La Asignación Misional

La Asignación Misional

Por Milton R. Hunter
del Primer Concilio de los Setenta
Discurso dado en la Conferencia General de Octubre de 1951

Si todos los Santos de los Últimos Días viviesen el Evangelio en cada detalle, como ha sido revelado de la boca de Jehová por los profetas, nuestras luces brillarían al mundo tanto que las multitudes de gente buena realmente pedirían juntarse con la Iglesia de Jesucristo.


Mis queridos hermanos y hermanas, humildemente pido un interés en su fe y oraciones, y que el Espíritu de Dios descanse sobre mí en esta ocasión.

Predicación del evangelio

Poco antes de la ascensión de Jesucristo, nuestro Señor y gran Maestro, dio a sus Apóstoles su comisión final, diciéndoles:

“Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura.
“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16: 15-16)

Después de la ascensión del Señor, los Apóstoles se fueron humildemente, fielmente, y diligentemente de pueblo en pueblo, de aldea en aldea, de ciudad en ciudad, declarando el buen mensaje que el Señor les había dado, predicando el evangelio de Jesucristo; estableciendo comunidades Cristianas. Gradualmente una comunidad Cristiana tras otra se levantaba en el mundo mediterráneo. El Evangelio se extendía de tierra en tierra.

Pero pasándose el tiempo, los Apóstoles recibieron persecuciones muy severas que resultaron en la muerte —el martirio— de todos con la acepción de Juan el Amado. Sellaron sus testimonios con su sangre, muriendo por las verdades eternas que habían abrazado.

Enseñanzas falsas

Al pasar el tiempo y como Pablo el Apóstol y otros de los grandes profetas habían predicho, las herejías se infiltraron en la Iglesia Cristiana. Las falsas enseñanzas y las falsas doctrinas entraron al cristianismo. Especialmente esto es verdad hacia el fin del siglo cuarto después de Cristo. En aquel entonces el gobierno Romano hizo de la Iglesia Cristiana la religión del estado y prohibió todas las religiones paganas. Esto causó que se juntaran con la Iglesia Cristiana miles y miles de paganos sin ser convertidos. Trajeron consigo sus ideas, prácticas, ritos religiosos y doctrinas paganas, trayendo así una adulteración del evangelio de Jesucristo, que resultó en lo que se llama la gran Apostasía.

Si el Señor hubiera vuelto a la tierra al principio del quinto siglo después de Cristo, dudo si él hubiera reconocido la Iglesia Cristiana como la que reclamaba haber descendido de la que Cristo había establecido, porque se había salido tanto de la vía. La Cristiandad había venido a ser en realidad una composición de creencias, prácticas y doctrinas cristianas; enseñanzas y ritos judaicos; filosofías paganas de Grecia, Roma y Egipto; y religiones paganas de varios tipos. El Santo Sacerdocio había sido quitado de la tierra. El poder de Dios no estaba presente en la Iglesia Cristiana. Así había una caída completa del evangelio que había sido establecido por el hijo del hombre. La Iglesia se quedaba en obscuridad y las tinieblas cubrieron el mundo. Esta obscuridad espiritual continuó por cientos y cientos de años.

Evangelio restaurado

Finalmente durante la primera parte del siglo Diecinueve, Jesucristo, el Dios del Cielo y de la Tierra, estrechó su mano otra vez para revelar una vez más el plan evangélico de salvación a la familia humana y de establecer su Iglesia en la tierra. Esta obra grande y maravillosa vino en cumplimiento de las profecías hechas por muchos de los antiguos profetas. Habían predicho que habría una restauración de todas las cosas en los últimos días y que los derechos, ritos, doctrinas, poderes, sacerdocios y ordenanzas necesarias para la salvación y exaltación de la familia humana serían restaurados. (Véase los Hechos 3:21.)

Por seres celestiales este evangelio fué restaurado al Profeta José Smith, y la promesa dada por el Señor que nunca sería quitado de la tierra otra vez, (D. y C. 13:1) o dado a otro pueblo. (D. y C. 27:13.) Como parte de aquella restauración, el Santo Sacerdocio de Melquisedec fué traído otra vez a la tierra. El Salvador, como lo había hecho en el Meridiano de los Tiempos, estableció oficios en aquel sacerdocio. En esta dispensación consistieron de una Primera Presidencia, Doce Apóstoles, Setentas, Élderes, y otros para llevar a cabo la obra del Señor.

