Cinco mensajes que todos los hijos de Dios necesitan escuchar

Cinco mensajes que todos los hijos
de Dios necesitan escuchar

por el élder Dieter F. Uchtdorf
del Cuórum de los Doce Apóstoles

Discurso de apertura en el Marriott Center en el campus de BYU, el martes, 17 de agosto de 2021 en Provo, Utah, como parte de la Semana de la Educación anual de BYU.

Pareciera que fue hace poco tiempo que Harriet y yo estábamos sentados allí dónde ustedes están sentados, haciendo lo que ustedes están haciendo. Mientras aún vivíamos en Alemania, fuimos lo suficientemente afortunados de poder ir ocasionalmente a la ciudad de Provo para asistir a la semana educativa de la universidad para jóvenes de Brigham. Por cierto, Harriet ha seguido con esta tradición durante los últimos 20 años. Cada vez que veníamos aquí, nos sentíamos exaltados por los demás miembros de la iglesia. Aprendimos preciosas verdades sobre el evangelio y sus aplicaciones. Sentimos una infusión de luz espiritual que reforzó nuestros testimonios y nos ayudó a acercarnos a nuestro Padre Celestial. También pudimos apreciar la belleza del campus BYU (Brigham Young University) además de disfrutar la oportunidad que tuvieron nuestros niños de participar en sanas actividades juveniles durante esos días.

Desde entonces, Harriet y yo hemos viajado a menudo por todo el mundo en nombre de la iglesia, visitando cientos – quizás miles – de grupos que han incluido ambos, miembros de los Santos de los Últimos Días y amigos. Cada vez que nos visitamos con estos maravillosos hijos de Dios, esperamos crear una experiencia quizás parecida a la que Harriet y yo sentimos varios años atrás durante la semana educativa de la Universidad de Brigham.

En nuestros viajes, aprendimos que este hermoso mundo está lleno de diversos lugares, con mucha gente de diferentes orígenes. A menudo nos preguntamos: ¿Cómo podremos crear una experiencia espiritual edificadora que pueda ser significativa y alentadora para una amplia variedad de gente? ¿Cómo pueden estos mensajes llegar a los corazones de personas cuya cultura, experiencias y necesidades son tan diferentes a las nuestras?

Tengo dos posibles respuestas para esas preguntas. Una viene de las Doctrinas y Convenios, en la cual el Señor nos enseña que cuando un maestro enseña con el Espíritu y el alumno recibe por el Espíritu, ambos “se comprenden el uno al otro, y ambos son edificados y se regocijan juntamente.”

Este no es un asunto trivial. Solo piensen en ello: el Espíritu Santo, un personaje de la divinidad, nos hablará directamente si abrimos nuestros corazones y dejamos entrar su influencia. Él puede agregar un contexto, profundidad y perspectiva a las palabras que se dirán y entenderán. El Espíritu Santo, personalizará estos mensajes para nuestras necesidades y circunstancias específicas. Nos dará una manera de compartir y recibir sagrados mensajes revelados por nuestro querido Padre Celestial.

Hay otra cosa que Harriet y yo aprendimos de nuestras oportunidades de enseñar y ministrar alrededor del mundo. Mientras es cierto que cada uno de los hijos de Dios es único y ha sido moldeado por distintas experiencias, también es cierto que tenemos uno de los más significativos atributos en común – todos somos hijos de Dios; todos somos hermanos y hermanas y el deseo de nuestro Padre Celestial es que nuestros corazones estén entrelazados en la unidad y en el amor, el uno para con el otro.

Aunque nuestras circunstancias pueden ser diferentes, nuestros corazones no lo son. Por esta razón, hay ciertos mensajes que todos los hijos de Dios necesitan escuchar. Oro para que, en estos mensajes para todos, también puedan sentir y oír mensajes muy personalizados- mensajes para circunstancias individuales y situaciones concretas de la vida, entregados cómo regalo a través de la fuerza del Espíritu Santo, sólo para ustedes.

Ahora déjenme compartir con ustedes cinco mensajes que todos los hijos de Dios deben escuchar.

