La Familia es Básica a los Principios y Planes del Evangelio Restaurado

La Familia es Básica a los Principios y
Planes del Evangelio Restaurado

Por el Presidente J. Rubén Clark
Discurso dado el 6 de octubre de 1951 en la sesión del sábado en la mañana de la 122 conferencia de la Iglesia que se congregaron en el tabernáculo en la manzana del templo.

La familia, si la miramos extensamente, es casi tan básica a los principios y el plan del evangelio restaurado como cualquier otro principio que yo conozco.


Mis queridos hermanos y hermanas me paro ante ustedes esta mañana para decirles algunas palabras y con un deseo en mi corazón que el Señor me bendiga, y para que me dirija en lo que les voy a decir, y que tenga el apoyo de su fe y sus oraciones. Con estas bendiciones que harán a mi favor yo seré bendecido y ustedes también.

Quisiera principiar haciendo memoria de un hombre que está ausente, uno que estaba con nosotros por cuarenta y siete años como un apóstol y como el presidente de la Iglesia; un hombre que tenía tan gran amor para con su prójimo como cualquier otro hombre que yo he conocido; un hombre que dejó con nosotros, o mejor dicho que dejó conmigo dos dichos muy importantes —”Todos somos hijos de nuestro Padre Celestial” y “No se metan en el territorio del diablo,”—principios fundamentales. Me estoy refiriendo, por supuesto, al presidente Jorge Alberto Smith.

En esta Iglesia nunca hay un interregno. Tan pronto como un presidente muere toma posesión el quorum de los doce; entonces proponen un presidente de la Iglesia y él es escogido y sostenido. Y siempre, los poderes y autoridad, las prerrogativas del que era descienden al que toma su lugar. Esos poderes y autoridades y responsabilidades han descendido sobre el presidente David O. McKay, quien está administrando en los negocios de la Iglesia con sabiduría, y con comprensión, y es inspirado por revelaciones de Dios según su voluntad.

Durante esta conferencia se ha dicho mucho de lo que yo he estado pensando desde hace muchos meses, no obstante quisiera yo agregar algunas palabras más acerca de esto mientras les dirijo algunas palabras. Estoy refiriéndome al hogar y la relación familiar.
La familia, si la miramos extensamente, es casi tan básica a los principios y el plan del evangelio restaurado como cualquier otro principio que yo conozco. Tenemos un Padre y una Madre celestial, los padres de los espíritus de todos nosotros que estamos aquí. Y esos espíritus fueron creados para que viniesen a esta tierra para recibir tabernáculos mortales, para que en el debido tiempo del Señor dejáramos estos tabernáculos mortales y entonces en el debido tiempo los reasumiremos, y llegaremos a ser el alma perfecta, el cuerpo y el espíritu reunidos.

El Señor nos ha dicho que ha creado mundos sin número, y estoy seguro que es para este mismo propósito.

Vuelvo a repetir que la familia es fundamental porque sin ella no podemos alcanzar el destino que nuestro padre ha proveído para nosotros. Cuando vino Adán estaba solo. Y dijo Dios, “no es bueno que el hombre esté solo.” Le dijo a Adán, “multiplicad y henchid la tierra.” Vino Eva, y entonces fue dado el mandamiento que el hombre, “allegarse ha a su mujer,” dejando padre y madre “y serán una sola carne.” Esto fué repetido por él Salvador contestando la pregunta del fariseo insultante. Y por medio de esta unión llegamos a existir nosotros, nuestros tabernáculos mortales. En nuestros días el Señor ha revelado otro elemento, el sellamiento del hombre y su esposa por la eternidad, y por medio de esta unión los dos engendrarán carne y sangre.

Quisiera que reflexionaran sobre este hecho que nuestros hijos vinieron a nosotros con espíritus que nos pidieron que los trajéramos, pero fué por una operación que no conozco yo, que fueron asignados a nosotros; como visitas. Nosotros somos los responsables para hacer los tabernáculos de estos espíritus; y quisiera que cada uno de los miembros de la Iglesia grabaran esta realidad en sus corazones, que el niño que es de él o ella viene por medio de invitación de aquellos que lo han engendrado, y entonces quisiera que reflexionaran sobre la responsabilidad que esto trae a los hogares, de cada hombre o mujer que es padre. Su responsabilidad es de ver que este espíritu que ha recibido un tabernáculo no pierda ninguna oportunidad, por medio de ustedes, para que pueda probar su dignidad rectitud en este su segundo estado.

Y ahora el punto al cual quisiera dar énfasis es este—ustedes los padres pueden dar la responsabilidad a otros, pero es para ustedes y no lo pueden despojar.

No lo pueden dar al estado, no lo de ben dar al estado, porque cuando el estado toma la dirección e instrucción, y alzamiento de sus jóvenes entonces cesa de existir, como toda la historia del mundo lo enseña, el gran principio del libre albedrío, y no solamente esto, sino también todos los principios sagrados como la castidad y la moralidad, con muchas otras virtudes que son parte de una sociedad libre y que son esenciales en los principios del gobierno del Reino de Dios.

