El Ayunar y el Orar

El Ayuno y el Orar

Por élder Delbert L. Stapley
del Concilio de los Doce,
Discurso dado en la Conferencia General de Octubre de 1951.


Mis hermanos y hermanas, me regocijo con ustedes por las bendiciones de esta conferencia. He cumplido ya un año de servicio, y estoy muy agradecido por las experiencias del año pasado. Quiero darle la bienvenida al hermano Marion G. Romney en el Concilio de los Doce. Ya por años le he respetado por su devoción y su espíritu amistoso. Estoy cierto que seremos felices con la calidad del servicio que puede dar a la gente de la Iglesia. También quiero darles la bienvenida a los que han sido elegidos como asistentes al Quorum de los Doce Apóstoles, y prometerles mi amor y apoyo.

Espero, hermanos y hermanas, que yo no disminuya el espíritu de esta conferencia. Ruego sinceramente por las bendiciones de nuestro Padre Celestial. Por las sesiones de esta conferencia, hemos tenido una tremenda elevación espiritual, y los consejos dados de guardar los mandamientos de Dios y estar en lugares sagrados, verdaderamente han sido apropiados.

Ayuno y oración

Mientras que he viajado por distintos lugares de la Iglesia estos meses pasados con miembros del comité general del bienestar y escuchado sus discursos sobre el tema del ayuno y la oración, he sentido que este principio tiene un gran poder espiritual y una oportunidad por las bendiciones de Dios sobre la gente de la Iglesia y sobre la Iglesia misma. He sido impresionado por su gran significado espiritual. Me parece que es el origen de potencia y poder, el origen de la bendición que quizá, como una gente, no lo usemos bastante, que tiene un gran valor espiritual a los que observan la ley, y lo aplican con fidelidad. También me parece que el ayuno y la oración se pueden usar para ayudar a otros, y si nosotros obedecemos la ley, las bendiciones de nuestro Señor serían dadas a la gente de la Iglesia.

El presidente José F. Smith dijo, hablando del ayuno, que “La ley para los Santos de los Últimos Días como está entendida por las autoridades de la Iglesia, es que no han de tomar alimentos ni bebidas entre las veinticuatro horas, ‘vísperas a víspera’, y que los Santos han de abstenerse de todas satisfacciones e indulgencias corporales. La mayoría de los Santos de los Últimos Días, yo creo, entienden que el abstenerse de las dos comidas en relación con el ayuno mensual y dar el dinero equivalente a los obispos como ofrendas del ayuno, pero, quisiera saber también si, con nuestros ayunos, nos juntamos con nuestras familias, y si oramos con ellos para que puedan ellos también gozar de las bendiciones del Señor. ¿Entendemos nosotros de que el ayuno verdadero trae imperio sobre sí y pureza del cuerpo, absteniéndose de todas satisfacciones e indulgencias corporales? Me parece que el alma no puede ser humillada ni santificada para recibir las bendiciones del Señor si esto no fuera la verdad.

Los Santos por ayunar y orar pueden santificar el alma y elevar el espíritu a la perfección como Cristo, y así el cuerpo sería traído a la sujeción del espíritu, fomentar comunión con el Espíritu Santo y asegurar fuerza y poder espiritual para el individuo. Por observar el ayuno y la oración en su espíritu verdadero, los Santos de los Últimos Días no pueden ser vencidos por la tentación de Satanás para hacer el mal. Esta mañana el élder Cowley en su sermón del radio titulado, “El hombre no puede vivir con sólo pan”, dio énfasis al ayuno de cuarenta días del Señor. Como yo he pensado del Señor y sus oraciones al Padre, yo sé que su espíritu fué humillado, su alma fué santificada y le dió la fuerza moral y el poder espiritual para resistir las tentaciones de Satanás. También le preparó para que pudiera él adelantar y terminar la gran misión a la cual el Padre le había mandado que hiciese a favor de la humanidad.

