Nuestras Preciosas Bendiciones Especiales

Nuestras Preciosas Bendiciones Especiales

Por el presidente J. Reuben Clark. Jr.
de la primera presidencia.
Discurso dado en la Conferencia General en Octubre de 1954


Mis hermanos y hermanas, y amigos: Estoy agradecido a nuestro Padre Celestial que nos ha permitido reunimos una vez más, y específicamente tengo el privilegio de estar con ustedes. Sinceramente ruego la fuerza de fe y sus oraciones de ustedes para que lo que les diga sea de provecho para nosotros, y nos ayude a tener fuerza, valor, y determinación de llevar a cabo la obra del Señor.

Hace mucho, oí de un aserto de un banquero no-miembro que dijo que los mormones tienen seis sentidos: los cinco que tienen los hombres ordinarios y un sexto que les deja creer el mormonismo.

Estoy agradecido por este sexto sentido que no puedo expresarlo. Desde el principio han existido grandes grupos de la humanidad que no podían creer en el Evangelio. Se incluye aun parte de la propia familia de Adán. Su hijo ofreció un holocausto impropio, entonces mató a su hermano. Se quitó de’ él el derecho de hacer sacrificio. Él fue rechazado; perdió el sacerdocio y éste nunca ha sido restaurado a sus descendientes. Pero aquella simiente empezó a crecer y prosperar en la tierra, y desde aquel entonces, una parte grande del género humano ha sido pagano. El Evangelio que nosotros conocemos fue predicado desde el principio, pero los hombres no lo aceptaban. El diluvio vino y destruyó a todos los habitantes menos ocho, y después del diluvio la maldad empezó de nuevo entre los hombres, y otra vez la mayoría no quisieron seguir al Señor.

El Evangelio de Cristo es la vía de la salvación y la exaltación en el reino de Dios. Ha sido el mismo Evangelio desde el principio, no entendido siempre, ni siempre predicado, pero ha sido el plan de la vida, de la salvación y la exaltación desde el tiempo cuando fue enseñado a Adán.

Pablo dijo: “Más aún si nosotros o un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema.” (Gal. 1:18). Pues, ahora hay lobos ocultándose como ovejas en el redil. Contra ellos y sus enseñanzas todos tenemos que luchar afirmativamente por la verdad del evangelio.

El Señor dijo que en los últimos días habrían aquellos que vendrían diciendo: “Entonces, si alguno os dijere: He aquí está Cristo, o allí, no creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos. He aquí os lo he dicho antes. Así que, si os dijeren: He aquí en el desierto está; no salgáis: He aquí en las cámaras; no creáis” (Mateo 24: 23, 26)

Yo creo que debemos darnos cuenta de que aquel hombre o aquella mujer que enseñe doctrina falsa como la doctrina de Cristo grita, “He aquí está el Cristo”, en el sentido que esta gran declaración del Señor debe ser entendida.

Estoy contento que nosotros, los Santos de los Últimos Días, tenemos una bendición y herencia que nos enseña la verdad de este evangelio sempiterno que ha existido en el mundo desde el principio. Tenemos bendiciones maravillosas pero las bendiciones siempre llevan responsabilidades consigo. Teniendo las bendiciones, tenemos también la responsabilidad de vivir de acuerdo con los principios verdaderos que tenemos. Somos bendecidos porque sabemos que la vida tiene propósito. Somos bendecidos porque sabemos que existíamos antes de nacer. Somos bendecidos en saber que vinimos a este mundo que fue creado para darnos a nosotros las experiencias de la mortalidad. Somos bendecidos en saber que nuestra salvación y exaltación están aseguradas si guardamos los mandamientos del Señor. Eso es una parte del sexto sentido que tenemos.

Somos bendecidos en creer en Dios, un Personaje que ha manifestado en nuestro día, en la gran visión de todo tiempo, concerniente la cual estos niños cantaron tan bellamente al principio de este culto. Somos bendecidos con el testimonio que el Hijo era la imagen del Padre, y que nosotros también somos creados a su imagen de Él. Eso es una parte de nuestra bendición.

Somos bendecidos en poder aceptar las escrituras, y las aceptamos como la palabra de Dios y como una historia de sus relaciones con su pueblo, específicamente, la Biblia y aunque creemos en la Biblia solamente hasta donde esté traducida correctamente, no estamos preparados a aceptar estas traducciones modernas que van mayormente para destruir al Cristo y su sacrificio, y su resurrección.

Somos bendecidos en que Dios no hablaba solamente en tiempos antiguos, sino hoy en día, también. Habla con tanta exactitud y claridad como habló a Israel en el monte de Sinaí. El no habla sólo en parábolas como enseñó a algunas de las multitudes en Palestina, si ustedes se acuerdan, diciéndoles que les enseñó así para que no le entendiesen ni le creyesen y él tendría que bendecirles. Otra vez les digo que El habla claramente y todos podemos entenderle.

La revelación, la revelación continua, viene de nuestro Padre Celestial y para la Iglesia viene solamente al Presidente de la Iglesia. Cada persona digna puede tener la inspiración de Él, y si no la tienen, enmienden su vida, y la alcanzarán. La revelación no es la intuición como algunos piensan.

Somos bendecidos en la fe que tenemos, la fe viva y activa que no nos inspira solamente a vivir en manera buena, sino también nos da poder y fuerza. Nuestro pueblo hemos definido la fe como la causa verdadera de toda acción. La fe no es confianza, la fe es un poder vivo e inteligente, por lo cual Dios mismo hace su gran obra.

