La Misión de Jesucristo

La Misión de Jesucristo

por Joseph Fielding Smith

(Discurso pronunciado por radio el domingo, 24 de diciembre de 1944 por la estación KSL de Salt Lake City, Utah).


En este momento mientras estoy hablando, están cantando himnos de alabanza en memoria del Bebé de Bethlehem cuando van de puerta en puerta en la friolenta noche. Lumbres en muchos fogones están ardiendo con alegres llamas, mientras el árbol tradicional de Navidad se está vistiendo, y un sinnúmero de niños, son mandados a acostarse, esperando la venida de la aurora con suspensa anticipación en cuanto a ver qué les traen en forma de regalos las manos cariñosas. Cuando la mañana llega, algunos inclinarán sus cabezas en humilde suplicación “Al Padre de las Luces” por las bendiciones que ellos han recibido por medio de los sufrimientos de su Hijo Amado, y leerán la maravillosa historia con agradable alabanza. Otros, infortunadamente, que saben poquito, si acaso saben, de la deuda que ellos tienen con el Hijo de Dios, celebrarán, pero no en alabanza y humilde oración, sino en borracheras blasfemas y regocijos ruidosos, sin el menor pensamiento del significado del nacimiento’ del Hombre de Galilea.

En la niebla de toda la celebración, oraciones y exhortaciones, habrá flotando sobre la gente una nube de tristezas por la presente condición de contiendas, odio y derramamiento de sangre que ha barrido todas las esquinas del mundo. Todo esto ha sucedido porque la humanidad se ha olvidado del Hijo de Dios y ha ignorado sus sagradas enseñanzas. ¿Cómo podrá alguno leer esta bella historia del nacimiento de Jesucristo, sin desear abandonar sus pecados? En esta estación del año es bueno para todos —el rey en su palacio— si hay reyes en palacios ahora—el campesino en su humilde casa, el rico y el pobre, el doblar la rodilla y pagar honor a El que fué sin pecado, cuya vida fué condenada a sacrificio y pesares para los beneficios de sus semejantes; cuya sangre fué vertida como sacrificio por el pecado, ninguno de él, porque Él estaba sin pecado, más por los de todos los que se arrepientan y obedezcan su voz para que ellos puedan ser redimidos de sus transgresiones.

Nacimiento del redentor

No hay historia tan hermosa, o que pueda mover el alma del humilde a lo profundo, como la gloriosa historia del nacimiento de nuestro Redentor. No hay palabras que el hombre pronuncie que puedan embellecer o mejorar o añadir a la elocuencia de su humilde simplicidad. Ella nunca llega a ser antigua, no importa cuántas veces se relate, y el relato de ella a lo largo del tiempo es muy poco frecuente en los hogares de los hombres. Vamos a tratar de imaginarnos nosotros afuera con los pastores que vigilaban sobre sus rebaños aquella memorable noche. Estos fueron hombres humildes quienes no habían perdido la fe de sus padres, cuyos corazones no habían llegado a endurecerse como los corazones de los gobernantes de los Judíos en los días del Ministerio de Nuestro Señor, porque si así hubiera sido, los ángeles no se les hubieran aparecido con su glorioso mensaje. Vamos a repetir esta hermosa historia.

Y había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños.
Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.
Pero el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo:
que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.
Y esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían:
¡Gloria a Dios en las alturas,y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
Y aconteció que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron los unos a los otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado.
Y vinieron deprisa y hallaron a María, y a José, y al niño acostado en el pesebre”. (Lucas 2:8-16).

¿Puede algún alma leer esto y no ser tocada con el espíritu de humildad y ser impresionada con la simple verdad de la historia? Si así lo es, entonces el alma de ese hombre está verdaderamente encallecida con irrepetible pecado. El señor Cunninghan Geikie, en su excelente obra, “Vida y palabras de Cristo”, comenta de esta gloriosa escena, y dice:

“Con su siempre —memorable antífona— la primera y última melodía del firmamento jamás oída por oídos mortales —la luz desapareció de las montañas, cuando los ángeles se fueron al cielo, y dejaron al mundo otra vez más en la sombra de la noche, no sabiendo ni pensando nada de aquello que supremamente interesaba a mundos distantes. Maravillados de tal visión, y llenos de simple seguridad, los pastores tenían únicamente un pensamiento: de ver al niño y a su madre para sí mismos. Ascendiendo la montaña, por eso, con ansioso deseo se dieron prisa en ir a Bethlehem, y encontraron a María y a José y al niño acostados en el pesebre, como se los habían dicho a ellos.

