Qué es la fe

Qué es la fe

por el élder Gene R. Cook
Viviendo por el poder de la fe


Cuando yo era Presidente de la Misión Uruguay-Paraguay, conocí a un gran misionero, un joven lleno de fe. Era uruguayo. Había servido en la misión unos tres o cuatro meses cuando llegué yo como presidente de misión. Dondequiera que iban él y su compañero, bautizaban. Al  principio pensé que eso se debía a su compañero mayor; pensé que ese élder en particular era demasiado inexperto para tener tanto éxito.

Pensando así, yo estaba en un error.

Tiempo después, este élder fue llamado a ser compañero mayor y líder de distrito, y fue enviado a una ciudad que tenía la reputación de ser un lugar muy difícil. Los misioneros no habían bautizado ahí a una sola persona durante casi un año. Cuando enviamos ahí a ese élder junto con su compañero y dos élderes más, sólo asistían a la rama diez o doce miembros. Yo no le dije nada; únicamente le envié el aviso de su cambio de área. Después de sólo tres semanas, empezaron los bautismos. Bautizó a cuatro o cinco personas en esas tres semanas. Cuando llevaba ahí unas diez semanas, todos los misioneros comenzaron a bautizar.

Luego fue llamado como líder de zona, por su gran habilidad para enseñar a otros, y lo enviamos a una zona muy extensa. Esa zona comprendía toda la región norte del país, y ahí había varias ciudades difíciles. Pensamos que eso sería un desafío para él, porque ahora tendría que enseñar a todos los misioneros a hacer lo que él hacía, y tendría que lograrlo por medio de los líderes de distrito, lo cual sería un nuevo desafío para él. Lo dejamos ahí dos o tres meses, y bautizaron multitudes. El y su compañero, y el Espíritu, por supuesto, convirtieron a toda la zona, a todos los miembros líderes, y a todos los demás, en “una gente diferente”.

Entonces, en noviembre, comenzó mi inquietud: el Señor quería decirme algo. Empecé a tener un sentimiento de desasosiego sobre este élder, y ese sentimiento era: “Envíalo a Paraguay”. En Paraguay los élderes estaban teniendo muy poco éxito; casi no bautizaban. En todo el país había un promedio de sólo veinte o veinticinco bautismos al mes. Me llegó el sentimiento de cambiar a este élder a Paraguay, y traté de resistirlo, pensando: “Ya ha pasado bien la prueba aquí, y ponerlo en Paraguay podría arruinar su reputación. Tal vez allá le sea difícil mantener el ánimo”. Tuve que luchar para convencerme a mí mismo que en verdad ese élder tenía que ir allá. Pero cuando vienen esos sentimientos, tenemos que seguirlos. Al fin le enviamos un telegrama diciéndoie que sería cambiado a Asunción, Paraguay, como líder de zona, y que debía partir al día siguiente

El llegó de pasada por la casa de misión el día primero de diciembre, y salió hacia Paraguay sin que yo lo viera, pero me dejó una carta que decía:

“Estimado Presidente Cook: Hoy recibí un telegrama en el que se me dice que vaya a Paraguay, y pensé que debía usted enterarse de ciertas cosas:

  1. En Paraguay no se puede bautizar. Cuando menos diez o quince élderes me han contado sus experiencias ahí.
  2. Los miembros no ayudan en nada.
  3. Hay muchos problemas con la castidad…”

Me enumeró diez o doce cosas de las más negativas que yo hubiera oído jamás, y pensé: “¡Oh, no!, ya lo ha influido la gente negativa” Pero al terminar la lista, me decía: “Solamente quiero que sepa, Presidente, que no creo una sola de esas cosas”. ¡Eso es tener fe! Y añadía: “Quiero que sepa que el día de Navidad vamos a bautizar veinticinco personas”. La Navidad llegaría en tan sólo veinticinco días más, y al leer eso, pensé: “El Señor lo bendiga. Si puede lograr eso, tiene usted una fe inmensa. No conoce el país; ni siquiera ha estado ahí. No sabe dónde va a vivir. No conoce a su compañero, a los líderes, ni a los miembros. No conoce nada, y todavía me dice que va a bautizar veinticinco personas en veinticinco días”.

Este joven sí tenía una fe inmensa, y era un ejemplo excelente de un verdadero líder latino. El veinticinco de diciembre bautizó a dieciocho personas; no habían logrado los veinticinco; bautizaron dieciocho, que era aproximadamente la cantidad que se bautizaba en todo el país en un mes. Dos semanas después, cuando estuve en Paraguay, fue un gran privilegio para mí participar en un servicio bautismal en el que él y su compañero bautizaron a otras once personas. Su distrito, en el que él había enseñado a los élderes cómo trabajar, bautizó treinta ese mismo día.

¿Cómo fue que este élder logró resultados tan maravillosos? ¿Habrá sido gracias a su carisma? ¿Usó acaso técnicas mundanas de persuasión? ¿O fue simplemente mediante una actitud positiva? No. Lo logró por medio de su fe en Jesucristo.