1. Moverse hacia la luz

Cuando era un capitán de avión, podía a veces volar en mi Boeing 747 de Alemania hasta las costas pacíficas de Estados Unidos. En esos viajes en el Pacífico, a través de mares y continentes, la luz del día parecía no terminar. Salimos de Alemania a las 13h p.m., luego de diez horas, llegamos a California- a las 14h pm. ¡El mismo día! El sol nunca se acostó sobre nosotros.

Lo contrario se producía cuando volábamos al Este. Los atardeceres llegaban más rápido que de costumbre. Saliendo a las 13h p.m. quería decir que sólo en pocas horas más estaríamos envueltos en noches oscuras. Sin embargo, a causa de la dirección y velocidad, después en unas pocas horas nos encontramos bañados en una resplandeciente y muchas veces, cegadora luz.

Sin importar viajar al Este o al Oeste, el sol nunca cambió de curso. Mantuvo su posición, firme en el cielo, dando calor y luz al planeta Tierra. Mi acceso a ese calor dependía de mi posición, dirección y velocidad. Del mismo modo, Dios está en el paraíso. El nunca cambia. Nunca se retracta. El no altera su camino.

Pero nosotros sí.

Todos necesitamos la luz de Dios en nuestras vidas, y así mismo todos tenemos períodos dónde sentimos que estamos en la oscuridad – a veces durante largos períodos de tiempo.

Cuando llegan esos momentos, podemos estar seguros de que Dios, como el sol, está siempre ahí. Cuando inclinamos nuestros corazones hacia Él, Él nos abraza y llena nuestras almas de luz, sabiduría y guía. Él siempre está ahí.

Ese es el mensaje que todos deben escuchar.

2. Eres mejor de lo que crees.

Hasta la persona más exitosa entre nosotros debe escuchar este mensaje de vez en cuando. Consideren, por ejemplo, a Fred Astaire- El icónico actor, bailarín y cantante. Fue la estrella de docenas de espectáculos en Broadway y Hollywood. Cuando el American Film Institute clasificó a las mejores veinticinco estrellas masculinas de todos los tiempos, Fred Astaire fue el quinto de la lista.

Sin embargo, cuando el señor Astaire adicionó por primera vez en roles de Hollywood, fue considerado bastante común. De hecho, en una de sus más tempranas audiciones, le dijeron: “No puede actuar. No puede cantar. Es calvo. Puede bailar un poco.” Aquellos cerca de Fred Astaire sabían que él estaba atormentado por el sentimiento de incompetencia. A pesar de eso, a través de perseverancia y trabajo duro, desarrolló sus habilidades y fue conocido por su “elegancia, gracia, originalidad y precisión.”

Él no fue el único que sufrió de inseguridades o que aguanto críticas.

Walt Disney fue despedido de una prensa porque “le faltaba imaginación y no tenía buenas ideas.”

Más temprano este año, una de las pinturas de Vicent van Gogh fue vendida por más de 15 millones de dólares. No obstante, durante su vida, Vincent van Gogh vendió sólo algunas de sus pinturas – y la mayoría de aquellas fueron a la familia y amigos cercanos.

Encontramos varios ejemplos similares en el antiguo testamento. El reticente guerrero y héroe Gedeón se veía como un simple granjero. Dijo: “mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.” Pero un ángel de Dios llamó a Gedeón “hombre poderoso y valiente” y le dijo que, con la ayuda del Señor, podría liberar a su gente del yugo opresor de una nación conquistada.

Gedeón no estaba tan seguro de aquello. “¿Con qué salvaré a Israel?” se preguntó. Y, aun así, el Señor tomó la inseguridad de ese humilde granjero y lo convirtió en un héroe nacional – alguien que con su fe aún nos inspira hasta el día de hoy, más de trecientos años atrás.

Así parece ser el camino de Dios, a través de la historia. Siempre ha mostrado a través de las cosas más pequeñas y débiles de este mundo, su glorioso propósito.

Jeremía se creía muy joven para ser un profeta.

Moisés dudó de sí mismo por su “tardo en el hablar y torpe de lengua”.

Enoc se sintió inadecuado para predicar el arrepentimiento porque, en sus palabras, “toda la gente me desprecia.”

El Señor muchas veces logra lo mejor con aquellos que se sienten menos realizados.

