Darás las gracias al Señor tu Dios en todas las cosas

“Darás las gracias al Señor tu Dios
en todas las cosas”
(D. y C. 59:7)

Marion G. Romney

por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

La gratitud se ha definido como “un sentimiento de aprecio por los favores que hemos recibido”, y es característica de todas las almas nobles.

“Cicerón define a la gratitud como madre de las virtudes y el principal de los deberes, usando como sinónimos las palabras ‘agradecido’ y ‘bueno’, inseparablemente unidas en el mismo carácter.” (The new dictionary of thoughts, ed. 1961, pág. 246).

Las almas grandes siempre están agradecidas por los pequeños favores. Notad cómo reaccionó el profeta José ante algunas cartas que recibió durante su estancia en la cárcel de Liberty:

“Recibimos algunas cartas anoche, una de Emma (esposa del Profeta), otra de Don C. Smith y otra del obispo Partridge. Todas ellas expresaban un espíritu de bondad y consuelo. Quedamos muy satisfechos con sus palabras. Teníamos algún tiempo de estar sin información, y la lectura de estas cartas fue para nuestras almas como la apacible y refrescante brisa; pero en nuestro gozo hubo algo de aflicción, por motivo de los sufrimientos de los pobres y tan perseguidos santos. Y no nos es preciso deciros que se abrieron las compuertas de nuestros corazones y nuestros ojos se convirtieron en una fuente de lágrimas; pero aquellos que jamás han sido encerrados dentro de los muros de una prisión sin causa o provocación, difícilmente se pueden imaginar cuán dulce es el son de la voz de un amigo. Una señal de amistad, de dondequiera que proviniere, despierta y activa todo sentimiento de simpatía; evoca en un instante todo lo que ha pasado; abraza lo presente con la rapidez del relámpago; se adhiere a lo futuro con la fuerza de un tigre; hace que la mente se transporte hacia adelante y hacia atrás, de una cosa a otra, hasta que por último toda enemistad, malicia, odio, diferencias anteriores, malos entendimientos y desconciertos caen muertos a los pies de la esperanza. . .” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 157-158)

Debemos agradecer y expresar nuestro aprecio por todos los favores recibidos, que por cierto, son muchos.

Sin embargo, los objetos primordiales de nuestra gratitud, deben ser, y son, nuestro Padre Celestial y su hijo Jesucristo, nuestro Señor y Redentor.

“Reconoced que Jehová es Dios… cantó el salmista.
“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre” (Salmo 100:3-4).

“Y ahora, amados hermanos míos”, dijo Amulek a los zoramitas, “quisiera que. . . adoraseis a Dios. . . y que vivieseis cada día en acción de gracias por las muchas bondades y bendiciones que él derrama sobre vosotros” (Alma 34: 37-38).

“. . . ¡oh, cómo deberíais dar gracias a vuestro Rey Celestial.” dijo el rey Benjamín a sus hermanos.
“. . . si diereis todas las gracias y alabanzas, con todo el poder de vuestras almas enteras, a ese Dios que os ha creado, guardado y conservado, y ha hecho que os regocijéis, y os ha concedido vivir en paz el uno con el otro” (Mosíah 2:19-20).

Tenemos con nuestro Señor Jesucristo una imperecedera deuda de gratitud, ya que El pagó por nosotros un precio muy alto. Nos es imposible, como débiles mortales que somos, comprender y apreciar al máximo el sufrimiento que El padeció en la cruz para ganar la victoria sobre la muerte; y es más’ difícil aún entender el sufrimiento’ que padeció en Getsemaní para que pudiéramos obtener el perdón de nuestros pecados, y que, según sus propias palabras, “hizo qué yo, aun Dios, el más grande de todos, temblara a causa del dolor,; y echara sangre por cada poro, y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar. .       (D. y C. 19:18.) Es mucho más difícil, repito, comprender lo que El sufrió para satisfacer los requisitos de la justicia y poner a nuestro alcance la forma en que podremos obtener el perdón de nuestros pecados, mediante la fe en El y el arrepentimiento.

Ninguno de nosotros hubiera soportado ese sufrimiento. Ningún mortal hubiera podido soportarlo.

Claro está que cada alma que comprenda lo que el Salvador hizo por nosotros, lo ama y desea expresarle su agradecimiento. En la sección 59 de Doctrinas y Convenios hay una revelación en la que el Señor nos dice específicamente cómo podemos hacerlo. El profeta José Smith recibió dicha revelación en Independence, Misuri, el 7 de agosto de 1831. Los miembros habían comenzado a congregarse en Sión y se había hecho la consagración de la tierra y la dedicación del lugar para el templo.

El Señor comenzó esta revelación diciendo:

“. . . benditos son aquellos que han subido a esta tierra con un deseo sincero de glorificarme. . .”
“Sí, benditos son aquellos cuyos pies descansan sobre la tierra de Sión, que han obedecido mi evangelio; porque recibirán como recompensa las cosas buenas de la tierra, la cual producirá en su fuerza.
Y también serán coronados con bendiciones de arriba, sí, y con mandamientos no pocos, y con revelaciones en su debido tiempo  ―aquellos que son fieles y diligentes delante de mí.
Por lo tanto, les doy un mandamiento que dice así: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, alma, mente y fuerza; y en el nombre de Jesucristo lo servirás.
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hurtarás, no cometerás adulterio, ni matarás, ni harás ninguna cosa semejante.” (D. y C. 59:1, 3-6)

El Señor añadió por vía de mandamiento, la que me sirve de tema: “Darás las gracias al Señor tu Dios en todas Las cosas.” (D. y C. 59:7)

Después prosiguió con dos mandamientos. Al guardarlos, los miembros podían mostrar gratitud y agradecimiento en una forma aceptable para el Señor su Dios, lo cual también nosotros podemos y debemos hacer.

Estos mandamientos son:

Primero: “Ofrecerás un sacrificio al Señor tu Dios en justicia, aun el de un corazón quebrantado y un espíritu contrito.”
Y segundo: “Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo;
Porque, en verdad, éste es un día que se te ha señalado para descansar de todas tus obras y rendir tus devociones al Altísimo.
Sin embargo, tus votos se rendirán en justicia todos los días y a todo tiempo;
Pero recuerda que en éste, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos, y ante el Señor.
Y en este día no harás ninguna otra cosa, sino preparar tus alimentos con sencillez de corazón, a fin de que tus ayunos sean perfectos, o, en otras palabras, que tu gozo sea cabal.
He aquí, esto es ayudar y orar, o, en otras palabras, regocijar y orar.
Y si hacéis estas cosas con acción de gracias, con corazones y semblantes alegres, no con mucha risa, porque esto es pecado, sino con corazones felices y semblantes alegres,
De cierto os digo, que si hacéis esto, la abundancia de la tierra será vuestra. . .
Complace a Dios el haber dado todas las cosas al hombre. . .
Y en nada ofende el hombre a Dios, o contra ninguno está encendido su enojo, sino aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas, y no obedecen sus mandamientos.
…Por lo tanto… aprended. . . que el que hiciere obras justas recibirá su galardón aun la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero.” (D. y C. 59: 8-16, 20-23)

Si tenemos oídos para escuchar, y amamos al Señor, haremos caso a estos mandamientos y agradeceremos a nuestro Dios, guardándolos en la forma que Él lo prescribió. Él ha dicho:

“Si me amas, me servirás, y guardarás todos mis mandamientos” (D. y C. 42:29).

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s