El plan de felicidad de Dios y tu destino divino

El plan de felicidad de Dios y tu destino divino

Gary E. Stevenson

Por el élder Gary E. Stevenson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

El comprender el plan de felicidad y el vivir de acuerdo con él te permite alcanzar tu destino divino.

¿Qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra destino? ¿Piensas en algo predeterminado e inevitable? ¿Algo horrible o maravilloso que no se puede cambiar, hagas lo que hagas? ¿O tal vez piensas en el héroe de una película o de un libro que estaba destinado a concluir una búsqueda, salvar el mundo o convertirse en rey o reina?

Es posible que los diccionarios concuerden con esas interpretaciones; sin embargo, cuando hablamos de destino divino, nos referimos a algo diferente. Al contrario que el destino sobre el que lees en los libros o ves en las películas, lograr tu destino divino es posible gracias a que eres hijo de Dios, pero eso también requiere que uses tu albedrío.

Dios tiene todo el poder en el cielo y en la tierra. Los convenios que hacemos con nuestro Padre Celestial le permiten ser nuestro aliado mientras pasamos por las tormentas de la vida. Nuestro destino divino —nuestro potencial cuando nos aliamos con Dios— resulta posible mediante Su plan de felicidad.

El comprender el plan del Padre Celestial para tu felicidad te permitirá reconocer tu identidad y tu propósito eternos. Y el escoger hacer convenios con Dios y guardarlos te permitirá lograr ese propósito.

En el libro de Moisés leemos que “Moisés fue arrebatado a una montaña extremadamente alta, y vio a Dios cara a cara, y habló con él” (Moisés 1:1–2). Por medio de esa visita personal, Dios enseñó a Moisés acerca de la identidad eterna de este. Aunque Moisés era mortal e imperfecto, aprendió algo importante acerca de sí mismo: era en verdad hijo de Dios (véase Moisés 1:6).

Recuerda quién eres

Satanás quiere que olvides quién eres. Cuando Satanás intentó disuadir a Moisés de la obra que el Señor había preparado para él, Moisés le respondió con valentía: “… ¿Quién eres ? Porque, he aquí, yo soy un hijo de Dios” (Moisés 1:13; cursiva agregada). Luego Moisés declaró: “Vete de aquí, Satanás; no me engañes” (Moisés 1:16; cursiva agregada).

En otras palabras, Moisés dijo: “No me puedes engañar, porque yo sé quién soy. Tú no tienes ni la luz ni la gloria de Dios, así que ¿por qué te habría de adorar o creer tus mentiras?”.

Nunca olvides que Dios te ama y que desea ayudarte y bendecirte. Él tiene un interés divino y personal en ti como uno de Sus hijos. Dedica tiempo a descubrir lo que de verdad significa ser hijo de Dios. Luego fíjate metas y toma decisiones que te ayuden a estar a la altura de ese conocimiento todos los días.

Tengo una obra para ti

Tienes muchos asuntos y problemas apremiantes. Tienes tareas escolares, amistades, responsabilidades familiares y, tal vez, hasta un trabajo. Por supuesto, tu desafío es equilibrar todas esas importantes funciones sin olvidar tu propósito principal en la vida. Dios tiene una obra que tú debes llevar a cabo (véase Moisés 1:6). Es la respuesta a la pregunta “¿Por qué estoy aquí en la tierra?”.

Como hijo de Dios, viniste a la tierra para recibir un cuerpo físico. Con tu cuerpo puedes escoger seguir fielmente a Jesucristo; puedes escoger obedecer los mandamientos de Dios, recibir las ordenanzas sagradas y hacer los convenios del Evangelio y guardarlos. El hacer esas cosas te preparará para alcanzar tu destino divino.

Con este claro propósito en mente, puedes ver la importancia de tomar la Santa Cena cada semana, de estudiar las Escrituras, de orar a diario, de fijar metas provechosas y de servir a los demás. Estas cosas te ayudarán a recordar por qué estás aquí realmente y te ayudarán a ser digno de recibir la revelación personal que necesitas para ser feliz y permanecer en la senda de los convenios. Al arrepentirte y seguir con diligencia al Señor, recibirás guía personal en cada aspecto de tu vida.

Esfuérzate por llegar a ser quien estás destinado a ser

Las preocupaciones y los problemas del mundo, o tus propias inseguridades, podrían hacer que pierdas de vista tu importante función en el gran plan de salvación de Dios. Si eso sucede, te invito a venir a Cristo (véase Moroni 10:32). Nada en el plan eterno de Dios es posible sin Él y, con Él, todas las cosas buenas están a nuestro alcance.

«Nada en el plan eterno de Dios es posible sin Cristo y, con Él, todas las cosas buenas están a nuestro alcance.»

El esforzarse por seguir al Salvador es la mejor manera de mantener la perspectiva del Evangelio. Con fe y esperanza en Él, puedes enfrentar con confianza los desafíos de la vida. También tendrás más claridad al tomar decisiones, resolver problemas, esforzarte por lograr metas justas y enfrentar tentaciones.

Tus decisiones influirán en la eternidad. Por medio de Jesucristo y Su gracia expiatoria puedes tener gozo en esta vida y en la vida venidera. Puedes hacer realidad tu destino divino de recibir todo lo que Él tiene y de vivir el tipo de vida que Él lleva, que es “la vida eterna […], el mayor de todos los dones de Dios” (Doctrina y Convenios 14:7).

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