Fué por medio del ayuno y la oración que el ángel de Dios se le apareció a Cornelio, obteniendo para él y su familia el evangelio de Jesucristo. Cuando Pedro vino a la casa de Cornelio, quería saber por qué fué llamado. Cornelio contestó:

Hace cuatro días ayuné hasta esta hora, y a la hora novena oré en mi casa y vi a un hombre parado delante de mí con ropa brillante y dijo: Cornelio, tu oración se escucha y tus limosnas se recuerdan a la vista de Dios. (Ver Hechos 10:3-4)

Cuando Alma estaba viajando desde Gedeón hacia el sur a la tierra de Manti, se encontró con los hijos de Mosíah, los cuales regresaban de la tierra de Zarahemla. Estos hijos de Mosíah habían pasado catorce años haciendo obra misionera entre los lamanitas. Durante todo este tiempo no los había visto y se gozó de este encuentro casual. Le hizo feliz porque aún eran sus hermanos en la Iglesia y reino de Dios, y dice Mormón en su compendio del registro de Alma:

“…sí, y se habían fortalecido en el conocimiento de la verdad; porque eran hombres de sano entendimiento, y habían escudriñado diligentemente las Escrituras para conocer la palabra de Dios.

Más esto no es todo; se habían dedicado a mucha oración y ayuno; por tanto, tenían el espíritu de profecía y el espíritu de revelación, y cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios”. (Alma 17:2-3).

Esto indica las bendiciones grandes que vienen a los que observan y guardan este muy sagrado principio del ayuno y oración.

Recientemente tuve el privilegio de hacer una gira por la misión del norte de California, y como estaba escuchando a los misioneros, los hijos e hijas de ustedes, hacer sus reportes y dejar sus testimonios, me dio mucho gusto cuando refirieron vez tras vez al ayuno y la oración, y a estos principios recurrieron mucho para obtener las bendiciones del Señor para ellos en su obra. Ayunaron y oraron por que estaban enfermos entre ellos. Cuando lo hallaron difícil impresionar a la gente con el mensaje del evangelio de la Iglesia restaurada, de esto ayunaron y oraron, y recibieron grandes bendiciones de sus ayunos y oraciones.

Muchos de ellos estaban ayunando y orando para que sus padres en casa, inactivos, se pusieran activos en la Iglesia. Me parece que sería bien para ustedes quienes son líderes, que oren y ayunen para que el Espíritu Santo los guíe en la selección de oficiales y maestros para los puestos en la Iglesia. Dejen ustedes que el Señor les dé por su espíritu santo los hombres y mujeres que él ha escogido.

Leemos en el capítulo 13 de los Hechos de los Apóstoles, que había en la Iglesia en Antioquía ciertos profetas y maestros, entre ellos Bernabé y Saulo. El libro dice:

“Ministrando, pues, estos al Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.

Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron”. (Hechos 13:2-3).

El otro día en el cuarto de arriba del templo tuvimos la ocasión de atestiguar una experiencia semejante, en la selección del élder Romney al Concilio de los Doce. Cuando su nombre fué presentado había un sentimiento unánime de que este hombre había sido llamado de Dios al puesto importante que ahora ocupa.

Necesidad de poder espiritual

Me parece, mis hermanos y hermanas, que en nuestra obra y en nuestros llamamientos, también en nuestras casas, nosotros necesitamos individualmente el poder espiritual, la fuerza, la dirección, y las bendiciones que por el ayuno y la oración se obtendrán.

En una ocasión cuando Jesús vino a sus discípulos, halló que los escribas estaban haciéndoles unas preguntas. Cuando inquirieron en cuanto a la naturaleza de sus preguntas, un hombre se acercó y dijo que había traído a su hijo, que tenía un espíritu de demonio, y que sus discípulos no pudieron echarle fuera. Rogó al Señor que echara fuera este espíritu inmundo que estaba afligiendo malamente a su hijo. El Señor le preguntó si creía, y él dijo, “Señor creo, ayuda mi incredulidad.” El Señor echó fuera el demonio del hijo y le restauró a su padre. Como entró en la casa los apóstoles se acercaron y le dijeron. “¿Por qué no pudimos nosotros echarlo fuera?” Y Jesús contestó, “Este género con nada puede salir sino con oración y ayuno.” (Véase Marcos 9:14-29).

