Decisiones para la eternidad

Decisiones para la eternidad

Devocional mundial para jóvenes adultos con el presidente Nelson
Domingo, 15 de mayo de 2022

Presidente Russell M. Nelson
Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Russell M. Nelson


Mis queridos hermanos y hermanas, la hermana Nelson y yo hemos deseado que llegue esta tarde desde hace meses. Mi esposa, Wendy, es una mujer de gran fe y sabiduría. Les recomiendo sus enseñanzas.

¡Qué maravilloso es reunirnos con ustedes en el aniversario de la restauración del Sacerdocio Aarónico! Como saben, el 15 de mayo de 1829, el profeta José Smith y Oliver Cowdery se arrodillaron en un lugar apartado en un bosque cercano al hogar de José y Emma en Harmony, Pensilvania. La hermana Nelson y yo hemos estado en ese bosque de arces de savia dulce.

Este bosque se convirtió en un lugar sagrado cuando Juan el Bautista confirió el Sacerdocio Aarónico a José Smith y a Oliver Cowdery.

Más tarde, Pedro, Santiago y Juan restauraron el Sacerdocio de Melquisedec alrededor de la misma zona.

En septiembre de 2015 dediqué el sitio de la restauración del sacerdocio. De todas las asignaciones que había recibido hasta ese momento, esa fue la más significativa para mí. Ese sitio conmemora la restauración de la autoridad del sacerdocio y de sus llaves al hombre sobre la tierra. Esas llaves, junto con otras, eran necesarias para dirigir la Iglesia restaurada de Jesucristo y hacer posible que realizáramos y recibiéramos ordenanzas esenciales, entre ellas, sellar a las familias por la eternidad. ¡Ese día de la dedicación fue un momento muy especial en mi vida!

Y ahora este es un momento muy especial en sus vidas. No habrá otro que sea exactamente como este. Ustedes están estableciendo prioridades y patrones que tendrán un enorme impacto no solo sobre su vida terrenal, sino también sobre su vida eterna.

Hablemos de la vida; eso es algo con lo que ya he tenido un poco de experiencia. Crecí durante la Gran Depresión, fui adolescente durante la Segunda Guerra Mundial, he tenido unos cuantos encuentros con la muerte, he estado en seis continentes muchas veces y todavía no he conocido un pueblo o cultura que no me resultara inspirador.

También he tenido que sobrellevar la tristeza. He visto cómo dos preciadas hijas han sido consumidas lenta, dolorosa y mortalmente por el cáncer, y he tenido que enterrar una esposa maravillosa, Dantzel, la madre de nuestros diez hijos. Sabiendo que no es bueno que el hombre esté solo1, decidí casarme nuevamente. Me casé con otra mujer maravillosa, mi querida Wendy.

He visto a amigos y a familiares tomar decisiones heroicas y vivir vidas ejemplares, y he visto a otros tomar decisiones desastrosas que han frustrado su potencial.

En resumen, he vivido una vida larga, y llegado este momento, he dejado de comprar plátanos verdes por si no estoy para cuando maduren, y he dejado de dedicar tiempo a cosas que no importan. ¡Pero ustedes sí son importantes para mí! ¡Y su futuro también me importa mucho! Me siento muy honrado de que tantos hayan venido esta noche, y agradezco a los músicos que comenzaron con algo tan maravilloso.

Esta noche quiero hablarles sobre su futuro. La hermana Nelson y yo asistimos recientemente a la toma de posesión del rector de una universidad. Durante ese evento extraordinario, pensé en la cantidad incontable de educadores que hay por todo el mundo que están dedicados a enseñar a hombres y a mujeres de la edad de ustedes. La educación es muy importante; la considero una responsabilidad religiosa. La gloria de Dios es la inteligencia2.

Sin embargo, hay una diferencia enorme entre las responsabilidades de los educadores seculares y mi responsabilidad como el Apóstol más antiguo sobre la tierra. El trabajo de ellos es educarlos y prepararlos para su experiencia terrenal, es decir, cómo tener éxito en el trabajo en sus vidas. Mi responsabilidad es educarlos y prepararlos también a ustedes, pero para su experiencia inmortal, es decir, cómo obtener la vida eterna.

