Las Escrituras proveen conceptos verdaderos de Cristo, Salvador del Mundo

Las Escrituras proveen conceptos verdaderos
de Cristo, Salvador del Mundo

Por el Presidente J. Rubén Clark Jr.

Discurso dado el martes 11 de diciembre de 1951, en el devocional de la Navidad en la Universidad de Brigham Young.


Mis hermanos y hermanas: Es una experiencia humilde estar parado ante un grupo de discípulos quienes están buscando verdad. Oro humildemente que me ayuden con sus oraciones y fe que pueda decir algo que sea de ayuda para todos nosotros.

Mencionó el presidente Jensen que este edificio no tiene el ambiente del edificio José Smith. Yo también estoy de acuerdo. Pero uno de los cultos más inspirados a que he asistido era en una mina de carbón, donde no había adornos, muy poca luz natural, pero una abundancia de la luz interior en la cual últimamente dependeremos en la jornada de nuestra vida.

Al fin de aquella gran visión que Dios dio a Moisés en el Monte, que está registrada en el primer capítulo de Moisés, Dios dijo a Moisés:

“Porque, he aquí ésta es mi obra y mi gloria: llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.”

En aquella gran oración intercesora la cual el Salvador ofreció después de salir del cuarto, en camino hacia Getsemaní, dijo esta verdad básica:

“Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado”.

De conocer al Cristo es el deber de todos nosotros, y no sólo nuestro deber, pero nuestro privilegio; y conocerlo es tener vida eterna, la vida que todos buscamos.

Al contemplar en lo que les pudiera decir este día, se me ocurrió que probablemente si empezara con esta pregunta: “¿Quién era este Jesús, que es el Cristo?” y luego dar unas consideraciones sugestivas en contestación, podría ser de utilidad.

De vez en cuando pienso si nuestro concepto de Cristo es circunscrito sólo en los límites de su servicio mortal. Pensamos de él como el carpintero humilde, viviendo en un hogar humilde, pasando por su misión de la vida, desamparado en veces, burlado y despreciado en otras veces, y al fin crucificado por los suyos. Leemos de sus milagros, de sus grandes enseñanzas, las grandes verdades que nos dio, pero pensamos de él mucho como ser mortal. Unos lo juzgarán como Mesías por bu servicio mortal. Este servicio, entendido propiamente, dará el concepto correcto; pero demasiadas veces no hay un entendimiento completo.

Empezaremos por traer a la mente que Cristo es el primogénito nacido del Padre: el Unigénito del Padre (nosotros añadimos en la carne). Él se sienta a la diestra del Padre. El obra para y por el Padre, como agente de él. “para reinar con omnipotente poder de acuerdo con la voluntad del Padre”.

En relación con su personalidad, yo pensé que probablemente esta mañana, si yo les leyera unas pocas escrituras y hablara un poco acerca de ellas, pudiera ayudarles un poco para tener mejor concepto de Cristo, como puede ser que lo tenemos ahora. Voy a leer de Moisés, primer capítulo, verso 31, y seguir, y luego quiero hacer unas observaciones de ello.

Lo que dijo el Señor de sus creaciones

Dios le había enseñado a Moisés esta tierra y sus moradores. Luego llegó Satanás y lo tentó, pero Moisés resistió y lo reprochó. Orando al Señor, Moisés oyó una voz que venía de los cielos y recibió una grande visión de la tierra y sus moradores. La visión era tan maravillosa que

“… la gloria del Señor cubrió a Moisés, de modo que estuvo en la presencia de Dios y habló cara a cara con él. Y Dios el Señor le dijo a Moisés: Para mi propio objeto he hecho yo estas cosas. He aquí sabiduría, y en mí permanece.

“Y las he creado por la palabra de mi poder, que es mi Hijo Unigénito, lleno de gracia y de verdad.

“Y HE CREADO MUNDOS SIN NUMERO, y también los he creado para mi propio fin: y POR MEDIO DEL HIJO, QUIEN ES MI UNIGÉNITO, LOS HE CREADO.

“Y al primer hombre de todos los hombres he llamado Adán, que significa muchos.

“PERO SOLO TE DOY UN RELATO DE ESTA TIERRA y sus habitantes. PORQUE, HE AQUÍ, HAY MUCHOS MUNDOS QUE POR LA PALABRA DE MI PODER HAN DEJADO DE SER. Y HAY MUCHOS QUE HOY EXISTEN, Y SON INCONTABLES PARA EL HOMBRE; pero para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y yo las conozco.

