La necesidad de trabajar en nuestro propio linaje

Conferencia general abril 1942

La necesidad de trabajar en nuestro propio linaje.

Élder Joseph Fielding Smith
Del Cuórum de los Doce Apóstoles


Desde el principio de esta conferencia, he tenido varios pensamientos, y me gustaría agregar algunas palabras, a lo largo de la línea de ideas que fue presentada por el hermano Richards esta tarde.

En su justicia el Señor, le otorga a cada hombre la oportunidad de salvación. Si no tiene la oportunidad aquí, se prevé que pueda escuchar, y aceptar, si así lo desea, el evangelio en el mundo de los espíritus. No vamos a salvar — quizás deba decir exaltar, porque de costumbre cuando usamos ese término SALVACIÓN, queremos decir, ALCANZAR LA EXALTACIÓN” – no vamos a exaltar a todos los habitantes de este planeta, y no todos encontrarán un lugar en el reino celestial de Dios – muy pocos, de la gran masa de la humanidad alcanzarán la exaltación. Llegamos a esa conclusión basándonos, en las palabras de los profetas, y en las palabras de nuestro mismo Salvador:

Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”

Ahora, destrucción significa, como lo comprendo, destierro o estar fuera del reino de Dios, tener que morar en otro lugar.

Es nuestra oportunidad en esta dispensación, y nuestro privilegio, y deber de pasar nuestro tiempo en búsqueda de nuestros antepasados. Somos de la casa de Israel. Aprendimos a través de la revelación, y esto siendo cierto, entonces llegamos a la conclusión, a menos que hayamos sido adoptados por el evangelio, y que fuéramos gentiles, que nuestros ancestros fueron también de la casa de Israel. En otras palabras, la promesa hecha a Abraham, que a través de la dispersión de su semilla, todas las naciones serían bendecidas, ha sido cumplida, y nuestro Linaje se ha transmitido de generación, en generación, a través de las entrañas de Abraham e Israel. Por lo tanto, es más factible para nuestros padres recibir el evangelio, si no lo oyeron en esta vida, para recibirlo en el mundo de los espíritus, que aquellos que son los descendientes de los que no son de la Iglesia, y quienes rechazaron a recibir el evangelio aquí. Me parece que esto es una conclusión lógica.

Ahora algunos miembros de la iglesia, se han preguntado lo que significaban las palabras del profeta, que nosotros sin nuestros antepasados, no podríamos ser hechos perfectos.

¿No podrá el hombre que guarda los mandamientos del Señor, que es fiel y veraz, recibir la perfección?. Así es, siempre, y cuando sus antepasados también reciban los mismos privilegios, porque tiene que haber una organización familiar, una unidad familiar, y cada generación debe ser conectada, a la cadena que va antes, para traer la perfección en la organización familiar. De este modo, eventualmente seremos una gran familia, con Adán a la cabeza, Miguel; el arcángel, gobernando sobre su posteridad, conforme a lo que esta escrito en las escrituras. Esto lo hará bajo la dirección del Santo de Israel, puesto que así está revelado en las escrituras:

“para que ascendáis hasta alcanzar la corona preparada para vosotros, y seáis hechos gobernantes sobre muchos reinos, dice Dios el Señor, el Santo de Sión, el cual ha establecido los cimientos de Adán-ondi-Ahmán;

y el que ha nombrado a Miguel, por príncipe vuestro, y le ha asentado los pies, y lo ha puesto en alto, y le ha dado las llaves de la salvación bajo el consejo, y dirección del Muy Santo, que es sin principio de días ni fin de vida.”

Creo que debemos tenerlo claro en nuestras mentes, porque están aquellos que tratan de fomentar problemas entre los Santos de los Últimos Días hoy en día, enseñando doctrinas que no son conformes con las revelaciones del Señor, y afirmando que las anteriores Autoridades de la Iglesia han enseñado doctrinas, las cuales no se han enseñado. Por eso debemos comprender claramente que mientras Adán, presida sobre la posteridad como Miguel, el príncipe, y así él tendrá las llaves de la salvación, al igual que él, todo estará bajo la dirección de Jesucristo, el Santo de Israel, porque Cristo es más grande que Adán.