Las enseñanzas de las mejores instituciones educativas del más alto nivel tienen limitaciones, porque la educación secular normalmente no contempla tres grandes verdades de las que rara vez hacen mención:

  1. Primero, cada uno de nosotros va a morir3.
  2. Segundo, gracias a Jesucristo, cada uno de nosotros va a resucitar y llegará a ser inmortal4.
  3. Y tercero, el Día del Juicio nos espera a cada uno de nosotros5.

Estas tres verdades absolutas deberían ser el fundamento de su educación espiritual.

Gracias a la restauración del evangelio de Jesucristo en su plenitud, sabemos mucho acerca de nuestras posibilidades después de la muerte. Sabemos que la morada de nuestro Padre tiene muchas mansiones6. Sabemos que Dios ama tanto a Sus hijos que, como ha enseñado el presidente Dallin H. Oaks, “todos los hijos de Dios” —con muy pocas excepciones— “terminarán finalmente en un reino de gloria7. ¡Piensen en ello! Nuestro Padre creó reinos de gloria —telestial, terrestre y celestial— para proporcionar un lugar glorioso para Sus hijos.

Mi propósito esta noche es asegurarme de que sus ojos se abran totalmente a la verdad de que esta vida realmente es el tiempo en que llegan a decidir qué tipo de vida quieren vivir ustedes para siempre. Ahora es su tiempo “de preparación para presentarse ante Dios”8.

La duración de la vida terrenal no llega a ser ni un nanosegundo comparada con la eternidad; pero, mis queridos hermanos y hermanas, ¡es un nanosegundo crucial! Durante esta vida decidimos qué leyes estamos dispuestos a obedecer —las del Reino Celestial, o las del Reino Terrestre, o las del Reino Telestial9— y, como consecuencia, en qué reino de gloria viviremos para siempre.

Cada decisión justa que tomen aquí generará enormes dividendos ahora, pero las decisiones justas de la vida terrenal reportarán unos dividendos inimaginables en la eternidad. Si eligen hacer convenios con Dios y son fieles a esos convenios, tienen la promesa de “gloria [aumentada] sobre su cabeza para siempre jamás”10.

Estas verdades deberían despertar su más fuerte sentimiento de FOMO, un acrónimo en inglés que hace referencia al miedo de perderse algo importante. Tienen el potencial de alcanzar el Reino Celestial. El FOMO más grande sería perderse el Reino Celestial, contentarse con un reino menor porque aquí, en la tierra, decidieron vivir las leyes de un reino menor.

El adversario, por supuesto, no quiere que ustedes siquiera piensen en el mañana, y mucho menos en la vida eterna. Pero, por favor, no actúen con ignorancia o ingenuidad sobre las oportunidades y los desafíos de la vida terrenal. Teniendo esto en cuenta, hay tres verdades fundamentales que deben entender y que los ayudarán a prepararse para su trayectoria futura:

  1. Primero, conozcan la verdad de quiénes son.
  2. Segundo, conozcan la verdad de lo que el Padre Celestial y Su Hijo les han ofrecido.
  3. Y tercero, conozcan la verdad relacionada con la conversión de ustedes.

Hablaré de cada uno de estos aspectos.

Primero, conozcan la verdad de quiénes son. Creo que si el Señor estuviera hablándoles directamente esta noche, la primera cosa que se aseguraría de que entendieran es cuál es su verdadera identidad11. Mis queridos amigos, ustedes son literalmente hijos procreados como espíritus de Dios. Ustedes han cantado esta verdad desde que aprendieron las palabras del himno “Soy un hijo de Dios”12. Pero ¿ha quedado esa verdad eterna grabada en sus corazones? ¿Los ha rescatado esa verdad cuando han tenido que enfrentarse a la tentación?13.

Temo que hayan oído tan a menudo esta verdad que les suene más como un eslogan que como una verdad eterna; y, sin embargo, la manera en la que piensan sobre quiénes son realmente ustedes afecta a casi toda decisión que tomarán.

En 2006, cuando me casé con Wendy, me encontré con varias sorpresas, la mayoría de ellas maravillosas. Una de ellas fue la cantidad de ropa que tenía en la que aparecía algún logotipo: de universidades en las que se había graduado, lugares a los que había viajado, etc. Cada vez que ella se vestía con alguna de esas prendas, yo le hacía bromas diciéndole “¿A quién le haces publicidad hoy?”. ¡Y ella me invitaba a participar en la diversión!

