El Templo de Kirtland: Un lugar de santidad

El Templo de Kirtland:
Un lugar de santidad

Doctrina y Convenios 109–110

Por el élder Jeremy R. Jaggi
De los Setenta

Lo que aprendí sobre el templo cuando era un joven misionero me ha bendecido desde entonces.

kirtland_temple

Muchos misioneros abren su llamamiento misional rodeados de familiares y amigos; yo abrí el mío solo, en un campo de patatas [papas]. Estudiaba en el Colegio Universitario Ricks (que luego llegó a ser la Universidad Brigham Young–Idaho). Por entonces no teníamos redes sociales ni internet, y me hallaba lejos de mi familia, así que fui al campo, ofrecí una oración y abrí la carta.

Decía: “Se le ha asignado a trabajar en la Misión Ohio Cleveland” [EE. UU.]. Me pareció fantástico que Kirtland, Ohio, fuera parte de la misión, aunque en aquel momento no entendía su trascendencia.

Bienvenido a Ohio

Mi primera asignación fue el Barrio Ashtabula, que era parte de la Estaca Kirtland. De camino a mi primera área, mi compañero, el élder Shawn Patrick Murphy, y yo nos detuvimos en la tienda de Newel K. Whitney, en Kirtland. En la actualidad, hay un gran centro de visitantes allí, pero en ese tiempo era un lugar pequeño. Recuerdo haber subido las escaleras hasta el cuarto superior de la tienda, donde José Smith llevaba a cabo la Escuela de los Profetas. Conocía poco sobre la historia del lugar, pero aun así, sentí algo particular al entrar en aquella habitación sencilla con bancas de madera.

El director del centro era el presidente Brewer, un expresidente de misión. Mientras él nos hablaba sobre el lugar donde los Apóstoles estudiaban y aprendían juntos, sentí el Espíritu de manera profunda. Comencé a ver la función que Kirtland había tenido como punto de inflexión en la historia de la Iglesia.

Un lugar de preparación

A comienzos de la década de 1830, se había señalado a Independence, Misuri, como el sitio de la Nueva Jerusalén, y los santos habían empezado a establecerse allí. No obstante, luego fueron expulsados debido a diferencias con otros residentes de Misuri y a la oposición a las creencias de los santos. En 1834, José organizó un grupo de unos 230 hombres, mujeres y niños, que más adelante se llegó a conocer como el Campo de Sion. Debían viajar de Ohio a Misuri para ayudar a los santos a recuperar tierras que habían comprado legítimamente. Aunque en el viaje de 1450 km [900 millas] no se logró recuperar las tierras, generó el entorno que ayudó a preparar a futuros Presidentes de la Iglesia Brigham Young y Wilford Woodruff, y a otros líderes, entre ellos, Apóstoles y Setentas.

Lo importante no fue solo la preparación de líderes, sino también que el efecto santificador del Campo de Sion preparó un pueblo dispuesto a sacrificarse para edificar un templo.

En Kirtland, el Profeta recibió revelación tras revelación sobre la organización de la Iglesia; todo ello en preparación para lo que sería el punto cumbre: la edificación del templo1. Y, literalmente, por sacrificios se dieron bendiciones2. Los santos eran tan pobres que apenas tenían lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas; sin embargo, consagraron su tiempo, sus talentos y sus posesiones —el mismo convenio que hacemos hoy en día en el templo— a fin de edificar la Casa del Señor.

El Espíritu del templo

En la actualidad, el Templo de Kirtland es propiedad de otra iglesia: la Comunidad de Cristo, que cuida de él. Cuando un guía de dicha iglesia nos conducía en un recorrido del edificio, sentí el Espíritu conforme citaba los diarios personales de quienes presenciaron maravillosos acontecimientos en la dedicación del templo. Entre aquellos acontecimientos se hallaban el haber visto ángeles y ver algo semejante a que las llamas hicieran resplandecer el templo3. El Espíritu me confirmó que aquella casa ciertamente había sido una Casa de Dios.

Presté servicio en el Barrio Ashtabula durante siete meses y, casi todos los días de preparación, llevábamos a las personas a las que estábamos enseñando a visitar la tienda de Newel K. Whitney, y hablábamos sobre el Templo de Kirtland. Muchas veces recitamos el inspirador relato de la aparición de Cristo en el templo:

“Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el estruendo de muchas aguas, sí, la voz de Jehová, que decía:

“Soy el primero y el último; soy el que vive, soy el que fue muerto; soy vuestro abogado ante el Padre” (Doctrina y Convenios 110:3–4).

Además del Salvador, hubo otras personas que también visitaron el templo: Moisés, Elías, y Elías el Profeta, quienes entregaron a José las llaves del recogimiento de Israel, la dispensación del evangelio de Abraham, y de la obra del templo y de historia familiar (véase Doctrina y Convenios 110:10–16).