Mandamiento en el día actual

El mandamiento de Jesucristo, nuestro Salvador, vino a los Doce en tiempos modernos, igual como vino a los Apóstoles en su día:

Id, pues, por todo el mundo; y a cualquier lugar a donde no podáis ir, enviad, para que de vosotros salga el testimonio a todo el mundo y a toda criatura.
Y como dije a mis apóstoles, así os digo a vosotros, porque sois mis apóstoles, sí, sumos sacerdotes de Dios: Vosotros sois los que mi Padre me ha dado; sois mis amigos;
por tanto, así como dije a mis apóstoles, de nuevo os digo que toda alma que crea en vuestras palabras y se bautice en el agua para la remisión de los pecados, recibirá el Espíritu Santo.
En verdad, en verdad os digo, que aquellos que no crean en vuestras palabras, ni se bauticen en el agua en mi nombre para la remisión de sus pecados, a fin de recibir el Espíritu Santo, serán condenados y no entrarán en el reino de mi Padre, donde mi Padre y yo estamos.
Y esta revelación y mandamiento dado a vosotros está en vigor desde esta misma hora en todo el mundo; y el evangelio es para todos los que no lo han recibido”. (D. y C. 84:62-64; 74-75.)

Asignación a los doce

Actuando de acuerdo con esta revelación, y varias otras también, por ejemplo la que nombró a los Doce Apóstoles para poseer las llaves de abrir las puertas del evangelio de Cristo a cada nación por toda la tierra; (D. y C. 107: 35; 112: 21) la revelación al efecto que el evangelio debía ser llevado a cada nación, tribu, lengua y gente en preparación de la venida del Señor (Apocalipsis 14: 6-7) y otras declaraciones similares, los Doce Apóstoles en verdad se fueron por todo el mundo. Durante los últimos ciento veintiún años; los apóstoles han abierto las puertas del evangelio a la mayoría de las naciones.

La historia de la obra de los Doce en llevar a cabo su asignación misional presenta un relato maravilloso. En adición a la gran obra que han hecho, también los Apóstoles han enviado a muchos otros mensajeros del evangelio a lugares donde ellos no pudieron ir.

Otros llamados

Bueno, el Señor, al establecer el evangelio en la tierra en los últimos días, no dio revelaciones enteramente al efecto que los Doce serían los únicos ministros de las verdades restauradas. También dio revelaciones a los setenta, designándoles como “testigos especiales” de Cristo y llamándoles a ser ministros del evangelio restaurado. “… Primero entre los gentiles y después entre los judíos.” (D. y C. 107:25-26, 34, 38, 93-97). Y otra vez, dio revelación a cada élder fiel de la Iglesia, mandándole a proclamar el mensaje de salvación. Les dijo a los élderes:

Id por todo el mundo, predicad el evangelio a toda criatura, obrando mediante la autoridad que os he dado, bautizando en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; y el que no creyere, será condenado”. (D. y C. 68:8-9)

Durante los últimos 100 años, miles y miles de élderes han salido en conformidad con este mandamiento divino. Creo que no hay época en la historia de la familia humana donde una Iglesia haya puesto un esfuerzo misional más grande de acuerdo con el mandamiento de Dios como la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha hecho durante los últimos ciento veintiún años.

El Señor no solamente mandó que los élderes saliesen y predicaran el evangelio, sino también dio mandamiento en una revelación a José Smith al efecto que cada persona bautizada en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es obligada moralmente en la vista de Dios de hacer obra misional. En otras palabras, el miembro ha de proclamar las palabras de vida eterna a los honestos de corazón. En efecto, el mandamiento del Señor a cada miembro bautizado de la Iglesia de Jesucristo es como sigue: “…y le conviene a cada ser que ha sido amonestado, amonestar a su prójimo.” (D. y C. 88:81)

Si cada Santo de los Últimos Días tomara en serio aquella revelación, miles y miles de los honestos de corazón quienes viven entre nosotros, recibirían con gozo las palabras de vida eterna y afiliarse con la Iglesia verdadera y el reino de Dios.

