La profecía de Hyrim Smith

La profecía de Hyrim Smith

por Artel Ricks
(Tomado de the Improvement Era)

Hyrum_Smith

Hyrim Smith

EL profeta José Smith anotó en su diario, con fecha de octubre de 1841, algunos extractos de una carta que su hermano Hyrum escribió a los santos de Kirtland. Es una profecía notable aunque poco conocida.

A todos los santos que moran en ese lugar les es mandado salir. . . “así dice el Señor”; por tanto, no paguéis dinero ni compréis propiedades para casas, ni tierras en ese lugar, pues si lo hacéis tendréis que perderlas; porque vendrá el tiempo en que no podréis poseerlas en paz, antes seréis afligidos con penosa aflicción; no obstante, vuestros hijos podrán poseerlas, pero no será sino hasta después del transcurso de muchos años. … y entonces enviaré y edificaré a Kirtland, y será pulida y refinada según mi palabra…

La profecía de Hyrum concuerda con una revelación que José Smith recibió unos meses antes, en la que se mandó a Guillermo Law que no llevará a su familia otra vez a Kirtland; “. . . . no obstante, yo, el Señor, edificaré a Kirtland, pero tengo preparado un azote para sus habitantes”. (D. y C. 124:83)

Los que despreciaron esta amonestación lucharon contra las dificultades y la apostasía, hasta que la Iglesia desapareció completamente de la región. Hoy, los santos han vuelto. La comunidad los ha recibido cordialmente, y ya han edificado un nuevo edificio al Señor.

El evangelio restaurado de Jesucristo llegó a Ohio en octubre de 1830, unos once años antes de la profecía de Hyrum. Lo llevaron Parley P. Pratt, Oliverio Cówdery y Pedro Whítmer, cuando se dirigían a la frontera occidental de los Estados Unidos para cumplir con una misión entre los lamanitas. En esa época Kirtland era una aldea próspera de poco más de mil habitantes, casi tan grande como lo eran Cleveland o Youngstown en esos días. Los élderes encontraron en la región personas que estaban dispuestas a aceptar el evangelio, muchas de las cuales habían estado bajo la tutela religiosa de un ministro campbelita llamado Sidney Rigdon

Este aceptó el evangelio en Mentor, no lejos de Kirtland, y llevó consigo alrededor de veinte miembros de la iglesia que él había presidido. Muchos de los que más tarde llegaron a ser directores de la Iglesia se bautizaron en Kirtland por esa época, entre ellos, Federico G. Williams, Isaac Morley, Juan Murdock, Newel K. Whitney y Lyman Wight.

En enero, nueve meses después de la organización de la Iglesia, José Smith se trasladó a Kirtland, Ohio, de acuerdo con las instrucciones divinas que había recibido. Para entonces había unos cien miembros en ese lugar. A los pocos meses empezaron a llegar los nuevos convertidos en grandes números. Desde el principio se dio a entender a los miembros de la Iglesia que Kirtland no iba a ser el lugar principal para el recogimiento. Menos de seis meses después supieron que la Nueva Jerusalén había de ser edificada en Misurí. En vista de este conocimiento, ¿por qué no se trasladaron todos inmediatamente al Distrito de Jackson en Misurí? Muchos lo hicieron, pero otros fueron instruidos por revelación que permaneciesen en Kirtland hasta que se efectuara una obra importante. En el Libro de Doctrinas y Convenios se hace alusión a esto:

. . . Yo, el Señor, deseo detener una fuerte posesión en la tierra de Kirtland por el periodo de cinco años, en el cual no destruiré a los inicuos, para que así pueda salvar a algunos.

Y después de aquel día, yo, el Señor, no tendré por culpable a ninguno que vaya con un corazón sincero a la tierra de Sión. . . (Cursiva del autor.) (D. y C. 65:21-22)

En una revelación fechada el 1 de junio de 1833, el Señor reveló que una de las razones principales por las que había mandado a los santos que permaneciesen en Kirtland era la edificación de un templo, en el cual, “voy a investir con poder de lo alto a los que he escogido”. (D. y C. 95:8)

La construcción del templo fue una tarea inmensamente difícil. Tuvieron que cortar sus piedras, labrar su madera, tejer sus cortinas y convertir casi toda la materia prima en una estructura de grande belleza. Lo único que importaron fue el cristal para las ventanas. Las mujeres de la Iglesia contribuyeron de sus pocos platos y otra loza, que fue triturada y mezclada con el estuco a fin de que el templo resplandeciera con el sol. Muchos de los miembros dieron cuánto dinero poseían, y aun hipotecaron sus casas y terrenos. Hubo ocasiones en que tuvieron que proteger la construcción durante la noche.