Las etiquetas pueden ser divertidas e indicar su apoyo a muchas cosas positivas. Muchas de esas etiquetas cambiarán para ustedes con el paso del tiempo; y no todas las etiquetas tienen el mismo valor. Pero si alguna de ellas reemplaza a aquello que los define de una manera más importante, los resultados pueden asfixiarlos espiritualmente.

Por ejemplo, si yo tuviera que clasificar por orden de importancia aquellas descripciones que podrían definirme, diría: primero, soy hijo de Dios —un hijo varón de Dios—; después soy hijo del convenio; y, a continuación, discípulo de Jesucristo y miembro devoto de Su Iglesia restaurada.

Luego vendrían los títulos que me honran como esposo y padre, y luego Apóstol del Señor Jesucristo.

Todas las demás etiquetas que se me han dado, como las de ser médico, cirujano, investigador, profesor, teniente, capitán, tener un doctorado, ser estadounidense y tantas otras, quedarían más abajo en la lista.

Apliquemos ahora esta pregunta a ustedes. ¿Quiénes son ustedes?

Primero y más importante, son hijos de Dios.

Segundo, como miembros de la Iglesia, son hijos del convenio; y tercero, son discípulos de Jesucristo.

Esta noche, les ruego que nunca reemplacen estos tres identificadores primordiales e inmutables por otros, porque el hacerlo podría obstaculizar su progreso o encasillarlos en un estereotipo que posiblemente podría frustrar su progreso eterno.

Por ejemplo, si se identifican principalmente como estadounidenses, aquellos que no lo son pueden pensar: “Sé todo lo hay que saber sobre ustedes” y atribuirles creencias erróneas.

Si ustedes se identifican por su afiliación política, serán categorizados inmediatamente por tener ciertas creencias, aunque no conozco a nadie que crea en todas las cosas que su partido político preferido defiende en la actualidad.

Podríamos seguir así mucho tiempo, describiendo las limitaciones de cada etiqueta que nos ponemos a nosotros mismos o que otros nos ponen.

Hay quien me etiquetaría a mí como un “hombre viejo”, pero soy mucho más joven de lo que lo fue Adán… o Noé14. La discriminación por la edad, el racismo, el nacionalismo, el sexismo e innumerables otros “ismos” son universalmente restrictivos.

¡Qué trágico es ver a alguien que cree en la etiqueta que otra persona le ha puesto! Imaginen el dolor del niño a quien se le dice: “Eres tonto”. ¡Los identificadores y las etiquetas tienen mucho poder!

El adversario se regocija en las etiquetas porque nos dividen y restringen la forma en que pensamos sobre nosotros mismos y los unos de los otros. ¡Qué triste es vernos honrar las etiquetas más que honrarnos unos a otros!

Las etiquetas nos llevan a juzgarnos unos a otros y a enemistarnos. ¡Cualquier forma de abuso o prejuicio hacia otra persona debido a su nacionalidad, raza, orientación sexual, sexo, nivel de educación, cultura o cualquier otro identificador importante es ofensivo para nuestro Hacedor! ¡Esta manera de tratarnos mal unos a otros causa que vivamos por debajo de nuestra medida como hijos e hijas de Su convenio!

Por supuesto, hay muchas etiquetas que pueden resultar importantes para ustedes. Por favor, no me malinterpreten, no estoy diciendo que otras maneras de designarnos e identificarnos no tengan significado. Lo que estoy diciendo sencillamente es que ningún identificador debería desplazarreemplazar o tener prioridad por sobre estas tres denominaciones perdurables: “hijo de Dios”, “hijo del convenio” y “discípulo de Jesucristo”.

Cualquier otra forma de identificarnos que no sea compatible con estas tres designaciones básicas tarde o temprano los defraudará. Otras etiquetas los decepcionarán con el tiempo porque no tienen el poder de llevarlos a la vida eterna en el reino celestial de Dios.

Los identificadores que pone el mundo nunca les darán una visión de quiénes pueden llegar a ser en última instancia. Nunca reafirmarán su ADN divino ni su potencial divino e ilimitado.

