Cómo planear y dirigir las reuniones sacramentales

Reunión Mundial de Capacitación de lideres
21 de Junio 2003

Cómo planear y dirigir las
reuniones sacramentales

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles


Fundación doctrinal

Gracias hermanos por su devoción al Señor y a Su sagrada obra. Me siento humildemente agradecido por estar con ustedes. Lo que voy a enseñar respecto de las reuniones sacramentales va dirigido en forma particular a ustedes los obispos, los presidentes de rama y sus consejeros.

Muchos de ustedes a lo mejor son nuevos en sus asignaciones y tengan cierta inquietud. Por favor, no se preocupen. No sólo servirán a la gente, sino que sus familias serán bendecidas debido a su compromiso con el Señor y con Su Iglesia.

Los obispados y las presidencias de ramas tienen muchas responsabilidades que se pueden delegar, pero no pueden delegar la responsabilidad de las reuniones sacramentales. Por lo general, ustedes presiden y de esa manera son responsables tanto del espíritu como del contenido de dichas reuniones.

Ésta es la reunión de barrio o rama a la que asistimos como familia, que es la unidad básica de la Iglesia. Enseñen a su familia y a los miembros que lleguen mucho antes de que empiece la reunión sacramental. Enséñenles que asistimos, tal como lo ha mandado el Señor, para participar de la Santa Cena y renovar nuestros convenios. Él instituyó la Santa Cena para que recordemos Su Expiación.

Al terminar la última cena, especialmente preparada para la Pascua, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a Sus Apóstoles, diciendo: “Tomad, comed” (Mateo 26:26). “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). Entonces tomó la copa, pronunció una oración de agradecimiento y la pasó a los que se encontraban reunidos alrededor de Él, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre” (Lucas 22:20), “derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28). “Haced esto… en memoria de mí. Así pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis” (1 Corintios 11:25–26). De esta manera, Él ligó la Santa Cena con Su inminente crucifixión.

Dios había declarado: “Esta es mi obra y mi gloria, llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Entonces, el Hijo de Dios voluntariamente dio Su vida para completar la voluntad de Su Padre. De esa manera, la inmortalidad llegó a ser una realidad y la vida eterna una posibilidad para todos los que vivieran en la tierra. Conmemoramos Su Expiación de una manera muy personal. Traemos a la reunión sacramental un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Es lo que tiene más realce en nuestra observancia del día de reposo (véase D. y C. 59:8–13).

Las oraciones sacramentales han sido reveladas por el Señor (véase Moroni 4:3; 5:2; D. y C. 20:77, 79). Estas oraciones contienen convenios y una promesa. Hacemos convenio de tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo y guardar Sus mandamientos; comemos el pan en memoria de Su cuerpo; tomamos el agua en memoria de Su sangre que fue vertida por nosotros; y testificamos que siempre nos acordaremos de Él. La promesa es: siempre tendremos Su Espíritu con nosotros. ¡Qué bendición!

Cómo planear la reunión sacramental

Hermanos, teniendo esas doctrinas en cuenta, planeen las reuniones sacramentales con cuidado. Recuerden que el propósito es: concentrar nuestra atención en el Señor y enseñar Su Expiación, Su ejemplo y las doctrinas del Evangelio.

Las invitaciones para dar discursos deben ser hechas con bastante anticipación y deben incluir una descripción clara del tema y del tiempo asignados, así como un ofrecimiento de ayuda.

Entre los que dan la oración, incluya a los miembros que a menudo no se les pide hacerlo. Eviten la costumbre de que el esposo y la esposa oren en la misma reunión. Esto da a entender, sin querer, un mensaje de exclusión hacia aquellos que son solteros y podrían avisar a los que oran que no den un sermón.

Los misioneros que salen al campo misional tienen la oportunidad de hablar en una reunión sacramental, pero sus familiares y amigos no son invitados a hacerlo. Dos o más misioneros que salen al campo misional pueden hablar en la misma reunión.

A los misioneros que regresan, que hayan servido honorablemente, se les debe invitar a hablar en una reunión sacramental y se les debe dar tiempo para compartir experiencias espirituales y dar testimonio.

Las reuniones sacramentales ofrecen una oportunidad para que los jóvenes hablen brevemente acerca de temas asignados del Evangelio. En otras ocasiones, los miembros del sumo consejo serán asignados por el presidente de estaca para dirigir la palabra.

Contemplen llamar a miembros para que saluden y presten servicio como acomodadores. Estos hermanos podrían ayudar a tomar asiento amablemente mientras reservan unos cuantos asientos de atrás y próximos a los pasillos para los que tengan necesidades especiales.