“Y aconteció que Moisés habló al Señor, diciendo: Sé misericordioso para con tu siervo, oh Dios, y dime acerca de esta tierra y sus habitantes, y los cielos también; entonces quedara conforme tu siervo.

“Y Dios el Señor habló a Moisés, y dijo: LOS CIELOS SON MUCHOS Y SON INCONTABLES PARA EL HOMBRE; pero para mí están contados, porque son míos.

“Y así como dejará de existir una tierra con sus cielos, aun así aparecerá otra; y no tienen fin mis obras, ni tampoco mis palabras.”

El universo de los astrónomos

Estoy interesado en artículos que están relacionados con la astronomía. No soy astrónomo, nunca he estudiado astronomía; no voy a querer dar un discurso de astronomía; pero sí quiero llamarles la atención a dos o tres declaraciones por astrónomos que son relacionadas con estas palabras de la visión de Moisés, “Mundos sin fin. . . innumerables… al hombre. . . los cielos son muchos, y no pueden ser contados por los hombres.”

Todos estos fueron creados por Dios, por la agencia y la instrumentalidad de Jesucristo, el Unigénito del Padre, de conocerlo, junto con Dios, es vida eterna. Lo que les diré del universo es lo que los astrónomos han dicho en los últimos meses.

Últimamente, —en los últimos dos o tres años— se han establecido dos telescopios, uno de 200 pulgadas y el otro de 48, el primero conocido como el instrumento, Hale, y el otro como el Schmidt. Estos están localizados en Palomar, California.

El telescopio de 200 pulgadas llega más lejos al espacio que el hombre jamás ha llegado a ver. Diré ahora que la medida astronómica es el año luz, eso es la distancia que camina la luz caminando 186,000 millas o 2,157.000 kilómetros por segundo, en un año. Este instrumento Hale, el de 200 pulgadas, como lo llaman a veces, llega en el espacio a una distancia de un billón de años de luz, —un billón de años de luz.

Este instrumento, con el instrumento Schmidt, han hecho posible a los astrónomos el  calcular que, en el radio de un billón de años de luz, hay cien millones de “formaciones tremendas de estrellas, polvo y gas, llamados “Nebulosas “, cada una de ellas más o menos como nuestra galaxia, la Vía Láctea; nuestra única reclamación que nos queda es que “nuestra galaxia… es tan prende o más que cualquiera.” Cien millones de galaxias dentro de nuestro radio visual, y ¡Quien puede adivinar cuántos hay además de ellas! Seguramente “Incontables” son las obras de Dios al hombre.

Como nuestra Galaxia tiene el suyo, seguramente su propio cielo, así seguramente debe ser con otras galaxias; ni tampoco pueden ser contados los cielos en este tiempo por el hombre, aun como Dios dijo a Moisés. Hay opinión que estas galaxias están distribuidas uniformemente por el espacio.

Nuestra vía láctea

Solo unas palabras de nuestra Vía Láctea Galaxia; se supone que contiene cien billones de estrellas. Otro astrónomo habla de cinco billones y otro de un billón. No sabemos si unas de ellas o todas estas estrellas tienen sistemas planetarios asociados con ellos como nuestro sol o si ninguna lo tiene, no sabemos científicamente. Los astrónomos dicen que pudiera haber “un millón por cada estrella en el volumen presente del sistema, sin mucho peligro de frecuentes choques estelares”.

Se ha dicho que nuestra galaxia tiene un diámetro de cien mil años de luz. (Otra cuenta que he visto es de doscientos mil años de luz). Los astrónomos dicen que nuestra galaxia tiene la forma de un disco o rueda, que es más o menos veinte mil años luz de grueso. Los cuales están girando alrededor de un grupo de estrellas que parecen ser eje.  Recordaremos que Dios dijo a Abrahán en el principio de la visión que tuvo, en el cual Dios dio en breve la historia de la creación de la tierra en que estamos parados. Esto es lo que registra Abrahán.

“Y vi las estrellas, y que eran muy grandes, y que una de ellas se hallaba más cerca del trono de Dios; y había muchas estrellas grandes que estaban cerca de él.

“Y el Señor me dijo: Estas son las que rigen, y el nombre de la grande es Kólob, por causa de que está cerca de mí, pues yo soy el Señor tu Dios; a ésta la he puesto para que rija a todas aquéllas que son del mismo orden que esa sobre la cual estas”.

Con todas estas grandes creaciones en mente, recordemos las palabras de Dios (que se han citado) a Moisés:

“Y las ha creado por la palabra de mi poder, que es mi hijo Unigénito, lleno de gracia y de verdad.