Tomó a un joven pastor de rebaños, lo hizo poderoso masacrando a un imponente gigante y llevó a una incipiente nación a la grandeza.

Tomó a un joven sacerdote que servía a un malvado rey y lo convirtió en el líder de una banda de creyentes refugiados. Después, Dios llamó a ese mismo hombre para liderar toda la iglesia de la nación nefita.

En nuestra dispensación, el Señor tomó a un joven granjero sin educación y lo guio para que se convirtiera en el gran profeta de los últimos días que comenzó “la obra maravillosa y un prodigio” que se extendió por todas las naciones.

“Quizás, en ocasiones, nos vemos como un poco menos de lo que somos. Indignos. Sin talento. Nada especiales. Careciendo de corazón, mente, recursos, carisma o estatura para ser de mucha utilidad a Dios”.

¿Dicen que no son perfectos? ¿No son lo suficientemente buenos? ¡Bueno, bienvenidos al club! Podrían ser exactamente las personas que Dios está buscando.

Escuchen lo que el apóstol Pablo escribió en los santos Corintios hace dos mil años atrás y vean si sus palabras no les hablan hoy en día. Sin duda, me hablan a mí.

Pablo dijo:

Hermanos y hermanas, piensen en lo que eran cuando fueron llamados. No muchos de ustedes eran sabios por estándares humanos; no muchos eran influyentes; no muchos eran de cuna noble. Pero Dios escogió a las cosas necias de este mundo para avergonzar a lo sabio… Dios escogió las cosas modestas en este mundo y las cosas desestimadas…para que nadie pudiese jactarse ante él.

Dios elige a lo humilde y a lo manso – en parte porque son humildes y mansos. De esta manera, no hay nunca preguntas sobre la razón de su éxito. ¡Estas maravillosas, personas comunes, realizan grandes cosas no por lo que son sino por lo que Dios es!

Por lo tanto “lo que es imposible para un hombre es posible con Dios.”

Dios tomará sus talentos y habilidades y los multiplicará- mismo si pueden ser escasos como unos pocos bollos y pescado. ¡Si le tienen confianza y son leales, él magnificará sus palabras y acciones y las usará para bendecir y ministrar las multitudes!

Dios no necesita de personas sin defectos. El busca a aquellos que ofrecerán sus “corazones y sus mentes dispuestas” y Él, los hará perfectos “en Cristo”.

Ese es un mensaje que todos debemos escuchar.

3. Aprende a amar a Dios y a tu prójimo

Cuando un fariseo le preguntó a Jesús cuál es el mandamiento más importante, “Él estableció de una vez por todas cuáles deben ser nuestras prioridades como individuos y como Iglesia: Amar a Dios. Y Amar a su prójimo”

Esos dos mandamientos son el centro del Evangelio y deben ser el centro de todos los esfuerzos como Iglesia y como discípulos de Jesucristo.

Cuando nos preguntamos cual debería ser nuestro enfoque como padres, hermanos, líderes de la iglesia ministrando a nuestros hermanos y hermanas, y a los miembros de la iglesia de los Santos de los Últimos Días, ya está decidido: Amar a Dios. Y Amar a su prójimo

Supongo que cuando descendemos del glorioso reino celestial hasta esta Tierra, lo hicimos con un sentido de anticipación y quizás con un poco de aprehensión. Después de todo, no podríamos recordar nuestra vida pre terrenal. Estaríamos solos. ¿Cómo podríamos encontrar nuestro camino de regreso a nuestro Padre Celestial? Ese era nuestro deseo primordial ― buscar a Dios, encontrarlo, amarlo, y seguirlo.

Nosotros sabíamos que abrían varios desafíos inesperados. Quizás hasta abríamos anticipado que las adversidades pudiesen apilarse en nuestra contra. Pero confiamos en nuestro Padre, y estábamos impacientes de demostrarle nuestra lealtad.

