Contrarrestando Ideas Perniciosas y Enseñanzas Subversivas

Contrarrestando Ideas Perniciosas
y Enseñanzas Subversivas

por el Presidente David O. McKay
Discurso dado en la Conferencia General de Octubre 1951


Mis hermanos y hermanas, a nombre de las Autoridades Generales humildemente les doy la bien venida a ustedes que se encuentran hoy aquí reunidos, en tan gran número, lleno a su capacidad este histórico Tabernáculo, y también a los militares que están escuchando por la radio y la televisión. Pido en oración su ayuda y cooperación y especialmente la inspiración del Señor, para que podamos sentir su presencia, y que todos los que sean llamados a tomar parte en esta conferencia puedan ser guiados por su inspiradora influencia.

Esta mañana me pongo de píe ante ustedes, abrigando sentimientos mezclados de gozo y satisfacción, ánimo, ansiedad y temor. Me regocijo en el continuo crecimiento y progreso de la Iglesia. Es una gran fuente de satisfacción para las Autoridades Generales y estoy seguro de que lo será para ustedes, saber que de todas partes del mundo donde se está predicando el Evangelio, tenemos reportas que demuestran un adelanto considerable en casi todos los aspectos de la obra. Las estacas y los barrios están creciendo en número, lo mismo que las ramas organizadas en las misiones en las Américas, Europa y en las Islas del Pacífico.

Hay más casas de adoración en la Iglesia hoy que nunca antes en su historia, y actualmente hay 420 edificios en construcción. Las ordenanzas en el templo efectuadas desde el primero de enero de 1951 al 31 de agosto de 1951 exceden a las del período correspondiente del año pasado en todos los templos excepto uno, y hay una ligera disminución en éste, pero esta disminución es explicable. Se trata de Hawái.

No obstante este enorme programa de construcción y el demás trabajo que se está llevando a cabo, en lo cual los miembros de los barrios contribuyen el 50% y los de misiones y ramas 20 y 30% del costo de la construcción, los diezmos y las ofrendas están aumentando constante y considerablemente.

Debido a que muchos han sido llamados al servicio militar, el número de misioneros en el campo no es tan grande como hace un año. Los misioneros están regresando y reportándose al servicio militar por decenas cada mes. Los reportes de probidad en las vidas de estos misioneros que han regresado indican que por medio del ejemplo ellos continuarán siendo buenos misioneros mientras sirven a su país.

Creo que tomaré un poco de tiempo para darles sólo un extracto de uno de estos reportes. Una carta fechada en septiembre 4 de 1951 de un mayor del ejército dice así: “Es un buen grupo el que tenemos. Con excepción de dos individuos, está formado enteramente de misioneros que han regresado. Esta mañana todos comimos juntos en el comedor de los recién enrolados y ninguno de ellos tomó café, aun cuando en cada mesa se pusieron cafeteras llenas, hirvientes. Noté una mirada muy peculiar en la cara del sargento que sirve el rancho a la vez que se rascaba la cabeza asombrado cuando todos los treinta y dos soldados tomaron leche. Es sólo un pequeño incidente, pero habla volúmenes de la lealtad de nuestros misioneros que están ingresando al servicio en su determinación de mantener las normas de la Iglesia. Dios los bendiga.

Todos estos y otros incidentes y reportes favorables son causa de satisfacción y gratitud, pero como dije, hay otras cosas que dan cabida a sentimientos de temor. Por ejemplo, el predominio de ideas perniciosas y enseñanzas destructivas que pervierten las mentes de los inestables y mal informados y en muchos casos desvían a la juventud de las normas de la Iglesia. A este respecto hay motivo de preocupación también.

Los quórumes del sacerdocio y auxiliares y especialmente los padres, quizá no están haciendo todo lo que deberían para contrarrestar estas venenosas influencias.

Los líderes religiosos, funcionarios civiles y todos los amantes de la ley y el orden, se encuentran hoy hondamente preocupados, con justificada razón, por la indiferencia y desobediencia a la autoridad paterna manifestada por algunos de sus compañeros. Es una señal peligrosa, hermanos, cuando la disciplina del hogar se destruye y el amoroso consejo de un padre prudente y una madre cariñosa es despreciado. Un explorador americano de edad madura nos cuenta que entre los indios Iroquois “el crimen que se considera como el más terrible y que no tiene paralelo, es el que un hijo se rebele contra su madre”. Un ideal que bien podría ser fomentado hoy entre hombres que se tienen a sí mismos en alta estima en la escala de la civilización.