Somos bendecidos porque, junto con esa fe, tenemos el sacerdocio, el Sagrado Sacerdocio de Dios; la autoridad de ese sacerdocio es la autoridad de obrar en el nombre de nuestro Padre Celestial y de ejercer su poder hasta el grado en que lo hayamos recibido. Somos bendecidos, como muchos ya saben, porque ese sacerdocio, con la fe ejercida por él, sana a nuestros enfermos, nos da la paz, nos da consuelo y consolación, nos ayuda diariamente con el trabajo. Somos bendecidos en eso más que lo que puedo expresar, y creo yo que hay muy pocos aquí hoy que no hayan visto una manifestación de fe por las administraciones del sacerdocio.

Somos bendecidos, iba a decir, sobre todo, en nuestro conocimiento, nuestro testimonio y testigo de que Jesús es el Cristo. ¡Y qué responsabilidad nos trae este conocimiento! Que el vino al mundo como sacrificio para pagar la caída de Adán. El Señor no ha revelado la manera en que esto se llevó a cabo. Si El la revelara, no estoy seguro que nosotros con mentes limitadas pudiésemos entenderla. Una cosa sería en el mundo hoy día es que les hombres rehúsan a creer cosas que no pueden entender. De todas las muchísimas cosas pertenecientes al universo, ¡cuán pocas son las que los hombres entendemos! Entonces ¿por qué debemos negar el universo y sus maravillas porque el hombre finito no puede comprenderlas?

Jesús, el Salvador del mundo, nacido de mujer, divino, pasó a la tumba, se levantó por la mañana del tercer día, un Ser resucitado andando entre sus semejantes, grupos escogidos, casi en la misma manera como cuando fue mortal, comió con ellos y los enseñó. Nosotros somos beneficiarios de aquel sacrificio porque mediante el sacrificio de Él, todos tendremos una resurrección; cada hombre y mujer nacido en la tierra es beneficiario de este gran sacrificio. Repito que aquel testimonio y aquel testigo nos dan a cada uno de nosotros una responsabilidad muy grande. No pueden ser adherentes verdaderos del cristianismo si no creen y viven en la manera que Cristo nos enseñó.

Somos bendecidos con el conocimiento de que la Iglesia que Cristo y sus primeros apóstoles la organizaron y no permaneció en la tierra por mucho tiempo. Dentro de pocos siglos se había corrompido. Llegó a ser una Iglesia falsa. Esto es nuestro testigo y testimonio. Es una de las bendiciones que vienen de nuestra creencia en el Mormonismo. Puesto que la Iglesia verdadera había caído en apostasía, quitándose de la tierra el Sacerdocio de Dios, era preciso que hubiera una restauración, y esta restauración vino en el debido tiempo. Siempre para mí ha sido una cosa difícil entender como los hombres pueden decir que durante los primeros siglos el Señor enseñaba y hablaba a sus niños, los guiaba, los consolaba en tiempos de angustia, entonces por qué decir que Dios ya no habla y no hay revelación de El hoy en día.

Por supuesto, el género humano nunca ha tenido condiciones más perplejas que las que tenemos hoy. ¿Diremos que Dios ya no habla, que ha cerrado sus oídos a nuestras oraciones, que ya no nos ama? Racionalmente, tal conclusión sería absurda. Por tanto en estos días, hace poco más que cien años, Dios vino con su Hijo, Jesucristo, para dar principio por el profeta José Smith de esta última dispensación de la Plenitud de los Tiempos. Nosotros, los Mormones, somos bendecidos con el testimonio de eso.

También somos bendecidos en saber que la autoridad de Dios no vino solamente a José Smith sino que él la transmitió a otros, y hoy el Presidente McKay, como profeta, vidente, y revelador, es para la Iglesia el portavoz de Dios, y cuando él habla por la inspiración del Señor, y así lo hace cuando habla a la Iglesia, proclama lo que el Señor quiere que sepamos hoy.

Mis hermanos y hermanas, estoy agradecido por todas estas bendiciones. Estoy contento que tengo este sexto sentido que me hace capaz de no solamente creer, sino también tener un conocimiento espiritual de que todas las cosas que he dicho hoy son verdaderas junto con muchos otros principios.

Les testifico a ustedes que Dios vive, que todavía habla, no en términos misteriosos, sino directamente. Les testifico que Jesús es el Unigénito del Padre, y que El vino a la tierra, tomó sobre sí la mortalidad y satisfizo las demandas de justicia por cumplir su misión, y por dar su vida como el sacrificio necesario para librarnos de la caída. Les testificó que Él es el Hijo de Dios, el Salvador, las primicias de la resurrección, que todos nosotros seremos resucitados aún como El, levantándonos en la imagen en que vivimos.

Les testifico otra vez que la autoridad dada a José Smith está en la Iglesia todavía, que el Presidente de la Iglesia, nuestro gran líder, el Presidente David O. McKay, en estos momentos es el repositorio de toda la autoridad dada a José al principio de esta dispensación por medio de las ministraciones de ángeles y del Salvador mismo.

Que Dios nos aumente en nuestros testimonios, entonces teniendo el testimonio recibiremos el poder y Ja fuerza para vivir de acuerdo con los principios del evangelio, oro humildemente, en el nombre de Jesús. Amén.

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