José y su familia sufrieron grandes privaciones y persecuciones durante este periodo. Mientras vivían en la casa de Juan Johnson en Hyrum (como a unos cuarenta y ocho kilómetros al sur de Kirtland) el Profeta y Sidney Rigdon fueron llevados por un populacho durante la noche para cubrirlos de brea y plumas. Los golpearon brutalmente, y uno de los hombres se echó sobre José y le rasguñó todo el cuerpo. Aun después de algunos años, el Profeta todavía sufría de una herida que recibió en el costado esa noche. El Profeta y su esposa Emma habían adoptado unos gemelos, los cuales se hallaban enfermos de sarampión al tiempo del ataque. Como consecuencia de quedar expuestos al frío viento invernal que entraba por las puertas abiertas y los cristales despedazados, uno de los gemelos murió de pulmonía. A Sidney Rigdon lo arrastraron de los pies, y padeció graves heridas y cortadas en la cabeza por motivo de las piedras y el suelo congelado. Estuvo fuera de sí varios días.

Aun cuando las pruebas fueron duras, las bendiciones recibidas fueron de las más impresionantes en la historia de los Santos de los Últimos Días. Hubo incontables casos de curaciones por el poder de Dios. Quizá ninguno de ellos es tan impresionante como la curación milagrosa del brazo paralizado de la esposa de Juan Johnson. El milagro se efectuó en presencia de dos ministros, su esposo, su médico y otros. Según un escritor no mormón, el Profeta “tomó la mano paralizada en la suya, y con voz solemne y como si estuviera dando una orden, dijo: ‘Mujer, en el nombre del Señor Jesucristo, te mando que quedes sana.’ Entonces se volvió abruptamente y salió de la pieza en silencio. La señora Johnson movió el brazo y lo encontró lleno de vida y bajo su dominio. Hasta el día de su muerte, que ocurrió quince años después, pudo usar el brazo con la misma facilidad que el izquierdo.”2 La narración de este acontecimiento, “verificado por intachables testimonios y autoridad fidedigna”, se halla por lo menos en dos historias de escritores no mormones.

En 1829 se restauraron el Sacerdocio de Melquisedec así como el de Aarón. La Iglesia se organizó en Fayette, Nueva York, con José Smith como primer élder y Oliverio Cówdery como segundo. Pero fue en Amherst, Ohio, cerca de Kirtland que el Profeta fue sostenido por primera vez como presidente del sumo sacerdocio, y profeta y vidente. Fue también en Kirtland y sus alrededores donde se organizaron los primeros quórumes del sacerdocio, entre ellos, el de la Primera Presidencia el Quorum de los Doce Apóstoles, el Primer Quorum de los Setenta, obispados, quórumes de sumos sacerdotes, élderes, presbíteros, maestros y diáconos. La Estaca de Kirtland, la primera del reino de los postreros días, se formó aquí por revelación y también se estableció el primer sumo consejo. El periodo que estuvo la Iglesia en Kirtland fue también el más fructífero, en lo que al desarrollo doctrinal de la Iglesia concierne, sin contar la publicación del Libro de Mormón. Por lo menos sesenta y dos revelaciones, o casi la mitad de las que se publican en el libro de Doctrinas y Convenios, se recibieron en esta vecindad. Algunos de los asuntos importantes que estas revelaciones tratan son las siguientes:

  • La ley de consagración.
  • Los tres grados de gloria.
  • La predicción de la guerra civil.
  • La Palabra de Sabiduría.
  • La revelación sobre el Sacerdocio.
  • La restauración de las llaves para el recogimiento de Israel.
  • La restauración de las llaves de las ordenanzas para ligar a los vivos y los muertos.

Además, se tradujo el Libro de Abrahán durante esta época y se dedicó mucho tiempo a una revisión de la Biblia por inspiración divina.