“Ningunos detalles son dados: ni adornos del retrato de este primer acto de reverencia al nacido Salvador. Ni tampoco hacen falta. La humildad de los visitantes, la imagen pura de la virgen María y de su niño, es mejor que permanezcan en su propia simplicidad. La infancia es para siempre dignificada por el pesebre de Bethlehem: El estado de mujer es ennoblecido a sus más puros ideales en María: El hombre, como tal recibió permanente honor, en la temprana aceptación del homenaje a su Hijo siendo un humilde pobre”.

Seguidores profesos

¿Pero qué de esta hermosa historia? ¿La hemos permitido nosotros a que penetre e influencie nuestras vidas; la hemos aceptado en su entero significado sin reservaciones? ¿Creemos nosotros que este niño fué en verdad el Hijo Unigénito de Dios en la Carne, tenemos nosotros permanente fe en su misión y estamos dispuestos obedientemente a seguirle a Él? Si el mundo hubiera creído y hubiera sinceramente dado oídos a sus enseñanzas, entonces no hubiera sido despedazado por contiendas y disputas é iniquidades por todas las edades. Si el presente mundo hubiera sinceramente creído en su Misión; si los habitantes de este mundo quienes se han jactado que ellos son Cristianos hubieran sinceramente seguido al Profeta de Galilea, y con el espíritu de fe y de humildad hubieran creído verdaderamente en El, entonces este gran y terrible conflicto que ha traído muchos pesares, lamentaciones y miserias a muchos centenares de hogares nunca hubiera sido infligido sobre el mundo. Ha habido demasiado servicio de boca entre los profesos seguidores del Hijo de Dios y la adoración real ha sido muy poca basada sobre la integridad de sus enseñanzas.

El ángel le declaró al pastor en aquella gloriosa noche, que traía nuevas de gran gozo que serían para todo el pueblo; pero muy generalmente la gente en todas partes de la faz de la tierra, han rehusado recibir las bendiciones de esas nuevas. Ellos no han estado dispuestos a abandonar sus pecados, y en humillarse a sí mismos para colocar sus vidas en harmonía con las enseñanzas del Maestro. El Señor les dijo a sus discípulos cuando les envió a declarar las palabras de vida eterna:

¿Pensáis que he venido a la tierra para dar paz? Os digo: no, sino disensión.
El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra”. (Lucas 12:51. 53).

Y los enemigos del hombre serán los de su casa”. (Mateo 10:36).

¿Encuentra usted en este un conflicto con el mensaje pronunciado por el ángel treinta y tantos años antes? pero no hay conflicto allí. La venida del Hijo del hombre fué el mensaje de buenas nuevas y paz para todos quien sinceramente lo han seguido en sus enseñanzas; pero entre los inicuos, los que han rehusado sus enseñanzas, aunque con sus labios han profesado en creer en Él ha llegado la espada. La proclamación del Evangelio ha traído contiendas, odio, derramamiento de sangre entre aquellos que han faltado a comprender el significado de su misión y entre los que se le han puesto. Además, esta contienda y derrame de sangre no ha sido confinada a aquellos que han profesado creer en su nombre. La mayor parte de las guerras y la mayor miseria por medio de las guerras, durante los últimos mil años, han sido entre aquellos quienes profesan ser seguidores. Este hecho definitivamente ha probado que las naciones contenciosas estuvieron sin la guía del Espíritu v he aquí, ellos no han sido sus seguidores. Porque Pablo declara:

“(porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, y justicia y verdad)”, (Efesios 5:9), y otra vez, “Más el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad y fe”. (Gálatas 5:22). Ciertamente estas grandes cualidades han estado faltando en los corazones de los hombres y naciones por medio de los siglos que han intervenido y por esto ha venido al mundo un irresistible espíritu de odio, fluir de sangre y guerra.

