La salvación de los niños pequeños que mueren: Lo que sabemos y lo que no sabemos

La salvación de los niños pequeños que mueren:
Lo que sabemos y lo que no sabemos

Por Mark A. Mathews
Seminarios e Institutos
Liahona Julio 2021

Estas verdades de la revelación de los últimos días son algunas de las más dulces del Evangelio.

La salvación de los niños pequeños que mueren

En una ocasión, un amigo me contó una experiencia que tuvo en la misión en Brasil. Él y su compañero conocieron a una mujer que de manera rotunda les dijo que no estaba interesada en escuchar ningún mensaje sobre religión, ya que un líder religioso le había dicho en una ocasión que su bebé, que había muerto, nunca podría salvarse debido a que no había sido bautizado. El solo pensar en eso le destrozaba el corazón. Les dijo a los misioneros que, a menos que tuvieran un mensaje mejor, ella no quería saber nada de la religión de ellos.

Afortunadamente, tenían un mensaje mejor.

La doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en cuanto a la salvación de los niños pequeños se resume en un solo versículo de las Escrituras: “… todos los niños que mueren antes de llegar a la edad de responsabilidad se salvan en el reino celestial de los cielos” (Doctrina y Convenios 137:10).

Aunque esta doctrina es clara, muchos aún tienen preguntas en cuanto al tema o lo malentienden. Arrojemos algo de luz sobre algunas de las preguntas más habituales.

¿Cómo se salvan los niños pequeños?

Muchas personas suponen que los niños pequeños se salvan por el simple hecho de que son inocentes. Si bien ciertamente lo son, en el Libro de Mormón se enseña con claridad que, sin la expiación de Jesucristo, incluso “los niños pequeños… no podrían salvarse”, porque “como en Adán, o por naturaleza, ellos caen” (Mosíah 3:16).

A pesar de ser inocentes de todo pecado, los pequeñitos aún estarían sujetos a la muerte física y espiritual que trajo la Caída. En consecuencia, sin la resurrección y sin la expiación de Jesucristo, se perderían eternamente al igual que el resto de nosotros (véase 2 Nefi 9:6–10).

Por fortuna, el Libro de Mormón aclara que “la sangre de Cristo expía” los pecados de los niños pequeños (Mosíah 3:16), y “la maldición de Adán les es quitada” (Moroni 8:8). Gracias a la expiación del Salvador, los pequeñitos quedan libres de los efectos de la caída de Adán y Eva, “porque estos son limpios” (Moisés 6:54).

¿A qué edad son salvos los niños?

En Doctrina y Convenios 137:10 se enseña que “todos los niños […] se salvan en el reino celestial de los cielos”. La única condición es que “muer[a]n antes de llegar a la edad de responsabilidad”. El élder Bruce R. McConkie (1915–1985), del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó: “La edad de responsabilidad no se abre de pronto ante un niño en un momento determinado de su vida, sino que va haciéndose responsable gradualmente, durante un período de años. Llegar a la responsabilidad es un proceso […]. Sin embargo, llega un momento en que la responsabilidad es algo real y el pecado se infiltra en la vida de aquellos que se desarrollan normalmente; este momento se ha fijado en la edad del bautismo”1.

En otras palabras, los niños se van haciendo responsables conforme crecen, pero a los ochos años son lo suficientemente responsables para ser bautizados y, por consiguiente, lo suficientemente responsables de sus propios pecados.

No obstante, como cualquier padre sabe, eso no significa que los niños sean incapaces de hacer algo que sepan que está mal. Lo que significa es que aún no tienen la suficiente responsabilidad de tomar esas decisiones erróneas.

Los niños cuentan con lo que de manera acertada podría conocerse como un “período de gracia”, en el que no son responsables de sus ofensas a medida que aprenden y llegan a la edad de responsabilidad. Si muriesen durante ese tiempo, entonces son salvos por la gracia de Cristo sin el bautismo y sin ningún otro esfuerzo de su parte (véase Moroni 8).

¿Cómo serán los niños pequeños cuando resuciten?

El presidente Joseph F. Smith (1838–1918) perdió a varios hijos por muerte prematura. Él recibió consuelo por medio de la doctrina de que los niños pequeños serían resucitados como tales y que sus padres rectos los criarían hasta que alcanzaran la madurez después de la resurección. En una ocasión, el presidente Smith señaló lo siguiente: “José Smith enseñó la doctrina de que el niño pequeño que muere se levantará como niño en la resurrección; y, señalando a la madre de un niño sin vida, le dijo: ‘Usted tendrá la alegría, el placer y la satisfacción de criar a ese hijo, después de que haya resucitado, hasta que alcance la estatura completa de su espíritu’. Hay restitución, hay crecimiento, hay desarrollo después de resucitar de la muerte. Amo esta verdad. Comunica a mi alma un caudal de felicidad, de dicha y de gratitud. Gracias sean dadas al Señor que nos ha revelado estos principios”2.