Las más gloriosas de todas las bendiciones espirituales recibidas durante este periodo, y quizá en toda la historia de los Santos de los Últimos Días, fueron los acontecimientos relacionados con la dedicación del Templo de Kirtland el 27 de marzo de 1836. Fue un verdadero día de Pentecostés en que los elegidos fueron investidos con poder de lo alto. Según las palabras de uno de los testigos oculares, Eliza R. Snow:

Podrá relatarse la ceremonia de la dedicación, pero es imposible que la lengua mortal describa las manifestaciones celestiales de ese día memorable. A algunos les aparecieron ángeles, mientras que todos los presentes sintieron una presencia divina, y todo corazón se llenó de gozo inexplicable y se hinchió de gloria.3

El periodo de cinco años, durante el que el Señor deseaba “retener una fuerte posesión en la tierra de Kirtland”, llegó a su fin. Ahora el adversario aparentemente aumentó sus esfuerzos, de lo que resultó que un número de los que ocupaban puestos importantes en la Iglesia, apostataron. Conviene observar que quizá su arma más eficaz fue el espíritu de desmedida especulación financiera que se apoderó de muchos. Para fines del año de 1837 la furia de la oposición del populacho, instigada por los apóstatas, obligó al profeta José, a Sidney Rigdon y a Brígham Young a trasladarse a Misurí. En julio de 1838 más de quinientos de los miembros de la Iglesia salieron en un grupo.

Por algún tiempo el cuerpo principal de la Iglesia, que entonces se hallaba en Misurí, sufrió la persecución de las chusmas. La llegada de los miembros de la Iglesia de Kirtland en masa agravó la situación. El populacho incitó al gobernador L. W. Boggs a expedir la infame orden en que decía que los mormones “deben ser exterminados o echados del estado…” Por consiguiente, los miembros de la Iglesia se vieron obligados a huir a Illinois, dejando casi toda su propiedad en manos de  sus opresores. Muchos de ellos estaban desprovistos de todo. Enfermedades y muertes agobiaron el espíritu de los santos. Sin embargo, se pusieron a edificar a Nauvoo, “la Hermosa”, así como otro templo del Señor en el sitio de la antigua aldea de Commerce.

En esta situación se hallaban cuando se recibió una carta de Kirtland en la que los miembros que aún permanecían allí manifestaban su deseo de dar pasos para volver a levantar esa estaca. Se trató el asunto con los dirigentes en la oficina de Hyrum Smith, y de esto resultó la profecía que hemos ya citado. Iba firmada por Hyrum Smith, como “patriarca de toda la Iglesia”.

Examinemos ahora la evidencia que se relaciona con el cumplimiento de la primera parte de esta profecía.

…. por tanto, no paguéis dinero ni compréis propiedades para casas, ni tierras en este lugar, pues si lo hacéis tendréis que perderlas; porque vendrá el tiempo en que no podréis poseerlas en paz, antes seréis afligidos con penosa aflicción. . . .

No sabemos cómo se aceptó la profecía de Hyrum en Kirtland al principio, pero al poco tiempo los miembros que vivían allí tuvieron razón para reflexionar seriamente. La tarde del 4 de febrero de 1842 un ciclón descendió de los cielos sobre Kirtland y otras comunidades circunvecinas. Fueron derrumbadas casas y graneros. En Kirtland resultó muerto un niño y la Iglesia Presbiteriana fue destruida por los vientos. Acompañada de lluvia, granizo, “resplandecientes relámpagos y fuertes truenos”, debe haber sido una terrible tormenta. “En algunos lugares los árboles fueron derrumbados y aun los manzanos, que habían resistido las tempestades de muchos años, fueron desarraigados. . . .”4

Poco después, Lyman Wight, uno de los apóstoles, llegó a Kirtland con la misión de rescatar al mayor número posible de miembros que habían despreciado los consejos de las autoridades. Muchos escucharon y pudo bautizar alrededor de doscientos de los “miembros fríos o muertos de la Iglesia”, y llevó a muchos de ellos a Nauvoo. No obstante, “permanecieron varias familias que no eran muy fuertes en la fe”, según las palabras de un residente no mormón.5

Mientras los santos estuvieron ocupados en la edificación del Templo de Kirtland, este pueblo bien pudo haber sido el de mayor población en el norte de Ohio. Aun después del éxodo principal, el censo de 1840 indica que la población de Kirtland llegaba a 1,788. Pero el pueblo se estaba muriendo. Durante muchos años estuvo disminuyendo. En 1890 no tenía sino 909 habitantes, menos que el número que había antes que llegasen los miembros de la Iglesia. Por cierto, no ha sido sino hasta en los años más recientes que el lugar ha recuperado parte de la población que tenía cuando sirvió de cuna a la Iglesia. El censo de 1950 indicó una población de 2,663.