Las ayudas audiovisuales, tales como videocasetes y transparencias, no se deben usar en la reunión sacramental.

De vez en cuando, algunos miembros no pueden asistir por estar enfermos, en cuyo caso, ustedes pueden asignar a poseedores del sacerdocio para que les lleven la Santa Cena a donde se encuentren. Una reunión sacramental típica debe incluir música de preludio; una bienvenida y reconocimiento de la autoridad que preside, y del miembro del sumo consejo, si hay alguien asignado; un primer himno y una primera oración.

Después de la oración se tratan los asuntos del barrio, tales como el relevo y sostenimiento de oficiales y maestros del barrio; el reconocimiento de niños que se gradúan de la Primaria, de miembros que hayan sido llamados a la misión o a otras asignaciones, y de los logros de los hombres y las mujeres jóvenes; y la presentación de los nombres de los varones que vayan a recibir el Sacerdocio Aarónico o que vayan a avanzar en él y de los nombres de los nuevos miembros del barrio.

Después de tratar los asuntos del barrio, la reunión continúa con la confirmación de los miembros nuevos, un himno sacramental y la bendición y reparto de la Santa Cena, mensajes del Evangelio y música adicional opcional, un himno y una oración finales, y música de postludio.

Los que van a ser relevados y sostenidos no tienen que ser presentados uno por uno, sino que se les puede presentar en grupo: primero los que van a ser relevados, luego los que van a ser sostenidos en el sacerdocio y después los que van a ser sostenidos en los llamamientos de las organizaciones auxiliares.

Hermanos, asegúrense de que estas reuniones empiecen y terminen a tiempo y de que no se sobreprogramen. No es necesario llevar a cabo una reunión de oración antes de la reunión sacramental. Ustedes y todos los invitados a participar deben estar sentados en el estrado por lo menos cinco minutos antes de empezar la reunión, de tal manera que estén espiritualmente preparados para una experiencia de adoración.

Durante ese tiempo de quietud, la música del preludio será tenue; no es momento para conversar o transmitir mensajes. Enseñen a su gente a respetar el tiempo de meditación de ellos y el de ustedes a medida que se preparan espiritualmente para la Santa Cena.

Una reunión sacramental típica

Música de preludio
Bienvenida y reconocimiento de la autoridad que preside, y del miembro
del sumo consejo, si hay alguien asignado
Primer himno y primera oración
Asuntos del barrio:
Relevo y sostenimiento de oficiales y maestros del barrio

Reconocimiento de:
• niños que se gradúan de la Primaria,
• miembros llamados a la misión o a otras asignaciones,
• logros de los hombres y de las mujeres jóvenes

Presentación de:
• varones que van a recibir el Sacerdocio Aarónico o que van a avanzar en él,
• nuevos miembros en el barrio

Confirmación de nuevos miembros
Himno sacramental y bendición y reparto de la Santa Cena
Mensajes del Evangelio y música adicional opcional
Último himno y última oración
Música de postludio

Música

Hermanos, enseñen a sus directores de música que los himnos de la Iglesia son la música básica para los servicios de adoración y la norma para el canto de la congregación. Otras selecciones de música se pueden usar para el preludio, el postludio, la música coral y selecciones musicales especiales. Por lo general, el primer y último himno los canta la congregación. La congregación siempr canta el himno sacramental.

Lo ideal es que tengan un coro en su unidad y que sea invitado a cantar periódicamente. El coro bendice nuestra vida. Mi esposa y yo tenemos recuerdos hermosos de nuestra participación hace años en el coro de nuestra pequeña rama en Minneapolis, Minnesota. Cuando el coro se paraba al frente para cantar, había más gente en el coro que en la congregación.

Los pianos, los órganos y sus equivalentes electrónicos son la norma para las reuniones de la Iglesia. Si se usan otros instrumentos, se deben usar de acuerdo con el espíritu de la reunión. Los instrumentos con sonido más alto o de menos adoración, tales como la mayoría de los instrumentos metálicos de viento o los de percusión, no son apropiados para la reunión sacramental. Si no hay disponible un piano, un órgano, un pianista u organista, se pueden usar grabaciones apropiadas para el acompañamiento.

La canción de los justos es una oración para el Señor (véase D. y C. 25:12). Algunos miembros se sienten renuentes a cantar, quizá por temor. Ayúdenles a olvidarse de ellos mismos y a que canten como una oportunidad de alabar a su Creador con devoción. La música en la reunión sacramental es para la adoración y no para un espectáculo.

