Tres lecciones de la lucha de David contra Goliat

Ven, sígueme 1 Samuel 17

Tres lecciones de la lucha de David contra Goliat

Por Eric B. Murdock
Revistas de la Iglesia

Todos tenemos “Goliats” a los que enfrentarnos y podemos vencerlos con la ayuda del Señor.

Los israelitas tenían problemas. Graves problemas.

Los ejércitos de los filisteos se habían reunido para combatir contra ellos. Una mañana, un guerrero gigante llamado Goliat se acercó para burlarse de los israelitas y los desafió a luchar contra él. Cuando los israelitas oyeron los gritos de Goliat, “se turbaron y tuvieron gran miedo” (1 Samuel 17:11).

No es de extrañar: ¡Goliat era enorme! La Biblia dice que medía casi tres metros (diez pies) de altura. También llevaba un gran casco de bronce y una armadura pesada. Llevaba un escudo, una lanza y una espada enormes (véase 1 Samuel 17:4–7).

Durante cuarenta días, Goliat los desafió a luchar, pero nadie tuvo el valor de enfrentarse a él.

Hasta que llegó un joven llamado David.

Cuando David llegó al campamento de los israelitas para entregar provisiones, escuchó los gritos de Goliat y se sorprendió al ver a los soldados huir aterrorizados. Cuando quedó claro que todos sentían demasiado miedo para luchar, David se ofreció a enfrentarse a Goliat.

Se le dijo a David que no tenía manera de derrotar a Goliat, que era demasiado joven. Sin embargo, él sabía algo que ellos no sabían: su fuerza no provenía de su cuerpo, sino de su Dios.

Enfrentarte a tus Goliats

En la vida, también nos enfrentamos a “Goliats”. Los Goliats que afrontamos pueden ser muchas pruebas, desafíos y tentaciones. Estas son tres verdades que David sabía y que lo ayudaron a derrotar a su Goliat, y también pueden ayudarte a derrotar a los tuyos.

1 El Señor estará contigo

Cuando todos le dijeron a David que no podía pelear contra Goliat, David respondió que ya había peleado contra un león y un oso para salvar las ovejas de su padre. Y confiado afirmó: “… Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de manos de este filisteo” (1 Samuel 17:37).

David sabía que el Señor estaría con él. Con el Señor, nosotros también podemos enfrentarnos a nuestros Goliats con confianza.

2 La fe en Dios aporta valor

David fue a un arroyo cercano y encontró cinco piedras lisas. Puso las piedras en su bolsa junto con su honda y luego fue a encontrarse con Goliat.

Cuando Goliat vio a David, se burló de él porque era joven, lo maldijo y lo amenazó. David, sin embargo, no se sintió impresionado, ni tenía miedo, y le dijo: “… Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel” (1 Samuel 17:45).

El presidente Dallin H. Oaks, Primer Consejero de la Primera Presidencia, ha enseñado: “David […] tuvo una fe firme en el Dios de Israel, y esa fe lo dotó de un valor extraordinario […].

“Hay momentos en que todos tenemos que hacer frente a los que se burlan de nosotros y nos humillan; habrá veces en que algunos de nosotros tengamos que enfrentar una fuerza terrenal tan potente como Goliat. Cuando eso suceda, debemos emular el valor de David, que fue poderoso porque tenía fe y siguió una causa justa en el nombre del Señor de los ejércitos”1.

La fe también puede ayudarte a ti a afrontar tus temores con valor.

3 Con Dios, puedes hacer lo imposible

Probablemente ya sepas lo que sucedió a continuación. David sacó una piedra de la bolsa y la puso en su honda, lanzó la piedra y golpeó a Goliat en la frente. Goliat cayó y los filisteos, cuando vieron a su campeón derrotado, huyeron para salvarse.

Antes de este enfrentamiento, la mayoría de las personas habrían dicho que David no tenía ni la más mínima posibilidad, pero David demostró que “ninguna cosa es imposible para Dios” (Lucas 1:37).

Con la ayuda de Dios, puedes permanecer firme con fe y salir triunfante.

Como ha dicho el presidente Russell M. Nelson, cuando nos enfrentamos a nuestros propios Goliats, “si somos dignos tenemos derecho a revelaciones que nos ayuden en nuestros justos esfuerzos. Podemos tomar sobre nosotros el nombre del Señor y podemos hablar en el nombre de Dios […]. La intervención divina como respuesta a nuestras oraciones es tan real como lo fue para David al enfrentarse con Goliat”2.

Con la ayuda de Dios, puedes permanecer firme con fe y salir triunfante.


  1. Véase Dallin H. Oaks, Conferencia General de octubre de 1992, Liahona, enero de 1993, págs. 42, 43.
  2. Russell M. Nelson, “Porque nada hay imposible para Dios”, Liahona, julio de 1988, pág. 36.
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