Me parece, mis hermanos y hermanas, particularmente mis hermanos que poseen el Sacerdocio de Melquisedec, cuando se nos llame que administremos a los enfermos quienes están afligidos severamente, si humilláramos nuestras almas por medio del ayuno y la oración, estaríamos cerca de nuestro Padre Celestial y tendríamos derecho de demandarle las bendiciones para aquellos que amamos y queremos ayudar.

Para conservar tiempo (porque muchos otros ejemplos mostrando el gran valor del ayuno y la oración se pueden dar) quisiera decir que hay grandes poderes, virtudes, y bendiciones en esta ley divina. Cuando Jonás fué mandado a la ciudad de Nínive para advertirles de sus destrucciones a causa de su maldad, ellos se arrepintieron y se cubrieron de saco y se sentaron en cenizas y por mandato todos ellos en la ciudad ayunaron y oraron. Se les requirió que sus ovejas y vacas no tomaran alimentos ni agua. El Señor aceptó esta muestra de arrepentimiento y humildad por medio del ayuno y la oración, y apartó su furor y la ciudad no fué destruida. (Jonás 3:5-10)

Me parece que si una ciudad puede obtener tal bendición por medio del ayuno y la oración, asimismo una nación también puede ser bendecida del Señor. Nosotros como un pueblo, dando énfasis a este principio, podemos obtener grandes bendiciones para nosotros mismos y para la Iglesia en general.

Muchas veces durante esta conferencia se nos recordó de que las condiciones están muy graves, que los asuntos del mundo están en confusión, que hay muchas inseguridades, que hombres por su propia sabiduría y ciencia no hallan las respuestas grandes a los problemas de la humanidad y del mundo. Y resulta que los corazones de los hombres están fallando. Sin duda en estas condiciones de Inseguridad, estas condiciones de iniquidad y vicio, necesitamos el poder director del Dios Todopoderoso, que podemos obtener de nuestro Padre Celestial por medio del ejercicio de este gran principio de ayunar y orar. Como un pueblo necesitamos la dirección, las revelaciones, y las bendiciones del Dios Todopoderoso, las cuales solamente podemos obtener, humillando nuestras almas por medio del ayuno y la oración y por guardar los mandamientos de Dios. Por eso debemos ayunar y orar por aquellos en los puestos altos de la Iglesia, que el Señor los favorezca con las revelaciones de su mente y voluntad que podamos ser guiados por este período de inseguridad y obscuridad.

Ejemplo de Nefitas

Leemos en el Libro de Mormón que en el principio del año 51 de los jueces, el pueblo nefita gozó de paz, prosperidad, y plenitud, pero era una gente fiel en guardar los mandamientos de nuestro Padre Celestial. Sin embargo durante este año, el orgullo empezó a entrar en los corazones de la gente y los que se habían jactado empezaron a perseguir a sus hermanos, por eso era difícil que los miembros fieles tuvieran la libertad de las creencias de su Iglesia. Su historia dice así; “No obstante, ayunaron y oraron frecuentemente, y se volvieron más y más fuertes en su humildad, y más y más firmes en la fe de Cristo, hasta henchir sus almas de gozo y de consolación; sí, hasta la purificación y santificación de sus corazones, santificación que viene de entregar el corazón a Dios”. (Helamán 3:35).

Mis hermanas y hermanos si ayunamos y oramos a menudo, estoy seguro de que nosotros también podemos hacernos más y más fuertes en nuestra fe y en nuestra humildad, para que nuestros corazones sean llenos de gozo y consuelo; de que nosotros también podemos purificar y santificar nuestros corazones, santificación que vendrá por haber entregado nuestros corazones a Dios.

Que el Señor nos bendiga y que nos ayude para entender este gran principio del ayuno; que nos ayude a que lo observemos en su espíritu verdadero, que nos ayude para poder dar al obispo el dinero equivalente de las comidas que no comemos en el interés de los pobres de la Iglesia; estoy seguro y les prometo que nosotros como un pueblo seremos bendecidos, también serán bendecidos individualmente en la observancia de este gran principio. Que así sea en verdad, oro humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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