No pueden confiar sus niños, en el sentido de dar la responsabilidad a las escuelas. Ellas no pueden hacer el trabajo de ustedes. Pueden ayudar y a veces, pueden detraer o derrotar. He referido antes a las doctrinas perniciosas que están apareciendo en nuestras escuelas. No solamente políticas, de las cuales quisiera que se dieran cuenta pero también morales. La doctrina que el instinto sexual es como el instinto de comer es una doctrina de Satanás, y el hombre o mujer que lo enseña es inspirado de Satanás. Deben hacer todo el esfuerzo posible para que no se esparza esta doctrina.

No pueden entregar sus hijos a la sociedad. Eso nunca sería bueno. La sociedad está demasiado tolerante del mal, y demasiado’ ignorante acerca de cómo vivir una vida buena, demasiado fácil para traicionar y corromper.

Y últimamente la Iglesia no puede tomar la responsabilidad que es suya de entrenar sus hijos. La Iglesia puede ayudar, y debe ser la ayuda más grande; y si somos negligentes como miembros y organizaciones de la iglesia si no proveemos esta asistencia. Pero allende de la Iglesia —las escuelas dominicales, la Asociación de Mejoramiento Mutuo, La Primaria, La Sociedad de Socorro y todas las organizaciones del sacerdocio— allende de todo esto, está la familia, y es nuestra responsabilidad como padres que cumplamos completamente con nuestros deberes en este respecto.

Ahora hermanos, a lo más somos desmañados en dirigir a nuestros hijos. La mayoría del tiempo no estamos en casa y nuestros pensamientos están en otras cosas, nosotros tenemos que paliar la vida para toda la familia. Los que tienen posiciones en la Iglesia no estamos en casa en las tardes, además de los días que pasamos ganando el sostén de la familia. Vuelvo a repetir que somos algo desmañados. Así es que a las hermanas de la Iglesia, a las madres de la Iglesia, ellas a quienes el Señor ha destinado y planeado que sean los instrumentos inmediatos para perpetuar la raza, y de traer los espíritus a esta tierra, proveyendo cuerpos para ellos, a ellas les debemos confiar el levantamiento de nuestros hijos.

Y hermanas, cuando piensen ustedes de lo que es un niño, el tabernáculo mortal de un espíritu creado por nuestro Padre Celestial, un tabernáculo mortal que ustedes con todos los sacrificios que se han impuesto, con el peligro de bajar a el valle de sombra de la muerte para traer a este niño al mundo, cuando piensen de esto, ¿no sienten que es urgente e inmediato y que tan grande es la responsabilidad que se han traído sobre sí? Y la mayoría de las hermanas están cumpliendo muy bien sacrificándose por sus hijos, sus nietos, y aún a veces por sus biznietos. Que el Señor bendiga a todas ustedes, hermanas, con una abundancia de sus bendiciones por todos los sacrificios que hacen para sus hijos. ¡Estense cerca de ellos! Y sobre todo, vivan ustedes vidas buenas para que den buenos ejemplos a estos pequeñitos que han traído al mundo. Después de todo tal vez esa es nuestra responsabilidad más grande – de Vivir vidas rectas ante el Señor.

Otra cosa que quisiera mencionar es esto—espero que nunca piensen que sus hijos están más allá del alcance de la tentación o la transgresión. Lo más firmemente que piensen esto lo más en peligro está su familia. Nadie está seguro de la astucia y persuasión de Satanás. El alcanzó a Adán y Eva antes que viniera la mortalidad. Penetro a la familia de Adán y Eva y produjo el primer asesino. Por toda la historia ha alcanzado familias y personas de aquellos que están en posiciones de responsabilidad. Satanás alcanzó a David, un hombre que había sido recto, y cometió un gran pecado. Alcanzó al gran Salomón y robó su corazón. Y ahora en los tiempos modernos tenemos demasiados ejemplos de hijos de nuestros líderes que no viven como deben vivir. Por lo tanto les ruego hermanos y hermanas que no piensen que sus hijos están más allá del alcance de Satanás, pero siempre vayan hacia adelante, siempre conduzcan su vida familiar, siempre sean padres, y madres obrando sobre el hecho que Satanás está al codo de sus seres queridos queriendo llevarlos por el mal camino. Nunca olviden esto hermanos y hermanas.

Y ahora para terminar recuerdo que Moisés, cuidando los rebaños de su suegro en el Monte Horeb, vio un día a la zarza ardiendo que no se consumía. Siendo curioso, comenzó a caminar hacia la zarza que estaba ardiendo, y la voz del Señor vino de la zarza prohibiéndote que se acercara porque dijo el Señor, “el lugar en que tú estás, tierra santa es.” Así pienso yo que dentro de cada hogar de cada miembro está ardiendo el espíritu de Dios con un fugo flamante que no se consume pero está allí para guiarnos, para protegernos, y para ayudarnos con nuestros deberes y cada centímetro cuadrado del hogar, Tierra Santa es. Nunca debemos olvidar esto. Siempre recuerden, y siempre vivan para que en ninguna manera manchemos la santidad del hogar que es nuestro.

Que Dios bendiga a los Santos en sus dificultades y tribulaciones. Que los ayude en girar y dirigir sus hijos, que les dé el poder para enseñar a sus hijos en las vías de rectitud, para que ésta nuestra obra alcance su destino, para que crezca hasta que llene todo el mundo, esta bendición la pido en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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