Ante la duda, deja abierta la puerta a la fe

Jóvenes adultos

Ante la duda, deja abierta la puerta a la fe

Por Molly Holt
Revistas de la Iglesia
Liahona Julio 2021

Aunque en ocasiones tal vez dudemos de nuestras experiencias espirituales, nuestra certeza puede regresar desbordándose

Ya sea que hayamos crecido en la Iglesia o nos hayamos convertido más adelante en la vida, muchos de nosotros probablemente hayamos pasado por momentos de incertidumbre o dudas. Puede que hayamos tenido increíbles experiencias espirituales pero ahora nos preguntemos: ¿Fueron reales esas experiencias espirituales o simplemente me imaginé que estaba sintiendo el Espíritu? ¿Qué sucede si nada de esto es cierto? ¿Y qué pasa con las preguntas para las que todavía no encuentro respuesta? ¿Cómo puedo permanecer en la Iglesia si ya no estoy seguro de si es verdadera?

Personalmente, me sorprendió que esas preguntas me surgieran después de haber servido en una misión. Había conocido la verdad con tal convicción que deseé salir a predicársela a otras personas durante un año y medio, y ahora dudaba de todo lo que había sabido y enseñado. Qué pérdida de tiempo si nada de aquello fuera verdad. Así pues, ¿era cierto todo lo que había enseñado o simplemente había deseado que lo fuera? Después de ver a amigos abandonar la Iglesia, y mientras hacía frente a mi propia lucha de fe, me preguntaba si me había engañado a mí misma.

Durante ese tiempo no dejé de ir a la Iglesia ni de obedecer los mandamientos debido a que tenía grandes interrogantes. En lugar de eso, debido a que tenía interrogantes, traté de seguir el consejo del presidente Russell M. Nelson de “aument[ar] [mi] capacidad espiritual para recibir revelación”1.

Sabía que “[n]ada abre tanto los cielos como la combinación de mayor pureza, estricta obediencia, búsqueda diligente, el deleitarse a diario en las palabras de Cristo en el Libro de Mormón, y dedicar tiempo frecuente a la obra del templo y de historia familiar”2. Sentía que era crucial permanecer cerca de Dios. Al fin y al cabo, Él era el único que tendría la respuesta a mis preguntas.

La historia de Eunice

Un día, mientras leía Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días, encontré una extraordinaria historia acerca de una mujer de los primeros días de la Restauración. Eunice Franklin parecía tener las mismas preguntas y preocupaciones que yo.

A Eunice la bautizó en Nueva York un misionero llamado Elijah Able. El día de su bautismo, ella estaba plenamente convertida al Evangelio, pero entonces, después de que Elijah se fue a Canadá a predicar, Eunice comenzó a dudar del Evangelio y de lo que una vez había sabido que era verdadero. Comenzó a preguntarse si José Smith realmente era un profeta, y si el Libro de Mormón era Escritura verdadera. Pasó muchas noches sin dormir, pensando que tal vez había sido engañada.

El Señor le mostró a Elijah en sueños la tribulación de Eunice, y él regresó inmediatamente a Nueva York. Cuando llamó a su puerta, Eunice se quedó atónita; había estado planeando que, cuando lo volviera a ver, lo diría que había dejado de creer. En lugar de eso, ella le dejó entrar. Cuando Elijah la invitó aquella tarde a su sermón, ella vaciló y no quería ir; pero finalmente accedió y fue a escuchar lo que él tenía que decir.

En su sermón, Elijah citó 1 Pedro 4:12, que dice: “… no os asombréis del fuego de prueba que os ha sobrevenido para poneros a prueba”. El fuego de prueba que había tratado de destruir la fe de Eunice no pudo prevalecer. Al oír hablar a Elijah, las dudas de Eunice se desvanecieron. En el libro Santos se describe así: “La certeza que alguna vez había sentido regresó desbordándose”3.

La certeza regresa desbordándose

La experiencia de Eunice tuvo un gran impacto en mí, y he reflexionado en ello una y otra vez. Al igual que Eunice, yo aprendí de las sencillas y poderosas palabras de Elijah. No debemos “asombr[arnos]” de tener preguntas sobre nuestra fe. No hay absolutamente nada malo en eso. Tal como una vez la verdad pareció descender del cielo, es posible que más adelante haya momentos en los que sintamos una sequía espiritual. Podríamos preguntarnos si realmente alguna vez sentimos la lluvia. Aun cuando todavía no hayamos recibido respuestas ni confirmaciones, podemos seguir orando por la lluvia de la revelación. Podemos buscar un testimonio para saber que lo que era verdadero ayer sigue siendo verdadero hoy. El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Si todo estaba bien cuando oraron al respecto, confiaron en ello y vivieron para ello, todavía sigue siendo correcto ahora […]. Enfrenten sus dudas, dominen sus miedos”4.