El Salvador dijo: “Sí tenéis fe en mí, tendréis poder para hacer cualquiera cosa que me sea menester” (Moroni 7:33).

Por medio de las Escrituras, vamos entonces a definir qué es la fe, pues eso nos dará el fundamento para comprender y desarrollar la clase de fe que ese élder tenía.

La fe es la certeza de lo que se espera

En Hebreos, capítulo 11 dice:

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios… Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín… Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte… Pero sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:1-6).

Ese capítulo nos proporciona muchos grandes ejemplos de fe, y varios milagros grandiosos que ocurrieron como resultado directo de la fe de los hombres. Lea y medite ese capítulo cuidadosamente; eso será muy provechoso para quien esté estudiando el principio de la fe.

Consideremos la fe de Abraham, tal como se haya en el capítulo cuatro de Romanos. Observe cuidadosamente el proceso por el que pasó Abraham:

Por tanto, [la promesa de vida eterna] es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia…

En otras palabras, la promesa de vida eterna viene por la fe.

… no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes)…

Abraham había recibido la promesa de que iba a ser padre de muchas naciones. Pero fue envejeciendo más y más, y parecía que para él y su esposa había pasado el tiempo en que podían tener hijos. ¿Comenzó Abraham a titubear en su fe? No, siguió creyendo en la promesa que se le había dado, que sería padre de muchas gentes, sin tener ninguna evidencia de que su esposa fuera a tener un hijo.

… delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen (versículos 16, 17).

Esa es una manera interesante de referirse al hombre natural. Las cosas que no parecen ser, son. Y las cosas que parecen ser, no son. Todo depende de sí las vemos con los ojos espirituales, o con los ojos naturales.

El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre da muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho.” Así será tu descendencia.

Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años)…

Es fácil leer eso y seguir adelante, pero tomemos en cuenta que, si tuviéramos cien años de edad, se necesitaría algo de fe para creer que después de tanto tiempo todavía íbamos a tener un hijo. Pero Abraham lo creyó.

… o la esterilidad de la matriz de Sara…

Para complicar más el problema, Sara tenía noventa años de edad. La promesa hubiera sido más fácil de creer si Sara hubiera tenido treinta y tantos años, pero no era así. Para el hombre natural eso hubiera parecido algo imposible.

Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios…

El hombre, Abraham, es un gran ejemplo. A pesar de que todas las probabilidades estaban en su contra, creyó en las promesas de Dios.

… sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios…
Siempre debemos asegurarnos de no atribuirnos la gloria a nosotros mismos.
… plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido… (versículos 18-21).

En otras palabras, Abraham creyó que el Señor podía cumplir, y que lo haría. También nosotros debemos creer eso. Si vamos adelante con fe, haciendo nuestra parte, el Señor proveerá.

… por lo cual también su fe le fue contada por justicia (versículo 22).

El niño nació, desde luego, pero aun después de eso, Abraham enfrentó otro desafío. Cuando llegó la hora de sacrificar a su hijo, Abraham creyó, aun hasta el último momento en que iba a segar la vida de su hijo. Abraham tenía una segundad interior inconmovible,.en cuanto a la promesa que esperaba, de posteridad infinita.

La fe es el principio de acción en todos los seres , Inteligentes

La definición de la fe que se da en Discursos sobre la Fe, se centra en dos descripciones fundamentales de la fe, que en realidad son una sola. Primero que nada, se centra en el hecho de que la fe es la causa motriz de toda acción en los seres inteligentes. Las palabras exactas son: “Al ser la fe la causa motriz de toda acción en cosas temporales, lo es también en lo espiritual” (Discursos sobre la Fe 1:12). Los Discursos también dicen que todos los seres inteligentes obran de esa manera.

La fe es la certeza que los hombres tienen de la existencia de cosas que no han visto, y el principio de acción en todos los seres inteligentes. Si los hombres se consideraran a sí mismos, y tornaran su pensamiento y su reflexión a la operación de su propia mente, descubrirían al momento que es la fe, y solamente la fe, lo que causa toda acción en ellos; que sin ella, tanto el cuerpo como la mente estarían en un estado inactivo, y todo esfuerzo en ellos, físico y mental, cesaría. (Discursos sobre la Fe 1:9, 10).

Permítaseme mencionar uno o dos ejemplos para mostrar el carácter literal de ese principio, y cómo está presente en cada acto que realizan los hombres —los hombres buenos, los hombres malos, las mujeres y los niños, y en suma, todo ser inteligente— aquí en la Tierra. ¿Supone alguienque yo habría escrito este libro si hubiera pensado que jamás nadie lo leería? ¿Pensaríamos que si un peatón no estuviera seguro de que podría llegar al otro lado de la calle, intentaría jamás cruzarla? Pensemos en cada una de las cosas que hacemos, y llegaremos a la conclusión de que no hay acción humana que no nazca de la fe. Esa acción producirá el fruto que se desea, para bien o para mal. Si una persona desea algo malo, y cree que lo puede obtener (y no nos estamos refiriendo a la fe en el Señor, sino a la fe en sentido general), lo obtendrá, por su fe o creencia de que puede. Muchos lo han hecho.

