José Smith, Profeta de Dios, y el Poder Profético de José Smith, Hijo

José Smith, Profeta de Dios,
y el Poder Profético de José Smith, Hijo

Por John A. Widtsoe
Discurso dado el 26 de junio de 1945


Como emplea ordinariamente, evitando refinamientos de definición, un profeta de Dios desempeña una o más de tres funciones. Antes de todo, él es maestro del evangelio de Jesucristo. Mediante a la gente en la senda de la verdad. Segundo, un profeta es vidente, y revelador de nuevas verdades. Esta es una función importante en un mundo que constantemente cambia y aumenta. Tercero, un profeta a veces puede predicar acontecimientos futuros. Este don no es necesariamente la función más importante del profeta, pero es evidencia de sus poderes proféticos.

A un grado asombroso José Smith cumplió con estos tres requisitos. Como maestro, revelador y pronosticador, él se halla entre el delantero de la sociedad de profetas históricos.

Era maestro sobresaliente. Tuvo una manera franca y a la vez simpática. Sus seguidores se juntaban ansiosamente para escuchar sus discursos inspirados. Su mente examinó los horizontes de eternidad mientras explicaba el evangelio de Jesucristo. Forasteros se ganaron por su simple oratoria y se quedaban pensando si era cierto que trataba con verdad eterna.

En el año 1840 hizo un viaje a Washington donde convocó a una conferencia pública. Mateo S. Davis, miembro del congreso, estaba presente. Después de la conferencia el señor Davis le escribió a su esposa lo siguiente; en parte: “Fui anoche a oír a José Smith, el célebre mormón, exponer sus doctrinas como él las explica. No es un hombre educado; pero es un hombre sencillo, sensato y de carácter.

Todo lo que dice lo profiere en una manera para dejar una impresión que es sincera. No hay levedad, ni fanatismo, ni falta de dignidad en su conducta. Tendrá unos cuarenta o cuarenta y cinco años de edad, de una estatura más que lo ordinario, y es lo que las del sexo femenino llamarían bien parecido. En su manera de vestirse no hay peculiaridades, su vestido es el de un sencillo y modesto ciudadano. Es agricultor de profesión, pero evidentemente ha leído mucho.

Durante su discurso entero (el cual duró más de dos horas) no había opinión ni creencia que él expresaba, que se pudiera calcular en grado menor, para degradar la moral de la sociedad, ni en ninguna manera para degradar ni embrutecer al género humano.

Sus preceptos contienen y si se siguieran, ablandarían las asperezas del hombre hacia el hombre, y eso tendería a hacer un ser más racional que el que generalmente se halla. No habría violencia ni locura ni denunciación. Su religión parece ser la religión de mansedumbre, benevolencia y persuasión benigna.”

En 1844 le hizo una visita Josías Quincy, quién más tarde fuera alcalde de Boston, el que escribió de José Smith en su libro, “Figures of the Past” o sea los acontecimientos del pasado: “Un hombre bien parecido es lo que murmuraría instintivamente uno al encontrar el individuo notable, el cual ha forjado el molde que iba a guiar los sentimientos de tantos miles de sus semejantes. Pero Smith era más que esto y uno no podía resistir la impresión de qué capacidad y recursos eran características naturales de su persona.

Ya he hecho mención de que era parecido a un señor Elíseo R. Potter, de Rhode Island, el cual conocí en Washington en 1826. La semejanza no era tanta que se pudiera reconocer en una fotografía, más una que se sentiría en una emergencia grave. De todos los hombres que he conocido estos dos parecen ser dotados mayormente con aquella facultad majestuosa que dirige, como por derecho intrínseco, a las almas débiles o confundidas que buscan la dirección.”

Parley P. Pratt en su autobiografía da una descripción vivida del poder que tenía José para mantener a un auditorio: “Su inteligencia era universal, y su lenguaje sobreabundante, en una original elocuencia peculiar a él —no pulida ni suavizada por la educación ni refinada por el arte; más brotando en su propia simplicidad natural y colmada en variedad de sujeto y manera. El interesaba e instruía mientras, y al mismo tiempo, divertía y entretenía a su auditorio; y no había ninguno que le escuchara que se cansara de su discurso. Han habido casos en que ha retenido a una congregación de deseosos y ansiosos oyentes por muchas horas, en medio de frío o sol, lluvia o viento, mientras reían en un momento o vertían lágrimas en el próximo. Aun sus enemigos más amargos, fueron rendidos generalmente, si una vez cautivara sus oídos.”