La posesión más preciosa de nuestro país no son nuestras vastas extensiones de terrenos de pasto que mantienen a los rebaños y manadas; ni las productivas haciendas; ni nuestros bosques; ni nuestras minas o pozos de aceite que producen fabulosa riqueza el recurso más grande de nuestro país son nuestros niños, nuestros jóvenes y señoritas, cuyos caracteres determinarán en gran parte el futuro de nuestra nación. Si fuera posible para mí esta mañana hablar directamente a los jóvenes y señoritas de la Iglesia, yo les diría que ustedes deben siempre recordar que el verdadero gozo de la vida se halla, no en la indulgencia y excesos físicos, sino en vivir limpiamente y tener pensamientos elevados; en dar a otros, no molestias, injuria o dolor, sino estímulo, ánimo y ayuda.

Esto equivale a decirles simplemente que la satisfacción en la y da diaria se encuentra en tratar de guardar la sencilla ley: “Haz a otros lo que quisieran que ellos te hicieran a ti”. Las buenas acciones hacia los demás s empre traen gozo; los hechos malos traen como resultado el dolor y frecuentemente el remordimiento.

El someterse a la palabra o ley del Señor contribuirá invariablemente a la felicidad y salvación del hombre. Aquellos que no hacen lo que el Señor manda, se nos dice, están sujetos al juicio y la justicia. En otras palabras, hay una ópera eternamente en el mundo moral ley de compensación y retribución que compensación en la medida de obediencia a la ley; retribución hasta el grado efectivo del alcance de la desobediencia.

En este sentido uso la palabra ley con un significado más hondo que el de un reglamento o sentencia prescrita por la autoridad para los actos humanos. Significa más bien “un orden de secuencia uniforme” tan invariablemente en su funcionamiento como la ley del plano inclinado o la ley de la caída de los cuerpos. Encontramos confirmación de esto en las palabras del Señor a Caín, el primer hijo desobediente en la historia. “Si hicieres, ¿no serás ensalzado? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta”. (Gen. 4:7).

También declaró el profeta José Smith. “Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan;

y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa”. (D. y C. 130:20-21).

Hay un decir, padres, hijos e hijas, de que “el alma en el período formativo de la juventud, mientras aún está limpia de las manchas del mundo, puede ser comparada a un bloque de mármol Parió (de Paros, isla del mar Egeo: se aplica particularmente a su mármol blanco), puro y sin cortar, en el cual existen posibilidades sin límite de belleza o deformidad. Del crudo mármol uno podrá cincelar una forma de exquisita gracia y simetría; algún otro cincelará una monstruosidad mal formada, cada uno visualizado en la piedra sin formar la concepción de su mente. De esta manera somos modelados por nuestros ideales”.

Los pensamientos son las semillas de los actos y los preceden. El mero hecho de cumplir con la palabra del Señor, sin el correspondiente deseo interior, será de poco provecho. En verdad, tales actos externos y frases fingidas pueden revelar hipocresía, un pecado que Jesús condenó vehemente.

“Oh generación de víboras”, exclamó, ¿Cómo podéis hablar bien, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. (Mateo 12:34). El constante deseo y esfuerzo del Salvador fué implantar en la mente los pensamientos buenos, los motivos puros, los ideales nobles, sabiendo bien que las palabras y acciones justas eventualmente seguirían. El enseñó lo que la moderna fisiología y psicología confirman, que el odio, los celos y otras viles pasiones destruyen la eficiencia y el vigor físico de un hombre. “Pervierten sus percepciones mentales y lo incapacitan para resistir la tentación de cometer actos de violencia. Minan su salud moral. Por etapas insidiosas transforman al hombre que les da cabida en un criminal”.

Carlos Dickens hace eficaz uso de este hecho en su inmortal cuento “Oliver Twist”, en donde Monks es presentado primero como una bella e inocente criatura; pero “termina su vida como una masa de sólida bestialidad, no más que un pedazo de iniquidad encarnada. Fue el pensar en el vicio y la vulgaridad lo que transformó la faz del ángel en la cara de un demonio”.