En un tiempo prometía Kirtland crecer económica e industrialmente, pero nunca se realizó. Le ha sucedido lo mismo que al condado o distrito de Lake del cual forma parte. En un tiempo el distrito de Lake contaba con una industria férrea de importancia, pero después de la guerra civil la región no se desarrolló industrialmente como otras del norte de Ohio. Como lo dice un escritor: “Una docena de pueblos muertos testifican del gran cambio que ha habido en el sistema de vida dentro del condado. Hace años eran lugares importantes: Madison Dock, en un tiempo importante centro de construcción de barcos; Arcóle, donde estaba situado un horno para fundir; Dodd’s Mili y Peace Mills, en otro tiempo importantes pueblos; New Market, antigua cabeza de distrito, hoy es un terreno cubierto de hierbas a orillas de Grand River.”6

¿No es extraño que esta haya sido la suerte de un distrito que, en la opinión de los exploradores originales de la parte noroeste de Ohio, estaba destinado a ser la tierra de mayor valor de toda la región? Sin embargo, han florecido otras ciudades en esa región, al grado que hoy son de las ciudades más ricas de la región, por ejemplo, Cleveland, la metrópoli más importante de Ohio; Youngstown, centro de fundiciones de acero; Akron, la principal ciudad de todo el mundo en la manufactura de artículos de hule y otras. Quedó olvidado el distrito de Lake en este desarrollo, y aún en la actualidad Kirtland difícilmente podría sostener a sus residentes mediante su propia producibilidad.

Erróneamente podría suponerse que Kirtland es un terreno desolado. Al contrario, se halla situada en una de las regiones más hermosas de Ohio. Los miembros de la Iglesia que llegan allí de visita generalmente comentan: “Es fácil ver por qué el Señor escogió a Kirtland.” Las muchas y lujosas casas de los millonarios de Cleveland adornan el paisaje, aunque debe decirse que ninguna de estas casas puede sostenerse a sí misma.

Sin embargo, el lento desarrollo económico de la región probablemente no es la única llave al castigo del cual habló el profeta Hyrum. Indudablemente el azote principal fue el terrible espíritu de rencor y apostasía, con su consiguiente angustia y desánimo mental, que descendió sobre los habitantes del lugar.

En octubre de 1845 el presidente Brígham Young recibió una carta de Rubén McBride, élder presidente de Kirtland, en la que informaba que los apóstatas estaban haciendo cuanto podían por perjudicar a los miembros de la Iglesia, y que habían entrado por la fuerza en la casa del Señor y se habían posesionado de ella; y que estaban tratando de apoderarse de la granja de la Iglesia.7

El diario Luminary de San Luis publicó un artículo el 17 de febrero de 1845, en el que se hallaba esta declaración:

Visitamos a Kirtland, donde encontramos muchos apóstatas, así como algunos miembros de la Iglesia que podían considerarse buenos, tomando en cuenta las circunstancias. Todos los apóstatas se han vuelto espiritistas y niegan al Cristo. Se han apoderado del templo y no son ahora sino ladrones y robadores.8

El templo de Kirtland fue profanado. Se dice que por un tiempo lo utilizaron como caballeriza o establo. Se usó para bailes, juegos, funciones, reuniones públicas y como escuela. Lo despojaron de sus cortinas. Los visitantes se llevaban pedazos del estuco de las paredes como recuerdos.

Martín Harris, uno de los tres testigos del Libro de Mormón y muy estimado en los primeros días de la Iglesia, nos proporciona un lamentable ejemplo de los que no hicieron caso de la profecía de Hyrum. Por un tiempo apoyó las afirmaciones de J. J. Strang, principal disidente después de la muerte del Profeta. En 1846 fue a Inglaterra como misionero de Strang, pero poco después se desilusionó y volvió a Kirtland.