“Y he creado mundos sin número, y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, quien es mi Unigénito, los he creado.

“…hay muchos mundos que por la palabra de mi poder han dejado de ser… y son incontables para el hombre.

“. . .Los cielos son muchos, y son incontables para el hombre; pero para mí están contados, porque son míos.”

En el registro de Abrahán, de su visión, nos dice que el Señor dijo.

“Hijo mío, hijo mío (y tenía extendida su mano), he aquí, te mostraré todas éstas. Y puso su mano sobre mis ojos, y vi aquellas cosas que sus manos habían hecho, y eran muchas; y se multiplicaron ante mis ojos, y no pude ver su fin.”

Que glorioso canto el Salmista:

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste:

“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, que lo visites?”

Este Hacedor de Mundos, este Hacedor de Universos, y el que los destruye, él es el que vino a este mundo; él es el que vino a esta tierra; él es el humilde Jesús; nacido en un mesón; envuelto en pañales; acostado en un pesebre.

He aquí él en esta parte—el Creador y Destructor de Universos, como Agente de Dios, que sencillas y simples parecían los lugares en donde hacía sus milagros y que están dando tanta guerra a los racionalistas.

Unos de los milagros de Jesús

Yo he pensado de unos de estos milagros en el sentido que eran los milagros de un creador, demostrando su poder activo, especialmente unos que los llamó milagros creativos el cambiar el agua a vino, que sencillo ha de haber sido —hubiera sido para una deidad quien hace universos ; el dar de comer a los 5000 que sencillo era eso. Y espero que ninguno de ustedes sea estorbado con el racionalismo pigmeo que sugestiona que la multitud comió de la comida que habían traído con ellos.

Este Creador del Universo, de cinco panes y dos pescados, hizo comida para poder darles de comer a todos. Probablemente para silenciar la crítica que se pudiera hacer, o la explicación, que los hipnotizó, el registro dice, “y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.” Cuando les dio de comer a los 4000 después de esto, también tenía la misma importancia.

Otros milagros nos dan la seguridad que tenía poder sobre los elementos: Estoy pensando cuando estaba durmiendo en el barco y empezó una tempestad. Los apóstoles tenía mucho miedo. Y lo despertaron. Y apaciguó la tormenta. Y después de haber dado de comer a los cinco mil cuando caminó sobre el agua, andando en ella, recuerdo lo asustado que estaban los apóstoles quienes estaban en el barco pensando que era espíritu.

Casi puede uno oír que les dice: “Confiad, yo soy; no tengáis miedo.” Luego respondió Pedro y le dijo: “Manda que yo vaya a tí sobre las aguas.” Jesús le dijo: “Ven.” Luego Pedro empezó a andar sobre el agua, pero su corazón y su fe le fallaron a la vista de las grandes olas. Empezó a hundirse. Y Jesús estrechó su mano para salvarlo, reprobándolo así: “Oh hombre de poca fe, ¿Por qué dudaste?”

Jesús controlaba el reino animal. Se acuerdan de la pesca milagrosa cuando llamó a Pedro, Santiago y Juan. Habían estado pescando toda la noche, pero no habían pescado nada. El pidió permiso de entrar a su barco para que pudiera hablar a la multitud; se alejaron un poco de la orilla, para que la multitud no se acercara mucho.

Cuando terminó de hablarles dijo: “Tira a alta mar, y echad vuestras redes para pescar.” Respondieron que habían pescado toda la noche, y no habían sacado nada. Sin embargo, a su palabra echaron sus redes y se llenaron de pescados, tanto que se reventaban las redes y tuvieron que llamar a Santiago y a Juan quienes estaban en un barco en la orilla, que vinieran. Pedro, ese gran Pedro, se derribó ante el Salvador. “Apártate de mí,” le dijo, “Porque soy hombre pecador.”

Y después, una experiencia parecida, en las mismas orillas del mar Galileo, después de su resurrección, cuando Pedro y los otros habían ido a pescar, no sabiendo que había que hacer en el servicio del Señor. Habían pescado toda la noche pero no habían sacado nada. Al amanecer vieron a un hombre en la orilla del mar, también había una lumbre chica. Una voz vino de la orilla: “Echad la red a la mano derecha del barco, y hallaréis.” Lo hicieron y fué llena. Juan, probablemente recordando la otra experiencia, dijo, “El Señor es”. Entonces Pedro ciñese la ropa, porque estaba desnudo (no quería pararse ante el Señor desnudo), y echase a la mar llegando a la orilla. Y allí comieron, aparentemente comió con ellos el Salvador. Allí es donde Pedro recibió el mandamiento, “Apacienta mis ovejas.”

