertos; y también la amonestación de que nosotros ponemos en peligro nuestra propia salvación por ser negligentes a este deber.

El primer paso hacia tal ayuda, y un paso necesario, es asegurar los nombres de los muertos con suficientes datos vitales en cuanto a parentesco, tiempo y lugar de nacimiento, matrimonio y muerte. Tal búsqueda genealógica debiera comenzar con la información poseída por nuestros familiares inmediatos—padres, abuelos, bisabuelos— lo cual proveerá llaves y conexiones cuando los libros manuscritos sean más tarde examinados.

La investigación genealógica, una de las más importantes actividades de los Santos de los Últimos Días, es de poco valor, a menos que no sea hecha la obra en los templos para nuestros familiares ya idos. El segundo paso para ayudar a los muertos, es, por lo tanto, abrir las puertas de la salvación por ejecutar las ordenanzas de los templos para ellos, bautismos, dotaciones y el sellamiento de los grupos familiares.

La llave al éxito y gozo en tal obra, es la regularidad. Hacer alguna obra genealógica en los templos en períodos fijos, regulares, trae grandes recompensas en una tarea realizada, y una satisfacción interior. Estos que no han tratado de hacerlo han perdido mucho. Una de las más grandes recompensas de hacer la obra para los muertos es que asegura la organización de toda la familia humana. El gobierno del cielo es por familias. Es patriarcal. Todos los que aceptan el evangelio son reunidos, como una unión de familias, como una gran familia. Por lo tanto una y parte de la obra para los muertos quienes aceptan el evangelio, es sellar los miembros de las familias juntos para la eternidad. Aquellos que fueron casados hasta que la muerte los separase, están sellados por nosotros para toda la eternidad. A tales parejas casadas por la eternidad, les son sellados, por la eternidad, los hijos que les fueron nacidos sobre la tierra, bajo el matrimonio limitado por tiempo.

Así la cadena de las familias será unida, hacia atrás al primer hombre y mujer. Así los fieles de la tierra de todas las edades, serán como una gran familia. Esta es la organización estructural de la raza de los fieles hijos de Dios. Esto hace posible mucho de los más gloriosos dones del plan de salvación.

La doctrina o el poder de sellar de Elías es como sigue: Si tú tienes el poder para sellar en la tierra y, en los cielos entonces seremos sabios. Lo primero que haréis, es ir y sellar en la tierra tus hijos e hijas a tí mismo y tú a tus padres en gloria eterna, y sigue adelante, y no retrocedas, sino que usa un poco de sabiduría, y sella todo lo que puedas, y cuando vayas al cielo di a tu Padre que todo lo que sellas en la tierra debe se sellado en el cielo, de acuerdo a su promesa (Enseñanzas, pág. 340).

Debiera ser recordado que la obra para los muertos debe ser hecha por cada individuo separadamente. El hombre hace la obra por un hombre, y la mujer por una mujer. El modelo para la tierra y el cielo es el mismo.

“Un hombre es ordenado y recibe sus lavamientos, unciones y dotaciones, por la porción masculina de la posteridad suya y de su esposa, y su esposa por la porción femenina”. (Discursos de Brigham Young, p. 405).

Salvación en masa no es menos posible para los muertos que lo es para los vivos. Cada individuo, vivo o muerto, debe actuar por sí mismo, y nunca debe ser sumergido en un grupo. Así es mantenido el derecho de libre agencia y responsabilidad personal. “. . .Cada hombre que desea salvar a su padre, madre, hermanos, hermanas, y amigos, debe efectuar todas las ordenanzas paro cada uno de ellos separadamente, de bautismo a ordenación, lavamientos y unciones, y recibir todas las llaves y poderes del sacerdocio, igual que para sí mismo”. (Enseñanzas, p. 363).

Obrar en la tierra para los muertos, conecta los mundos terrenal y espiritual. Trasciende el tiempo y se mueve en la eternidad. No puede ser hecha por nadie a voluntad, requiere autoridad especial. El bautismo, la dotación, y todas las otras ordenanzas vicarias, son realizados bajo la autoridad del sacerdocio. A la Iglesia le ha sido conferida autoridad especial para el sellamiento de los muertos, esposas a esposos, hijos a padres. Este es un poderoso poder, el más grande entregado a la Iglesia.

“Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos”. Mateo 16:19 ver también D. y C. 132:46).

Las llaves de este poder y autoridad son poseídas por el presidente de la Iglesia, y por él sólo. Él puede conferir a otros el poder para efectuar tales sellamientos, por períodos limitados, y en lugares fijados, pero puede retirar la autoridad en cualquier tiempo. Esta obra sagrada para los vivos y para los muertos es ejecutada en lugares especialmente dedicados para tal propósito. Dondequiera que los santos puedan hacerlo, se deben edificar templos para realizar estas obras sagradas. Y cuando existen templos, las ordenanzas de dotaciones, y la obra para los muertos no puede ser hecha en otros lugares.

porque esta ordenanza pertenece a mi casa, y no me puede ser aceptable, sino en los días de vuestra pobreza, durante los cuales no podéis edificarme una casa“. (D. y C. 124:30). No habrá más bautismos para los muertos, hasta que la ordenanza pueda ser realizada en la casa del Señor. (Enseñanzas, p. 193).

Esto explica por qué los Santos de los Últimos Días son un pueblo edificador de templos.

Aquellos que aceptan la obligación de ayudar a llevar el evangelio a toda la familia humana, vivos y muertos, reciben grandes recompensas. La obra para gente ya ida de la tierra, hace tiempo, y desconocida a nosotros, desarrolla el desinterés. Nos entrena en la imitación del Señor, quién dio su vida en medio de profundos sufrimientos, por sus hermanos y hermanas en la tierra. Un poderoso entendimiento sigue a tal servicio, que capacita al hombre a enfrentar más perfectamente cada aspecto de la vida, y a vivir dignamente ante los hombres y ante Dios.

Ningún otro requerimiento de la Iglesia eleva al hombre más cerca a la semejanza de Dios. En una pequeña medida nosotros hacemos por nuestros hermanos y hermanas, lo que el Señor hizo para nosotros. Como El, venimos a ser salvadores de otros, “salvadores en el monte de Sión”. Lean las palabras de José Smith el Profeta:

¿Pero cómo podrán ellos (el pueblo de la Iglesia) ser salvadores en el monte de Sión? Por edificar sus templos, erigir sus fuentes bautismales, y adelantarse y recibir todas las ordenanzas, bautismos, confirmaciones, lavamientos, unciones, ordenanzas, y poderes sellantes sobre sus cabezas, en beneficio de todos sus progenitores que han muerto, y redimirlos para que ellos puedan salir en la primera resurrección, y ser exaltados, a tronos de gloria con ellos; y ésta es la cadena que liga los corazones de los padres a los hijos, y los hijos a los padres, lo cual cumple la misión de Elías. (Enseñanzas, p. 330).

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