La misión de cristo no entendida

Parece, cuando uno piensa sobre el presente conflicto en el mundo, que la misión de Cristo no ha sido entendida; o si se entiende, entonces ha habido uno de los más tremendos descuidos de lo por lo que El dio su vida para cumplir, poniéndolo de este modo en abierta ignominia. Todas las naciones Europeas tanto como la nuestra ahora en guerra, han profesado en aceptar al Hijo de Dios como su Redentor; pero esas profesiones se han caído al suelo como manzanas agusanadas.

Misión doble

La misión de Jesucristo ha sido proclamada con claridad en las Escrituras, pero a un mundo incrédulo. Los hombres aman la obscuridad mejor que la luz y las consecuencias de tal acción ahora se están sintiendo por toda nación lengua y pueblo.

El unigénito Hijo de Dios vino primariamente para “morir en el mundo. Se habla de El en las Escrituras como “El Cordero muerto desde la fundación del mundo”. (P. de G. P. Moisés. 7:47). El significado de esto es que El fué escogido en su misión como Redentor para un mundo caído, aún antes que la fundación del mundo fuera hecha. Su gran misión es doble. Primero, para redimir a todos los hombres independientes de su obediencia o desobediencia, su buena voluntad en guardar sus mandamientos, o su rechazamiento a esos mandamientos, y esto es hecho porque desde Adán todos los hombres han sido inocentes por causa de la muerte en el mundo. Por esto ellos son redimidos de sus consecuencias independientemente de su creencia o falta de creencia en el Hijo de Dios. Segundo; El vino al mundo para salvar a todos los hombres de las consecuencias de sus propios pecados, si ellos están prestos a arrepentirse. Él ha dicho al pueblo en esta generación:

Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten;
mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo;
padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar.
Sin embargo, gloria sea al Padre, bebí, y acabé mis preparativos para con los hijos de los hombres”.(D. y C. 19:16-19).

Ningún hombre puede salvarse en el Reino de Dios si no se arrepiente; pero todos los hombres recibirán la resurrección después de la muerte en el cuerpo, y entonces ellos serán asignados a sus propios lugares según sus obras.

Aquí están algunas enseñanzas del Hijo de Dios:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.
Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”. (Mateo 11:28-30).

“mas el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna”. (Juan 4:14).

Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre; y el que en mí cree no tendrá sed jamás.” (Juan 6:35).

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más pasó de muerte a vida”. (Juan 5:25).
“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna.
Yo soy el pan de vida”. (Juan 6:47-48).

El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. (Juan 6:63).

“Mi doctrina no es mía, sino de aquél que me envió. El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mí mismo”. (San Juan 7:16-17).

 “…Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Juan 8:12).
“Dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. (Juan 8:31-32).
“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?”. (Juan 11:25-26).

“…Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. (Juan 14:6).

Estos son algunos pocos de los testimonios que Jesús dio de El mismo y de su misión. ¡Qué lástima es que ellos no pudieron ser seguidos! ¡Qué mundo de pleito y miseria se hubiera apartado! Ahora otra vez en estos días cuando El Señor mismo ha llamado a los días de “debilidad y venganza” el otra vez ha hablado y llamado sobre todos los hombres en todas partes a que se arrepientan. Él ha dicho por medio del Profeta José Smith en la presente dispensación:

¡Oh vosotras, naciones de la tierra, cuántas veces os hubiera juntado como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas, mas no quisisteis!
¡Cuántas veces os he llamado por boca de mis siervos y por la ministración de ángeles, y por mi propia voz y por la de los truenos y la de los relámpagos y la de las tempestades; y por la voz de terremotos y de fuertes granizadas, y la de hambres y pestilencias de todas clases; y por el gran sonido de una trompeta, y por la voz del juicio y de la misericordia todo el día; y por la voz de gloria y de honra y la de las riquezas de la vida eterna, y os hubiera salvado con una salvación sempiterna, mas no quisisteis!”. (D. y C. 43:24- 25).

Otra vez más digo a todos los hombres en todas partes; tórnense de sus vías malignas a la verdadera adoración del Hijo de Dios, para que sus almas sean Salvas en el reino de Dios. Esto lo pido humildemente en el nombre de Jesucristo, Amén.

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