Así que el humilde Jesús controlaba la vida animal.

Al fin, el reino vegetal estaba bajo su dominio, también, porque maldijo a la higuera estéril al pasar por allí. Muchos estudiantes tienen dificultad en entender ese milagro que es el principio; que él que no hace lo que su Creador le ha hecho que haga, está en peligro de ser reprendido. No pueden ser estériles con la inteligencia, los talentos, los cuales Dios les ha dado.

Que maravillas para los hombres, éstos y otros milagros de Jesús, pero comparablemente sencillos al creador y destructor de universos. ¿Dudaremos más en lo futuro del poder de Jesús de hacer el servicio que hizo en la tierra?

El concilio en los cielos

Pero primeramente quiero volver a otras observaciones de él como agente del Padre, y el uso específico que hizo de ello en crear el mundo.

Recordarán el gran Concilio del Cielo, del cual el Señor dijo a Abrahán en la visión, parte de la cual hemos citado. Encontrarán el registro en el Libro de Abrahán, y quisiera que todos ustedes jóvenes lo leyeran. Después de referir a la reunión en el Gran Concilio del Cielo, del Padre, con las inteligencias había unos de los que haría sus gobernantes, Abrahán siendo uno de ellos, el registro continúa:

“Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con él; descenderemos, pues hay espacio allá y tomaremos estos materiales, y haremos una tierra en donde éstos puedan morar. . .”

Den atención a las cosas aquí; Primero, “Hay espacio allá.” El creador de los mundos sabía dónde había espacio en el universo. Por otra parte, el mundo iba a ser hecho de materiales del espacio. Este pasaje, dado hace más de cien años, contradice la idea teológica de ese tiempo que el mundo fue hecho de nada.

Nuestros astrónomos nos dicen en este tiempo que por lo que ellos pueden pensar, los universos, esos cienes de millones de ellos, fueron hechos de polvo de estrellas y gases que flotan en grande nubes en los espacios intersiderales. Nuestra galaxia todavía tiene estas nubes grandes de gas flotando, de lo cual, probablemente en el tiempo debido del Señor otros sistemas se crearan.  Como se ha dicho, nosotros mismos, estamos flotando en una niebla vasta de polvo.

La creación del mundo

En el concilio del cielo, el propósito de la creación del mundo se hizo saber a estas inteligencias quienes estaban congregadas. El registro dice, después de anotar la rebelión en el cielo de Satanás y sus seguidores:

“Entonces el Señor dijo: Descendamos. Descendieron, pues, en el principio, y ellos, esto es, los Dioses organizaron y formaron los cielos y la tierra.” La tierra se hizo para que las inteligencias entre las cuales Dios descendió en este gran concilio, pudieran venir a este mundo y “probarse a sí mismos” para ver si guardaban los mandamientos del Señor.

Sólo aquellos que guardaran su primer estado vendrían a esta tierra. Porque estamos aquí, es prueba de que guardamos nuestro primer estado. Si guardamos éste, nuestro segundo estado, nos dice que recibiremos aumento de gloria sobre nuestras cabezas para siempre jamás.” Guardamos nuestro segundo estado por hacer lo que el Señor nos manda que hagamos.

Al Unigénito le fué cometido el trabajo de crear la tierra y todo lo que en ella hay. Declaró Juan:

“Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho fué hecho.

La caída

Pues, ustedes conocen el relato: Primeramente vino Adán, y cuando el mundo estaba listo, se le mandó a Eva. El Señor le dijo a Adán:

“Y yo, Dios el Señor, le di mandamiento al hombre, diciendo: De todo árbol del jardín podrás comer libremente.

“Más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás. No obstante, podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido; pero recuerda que yo lo prohíbo, porque el día en que de él comieres, de cierto morirás.”

Eva comió. Adán comió. Esto era la caída. Yo nunca he considerado la caída como un pecado malo, porque cuando se le explicó la situación a Adán y a Eva, Adán se regocijó de lo que había acontecido, y Eva dijo, “Si no hubiese sido por nuestra transgresión jamás hubiéramos tenido simiente.” Esto quería decir que si Adán y Eva se hubieran quedado en el jardín en su primer estado, no hubiéramos nacido, y no hubiéramos tenido nuestros cuerpos mortales, y el propósito del gran plan que se hizo en el Gran Concilio en el cielo no se hubiera llevado a cabo.