Vivir el evangelio

Si todos los Santos de los Últimos Días viviesen el Evangelio en cada detalle, como ha sido revelado de la boca de Jehová por los profetas, nuestras luces brillarían al mundo tanto que multitudes de gente buena realmente pedirían juntarse con la Iglesia de Jesucristo. Nuestros vecinos verían brillar la luz de los Santos de los Últimos Días, porque el evangelio les habría hecho vivir vidas tan buenas y aceptarían ansiosamente esta Iglesia como “la única Iglesia verdadera y viviente sobre toda la faz de la tierra.” (D. y C. 1:30). Ciertamente el evangelio iría entonces por todo el mundo como Daniel lo predijo que sería como una piedra grande cortada del monte sin manos. (Véase Daniel 2:27-49). Que se iría hasta “que hinchió toda la tierra.”

Uno de los obstáculos que encontramos en nuestros esfuerzos de esparcir el mensaje del evangelio es el hecho de que muchos Santos de los Últimos Días no viven el evangelio. Y, en cambio muchos miembros de la Iglesia no toman el tiempo de decirles a sus vecinos del evangelio. No invitan a sus vecinos que asistan a la Iglesia ni de aproximarse a la influencia de la Iglesia en otras maneras. Sinceramente creo que hay muchos honestos de corazón quienes les gustaría investigar las verdades del evangelio, y más tarde probablemente se juntarían con la Iglesia si fuesen invitados a participar y si fuesen animados a hacer así. Dios nos tendrá por responsables al hacer nuestra parte en este asunto. Tenemos que amonestar a nuestros vecinos.

Asignación misional

Cuando el Señor estableció el evangelio por el Profeta José Smith, dio a los miembros de la Iglesia muchas asignaciones grandes. Creo que no hay asignación dada a la Iglesia por el Señor más grande que la obra del misionero.

Si uno leyera las Doctrinas y Convenios calculando los varios sujetos por los cuales el Señor ha revelado información, hallaría que la obra misional tiene un lugar prominente. En mis estudios de revelación moderna he hallado que no hay sujeto sobre el cual el Señor haya revelado más, o hablado más veces y en más maneras que la asignación misional.

En efecto, el evangelio del reino tiene que ser llevado a cada nación y tribu y lengua y pueblo en preparación de la venida del Señor, y después de que esta gran asignación ha sido cumplida con buen éxito según las palabras de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, “entonces vendrá el fin.” (D. y C. 133:37, Mateo 24:14.)

El evangelio no solamente tiene que ser llevado “a cada nación y tribu y lengua y pueblo” aquí en mortalidad, sino que también tiene que ser predicado a todos nuestros antecesores en el mundo espiritual. Una gran campaña tiene que seguir adelante hasta que todos los que han muerto sin la ley del evangelio tengan la oportunidad o de aceptarlo o rechazarlo. La obra del templo no será completamente efectiva sin la obra misional. En efecto, la gente del mundo espiritual tiene que aprender las varias verdades del evangelio, recibir el plan de salvación del evangelio, arrepentirse de sus pecados y prepararse a recibir las ordenanzas del templo, las cuales han sido hechas por ellos vicariamente antes que aquella obra grande llegue a su cumplimiento y da al pueblo las bendiciones que debe recibir.

Por eso es muy evidente que la obra misional es una de las asignaciones más grandes que Dios ha puesto en la Iglesia. En efecto el Profeta José Smith dijo en una ocasión, “Después de todo lo que ha sido dicho, el deber más grande y de más importancia es predicar el evangelio de Jesucristo.” (Las enseñanzas del profeta José Smith, por el Hno. José Fielding Smith, página 113)

La cosa de más valor

Durante el tiempo cuando el evangelio estaba restaurándose al mundo, durante la parte temprana del siglo diecinueve, un número de los hermanos vinieron al profeta José Smith y le preguntaron que era lo que el señor quería que hicieran en esta gran obra. Su interés era de aprender lo que podrían hacer ellos que sería de más importancia. La palabra del Señor vino a los señores Whítmer como sigue: “Y, te digo que la cosa que te será de máximo valor será declarar el arrepentimiento a este pueblo, a fin de traer almas a mí, para que con ellas descanses en el reino de mi Padre.” (D. y C. 15:6; 16:6)