Ese gran escritor dice esto: ”Es casi imposible creer que una naturaleza tan diabólica como Bill Sikes, representado en el mismo libro, pueda ser hallada en la forma humana”, pero dice Dickens: “me temo que hay en el mundo algunas naturalezas insensibles y reacias que sí se vuelven, al final, completa e irremediablemente malas. Pero ya sea que esto sea o no verdad, de una cosa estoy seguro —que sí hay hombres como Sikes, quienes ni por un momento demostrarían, por medio de una mirada o una acción, que poseen una naturaleza mejor, si se les observa cuidadosamente durante el mismo espacio de tiempo y a través de la misma corriente de circunstancias. Yo no sé si todos los más benévolos sentimientos humanos estén muertos dentro de esos corazones, o si la cuerda que se debe tocar se ha enmohecido y es difícil encontrarla, pero estoy seguro de que esto es cierto. Estoy tratando de dar énfasis al hecho de que cada uno es el arquitecto de su propio destino, y qué infortunado en verdad aquel que trate de construirse a sí mismo sin la inspiración de Dios, sin darse cuenta de que crece interior mente, no exteriormente.

He mencionado estas cosas negativas, pero llamo la atención de la juventud al cuento de La Gran Cara de Piedra por Nathaniel Hawthorne. Ernesto dijo un día a su mamá, mientras estaban sentados contemplando una inmensa roca en la cual la naturaleza había cincelado la cara de un hombre de nobles facciones y una expresión, citando las palabras de Hawthorne, “a la vez grandiosa y dulce, como si reflejara el brillo de un cálido y gran corazón que abarcara en sus afectos a toda la humanidad y aun tuviera lugar para más”.

“Mamá”, dijo Ernesto, “si yo viera un hombre con esa cara, yo lo querría mucho”.

Ella contestó: “si una profecía se realiza, nosotros lo veremos algún día con exactamente una cara como esa”.

Como ustedes saben, esa cara finalmente se retrató en la faz de Ernesto mismo. Habiendo vivido constantemente ante la espléndida visión, se cincelaron en su propia faz las benignas facciones de la gran imagen.

Lo que un hombre piensa continuamente determina sus actos en momentos de oportunidad y violencia. La reacción de un hombre a sus apetitos e impulsos cuando son incitados nos da la medida del carácter de ese hombre. En estas reacciones se revela el poder del hombre para gobernarse o su obligada esclavitud que lo hace ceder a las pasiones.

Ningún hombre puede desobedecer la palabra de Dios sin sufrir por ello. Ningún pecado, por secreto que sea, puede escapar la retribución. Cierto es que usted puede mentir y no ser descubierto, puede violar la virtud sin que lo sepan aquellos que pudieran causarle escándalo, más usted no puede escapar el juicio que sigue a tal transgresión. La mentira está alojada en lo recóndito de su mente y el menoscabo o deterioro de su carácter se reflejará de alguna manera, algún día, en su cara o en su manera de ser. Su depravación moral, aun cuando nada más usted, su cómplice y Dios la sepan, algún día corroerá su alma.

“Mientras más íntimamente conozco las vidas de otros hombres, por no decir nada de la mía”, decía Huxiey en una carta a Charles Kingsley, “más obvio es para mí que los malos no prosperan ni se castiga al justo.”

“El libro mayor del Todopoderoso se lleva con toda exactitud y a cada año de nosotros se nos liquida el saldo de nuestras operaciones al final de cada minuto de nuestra existencia. La absoluta justicia del sistema de cosas es para mí tan clara como cualquier hecho científico. La gravitación del pecado hacia el dolor es tan cierta o real como la gravitación de la tierra hacia el sol, y aun más porque la prueba experimental del hecho está al alcance de todos nosotros, sí, está ante nosotros toda la vida, si sólo tuviéramos ojos para verlo.”

Asocien con eso lo que dice en el Libro de Mormón, “El pecado nunca es felicidad’. (Véase Alma 41:10). El hombre está dotado de apetitos y pasiones para la preservación de su vida y la perpetuación de su especie. Estos cuando se mantienen bajo la debida sujeción, contribuyen a su felicidad y bienestar; pero cuando se utilizan para mera satisfacción, conducen a la miseria y la degradación moral.

