Evitar los faros y buscar la luz

Evitar los faros y buscar la luz

Dieter F. Uchtdorf

Por el élder Dieter F. Uchtdorf
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Podemos evitar las consecuencias espirituales negativas y los remordimientos al servir al Señor, volver nuestro corazón hacia Él y aprender a amarlo y confiar en Él.


Escuché una historia divertida sobre un capitán de un portaaviones que, una noche, intentaba dirigir el barco durante una tormenta. Ve una luz en la distancia que parece dirigirse directamente hacia él y le grita a su operador de radio: “¡Diga al barco que se acerca que cambie su rumbo veinte grados!”.

El operador de radio lo hace y espera una respuesta. “Capitán”, dice él, “nos están diciendo que cambiemos el rumbo veinte grados”.

El capitán exclama: “Explíquele a ese operador de radio que no le estoy preguntando, se lo estoy ordenando. ¡Cambie el rumbo!“.

El operador de radio envía el mensaje, espera un momento y luego levanta la vista. “Capitán, insisten en que somos nosotros los que debemos virar”, dice él.

El capitán toma los auriculares y grita al micrófono: “No sé quiénes son ni adónde van, pero hay algo que deben saber: soy el capitán de un grupo de portaaviones de la Marina acompañado por tres destructores, tres buques de guerra y numerosos buques de apoyo. ¡Estamos avanzando directamente hacia ustedes y no cambiaremos de rumbo!”.

A través del ruido de fondo, el capitán escucha una respuesta: “Entendido, capitán; pero hay algo que usted debe saber: nosotros somos un faro”.

La verdad mayor

Aunque esta historia es sin duda ficticia, es instructiva. El capitán del barco, con la información que tenía a su alcance, se sintió completamente justificado. Estaba seguro de que los hechos que él conocía le daban el derecho de paso.

Sin embargo, aún no conocía la verdad mayor. Una vez que tuvo la visión completa, el “testimonio irrazonable” del operador del faro tenía todo el sentido.

Una vez que conoció la verdad mayor, todo cambió.

Hay algo de lo que podemos estar seguros: Dios lo sabe todo. Él ve lo que nosotros no podemos ver. Él conoce la verdad mayor: el pasado, el presente y el futuro; y las palabras que Él da a Sus profetas abarcan esa verdad mayor.

Por supuesto, el capitán podría haber ignorado la advertencia y mantenido su rumbo, convencido de que tenía razón. Sin embargo, el hacerlo habría tenido graves consecuencias, que habrían causado grandes daños y le habrían hecho sentir un enorme remordimiento.

¿Hacemos nosotros alguna vez lo mismo?

Lamentablemente, cuando se trata de creer y dar oído a las palabras de los profetas, el mundo, en general, no tiene el mejor historial. Las Escrituras están llenas de ejemplos de personas y naciones que desoyeron o menospreciaron las palabras de los profetas.

Tristemente, rechazaron el consejo de Dios y siguieron su propio rumbo. Con la información que aceptaban, se sintieron justificados y quizás incluso superiores. Pero, al igual que el capitán del portaaviones, les faltaban información y verdad importantes y esenciales.

Hay algo de lo que podemos estar seguros: Dios lo sabe todo. Él ve lo que nosotros no podemos ver. Él conoce la verdad mayor: el pasado, el presente y el futuro; y las palabras que Él da a Sus profetas abarcan esa verdad mayor.

Samuel y los filisteos

El profeta Samuel vivió hace unos tres mil años, en una época en la que los hijos de Israel se desviaron de los caminos de Dios. Tal vez la gente de esa época pensaba que el profeta solo daba su opinión personal o que estaba siendo influenciado por tradiciones pasadas de moda, o que era demasiado mayor. Cualesquiera que fueran sus motivos, se negaron a escuchar al profeta y dejaron de lado el consejo y los mandamientos de Dios.

Durante esa época, unos poderosos enemigos, conocidos como los filisteos, se levantaron contra Israel y los derrotaron en la batalla. Capturaron incluso la sagrada arca del convenio; fue la primera vez que sucedió algo así. Fue una vergüenza nacional.

“¿Por qué permitió Dios que se capturara el arca?”, debieron de haberse preguntado.

Algunos se preguntaban si Dios los había abandonado.

Y las cosas siguieron empeorando. El conflicto con los filisteos aumentó, causando gran pesar entre el pueblo de Israel. Las familias perdieron sus hogares y soportaron sufrimientos, y muchos de sus seres queridos murieron. Finalmente, los desesperados y desalentados supervivientes se humillaron y oraron fervientemente a Dios, anhelando alivio y liberación1.

En su pesar y desesperación, acudieron al profeta Samuel y le preguntaron qué podían hacer para seguir mejor a Dios y Sus caminos.

Fíjense en lo que Samuel les dijo: “… Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad de entre vosotros los dioses ajenos y [el comportamiento pecaminoso]2, y preparad vuestro corazón para Jehová y solo a él servid, y os librará de manos de los filisteos”3.

Los hijos de Israel escucharon lo que Samuel dijo y lo llevaron a cabo. Ayunaron, se arrepintieron de su rebelión espiritual y “sirvieron solo a Jehová”4. Cuando los filisteos vinieron contra ellos, Jehová peleó milagrosamente su batalla y los filisteos cayeron ante Israel5.

Cometer el mismo error

Antes de juzgar al antiguo Israel con demasiada dureza, sería bueno preguntarnos si nosotros mismos hemos sido impecables cuando se trata de seguir el consejo de los profetas.

¿Hemos dejado de lado personalmente las enseñanzas de los profetas? ¿Hemos rechazado lo que ellos han dicho? ¿Hemos decidido que nosotros sabemos más?

El Libro de Mormón nos recuerda con frecuencia las consecuencias de ceder a nuestra naturaleza carnal a expensas de seguir a nuestro Salvador. Cuando lo hacemos, nuestras acciones conducen inevitablemente a la desesperación, el cautiverio, el sufrimiento y el remordimiento.

Dios nos ha dado el preciado don de ser libres para escoger cómo pensamos y cómo actuamos. Podemos rechazar las palabras de Dios o de Sus profetas, e incluso podríamos pensar que nuestro camino es mejor. Esto podría parecernos agradable, al menos al principio, e incluso podría hacernos sentir bien durante un tiempo, pero nunca podremos escapar de las consecuencias de nuestras decisiones.

Podemos evitar las consecuencias espirituales negativas y los remordimientos al servir al Señor, volver nuestro corazón hacia Él y aprender a amarlo y a confiar en Él.

Al hacerlo, descubriremos el verdadero gozo que se promete en las Escrituras a todos los que creen y siguen al Salvador6.

Hallaremos paz, esperanza, seguridad y luz.


  1. Las Escrituras nos dicen que todo Israel se lamentaba porque parecía que Jehová los había abandonado (véase 1 Samuel 7:2).
  2. 2. Astarot, a menudo, hace referencia a hábitos pecaminosos e idolatría.
  3. 1 Samuel 7:3.
  4. 1 Samuel 7:4; véase también 1 Samuel 7:6.
  5. El interesante relato de cómo luchó Jehová por Israel se encuentra en 1 Samuel 7.
  6. Véanse Doctrina y Convenios 93:28; 11:13; Salmo 16:11; 3 Nefi 28:10.
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Una respuesta a Evitar los faros y buscar la luz

  1. Anónimo dijo:

    Excelente discurso, el Señor conoce bien nuestro pasado, nuestro presente y también lo que vendrá en el futuro de cada uno de nosotros.

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