Al volver a abrirle la puerta a su amigo misionero, aun cuando se preguntaba por qué habría de hacerlo, Eunice abrió de nuevo su corazón. El Señor volvió a influir en ella y la ayudó a sentir una confirmación de todo lo que una vez supo. De manera similar, cada uno de nosotros puede dejar abierta la puerta a la fe aun cuando tengamos dificultades con las dudas. Podemos seguir haciendo lo que es correcto y buscar revelación, incluso si no estamos seguros exactamente de por qué lo hacemos.

Dejamos la puerta abierta cuando seguimos haciendo las pequeñas cosas que Dios nos ha dicho que son buenas para nuestra alma. Santificamos el día de reposo y asistimos a nuestras reuniones; leemos las Escrituras, aunque a veces solo sea un versículo; escuchamos un himno o un discurso de la conferencia; hablamos con el Padre Celestial acerca de nuestras preocupaciones y esperanzas, y le pedimos que nos ayude a saber la verdad; guardamos los mandamientos, nos arrepentimos y procuramos la compañía del Espíritu Santo.

Si no podemos tener más que un deseo de creer, podemos seguir haciendo las pequeñas cosas y dejar que ese deseo obre en nosotros. Podemos reservar un lugar en nuestro corazón para que esa creencia crezca (véase Alma 32:27).

Lo que sé

Aunque a veces he tenido preguntas, he errado y he vacilado, he aprendido y he vuelto a aprender por mí misma que esta es la Iglesia de Cristo. Aunque tal vez José Smith haya sido un hombre imperfecto, sé que fue un profeta inspirado de Dios que lo sacrificó todo e hizo lo mejor que pudo. También sé que el Libro de Mormón es un registro antiguo verdadero y un volumen sagrado de Escrituras preservado precisamente para nosotros en nuestros días. El Padre Celestial continúa confirmándome estas verdades todos los días, y me alegro de que Él también le confirmara esas verdades a Eunice Franklin.

Sé que, a medida que dejemos las puertas y el corazón abiertos a la verdad, por medio del Espíritu Santo, Dios nos ayudará a sentir lo que es real y lo que no lo es. En ese momento, nuestras experiencias espirituales serán innegables. Y después de eso, cada vez que sintamos que las dudas vuelven a surgir, podemos recordarnos a nosotros mismos cómo nos sentimos. Al igual que sucedió con Eunice, nuestra certeza sobre las verdades del Evangelio puede regresar desbordándose.

No tenemos por qué vivir en la sequía de la duda demasiado tiempo si tan solo nos aferramos a nuestras experiencias espirituales. El élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dice: “Atesoren sus recuerdos sagrados […]. Confíen en que les han sido dados por su Padre Celestial y por Su Hijo Amado. Permitan que les den paciencia en sus dudas y entendimiento en sus dificultades. Les prometo que, a medida que reconozcan de buena gana y atesoren cuidadosamente los acontecimientos espiritualmente decisivos de su vida, recibirán más y más”5.

Sé que, para aquellos que se esfuerzan por crear nuevas experiencias espirituales y ejercen fe en Cristo, es cierta la promesa de que “el que […] cree [en Cristo] no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). Las respuestas que necesitamos llegarán. Podemos superar las pruebas de fuego que Satanás pone en nuestro camino y podemos permanecer fieles a nuestro amoroso Dios todos nuestros días.

Molly Holt se crio en una numerosa familia tejana. Vive en Utah con su esposo mientras ella termina su carrera en edición y publicación. Le encanta nadar, subirse a las montañas rusas, pintar con acuarela y cocinar comidas nuevas.


  1. Russell M. Nelson, “Revelación para la Iglesia, revelación para nuestras vidas”, Liahona, mayo de 2018, pág. 96.
  2. Russell M. Nelson, “Revelación para la Iglesia, revelación para nuestras vidas”, págs. 95–96.
  3. Véase Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días, tomo I, El estandarte de la verdad, 1815–1846, 2018, págs. 319–323.
  4. Jeffrey R. Holland, “Cast Not Away Therefore Your Confidence” (devocional de la Universidad Brigham Young, 2 de marzo de 1999), pág. 4, speeches.byu.edu.
  5. Neil L. Andersen, “Recuerdos espiritualmente decisivos”, Liahona, mayo de 2020, pág. 22.

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