Matrimonio por la Eternidad

Matrimonio por la Eternidad

por Joseph Fielding Smith
Presidente del Concilio de los Doce.
Discurso dado en la Conferencia General de Octubre 1951

Cuando el divorcio viene a los que son casados en el templo, ha venido porque han violado los convenios y las obligaciones que han tomado sobre sí de ser fieles a sí mismos, a Dios y a la Iglesia.


Con la ayuda del Señor, la cual busco, y la fe y oraciones de ustedes, trataré de no repasar demasiado sobre las observaciones excelentes que hemos oído por otros en esta conferencia. Pero he sido impresionado con el pensamiento de decir algo además de lo que se ha dicho en relación al sagrado y santo convenio del matrimonio.

Yo pienso que hay mucho que se puede decir sin cruzar las líneas y así por fuerza repetir. El Señor no intentó, y no designó ni fué su propósito que el matrimonio terminara en la muerte. No hay nada en las escrituras, cuando son entendidas, que indique semejante cosa. Es por causa de una mala interpretación, por falta de la guía del espíritu del Señor que ha conducido a casi todo el mundo a creer, que el matrimonio es sólo por tiempo, que cuando la muerte llegue, viene una separación de esposos, esposas e hijos y son dejados sin derecho en las eternidades de ser parte de la familia.

El pasaje de escritura que se utiliza más que cualquier otro para tratar de probar que el matrimonio termina y que no hay matrimonio en lo futuro viene de las observaciones de nuestro Señor a los Saduceos, quienes vinieron tentándole. Recuerden ustedes que estos Saduceos no creían en la resurrección. Vinieron con un cuento que sin duda es ficticio que dice que una mujer había sido casada consecutivamente siete veces, y tratando de engañarle, le preguntaron cuál de estos siete esposos sería el esposo de la mujer en la eternidad. Nuestro Señor les dio la contestación correcta porque estaba hablando con una gente que no creyó en una vida venidera. Por esto les dijo como contestación a sus preguntas: los hijos de este mundo se casan y  son dados en casamiento. (Llamo su atención al hecho de que el Señor dijo que él y sus discípulos no pertenecían a este mundo; los Saduceos, sí, pertenecían.)

Para continuar; pero los que serán contados dignos para obtener aquel mundo y la resurrección de los muertos, no se casan ni son dados en casamiento. (Véase Mateo 22:23-30). Yo les digo que esto es la verdad.

Así que el Señor dice que los de aquella clase, los que sean dignos de entrar en el reino de los cielos, serán como los ángeles y quedarán separados sin ser casados en la eternidad.

Pero el Señor muy definitivamente ha declarado que el matrimonio es un principio eterno. Es registrado en nuestras escrituras, en la Biblia. Llamo su atención al hecho de que el primer matrimonio sobre la faz de la tierra fue hecho por el Señor, y no fué solamente por tiempo porque no había tiempo. Esto fué declarado y aquella ceremonia dada a una pareja que no estaba sujeta a la muerte. Por eso, no fué esperado que el matrimonio se terminara. Y después de la caída, cuando Adán y Eva fueron echados del jardín de Edén, el Señor no les dijo que volverían al polvo, y que sus cuerpos quedarían, pero les dio la promesa de la resurrección; ni tampoco les dijo que este casamiento que fué hecho por la eternidad, si gustan, llegaría a un fin.

Cuando los Fariseos quienes creían en la resurrección, se llegaron al Señor, su contestación a ellos fué muy diferente. También ellos habían venido para tentarlo. Querían saber si era lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquiera causa. Y la contestación fué dada a ellos:

“¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo.

“Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne?” (Mateo 19:4-5.)

¿Dónde está la idea de la separación en esa observación? “Así que, no son ya más dos, sino una carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.” (Ibid 19:6.)

En los templos del Señor los hombres y mujeres son sellados y casados por tiempo y por toda la eternidad. El Señor lo ha mandado. Los hijos nacidos a ellos serán hijos de ellos no solamente en esta vida, pero también en la eternidad; y la asociación familiar, según el plan del Señor, no es designada que termine.

Pero, por su puesto si la gente no acepta el matrimonio por mandamiento divino, no puede ser reconocido. Lo que Dios ha ligado tiene que ser algo que permanecerá, porque él no hace ceremonias para durar solamente durante el tiempo. El Señor no les dijo a los Fariseos “No será matrimonio en la eternidad”, pero les dijo, lo que Dios ligara, prevalece para siempre. Eso, leo en este pasaje de escritura, y pienso que lo leo correctamente.