La caída de Adán trajo dos muertes al mundo. Antes de la Caída, Adán y Eva anduvieron y hablaron con Dios en el Jardín. La caída hizo que ya no estuvieran en la presencia de Dios. Esto es la muerte espiritual y llega a ser conocido en nuestras escrituras como la segunda muerte.

La otra muerte fué la corporal. Nuestros cuerpos mueren y van a la tierra de donde vinieron. Si no nos hubieran redimido de esta muerte corporal, no hubiéramos podido reunirnos con nuestros espíritus, y el plan del creador hubiera sido derrotado, el cual plan es basado sobre el hecho, como todos sabemos, que vivimos antes de venir aquí, que vivimos aquí, con tabernáculos de carne, y después de nuestra muerte, lo que separa espíritu y cuerpo, y nuestro cuerpo va al sepulcro, hay, bajo el plan eterno, una reunión del cuerpo y el espíritu, haciendo el alma perfecta, la reunión que nos da el poder de cumplir el destino que es nuestro, de eterna progresión.

La expiación

Por eso, era necesario que se hiciera algo para que fuera posible que el cuerpo y espíritu se reuniera.

Moisés registra que le fué revelado a Adán que el Unigénito iba a venir a la tierra para ofrecerse como sacrificio para satisfacer las demandas de la Caída. Y, en su tiempo debido, el Unigénito vino; nació no en un palacio, no como un descendiente inmediato de un rey, pero había sangre de rey en sus venas mortales, pero nació en un mesón, envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Ángeles publicaron su nacimiento. Los que lo sabían vinieron a adorarle.

Los profetas desde Adán, hablaron de él y su venida. Se le dieron instrucciones a Enoc, a la verdad, tuvo una visión de la crucifixión. También a Noé le dijeron. Jesús mismo usó las escrituras para probar que era el Cristo, a ambos, los dos discípulos en camino a Emmaús cuando el Señor empezó su explicación por referir a Moisés, y en la tarde cuando apareció a los apóstoles, diez de ellos en un cuarto en el segundo piso de una casa.

Los Salmos hablaron de él, varios de ellos, pero en particular el 2, 8, 16, 22, siendo Salmo 22 una hermosa descripción poética de los horrores de una crucifixión. Isaías predijo su venida, y declaró nombres por lo cual sería conocido. Los magos citaron escritura declarando el lugar del nacimiento del Cristo.

En este hemisferio, desde el principio de la historia de los nefitas, el nombre del Salvador fué declarado, donde iba a nacer, el nombre de su madre, y el propósito bien explicado sobre la mortalidad.

Jesús vino y pasó esta vida. Luego la dio: “Ningún hombre se la quitó,” para que usted y yo y toda la humanidad pudiéramos tener la habilidad de que nuestros espíritus tomaran nuestros cuerpos y llegaran a ser inmortales. Esto fué lo que nos redimió de la muerte corporal por causa de la caída. Esta salvación es dada a toda alma nacida en este mundo.

La otra muerte, la muerte espiritual, nosotros mismos, tenemos que sobrevivirla. Está a nuestro alcance el poder llegar otra vez a la presencia de Dios, y lo hacemos por el conocimiento de Cristo, conociéndolo al guardar sus mandamientos.

Que plan tan glorioso fué y es, y que glorioso es el Hombre, el Dios como agente del Padre, hizo que esto fuera. Porque él es Dios, como lo declara Juan cuando empieza su Evangelio.

“En el principio era el Verbo, y el verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”

Dios permita que este testimonio, este conocimiento del Cristo, pueda llegar a todos nosotros. Dios, cuando menos danos en parte, entendimiento del Cristo, y quien es, y lo que era su obra y es, y lo que hizo por nosotros”, y lo que le debemos a él para siempre jamás, hasta el fin para que nos regocijemos en él, darle honra, y por él ganar vida eterna. Dios permita esto.

Yo doy mi testimonio que Jesús era este Cristo, este Creador de mundos, éste que hace y destruye universos, que murió por los pecados del mundo, este es, de redimirnos a cada uno de nosotros de la muerte corporal que vino por la Caída, y que conocerlo es vida eterna.

Dios danos el conocimiento de estas grandes verdades básicas, es mi humilde oración en el nombre de Jesús el Hijo Unigénito. Amén.

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Una respuesta a Las Escrituras proveen conceptos verdaderos de Cristo, Salvador del Mundo

  1. Lorena Maureira dijo:

    Muchísimas gracias por publicar por este medio y otros, es muy valioso para mi encontrar palabras de conocimiento, amor y ánimo para poder seguir adelante con fe en nuestro Salvador.

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