Enseñamos en el evangelio de Jesucristo, que la organización de la familia será, por lo que respecta la exaltación celestial, una que es completa, una organización conectada de padre, y de madre, e hijos de una generación hasta el padre, madre e hijos de la siguiente generación, y así expandiéndose y propagándose hasta el fin de los tiempos. Si fallamos en hacer esta obra, consecuentemente, en los templos por nuestros antepasados, los eslabones en esta cadena, cadena genealógica- se romperán, tendremos que apartarnos, por lo menos, que eso se resuelva. No podremos ser hechos perfectos en esta organización, a menos que  seamos introducidos por este poder selectivo o sellador, y si hemos fallado en hacer la obra para aquellos en nuestra línea, aquellos que nos han precedido, mantendremos apartados hasta que alguien que lo hará por nosotros; y si hemos tenido la oportunidad y hemos fallado en hacerlo, entonces naturalmente estaríamos bajo condenación, y por toda la eternidad lamentaríamos el echo que falláramos en hacer la obra que fue puesta ante nosotros para hacer y la cual era nuestro deber de llevar a cabo en la salvación de los hijos de los hombres.

Otra cosa que me gustaría añadir: Algunos de nosotros nos entusiasmamos tanto con esta obra del templo que no queremos atenernos a las reglas y regulaciones y no nos limitamos a nuestra línea, sino que queremos extendernos en la línea de otros, y queremos hacer el trabajo porque encontramos fácilmente los nombres que pertenecen a otra persona, pero esta manera de trabajar los antepasados no está permitida. Esta bien ayudar a otros a hacer su trabajo, si lo hacemos con el debido consentimiento, pero cada familia debe trabajar sobre su propio linage.

Otro pensamiento en relación con el trabajo de salvación: Mucha gente está muy ansiosa de hacer el trabajo para sus amigos, y este asunto ha llegado a un extremo. No necesitamos preocuparnos mucho por nuestros amigos. Un hombre vino a mi hace un par de días, y me presentó dos listas y me dijo que quería hacer el trabajar para estas personas porque eran sus amigos. El hombre mayor del grupo nació en 1710, sus hijos nacieron entre 1730 y 1740, y aun así el los llamó sus amigos. Ahora debemos limitar nuestras actividades a nuestra propia línea genealógica. Si hay una buena razón para hacer el trabajo de alguien con quien tenemos una amistad, alguien que ha aceptado el evangelio pero que no tuvo la oportunidad y que no tiene familiares en la Iglesia, es un asunto diferente, y seríamos privilegiados en hacer el trabajo, pero no debemos estar demasiado ansiosos de trabajar por aquellos que no son de nuestro propio linaje, a quienes enumeramos como amigos.

El señor nos explicó muy claramente en las revelaciones lo que significa la salvación. Nos ha señalado en una de esas revelaciones – en la sección 76 de Doctrina y convenios, conocida como La visión – muy claramente quien podrá entrar en el reino celestial. Nos ha señalado quien podrá entrar en el reino terrenal, y quien podrá entrar en el reino telestial. Estos son los tres reinos en los cuales la humanidad puede ir; habiendo algunas excepciones. Los hijos de la perdición son aquellos que han tenido el conocimiento de la verdad, han sabido que Jesucristo es el hijo de Dios, han tenido el testimonio del Espíritu del Señor, del espíritu Santo, y todas estas cosas le han sido reveladas para que sepan que son ciertas, y que se han puesto en su contra y peleado contra ellas deliberadamente.

Los hijos de la perdición deben ser expulsados con el diablo y sus ángeles dentro de las tinieblas. Doctrinas y convenios 76: 31-38.

Dentro del reino telestial irán, de acuerdo con lo que está escrito aquí en las revelaciones, el vicioso, el impuro, el impío.

Son los que declaran ser unos de uno y otros de otro: unos de Cristo y otros de Juan, unos de Moisés, unos de Elías, unos de Isaías, y otros de Enoc; mas no recibieron el evangelio, ni el testimonio de Jesús, ni a los profetas, ni el convenio sempiterno.