Ahora quiero suplicarles a mis buenos hermanos y hermanas miembros buenos de la Iglesia, que vayan al templo para ser casados por tiempo y por toda la eternidad. Quiero rogarles, a aquellos que han ido al templo y que han sido casados, que sean fieles y leales a sus convenios y obligaciones, porque en la casa del Señor han hecho convenios solemnes y han tomado sobre sí, ante Dios, ángeles y testigos, obligaciones que a veces son quebrantadas.

¿Qué significa el matrimonio para los miembros de la Iglesia? Significa que están recibiendo en esa ordenanza la más grande, la bendición máxima, la bendición de vidas eternas. Ahora, así es la manera en la cual el Señor lo dice: “vidas eternas” que quiere decir no solamente que el esposo y la esposa entran en la vida eterna, sino también sus hijos, los cuales fueron nacidos bajo el convenio serán permitidos entrar por medio de su fidelidad, en la vida eterna. Y además, que el esposo y la esposa después de la resurrección de los muertos no terminan. Por eso, el Señor quiere decir que tendrán simiente para siempre, y la organización de la familia no se acabará.

Tenemos demasiados matrimonios en el templo del Señor donde las parejas que entran en los convenios los violan. Si nosotros miembros de la Iglesia estuviéramos viviendo completamente de acuerdo con los principios del evangelio viviendo de cada palabra que saliese de la boca de Dios, el divorcio casi desaparecería en cuanto a la Iglesia, eso es, entre los que son casados en el templo.

Cuando el divorcio viene a los que son casados en el templo, ha venido porque han violado los convenios y las obligaciones que han tomado sobre sí de ser fieles a sí mismos, a Dios a la Iglesia. Si siguen viviendo leales el uno con el otro, si tienen amor en sus corazones, y si guardan el respeto que deben guardar para los derechos de su compañero y si ninguno de ellos procura llevar la ventaja sobre el otro sino que siempre guarda el respeto debido para su compañero, entonces ciertamente no puede haber fracasos con tal pareja. Como digo, cuando viene la separación, demasiadas veces, es por violar los convenios y ordenanzas de esta sagrada y santa ceremonia.

Y cuando un hombre y una mujer son casados en el templo por tiempo y por toda la eternidad y entonces buscan por medio de las cortes una separación, y quizás vengan al presidente de la Iglesia para recibir una cancelación de su matrimonio, ¿qué han hecho ellos? Quizás les han nacido hijos, y como ya hemos oído, estos hijos son de Dios; son sus hijos enviados a aquella casa con todos los derechos de protección de padre y madre, la guía de padre y madre, para ser criados y fortalecidos en la fe, y para ir en los cielos en un remo celestial con el padre y la madre para sentarse con ellos en exaltación y gloria. Pero frecuentemente un hombre y una mujer no pueden vivir juntos, muchas veces por causa de una cosa ligera que sucede y entonces se separan. ¿Qué han hecho con aquellos hijos? Han destruido sus derechos dados por Dios, han destruido una familia. Y ¿cómo van a entrar en las eternidades y encontrarse con su Hacedor bajo tales condiciones?

Ahora yo comprendo, lo comprendió el Salvador, no leí suficiente para tomar eso en consideración porque no estaba hablando yo de eso en ese momento, que hay casos, cuando una esposa debe separarse, quizás un esposo debe tener una separación, pero siempre por causa de una violación de los convenios que han sido hechos. Más, aquí tiene el hogar quebrado, niños dejados sin uno y quizá sin ambos padres; tal vez para ser recogido por la caridad del Todopoderoso a otra familia fiel para ser adoptados en tal familia para ser los suyos por todas las eternidades.

Ahora el tiempo no permite que diga más. Hay mucho que se puede decir, mucho quizá que debe ser dicho. Pero los que violan este convenio sagrado y solamente pasarán un tiempo triste si es que son culpables cuando vengan a ser juzgados de Dios, porque han quebrado las ligaduras de la unión eterna y han perdido su promesa de exaltación en el reino de Dios.

Que el Señor los bendiga, pido en el nombre de Jesucristo—Amén.

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