Mismo así, es fácil quedarse atrapados en otras cosas. Hasta cosas buenas pueden distraernos de nuestro primer propósito. Y no me refiero únicamente a distracciones de palabras. Aceptémoslo: la amplitud del evangelio es tan grande y abundante que podríamos pasar una vida entera estudiándolo y a penas podríamos rayar la superficie. Todos tenemos temas y principios que nos interesan más que a otros. Naturalmente, aquellas cosas son en las cuales gravitamos, de las cuales hablamos, y de las cuales nos enfatizamos en nuestro servicio a la iglesia.

¿Son esos principios importantes? Ciertamente lo son. Pero haríamos bien en considerar si son los más importantes.

Los antiguos fariseos compilaron cientos de reglamentos y mandamientos de escrituras sagradas. Hicieron un gran esfuerzo para catalogarlos, cumplirlos e imponer a otros de vivir bajo ellos con exactitud. Ellos creían que la más exacta obediencia hacia la más mínima de estas reglas llevaría a su pueblo hacia Dios.

¿Dónde se equivocaron?

Ellos perdieron de vista el centro. Perdieron vista de lo que era más valioso para su propósito eterno. Vieron una multitud de reglamentos como fin para ellos mismos en vez de verlo como un medio para el final.

¿Somos hoy susceptibles de cometer el mismo error? Si tuviésemos que hacer una lluvia de ideas, estoy seguro de que podríamos recopilar una lista de expectativas de los Últimos Días que rivalizarían con las antiguas acumuladas en el pasado. No es sin decir que aquellos reglamentos y temas de evangelio no son importantes ni valiosos. No. Tienen un objetivo. Hacen parte de un todo. Nos pueden llevar al centro, pero no son el centro. Son ramas de un árbol, sin ser el árbol. Y si alguna vez se separan del árbol, no tendrán vida. No brotaran frutos de ellas. Se secarán y morirán.

Cuando nos encontremos con nuestro Salvador en el juicio final, responderemos por cómo vivimos bajo los dos más grandes mandamientos.

  • Cómo buscamos realmente a Dios?
  • Cómo amamos a Dios con todo nuestro corazón, mente y fuerza?
  • Cómo amamos a nuestra familia y vecinos? ¿Cómo manifestamos ese amor?

Podríamos, de hecho, hacer de esto, dos puntos de diagnóstico para evaluarnos como discípulos de Jesucristo y sirvientes en Su reino:

¿Cómo podríamos ser mejores padres?

  • Ama a Dios Y Ama a tu prójimo

¿Cómo podríamos ser más felices?

  • Ama a Dios y Ama a tu prójimo

¿Cómo podríamos magnificar mejor nuestro llamado en la Iglesia?

  • Ama a Dios y Ama a tu prójimo

Apreciemos todos los principios del evangelio. “Vivamos por cada palabra que procede de la boca de Dios”. Y mismo así, debemos siempre recordar que “todas las leyes y los profetas” apuntan hacia los dos más grandes mandamientos.

Este es el blanco del evangelio de Jesucristo. Es el fundamento de lo que somos como sus seguidores.

Ese es el mensaje que todos debemos escuchar.

4. El conflicto es inevitable y la contención es una elección.

Se han dado cuenta que en una variedad de películas viene un momento en el cual una persona dice “Al menos las cosas no pueden ser peores”. Tan pronto se oyen esas palabras, sabemos que las cosas están a punto de empeorar. ¿Se han sentido alguna vez como uno de esos personajes de esas películas?

Justo cuando parece que afrontamos ya todas las pruebas y angustias que podíamos soportar, unas más grandes vienen hacia nosotros. Estos conflictos vienen en una variedad de formas y tamaños: un diagnóstico médico indeseado. Un hijo o amigo perdido. La pérdida de un empleo. El fallecimiento de un ser querido. Una pandemia global.

A veces pensamos en que tan agradable la vida podría ser si no tuviésemos tanta oposición.

Nuestro Salvador Jesucristo “nuestro modelo de perfección”, no vivió libre de conflictos. Su ministerio se le opuso, y en sus últimas horas fue traicionado por un amigo, acusado por falsos testigos, difamado, golpeado, ensangrentado y crucificado.

¿Cuál fue su respuesta?

Para algunos, no hablo ni una palabra. Para otros, habló con la simple verdad – sin enfado, sino que con una majestuosa calma.  Mientras otros disputaban con él, Él se mantuvo en Su lugar, confiando en Su Padre, tranquilo en Su testimonio, firme en la verdad”.