El señor Cristóbal Grary, uno de los primeros pobladores no mormones de Kirtland hace este interesante comentario sobre la pobreza en que había caído Martín Harris:

En 1867 o 1868, mientras ocupaba el puesto de concejal, se me informó que Martín Harris carecía de casa, se hallaba muy mal vestido, débil, era una carga para sus amigos y que había que llevarlo a un hospicio. Fui a investigar, y lo hallé en una casa cerca del templo, con una familia que recientemente se había cambiado allí y a la cual yo no conocía. Parecía tener mucho miedo de ir al hospicio. La señora de la casa ofreció sostenerlo mientras tuvieran provisión, y yo gustosamente estaba dispuesto a postergar la desagradable tarea de llevarlo al hospicio. Todos se compadecían de él.9

Causa gozo saber que Martín Harris subsiguientemente se reconcilió con la Iglesia y que se recogieron fondos para transportarlo a Utah, donde pasó sus últimos años. (Liahona, agosto de 1955, pág. 86)

La profecía de Hyrum no se concretaba a los miembros que vivían en el pueblo Kirtland y el condado del cual formaba parte. Parece que se aplicaba a toda la Estaca de Kirtland, la mayor parte de cuyas ramas se hallaban en el nordeste de Ohio. Basta decir que la Iglesia desapareció de toda esa región.

¿Estamos llegando ahora a la segunda parte de la profecía de Hyrum?

…. No obstante, vuestros hijos pondrán poseerlas, pero no sino hasta después del transcurso de muchos años… y entonces enviaré y edificaré a Kirtland, y será pulida y refinada según mi palabra.

En la región de que estamos hablando hay en la actualidad más de mil miembros. Los misioneros han trabajado allí muchos años, pero hasta recientemente la obra de la Iglesia no crecía como en otros distritos de la misión. Hoy, sin embargo, el número de miembros está aumentando rápidamente, y en los últimos cinco años ha doblado. Se han organizado diez ramas hasta la fecha, y se proyecta levantar otras en un futuro no muy lejano. Se ha comprado una casa de oración en Akron y otra ha sido edificada en Cleveland por los miembros. Por lo menos otras dos ramas esperan iniciar sus construcciones dentro de un año, y las demás están levantando fondos para poder edificar.

En 1954 los miembros de la Iglesia que viven en toda esa región, con corazones llenos de emoción asistieron a la dedicación de una capilla nueva en Cleveland, en la que ofició el presidente David O. McKay, a escasos treinta kilómetros de Kirtland. El hermoso edificio construido casi totalmente por los esfuerzos de los miembros, ayudó a recordar los sacrificios de los primeros santos que llegaron a Kirtland. Se recibieron mensajes congratulatorios del Gobernador de Ohio, el Gobernador de Utah, el Alcalde de Cleveland y muchos otros hombres prominentes de Ohio y de la nación.

Cuando se colocó la primera piedra para ese edificio, el siguiente editorial apareció en the Cleveland Press:

Si José Smith, el consagrado y valeroso fundador de la iglesia mormona estuviese vivo hoy, se llenaría de satisfacción especial al saber que dentro de poco se edificará una nueva capilla mormona en la Avenida Lake cerca del Parque Edgewater.

El edificio indudablemente sería para él la confirmación de su propia fe—en otro tiempo compartida por sumamente pocos en el norte de Ohio—de que la Iglesia tenía la fuerza espiritual y la substancia económica para vivir y crecer.

Fueron los antepasados religiosos de los constructores de esta capilla, la primera en Cleveland, quienes edificaron el Templo Mormón hace más de 120 años en el cercano pueblo de Kirtland. . . .

Y debe causar gran satisfacción a los mormones de Kirtland saber que su Iglesia tiene la fuerza suficiente para volver sobre el camino de su trágica marcha, y que ahora podrán erigir una capilla tan cerca del sitio histórico de Kirtland donde anteriormente levantaron un templo.10


  1. History of the Church, tomo IV, págs. 443-444.
  2. E. O. Randall y D. J. Ryan, History of Ohio, tomo III, pp. 408-409.
  3. Andrew Jenson, The Historical Record, tomo V pág. 79.
  4. Painsville Telegraph, 9 de febrero de 1842.
  5. Christopher G. Grary, Pioneer and Personal Reminiscenes, pág. 60.
  6. Ohio State Archaeological and Historical Society, Lake County History, pág. 5.
  7. History of the Church, tomo VIII, pág. 484.
  8. Temples of the Most High, pág. 45.
  9. Christopher G. Grary, Pioneer and Personal Reminiscenes, pág. 44.
  10. The Cleveland Press, Editorial, lunes 8 de junio de 1953.
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