En fin, todos estos son los que no serán reunidos con los santos para ser arrebatados con la iglesia del Primogénito y recibidos en la nube.

Estos son los mentirosos y los hechiceros, los adúlteros y los fornicarios, y quienquiera que ama y obra mentira.

Son los que padecen la ira de Dios en la tierra. Son los que padecen la venganza del fuego eterno.

Son aquellos que son arrojados al infierno, y padecen la ira de Dios Todopoderoso hasta el cumplimiento de los tiempos, cuando Cristo haya subyugado a todo enemigo debajo de sus pies y haya perfeccionado su obra; D. y C. 76:100-106

El Señor además dice de esta clase, los mentirosos y los impuros, “ porque serán juzgados de acuerdo con sus obras, y cada hombre recibirá, conforme a sus propias obras, su dominio correspondiente en las mansiones que están preparadas; y serán siervos del Altísimo; más a donde Dios y Cristo moran no podrán venir, por los siglos de los siglos.” D. y C. 76:111-112

Por supuesto que el Señor los hará sus siervos en los reinos en los cuales vayan; en el reino telestial ellos se volverán siervos.

Aquellos que entran en el reino terrenal, más alto que el telestial, están los hombres honorables – los honestos, los virtuosos, aquellos que han sido puros, pero aún no pudieron recibir el evangelio. Habrá otros que también irán en ese reino, pero en un sentido general estas personas serán las honestas y honradas, que no pudieron o no querían ver ni recibir el evangelio de Jesucristo, por lo tanto, están asignadas al reino terrenal.

En el reino celestial irán quienes vencen por la fe, y son sellados por el Santo Espíritu de la promesa, que el Padre derrama sobre todos los que son justos y fieles.

Estos son los que constituyen la Iglesia del Primogénito.

Son aquellos en cuyas manos el Padre ha entregado todas las cosas; son sacerdotes y reyes que han recibido de su plenitud y de su gloria; y son sacerdotes del Altísimo, según el orden de Melquisedec, que fue según el orden de Enoc, que fue según el orden del Hijo Unigénito.

De modo que, como está escrito, son dioses, sí, los hijos de Dios.

Por consiguiente, todas las cosas son suyas, sea vida o muerte, o cosas presentes o cosas futuras, todas son suyas, y ellos son de Cristo y Cristo es de Dios.

¡Qué cosa más maravillosa de tener la oportunidad a través del evangelio de Jesucristo de recibir todo lo que el Padre tiene, para ser hijos de Dios!

Ahora aquellos que entran en el reino terrenal y telestial no serán hijos de Dios en el sentido que se utiliza el término aquí. Claro que todos somos hijos de Dios, cada alma sobre esta Tierra; somos sus descendientes, pero en el gran reino que será establecido en la exaltación, todos los que reciban la exaltación se volverán los hijos de Dios, coherederos con Jesucristo y con el derecho a todos los privilegios y todas las bendiciones en el reino del Padre. ¡Que maravilloso privilegio es esto! Esta bendición no le será otorgada a los habitantes del reino terrenal ni telestial.

Ahora, surge la pregunta.   ¿Será esta tierra sobre la cual moramos, un tercio celestial-izada, un tercio terrenal-izada y un tercio telestial-izada? ¿Van todos los habitantes del mundo vivir en la tierra? No. Esta tierra se volverá un cuerpo celestial y será la morada únicamente para seres celestiales los otros deberán ir a otro lugar, donde pertenezcan. Esta Tierra será reservada para aquellos que merezcan la exaltación y ellos son los mansos, declarado por nuestro Salvador, quienes heredarán la tierra. Cuando el Señor dijo que los mansos heredarán la tierra, se ha referido a quienes están dispuestos a guardar los mandamientos del Señor con rectitud y así recibir la exaltación.

Ruego que el Señor nos bendiga, en el nombre de Jesucristo. Amen.

Traducción libre por Carolina B. Q.

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