Era gran revelador. Lo que se perdió a través de los siglos obscuros de apostasía lo restauró mediante revelaciones de Dios. Los misterios de las edades se desvanecieron y se dio a luz la sencilla verdad. Gente que estaba en tinieblas ya andaba en nueva luz bajo sus revelaciones.

Pongamos un ejemplo. La doctrina de la pre-existencia del hombre se le reveló. Se cambió el curso entero de las enseñanzas del evangelio. La doctrina de “condenación eterna” se había cernido sobre la humanidad imperfecta como una espada de filo agudo. Se le reveló a José que el significado verdadero de “castigo eterno” es castigo de Dios. Salvación se había definido ser un cambio repentino después de la muerte, asignando los muertos al reino de Dios o al infierno. José aprendió que toda la humanidad sería salva, más que el grado de salvación dependerá mensurablemente en nuestras obras. Dio gozo al corazón de los que se quieren con la doctrina de la continuación de la familia en la vida venidera.

Era el gran revelador que juntó el evangelio que se había derrumbado por siglos de apostasía. La gente que aprendía aceptar la verdad completa se llenó de gozo cabal. Así con Brigham Young, el cual dijo: “Nunca vi a nadie, hasta que conocí a José Smith, que pudiera decirme algo del carácter, la personalidad y la morada de Dios, o algo satisfactorio acerca de los ángeles, o la relación del hombre y su Creador. Empero fui muy diligente en tratar de averiguar estas cosas.

Cuando lo oí predicar la primera vez, el eslabonó el cielo y la tierra; y todos los ministros del día no me podían decir nada correcto en cuanto al cielo, el infierno, Dios, los ángeles, ni los demonios; eran tan ciegos como la obscuridad egipcia. Cuando vi a José Smith, él tomó la tierra, la levantó y la abrió en sencillez y simplicidad, las cosas de Dios; y eso es la belleza de su misión.

Siento ganas de exclamar “aleluya”, todo el tiempo, cuando reflexiono que conocí a José Smith, el profeta al cual Dios levantó y ordenó, al cual dio las llaves y los poderes para restablecer el reino de Dios en la tierra y sostenerlo.”

Sus ideas se han esparcido a todas partes. Frecuentemente se encuentra una copia de sus enseñanzas en el escritorio de un profesor, o predicador, o político. Esto no da sorpresa porque él enseñó el mismo evangelio de Jesucristo el cual se había olvidado. Era pronosticador notable de sucesos futuros. El elemento profético casi siempre se hallaba presente en lo que decía. Parecía estar envuelto en el espíritu de profecía, y preveía el futuro con una previsión dada a pocos hombres.

En las revelaciones dadas a él, expresada en las Doctrinas y Convenios, se hallan casi 1,100 declaraciones que se pueden clasificar como profecías del futuro. Casi 700 de éstas son de una naturaleza espiritual; por ejemplo, “Y acontecerá que el que pidiere en el Espíritu, recibirá en el Espíritu.” (D. y C. 46:28) En 400 que quedan tienen que ver más directamente con las cosas de la tierra, mayormente en la naturaleza de la causa y el efecto. Es decir, si se hacen ciertas cosas, ciertos efectos resultarán. Las profecías o predicciones de José Smith concernientes a eventos futuros son únicas en un respecto. Son ofrecidas como revelaciones directas del Señor. Se las aparta de la masa de profecías humanas hechas durante los siglos.

Antes de que se organizara la Iglesia. José Smith predecía muchas cosas que ya han acontecido. Mientras todavía un joven desconocido, fuera de los caminos del mundo, declaró que los resultados de sus labores serían conocidas como una “obra grande y maravillosa” (Ibid. 4:1; 6:1; 11:1; 12:1; 35:1), que “misioneros saldrían a todas partes del mundo” (Ibid 1.4; 35:13), y que gente de los cuatro cabos de la tierra aceptarían su mensaje y se unirían con la Iglesia que él iba a restablecer (Ibid. 33:6; 18:44). Estas predicciones y otras muchas semejantes se han cumplido literalmente.