Así que antes que todo, recordemos que la fe es verdaderamente la causa motriz de toda acción en los seres inteligentes. Citemos otro párrafo más de Discursos sobre la Fe:

¿Habrían sembrado, acaso, sí no hubieran creído que podían cosechar? ¿Habrían plantado, si no hubieran creído que podían levantar? ¿Habrían jamás pedido, si no hubieran creído que podían recibir? ¿Habrían jamás buscado, si no hubieran creído que podían encontrar? O, ¿habrían jamás llamado, si no hubieran creído que se les abriría? En una palabra, ¿hay algo que ustedes hubieran hecho, físico o mental, si no hubieran creído previamente? Acaso no todos nuestros esfuerzos, de cualquier tipo, dependen de nuestra fe? O podríamos preguntar: ¿qué tenemos, o qué poseemos que no hayamos obtenido en razón de la fe? (Discursos sobre la Fe 1:11).

Mas adelante, los Discursos dicen que nuestra comida, vestido, aposanto,  todo lo que tenemos, es el resultado de esa clase de fe. Tal como yo lo entiendo, se aplica a toda la gente, buena o mala, que tiene fe en que si hace “esto”, ocurrirá “aquello”. Hay muchos que se han vuelto muy ricos, hasta millonarios, porque han aprendido algunas de las cosas que se relacionan levemente con la fe. Han aplicado algunos de esos principios, que han comprobado ser verdaderos, y los han hecho funcionar para ellos, y han obtenido un éxito temporal.

Recuerdo haber oído a varios misioneros decir que la fe es tener una actitud positiva. Eso es verdadero y falso a la vez. Es verdadero en el sentido que un hombre lleno de fe mostrará una actitud positiva, pero eso no quiere decir que quien tenga una actitud positiva esté lleno de fe (la fe a que nos referimos ahora, que es la fe en el Señor). No obstante, la fe en una forma u otra es el principio de acción en todos los seres inteligentes. Debemos preguntarnos: “¿Nuestras acciones diarias se basan en la fe en el Señor, o en otra cosa?”

 La fe es poder

 La fe en el Señor es diferente a cualquier otra clase de fe. La fe es poder. En Discursos sobre la Fe leemos que la fe es poder:

Y al ser fe la causa motriz a toda acción en cosas temporales, lo es también en las escrituras porque el Savador ha dicho en verdad que: “El que creyere y fuere bauizado, será savo” (Marcos 16:16).

Tal como optenemos, por la fe todas las bendiciones temporales que recibimos, de igual manera obtenemos, por la fe, todas las bendiciones espirituales que recibimos. Pero la fe no es solamente el principio de acción; la fe tambien es el poder principal en todos los seres inteligentes, ya sea en si cielo o en la tierra. Así lo dice el autor de la Epístola a los Hebreos, en 11:3:

Porque la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Discursos sobra la Fe 1:12-14).

Al hablar de fe, a veces pensamos únicamente en la creencia, o en esforzar nuestra mente para creer en algo. Sin embargo, los Discursos sobre la Fe hablan de la fe como de un poder literal. Encontramos esa definición en estas palabras:

La fe, entonces, es el primer gran principio gobernante que tiene poder, dominio y autoridad sobre todas las cosas; por ella existen, por ella se sostienen, por ella son cambiadas, y por ella permanecen, de acuerdo a la voluntad de Dios. Sin ella no hay poder y sin poder no podría haber creación ni existencia (Discursos sobre la Fe 1:24).

También leemos:

De no haber sido por el principio de la fe los mundos nunca hubieran sido formados, ni tampoco hubiera sido el hombre formado del polvo. La fe es el principio por medio del cual obra Jehová, y por medio del cual ejerce poder sobre todas las cosas, tanto temporales como eternas. Si se le quitara este principio o atributo -porque es un atributo- a Dios, El dejaría de existir (Discursos sobre la Fe 1:16).

Ahora pensemos en la fe en ese sentido amplio: que es literalmente el poder por el cual obra Dios mismo. Entonces, cuando alguien dice: “Ahora debo estudiar otras cosas, porque ya he estudiado los primeros principios del evangelio”, puede estar seguro que todavía le falta mucho para empezar siquiera a comprender una pequeña porción del primer principio del evangelio: la fe en el Señor Jesucristo.

La fe es mucho más que sólo una actitud positiva o cualquiera de las muchas técnicas que el hombre ha aprendido a usar para consumar sus deseos. La verdadera fe para vida y salvación está en el Señor Jesucristo. En el mundo hay muchos que han puesto su fe, su actitud positiva, en las cosas terrenales, pero eso nunca los llevará a ninguna parte. Nunca han llegado a comprender que la fe tiene poder, dominio y autoridad sobre todas las cosas; que es el poder por el que obra Dios mismo.

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