El conflicto es inevitable. Es una condición de la mortalidad. Es parte de nuestra prueba. La contención, sin embargo, es una elección. Es un camino que eligen algunas personas para responder al conflicto.

Cuando contendimos con otros, causamos discordia, disensión, resentimiento y hasta ira. Emociones hirientes casi siempre acompañan a la contención: ira, pena, celos, hostilidad, venganza y malicia – solo para nombrar algunas.

“Nuestro mundo rebosa de contención. Tenemos acceso a él las 24 horas del día, los 7 días de la semana: en las noticias, en las redes sociales — incluso, a veces, en nuestras relaciones con quienes amamos”.

No podemos ajustar el volumen de la amargura, ira o furia de los otros. Podemos, sin embargo, elegir nuestra respuesta. “Podemos elegir una mejor manera — la manera del Señor”. Por supuesto es más fácil decir que hacer.

Para abstenerse de la contención con los que contienden se necesita una gran disciplina. Eso es lo que significa ser un discípulo. Jesús enseñó:

Aquel que tiene el espíritu de contención no es de mí, pero del diablo, quien es el padre de la contención… Esta es, mi doctrina, que tal cosa tenga que desaparecer.

Cuando habla Dios – mismo cuando nos llama al arrepentimiento – Su voz no es como “la voz del trueno, tampoco… una voz ruidosa y tumultuosa, pero… una voz serena llena de bondad… como un susurro… [que atraviesa] hasta la misma alma.”

Como seguidores de Jesucristo, seguimos el ejemplo. No avergonzamos ni atacamos a otros. Buscamos amar a Dios y servir a nuestros vecinos. Buscamos seguir alegremente los mandamientos de Dios y vivir por los principios del evangelio. E invitamos a otros a hacer lo mismo.

No podemos forzar a nadie a cambiar. Pero podemos amarlos. Podemos ser el ejemplo de lo que es el restablecido evangelio de Jesucristo. Y podemos invitar a todos a venir y pertenecer.

¿Cuándo otros nos lanzan insultos, regresamos en fuego hacia ellos?

¡Hay un mejor camino – El camino del Señor!

A algunos no decimos nada. A otros, declaramos con quieta dignidad quienes somos, lo que creemos, y porque lo creemos. Confiamos en nuestra fe en Dios, confiando que él nos defenderá durante nuestras pruebas.

Emulemos a nuestro dulce Cristo. Y lo hagámoslo a través de las enseñanzas para amar a Dios y recurriendo con bendecir a otros.

Si, seguirá habiendo conflictos. Pero nuestro Padre todo poderoso nos ha prometido que peleara nuestras batallas por nosotros.

Ese es el mensaje que todos debemos escuchar.

5. Nuestro Padre Celestial es un Dios de nuevos comienzos.

Mientras, nosotros mortales vivamos en este maravilloso y hermoso planeta, cometeremos errores. Nuestras acciones humanas y fracasos pueden lastimar a otros o herir y dañar a la Tierra, a nuestro hábitat – la perfecta creación de Dios.

Esto no es una sorpresa para Dios.

Para redimir a cada uno de nosotros de nuestros pecados e imperfecciones, nuestro Padre Celestial ha enviado a Su Único Hijo para nacer de una mujer mortal, vivir una vida perfecta, y hacer un eterno y gran sacrificio para limpiarnos de nuestros pecados y abrir la puerta de la santidad, paz, y gloria por la eternidad. Arrepintiéndonos, cambiando nuestras maneras y teniendo fe en El, Dios perdonará nuestros pecados y “nunca más los recordará”. Hermanos y hermanas, para recibir este divino regalo del perdón, debemos perdonar también.

Gracias a Jesucristo, nuestros errores, nuestros pecados y mismo nuestras diarias aflicciones, dolores, decepciones, frustraciones y deficiencias pueden ser curadas. ¡Gracias a nuestro salvador, tales cosas no deben prevenirnos para cumplir nuestro divino destino!

