Razones para tener esperanza

Razones para tener esperanza

Devocional mundial de Seminarios e Institutos para jóvenes adultos, 2021
Hermana Susan L. Gong


Queridos hermanos y hermanas, ¡qué dicha es poder estar con ustedes! Nos congregamos virtualmente desde cada continente habitado y desde las islas del mar, unidos en el amor por nuestro Salvador Jesucristo y nuestro compromiso de ayudar a edificar Su reino. Ustedes me dan la esperanza de un mundo mejor. Y por supuesto que hay millones de otras buenas personas con quienes podemos reunirnos y asociarnos y de quienes podemos aprender. “La esperanza”, dice el obispo Desmond Tutu, “es ser capaces de ver que hay luz a pesar de toda la oscuridad”1.

Nuestra más grande esperanza está en Jesucristo, nuestro Salvador. Mediante Él encontramos gozo y paz. Él conoce el fin desde el principio. Él promete: “Escudriñad diligentemente, orad siempre, sed creyentes, y todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien, si andáis en la rectitud”2.

Sin embargo, nosotros no vemos el fin desde el principio, solamente “en parte conocemos”3. Quizá nuestra vida se va desplegando de un modo diferente a lo que esperábamos, pero todavía podemos “seguir adelante con firmeza en Cristo [y] un fulgor perfecto de esperanza”4, porque sabemos que nuestro amoroso Padre Celestial tiene un plan para nosotros.

Durante el tiempo que he permanecido en casa debido a la pandemia del COVID, he estado desarrollando una nueva habilidad: se llama acolchado con técnica de costura sobre papel. Es una forma de transformar retazos de tela en diseños elaborados. Al principio, el proceso no tiene sentido. Se cosen las piezas de tela por la parte de atrás y en sentido inverso de cómo se verá el patrón final. Es difícil ver cómo estos pedacitos de color terminarán siendo un patrón coherente; pero poco a poco, al cortar, coser y planchar pacientemente, una y otra vez, va emergiendo un diseño hermoso.

Quizá sintamos que el plan de nuestras vidas no está claro todavía. Eso no significa que nos quedamos esperando a que comience la vida. Estos son años muy valiosos, no importa donde estén en sus vidas.

Este es el momento en el que debemos desarrollar nuestros talentos. El presidente Nelson enseña: “La educación es la diferencia que existe entre desear poder ayudar a otras personas y el ser capaces de ayudarlas”5. Las cosas buenas y útiles que aprendan ahora moldearán y bendecirán su vida entera.

Este es el momento de buscar mentores sabios y justos —padres o abuelos, maestros, amigos, líderes de la Iglesia y, sobre todo, a Jesucristo— que nos ayuden a construir vidas significativas. Creen relaciones valiosas con quienes puedan ayudarlos a aprender y a crecer.

Este es el momento de estar anhelosamente consagrados a causas buenas. El cielo no está esperando a que la pandemia termine, a que yo baje unos 5 kilos (10 libras) o a que ustedes se casen con la persona de sus sueños para que lleguemos a ser discípulos y guardemos Sus mandamientos, especialmente el mandamiento de amar al Señor y a nuestro prójimo.

Si queremos una esperanza mayor y un significado más profundo en nuestras vidas, debemos comenzar cada día con una oración de gratitud y una súplica sincera: “Padre Celestial, permíteme ser hoy un instrumento en Tus manos, abre mi corazón, dame sabiduría, imaginación, fortaleza y valor para hacer lo que yo puedo hacer”. Luego busquen oportunidades para ser un amigo más fiel, una hermana más bondadosa, un mejor hijo, un vecino más generoso, un hermano o hermana ministrante más inspirado, un padre más paciente. León Tolstói escribió: “Aunque a los hombres les parezca que viven porque cuidan de sí mismos, en realidad es solo el amor por lo que ellos viven. Quien tiene amor, está en Dios y Dios está en él, porque Dios es amor”6.

El cielo no está esperando que seamos perfectos ni que lleguemos al mundo venidero para bendecirnos. Si hacemos las “obras justas” recibiremos nuestro “galardón, sí, la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero”7.

El amor de Cristo es seguro. El apóstol Pablo enseñó:

“Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

“ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro”8.

Que “el Dios de esperanza [l]os llene de todo gozo y paz” al confiar en Él “para que abunde[n] en esperanza por el poder del Espíritu Santo”9.

El evangelio de Jesucristo es verdadero, es poderoso, es hermoso y ¡es importante! Digo estas cosas en el nombre de Jesucristo. Amén.


1. Arzobispo Desmond Tutu, en Deborah Solomon, “The Priest: Questions for Archbishop Desmond Tutu”, New York Times, 4 de marzo de 2010, nytimes.com.
2. Doctrina y Convenios 90:24.
3. 1 Corintios 13:9.
4. 2 Nefi 31:20.
5. Russell M. Nelson, “Juventud bendita: ¿qué es lo que escogerán?”, (Devocional del Sistema Educativo de la Iglesia, 6 de septiembre de 2013), LaIglesiadeJesucristo.org; cursiva agregada.
6. León Tolstói, What Men Live By and Other Tales, traducción libre, 1918, pág. 33.
7. Doctrina y Convenios 59:23.
8. Romanos 8:38–39.
9. Romanos 15:13.

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