Los niños pequeños no solo alcanzan la madurez plena, sino que también reciben la exaltación plena. Abinadí enseñó que “los niños pequeños también tienen vida eterna” (Mosíah 15:25). El profeta José Smith enseñó que “tendrán a sus hijos, porque ellos tendrán la vida eterna, porque su deuda está saldada”3.

Para obtener el grado más alto del Reino Celestial, las personas que son responsables de sus actos deben entrar en el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio (véase Doctrina y Convenios 131:1–3). Los niños pequeños que mueren tendrán esa oportunidad en el futuro. El presidente Joseph Fielding Smith (1876–1972) explicó: “El Señor les dará a estos niños el privilegio de todas las bendiciones de sellamiento que pertenecen a la exaltación […]. [L]os niños crecerán después de la resurrección, hasta la completa estatura del espíritu, y […] todas las bendiciones serán suyas, lo mismo que si hubieran vivido hasta la madurez y las hubieran recibido en la tierra”4.

¿Por qué mueren los niños pequeños?

Es difícil responder esta pregunta, sobre todo a aquellos que han perdido a un hijo pequeño. Tal vez, la mejor manera de comenzar a responderla es con las palabras de Nefi, que testificó: “Sé que [Dios] ama a sus hijos; sin embargo, no sé el significado de todas las cosas” (1 Nefi 11:17).

No conocemos todos los motivos de cada una de las tragedias que ocurren en la vida terrenal, pero podemos tener la certeza de que Dios nos ama. Aunque no debemos suponer que las tragedias son la voluntad de Dios, Su plan proporciona la manera de superarlas todas5. “No hay pesares en la tierra que el cielo no pueda curar”6.

El profeta José Smith y su esposa Emma tenían motivos para preguntar por qué mueren los niños pequeños, ya que seis de sus hijos fallecieron. El Profeta dijo: “… meditando el asunto, he preguntado: ¿Por qué será que nos son arrebatados los pequeñuelos, los niños inocentes, especialmente estos que parecen ser los más inteligentes e interesantes. Las razones que con más fuerza llegan a mis pensamientos son las siguientes: Este mundo es un mundo muy perverso […]. El Señor se lleva a muchos, aun en su infancia, a fin de que puedan verse libres de la envidia de los hombres, y de las angustias y maldades de este mundo. Son demasiado puros, demasiado bellos para vivir sobre la tierra; por consiguiente, si se considera como es debido, veremos que tenemos razón para regocijarnos, en lugar de llorar, porque son librados del mal y dentro de poco los tendremos otra vez”7.

Otro siervo del Señor, el élder McConkie, sufrió la muerte de una nieta pequeña. En el funeral de la niña, él dijo: “Hay ciertos espíritus que vienen a este mundo solo para recibir un cuerpo; por motivos que desconocemos, pero que son conocidos en la infinita sabiduría del Padre Eterno, ellos no necesitan las pruebas, las experiencias de probación de la vida terrenal”8.

No se retendrá ninguna bendición

Si bien no hay nada en esta vida que quite los sentimientos de pérdida que tiene una familia al perder a un hijo, podemos hallar consuelo en la doctrina de que los niños pequeños que mueren serán exaltados. Eso lo sabemos gracias a que lo ha revelado nuestro amoroso Padre Celestial y lo han enseñado Sus profetas y apóstoles modernos.

Estas verdades de la revelación de los últimos días son algunas de las más dulces y reconfortantes del Evangelio.


  1. Bruce R. McConkie, “La salvación de los niños”, Liahona, marzo de 1978, pág. 9.
  2. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1999, pág. 141.
  3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 187.
  4. Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, 1954, tomo II, pág. 51.
  5. Véase Quentin L. Cook, “Las canciones que no pudieron cantar”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 104–107.
  6. “Come, Ye Disconsolate”, Hymns, nro. 115.
  7. Enseñanzas: José Smith, pág. 186.
  8. Bruce R. McConkie, en Robert L. Millet, “Alive in Christ: The Salvation of Little Children” en The Book of Mormon: Fourth Nephi through Moroni, From Zion to Destruction, editado por Monte S. Nyman y Charles D. Tate, hijo, 1995, pág. 11.

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