Hermanos, dependemos de ustedes. Por favor, no dejen que la música sagrada se nos escape, ni permitan que la música secular la reemplace.

Cómo dirigir la reunión sacramental

Ustedes, queridos hermanos, tienen la responsabilidad de no sólo planificar estas reuniones, sino de dirigirlas también. Algunos miembros de sus congregaciones ruegan por los delicados susurros y la delicada comunicación de los cielos; ustedes les pueden ayudar estableciendo un espíritu de reverencia. La reverencia invita la revelación.

Al dirigir la reunión, extiendan una cordial bienvenida; sería más apropiado dejar los anuncios detallados para otro momento. Puesto que invitamos a que todos vengan a Cristo, los amigos y vecinos siempre son bienvenidos, pero no se espera que participen de la Santa Cena. Sin embargo, no se les prohíbe; ellos deben escoger. Esperamos que los que llegan por primera vez siempre se sientan bienvenidos y cómodos. Los niños pequeños, como beneficiarios sin pecado de la Expiación del Señor, participan de la Santa Cena como preparación para los convenios que harán más adelante en la vida.

Nuestras reuniones siempre se deben dirigir por medio del Espíritu (véase D. y C. 46:2). De vez en cuando, algo inesperado ocurre que ustedes querrán aclarar. Por favor, respondan a tales susurros y hagan las correcciones, cuando sea necesario. Por lo demás, no se necesita ningún comentario adicional después que haya hablado el discursante final.

Cómo bendecir y repartir la Santa Cena

Los obispados y las presidencias de ramas presiden el Sacerdocio Aarónico en los barrios y ramas. Ustedes y los asesores de los quórumes del sacerdocio tomarán toda precaución para que la Santa Cena esté preparada mucho antes de la reunión y que el reparto de la Santa Cena esté minuciosamente planificado.

Los que bendicen la Santa Cena deben presentar su mejor aspecto y estar vestidos apropiadamente. Las camisas blancas no sólo lucen bien, sino que son un discreto recordatorio de otros ritos sagrados, tales como el bautismo y las ordenanzas del templo, durante los cuales también se usa ropa blanca.

Ustedes pueden asignar a una persona para que ayude a los diáconos a saber quién es la autoridad que preside y que debe participar de la Santa Cena primero.

Las oraciones sacramentales se deben leer de tal manera que se puedan entender, ya que el que las lee es la voz de los convenios que los demás hacen. Se espera limpieza y pureza de corazón de parte de los que tienen el privilegio de bendecir la Santa Cena.

Reuniones de ayuno y testimonio

Las reuniones de ayuno y testimonio se llevan a cabo una vez al mes, normalmente el primer domingo. Por lo general, ese día se bendice a los bebés. Después de la Santa Cena, el hermano que dirige da su testimonio en forma breve y luego invita a los miembros a que testifiquen de corazón acerca del Salvador, de Sus enseñanzas y de la Restauración.

Los padres y maestros deben ayudar a sus hijos a aprender lo que es un testimonio y cuándo es apropiado expresarlo. Los niños más pequeños deben aprender a compartir sus testimonios en el hogar o en la Primaria hasta que tengan la edad suficiente para testificar sin que se les ayude en la reunión de ayuno y testimonios.

Participación personal

Cada miembro de la Iglesia tiene la responsabilidad de sacar provecho del enriquecimiento espiritual que viene de la reunión sacramental. Cada uno debe cantar con un corazón agradecido y, después de una oración o de un testimonio, responder con un “amén” que se pueda oír.

En forma personal meditamos en la expiación de Jesucristo; reflexionamos sobre el significado de Su sufrimiento en Getsemaní y de Su crucifixión en el Calvario. Durante ese momento, cada uno de nosotros debe “probarse cada uno a sí mismo” (1 Corintios 11:28) y reflexionar en los convenios personales que hemos hecho con el Señor; es el momento para meditar en las cosas sagradas de Dios.

De todo corazón, agradezco al Señor la reunión sacramental y lo que ha significado en mi vida. Repetidas veces ha renovado mi fe y me ha permitido renovar mis convenios semanalmente, ayudándome a mí y a mi esposa a vivir y criar a nuestra familia en la gloriosa luz del Evangelio.

Hermanos, testifico que Dios vive, que Jesús es el Cristo, que ésta es Su Iglesia, restaurada en estos últimos días para que cumpla su destino divino. Ruego que las bendiciones del Señor estén sobre cada uno de ustedes, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

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