Yo creo que esta revelación aplica tanto a Uds. y yo como los hermanos Juan y Pedro Whítmer, Jr. no conozco otra manera por la cual podemos ayudar a traer salvación a nuestras almas mejor que por hacer todo lo posible en traer salvación a las almas de otros. En otras palabras, salvamos nuestras propias almas en proporción al servicio que rendimos a los honestos de corazón quienes busquen la verdad por darles el evangelio de Jesucristo, o el plan de vida y salvación.

Hay muchas otras revelaciones que podíamos citar que indican la importancia de la asignación misional, pero no tenemos tiempo en esta ocasión para citarlas.

Como miembro del primer concilio de setenta, el deber descansa en mí y otros del concilio de ayudar a llevar el mensaje de salvación a los honestos de corazón y hacer lo más posible en promulgar la obra misional. Quisiera tomar esta oportunidad, entonces incitar a los setenta por toda la iglesia que se ocupen en la obra misional para que magnifiquen sus llamamientos como setentas.

Si fallamos en hacer esto, quedaremos bajo condenación en el día de juicio por no haber magnificado nuestro sacerdocio.

La Primera Presidencia ha pedido tres setentas de cada quorum mil setentas que se vayan a las misiones este otoño. Quisiera incitar a los presidentes de las estacas, los obispos, los setentas, y todos los que tienen interés, que cooperen en esta asignación y que: respondan a la llamada de la Primera Presidencia.

Un llamamiento de la Primera Presidencia es un llamamiento del Señor, porque estos hombres son siervos de Dios debidamente autorizados aquí en la tierra. Tienen las llaves del reino, y Dios el Eterno Padre y su Hijo Unigénito aceptan todo lo que hacen en el oficio de su llamamiento como si estos hechos hubieran sido hechos personalmente por Jesucristo.

Programa misional

También quiero dar ánimo a todos nosotros como miembros de la Iglesia que aprovechen más del programa misional de las estacas. Estoy seguro que hemos hecho una obra buena en lo pasado pero tengo confianza que no hemos hecho más que empezar la obra.

Estoy en la opinión que hay miles y miles de buscadores de la verdad que viven entre nosotros que recibirían el evangelio de Jesucristo si tuvieran una oportunidad favorable. Si usáramos más tiempo en hacer obra misional grande sería nuestro gozo en esta vida y eterno nuestro galardón en el mundo venidero.

El Salvador aclaró este punto definitivamente cuando dijo:

Recordad que el valor de las almas es grande en la vista de Dios;
Así que, sois llamados a proclamar el arrepentimiento a este pueblo.
Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!
Y ahora, si vuestro gozo será grande con un alma que me hayáis traído al reino de mi Padre, ¡cuán grande no será vuestro gozo si me trajereis muchas almas!”. (D. y C. 18:10,14-16)

Mis queridos hermanos y hermanas, humildemente confió y ruego que Dios nos bendiga a fin de que no solamente continuemos con el espíritu misionero que hemos mostrado en lo pasado pero también que agarremos la plenitud del espíritu y la grandeza de esta asignación y con vigor llevarla a cabo hasta que preparemos el mundo para la venida del Salvador, que reine como Señor de Señores y Rey de Reyes.

Testimonio

Doy testimonio que esto es el evangelio verdadero de Jesucristo. Yo sé esto tan bien como sé que vivo. Sé que José Smith es un profeta de Dios y uno de los profetas más grandes que ha vivido en esta tierra. Sé también que si Uds. y yo vivimos según las enseñanzas de los mandamientos que hemos recibido en la Iglesia de Jesucristo, algún día volveremos a la presencia de Dios y recibiremos exaltación, que él ha declarado ser el don más grande y lo tiene para aquéllos que le aman y guardan sus mandamientos.

Que Dios nos bendiga al llevar a cabo esta gran asignación misional y en todas nuestras vías de la vida, pido humildemente en el nombre de Jesucristo. Amen.

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