Si son como yo, al inclinarse ante Dios al final del día y al revisar las elecciones tomadas ese día, algunos momentos pueden volver a nuestra mente, y es posible que piensen de ustedes mismos, “Lo hice bien allí”. Pero también, si son como yo, pueden recordar otros momentos cuando quizás no dieron lo mejor de ustedes.

De no ser por la expiación de Jesucristo, semejantes momentos nos llevarían hacia abajo, desalentándonos para seguir adelante. En cambio, el salvador nos invita: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” El ofrece perdón y fuerza para mejorar. Gracias a Jesucristo, podemos dejar nuestras cargas a un lado, decidiendo a cada día seguirlo, El quien es perfecto.

Nuestro Padre Celestial de los nuevos comienzos. Cada día, cada hora, puede ser un nuevo comienzo — una oportunidad para renovarnos en el Espíritu Santo y ser mejores al caminar como un verdadero y fiel discípulo del salvador. Su evangelio es la buena noticia que podemos comenzar nuevamente, podemos volvernos nuevas criaturas en Cristo.

No estoy sugiriendo que disminuyamos o trivialicemos nuestros pecados y errores. No los ocultemos bajo la alfombra o tratemos de esconderlos. Al contrario, para recibir el perdón de Dios, debemos confesar nuestros pecados. Solo al admitir honestamente y plenamente nuestras debilidades y fracasos podemos aprender de ellos y superarlos. Debemos humildemente valorar donde nos encontramos antes de poder cambiar el curso y progresar donde queremos estar.

¡En otras palabras, debemos arrepentirnos!

Como participan en el sacramento, recuerden el convenio que hicieron en el bautismo en tomar el nombre del salvador sobre ustedes y caminar en el camino del discipulado. Se acercaron al trono de la misericordia de Dios y, en humildad, pusieron sus pecados ante El como una ofrenda de sacrificio e imploraron por su merced. Se comprometieron en amar y servirlo y en amar y servir a los otros. Han pedido su bendición mientras dedican sus pensamientos y acciones a Su servicio.

Mis queridos hermanos y hermanas sentirán la mano de Dios extendiéndose hacia ustedes. El Dios del universo se infundirá con su fuerza y motivación para hacer mejor. Habrá errores y tropiezos en el futuro. Pero, así como cada amanecer señala el comienzo de un nuevo día, cada vez que nos arrepentimos, podemos comenzar nuevamente en nuestro camino del discipulado. Podemos comenzar nuevamente. Cada vez, día tras día, podemos comenzar de nuevo.

Mis hermanos y hermanas mi testimonio para ustedes es que Dios los anhela para que vayan hacia Él. Su misericordia es suficiente para sanar sus heridas, inspirarlos a ir adelante, limpiar sus pecados, fortalecerlos para sus futuras pruebas, y bendecirlos con esperanza, sabiduría y con Su paz.

Si lo desean con todo su corazón, Dios los guiará a través de su vida mortal, y El los esperará con los brazos abiertos para abrazarlos en la Resurrección. Sin importar las deficiencias, sin importar las imperfecciones, Dios puede sanar, inspirar y limpiarnos. Porque él es el Dios de los nuevos comienzos.

Este también es un mensaje que todos debemos escuchar.

En conclusión

Mis queridos hermanos y hermanas, mis queridos amigos, oro que, en estos mensajes para todos ustedes, también hayan escuchado y sentido los mensajes para cada uno. Confió en que hayan estado escuchando con el corazón a la voz del Espíritu Santo. Por favor, actúen al llamado que han recibido hoy en día y en la inspiración que recibirán en los días futuros.

Les extiendo mi amor y bendiciones como un apóstol del Señor Jesucristo. Los amo. Oro por ustedes. Como ustedes soy un pobre peregrino que aspira imperfectamente a seguir el camino del discipulado y que espera llenar el gran deseo de nuestro Padre Celestial para que regresemos a Él y vivamos “en un estado de alegría sin fin”. Que puedan encontrar esperanza, fortaleza, y alegría en su viaje, que puedan encontrar a Dios y amarlo con todo su corazón y que puedan aspirar a bendecir las vidas de otros. Esta es mi plegaria y bendición, en el nombre de nuestro Amo y del sagrado nombre de Jesucristo, amén.

Traducción libre por Carolina B. Q.

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