Sacrificio y bendiciones

Debido a que tales visitas son tan significativas, pienso que a veces pasamos por alto la importancia de otras cosas que también ocurrieron. En la oración dedicatoria, José Smith se dirigió al Señor Dios de Israel, “que guardas convenios y muestras misericordia”, y le rogó: “… acepta para ti la dedicación de esta casa, obra de nuestras manos, que hemos edificado a tu nombre” (Doctrina y Convenios 109:1, 78).

Al aparecer en respuesta a aquella oración, Jesucristo, en Su carácter de portavoz de Dios el Padre, mostró que aceptaba Su casa, las ordenanzas que allí se efectuarían, y los convenios que allí se harían. Tal aceptación se ha conferido a cada templo que se ha dedicado desde entonces, así como también a los convenios que se hacen y a las ordenanzas que se efectúan en dichos templos.

En la oración dedicatoria, José también pidió específicamente al Señor que bendijera a quienes servían en presidencias, así como a las familias de estos. Hoy en días, tales bendiciones se extienden a las presidentas de la Sociedad de Socorro, a los presidentes de cuórum, a las presidentas de las Mujeres Jóvenes, a los presidentes de estaca, a los presidentes de misión, etc. (véase Doctrina y Convenios 109:71). Luego, José pidió al Señor: “Trae a tu memoria, oh Señor, a todos los de tu iglesia, y a todas sus familias […], para que tu iglesia salga del desierto de las tinieblas, y resplandezca” (Doctrina y Convenios 109:72–73).

José procuró bendiciones específicas para las presidencias y sus familias, para los miembros y sus familias, y para la Iglesia en general. Con frecuencia, somos testigos del cumplimiento de esas bendiciones, conforme la Iglesia resplandece como una luz en medio de las tinieblas.

Tres verdades básicas

Para mí, la dedicación del Templo de Kirtland ejemplifica tres verdades básicas:

  1. Se nos bendice cuando nos preparamos para el templo. Los santos tuvieron que prepararse para que el Templo de Kirtland fuera edificado; tuvieron que sacrificarse, purificarse y cultivar un corazón dispuesto. Nosotros debemos hacer lo mismo a fin de llegar a estar más preparados para recibir las bendiciones que el Señor tiene para nosotros.
  2. Podemos recibir revelación en la Casa del Señor. Las visiones que se dieron a José Smith y a Oliver Cowdery en el Templo de Kirtland proporcionaron guía, dirección y entendimiento. A nivel personal, nosotros también podemos hallar inspiración cuando vamos al templo en busca de respuestas.
  3. Podemos hallar refugio en el templo. En momentos de persecución y pobreza, los santos de Kirtland hallaron que la Casa del Señor era un santuario de amparo de las preocupaciones que los rodeaban. Es igual con nosotros hoy en día.

Las bendiciones del templo

Con el transcurso de los años, he descubierto que las cosas que aprendí sobre el templo cuando era un joven misionero en Ohio han bendecido a mi familia y me han bendecido a mí. Por ejemplo, un año después de casarnos, mi esposa Amy y yo recibimos la impresión en el templo de que era hora de tener un hijo. Éramos estudiantes y, debido a los reducidos recursos económicos, me sentí tentado a dejar de lado aquella inspiración; no obstante, el Señor nos estaba preparando.

Durante los siguientes dos años, padecimos tres abortos espontáneos y yo me preguntaba: “¿Por qué sentimos la impresión de tener hijos, si no podemos tenerlos?”. Luego nos mudamos a California, procuramos la atención de un especialista en fertilidad, y finalmente tuvimos a nuestra primera hija, Mackenzie.

Al seguir la inspiración que recibimos en el templo, comenzamos un proceso que demoró tres años. Si no hubiéramos seguido la inspiración cuando lo hicimos, probablemente habrían pasado al menos otros tres años antes que hubiésemos tenido a nuestra primera hija. Consideramos esa experiencia como una bendición de preparación y de revelación.

Tuvimos una segunda hija, Emma, pero después padecimos otro aborto espontáneo y la pérdida de nuestro hijo, Stewart. En los meses y años subsiguientes, conforme procurábamos paz, aprendimos que la mayoría de los símbolos del templo nos señalan al Salvador y al bálsamo sanador que solo Su expiación puede dar.

Agradezco las bendiciones del templo y les testifico que es un lugar de preparación, de revelación y de paz.


1. José Smith recibió en Kirtland o cerca de allí cuarenta y seis revelaciones publicadas en Doctrina y Convenios.
2. Véase “Loor al Profeta”, Himnos, nro. 15.
3. Véase History of the Church, tomo II, pág. 428.

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Una respuesta a El Templo de Kirtland: Un lugar de santidad

  1. Reynaldo Londoño dijo:

    Gracias por tan inspirado discurso

    Me gusta

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