Relacionado con estos instintos naturales existe un pecado, jóvenes que siempre busca separación. Es la prostitución del amor, el atributo más noble del alma. Dios ha instituido el matrimonio y la familia como la condición más apropiada para dar expresión en nuestras vidas a esta virtud divina. Pero a veces hombres y mujeres con bajos ideales y voluntades debilitadas, permiten que sus pasiones, cual corceles sin riendas, arrojen a un lado el juicio y el control de sí mismos y los hagan cometer pecados que pueden marchitar su conciencia y dejar en sus corazones una lamentación eterna.

En estos días en que la modestia es relegada a último término y la castidad es considerada como una virtud anticuada, yo los exhorto a guardar sus almas sin mancha y sin mancilla de este pecado, cuya consecuencia los afligirá y perseguirá íntimamente hasta que su conciencia se marchite y su carácter se vuelva sórdido. Una vida casta, no de libertinaje, es la fuente de viril hombría, la corona de la hermosa feminidad, la fuente que contribuye a la armonía y felicidad en la vida familiar, y la fuente de fuerza y perpetuidad de  la raza.

Recuerden también el significado de las palabras del Salvador de que si alguno comete adulterio, aun cuando sea en su corazón, no tendrá el espíritu sino que negará la fe y temerá.

Resistan el mal y el tentador se alejará de ustedes. Si ustedes conservan su carácter por encima de todo reproche, no importa lo que otros piensen, o que acusaciones hagan, ustedes pueden mantener su cabeza erguida, su corazón ligero y hacer frente al mundo impávidamente, porque ustedes mismos y su Dios saben que han conservado su alma limpia.

Lo único que pone al hombre por encima de las bestias del campo es su posesión de dones espirituales. La existencia terrenal del hombre no es más que una prueba de si concentrará sus esfuerzos, su mente, su alma en cosas que contribuirán a comodidad y satisfacción de sus instintos y pasiones físicas, o si tendrá como fin y propósito de su vida la obtención de cualidades espirituales.

Yo mencioné que teníamos un poco de temor de que los quórumes y auxiliares no estuvieran haciendo todo lo posible por guiar a la juventud de acuerdo con estos preceptos. Tenemos dos grandes divisiones en la Iglesia: primero, estacas organizadas, compuestas de barrios y otros grupos —quórumes y auxiliares; segundo, las misiones, divididas en ramas, en las cuales hay también, aun cuando en grado limitado, quórumes y auxiliares. Estos grupos deben convertirse en factores mayores para influir a la juventud. Consideren por un momento lo que los quórumes podrían hacer, si la presidencia de cada quorum, los líderes de cada grupo y los miembros, esgrimieran influencias sobre sus semejantes como es la voluntad del Señor que lo hagan.

El quorum es una parte esencial del plan del Señor para rendir ayuda mutua. Ninguna otra organización en el mundo está tan efectivamente organizada en grupos de trabajo como la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; por ejemplo, hay en la actualidad aproximadamente 137000 hombres que tienen el Sacerdocio de Melquisedec, hombres inspirados con los mismos ideales y esperanzas similares, ligados por un deber solemne de ayudarse uno a otro a conseguir auxilio y comodidad económicos y espirituales. Hay también aproximadamente 57000 hombres menores de veintiún años de edad, asociados en el Sacerdocio Menor. Qué poderosa fuerza para el bien serían estos quórumes si cada oficial que preside considerara como su deber especial el bienestar espiritual de cada miembro y su obligación para con la Iglesia. Esa es una posibilidad de logro.

Todos los demás que no están enrolados en quórumes deberían alistarse en las auxiliares, y cuando menos algún maestro u oficial debiera conocer el paradero y actitud hacia la Iglesia de cada uno. Pero el hogar es aun más potente para influir la vida del niño. Sobre los padres directamente ha puesto el Señor la responsabilidad de enseñar a los niños. Yo quisiera que este párrafo pudiera ser escrito y colocado sobre la pared de cada hogar en la Iglesia:

“Y además, si hay padres que tengan hijos en Sion o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres”. (D. y C. 68:25).

El carácter de un niño se forma en gran parte durante los primeros doce años de su vida. Se calcula que en ese período un niño pasa aproximadamente 3200 horas en la escuela; 416 horas en la Escuela Dominical y la Iglesia; pero 52500 las pasa en el hogar, sin contar las 12 horas diarias que duerme.