Prácticamente todas las enciclopedias de cualquier idioma tiene un artículo a cerca de José Smith. Se han escrito libros innumerables de él. Arriba de cien mil misioneros han recorrido el mundo para predicar el evangelio a los habitantes de la tierra. Gente de casi todos los países ha ingresado en la Iglesia que fue restablecida por la obra de él. Ha habido un cumplimiento literal de las profecías hechas por José Smith mientras era joven desconocido. Mientras traducía el Libro de Mormón predijo que los “Tres Testigos” verían las planchas de oro, y darían testimonio de su experiencia (Ibid. 5:15; 5:25). Esto parecía una cosa atrevida hacer. Les es difícil a los hombres pronosticar lo que harán otros, especialmente en un asunto tan raro como el de las planchas de oro del Libro de Mormón. Sin embargo, David Whitmer, Oliverio Cowdery y Martín Harris sí vieron las planchas en una manera milagrosa y su testimonio se haya impresa en las centenares de miles de copias del Libro de Mormón circuladas en muchas leguas del mundo.

El Juez, Esteban A. Douglas, prominente en la Historia Americana, conocía bien a los Santos de los Últimos Días. Hubo una ocasión en 1843, después de una conferencia larga y amigable, José Smith profetizó que él, Esteban A. Douglas, un día aspiraría a la presidencia de los Estados Unidos, pero amonestó al Juez que si injuriaba a los Santos, que sentiría sobre él, el peso de la mano del Dios Todopoderoso. Más de quince años después, Douglas sí aspiraba a la Presidencia. Para ganar aprobación popular, se esforzaba para perjudicar a los Santos de los Últimos Días. En cumplimiento de la profecía fue derrotado políticamente y se murió un hombre amargado. ¡Uno se pregunta si él pensaba entonces en la profecía del Profeta Mormón!

En 1832, en la infancia de la Iglesia, José Smith profetizó concerniente a las guerras, “que pronto se han de efectuar, principiando con la rebelión del Estado de la Carolina del Sur”, y que, “los estados del Sur se dividirán en contra de los del Norte, y los estados del Sur llamarán a otras naciones aun el país de Gran Bretaña para socorro”.

La profecía seguía diciendo así, “y entonces se derramará la guerra sobre todas las naciones.” Las Guerras Mundiales I y II tres cuartos de un siglo y más después, eran cumplimientos completos de esta parte de la profecía. Esta grande y notable profecía aún se halla como una evidencia del gran poder profético de José Smith.

En 1843, en la presencia de muchas personas, José Smith profetizó que “los Santos serían desterrados a las Montañas Rocallosas y que iban a ayudar en habitar colonias y construir ciudades y ver a los Santos hacerse un pueblo poderoso en el medio de las montañas.

Cuando fue proferida esta profecía, se conocía poco de la región occidental de los Estados Unidos. Su posibilidad de habitarse fue desconocida. La profecía se pronunció antes que fueran disponibles los reportes de la exploración de Fremont. Además había muchos otros lugares donde podrían irse los Santos si acaso fueran desterrados. Historia americana, del Oeste, certifica el cumplimiento de esta profecía. Los Santos fueron desterrados de Nauvoo; se establecieron en las Montañas Rocallosas; y allí han llegado a ser un pueblo poderoso.

Se pueden citar muchas otras predicciones parecidas de José Smith. Más, hasta hoy ninguna profecía de José Smith ha fracasado. Hablan juntamente de una previsión profética segunda a ninguna en la historia sagrada o profana. José Smith tiene todo derecho de ser conocido como Profeta de Dios. Estudiantes de la vida de José Smith no pueden desechar la evidencia presentada por el cumplimiento de estas y muchas otras profecías que se levantan más arriba de meros adivinos, puesto que su cumplimiento era tan improbable o más allá de la visión ordinaria del hombre. Sólo el cumplimiento de estas profecías completamente justifica el título “profeta” por el cual José Smith es ordinariamente conocido.

Pero que siempre sea acordado de que el poder profético de José Smith es más completamente ilustrado en sus revelaciones y enseñanzas.

Las preguntas que llenan cada corazón humano; la maravilla del pasado; la esperanza del futuro; y la pregunta constante — “¿Qué es el propósito de la vida?”; todas se contestaron por este profeta, simple y claramente y aceptables al alma humana. Por consiguiente, paz y contentamientos son poseídos por los seguidores de José. Quizá ésta sea la razón más importante por la que hablamos de José Smith como Profeta de Dios. Su poder profético superó el entendimiento humano. Se derivó, de Dios para apoyar la obra a la cual fue llamado a restablecer.

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