En otras palabras, pasa 16 veces más tiempo en la casa que en la escuela y 126 veces más tiempo en la casa que en la Iglesia. Así que “En los hogares de América nacen los niños de América y de ahí salen los hombres y mujeres Americanos y pasan a la vida de América. Salen con el sello de estos hogares sobre ellos y solamente cuando estos hogares son los que debieran ser, serán los niños lo que debieran ser”.

No tomaré tiempo para citar todo lo que dijo Lutero Burbank respecto a la educación de los niños así como él educaba o preparaba a las plantas, pero dice que es necesario el uso de una influencia constante, manteniéndola eternamente. Esto es lo que fija los rasgos característicos en las plantas, la constante repetición de una influencia hasta que por fin está completamente fijada y no cambiará. “Padres, ustedes pueden”, dice, “desanimarse. Están tratando con algo mucho más precioso que cualquier planta, la preciosa alma de un niño.”

Los padres que no saben dónde están sus hijos en la noche, son desleales a la sagrada obligación de la paternidad y falsos a los altos ideales de la Iglesia con respecto a la vida del hogar.

No digan ahora en sus mentes que eso es imposible. Nada más vuelvan su pensamiento a sus propios hogares y el cuidado que ustedes saben su padre y su madre tenían con ustedes.

No debo extenderme más sobre esto, pero quiero mencionar otra situación o condición que da motivo de preocupación y temor; es las influencias insidiosas y el vocinglero anuncio de ideas que minan los principios que han resistido la prueba de los siglos, de paz, justicia y progreso hacia el día de la hermandad universal.

Nos causa aflicción ver u oír que nombres y mujeres honrados, algunos de los cuales aun profesan ser miembros de la Iglesia, ven con agrado y favor las perniciosas enseñanzas de estos grupos, especialmente el Comunismo. Estas personas crédulas y descarriadas reclaman ser los defensores de la paz y acusan a aquellos que se les oponen de defensores de la guerra. Ellos deben recordar que todos nosotros debemos tener siempre presente que hay ciertos principios eternos más preciosos que la paz, más caros que la vida misma.

Nuestros revolucionarios padres percibieron esto y sus más íntimos sentimientos hallaron expresión en las palabras de Patrie Henry: “Es la vida tan valiosa o la paz tan dulce como para ser comprada al precio de cadenas y esclavitud?”

El Libre albedrío, por ejemplo, es un don divino, más preciosa que la paz, más deseable aun que la vida.

Cualquier nación, cualquier grupo organizado de individuos que despojare al hombre de esta herencia debe ser denunciado por todas las personas amantes de la libertad.

Asociado con este principio fundamental está el derecho de la iniciativa individual, el derecho de adorar, como, donde o lo que uno desee, y el sencillo privilegio de salir de un país, si uno quiere, sin tener que hacerlo a escondidas como un delincuente con nesgo de ser acribillado a balazos. En el fondo el Comunismo es ateo y el Fascismo es igualmente antagonista a la libertad y otros principios Cristianos —aun negando la divinidad de Jesucristo y la existencia de Dios.

Hoy existe una gran necesidad en el mundo de hombres de integridad, hombres de honor, hombres cuya palabra sea tan buena como sus fiadores, líderes de naciones que consideren sagrados los convenios internacional.

El filósofo Thoreau dijo: “No importa tanto qué clase de voto deposite usted en las urnas una vez al año, como la clase de hombre que es usted al salir a la calle cada mañana.”

La necesidad más grande del hombre es la efectiva conversión a las verdades eternas del Evangelio —a la verdad de que Jesucristo vino a dar vida y luz a la familia humana. Esa es mi manera de sentir con toda mi alma, y la de ustedes, colaboradores que están sentados delante de mí.

Recientemente un grupo de amigos hicieron un regalo a uno de los de ellos muy valioso y muy práctico. Al aceptarlo el hombre dijo que a donde quiera que fuera, la posesión de ese regalo sería un recordatorio constante del afecto y respeto de sus amigos.

Hermanos y hermanas, toda la vida es un regalo de Dios. La apreciación de este hecho debiera inspirarnos con un deseo de vivir vidas diarias ejemplares, que otros viendo nuestras buenas obras, pudieran ser inducidos a glorificar a nuestro Padre Celestial, de cuya existencia e inspiración yo testifico ante ustedes esta mañana y de la divinidad de cuya Iglesia doy testimonio en el nombre de Jesucristo, nuestro Redentor. Amén.

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