Dado que existe un gran Plan de Salvación diseñado por el Padre Celestial, ¿no resulta razonable pensar que también ustedes tienen un destino eterno?15.

No se confundan al respecto: su potencial es divino. Si lo buscan con diligencia, Dios les dará destellos de quiénes pueden llegar a ser.

Entonces, ¿quiénes son ustedes? Primero y más importante, son hijos de Dios, hijos del convenio y discípulos de Jesucristo. Conforme asuman estas verdades, nuestro Padre Celestial los ayudará a alcanzar la meta final de vivir eternamente en Su santa presencia.

Segundo: conozcan la verdad de lo que Dios el Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo les han ofrecido.

En resumen, ¡les han ofrecido todo!

El plan del Padre Celestial para Sus hijos nos permite vivir donde y como Él vive y, finalmente, llegar a ser cada vez más semejantes a Él. Su plan pone a nuestra disposición las más ricas bendiciones de toda la eternidad, incluyendo el potencial de llegar a ser “coherederos con Cristo”16.

Dios lo sabe todo y lo ve todo. En toda la eternidad, nadie los conocerá mejor o se preocupará más por ustedes que Él. Nadie estará más cerca de ustedes que Él. Pueden volcar su corazón a Él y confiar en que Él enviará al Espíritu Santo y ángeles para cuidar de ustedes. Él demostró Su más grande amor cuando envió a Su Hijo Unigénito para morir por ustedes, para ser su Salvador y su Redentor.

Mediante Su expiación, el Señor Jesucristo venció al mundo17. Por tanto, Él es “poderoso para […] limpiar[los] de toda iniquidad”18. El los librará de sus circunstancias más agobiantes a Su manera y en Su propio tiempo19. Conforme ustedes vengan a Él con fe, Él los guiará, preservará y protegerá. Él sanará sus corazones rotos y les dará consuelo en su angustia20. Él les dará acceso a Su poder y hará que lo que parece imposible en sus vidas sea posible.

Jesucristo es la única fuente duradera de esperanza, paz y gozo para ustedes. Satanás jamás podrá copiar nada de esto, y Satanás no los ayudará nunca.

Por otro lado, la obra y la gloria de Dios es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”21. Dios hará todo lo que pueda, sin disminuir su albedrío, para ayudarlos a no perderse las más grandes bendiciones de toda la eternidad.

Dios tiene un amor especial por cada persona que hace convenio con Él en las aguas del bautismo22, y ese amor divino se profundiza a medida que se llevan a cabo y se cumplen fielmente convenios adicionales. Y luego, al final de la vida terrenal, ¡qué preciada es la reunión de cada hijo del convenio con nuestro Padre Celestial!23

Él también se preocupa profundamente de que cada uno de Sus hijos tenga una oportunidad de escuchar las buenas nuevas del Evangelio restaurado. El Padre Celestial ha estado enviando hijos Suyos a la tierra por más de seis milenios. La mayoría de esas personas no han recibido todavía las ordenanzas que los habilitarían para obtener la vida eterna. Esta es la razón por la que los templos tienen tanta importancia, es la razón por la que el recogimiento de Israel en ambos lados del velo es la causa más importante de la tierra en la actualidad. Ustedes, mis queridos compañeros en esta santa obra, cumplen una función esencial en este recogimiento, y les agradezco por ello.

Eso me lleva ahora al tercer punto.

Conozcan la verdad relacionada con la conversión de ustedes. La verdad es que ustedes deben hacerse responsables de su propia conversión; nadie más puede hacerlo por ustedes.

Entonces, ¿puedo invitarlos a hacerse algunas preguntas? ¿Desean sentir paz en cuanto a las preocupaciones que actualmente los agobian? ¿Desean conocer mejor a Jesucristo? ¿Desean aprender cómo Su poder divino puede sanar sus heridas y debilidades? ¿Desean experimentar el dulce y reconfortante poder de la expiación de Jesucristo actuando en sus propias vidas?

Buscar respuestas a estas preguntas requerirá esfuerzo, mucho esfuerzo. Les ruego que se hagan cargo de su propio testimonio. Trabajen para conseguirlo; háganse responsables de él. Cuídenlo, nútranlo de manera que crezca, aliméntenlo con la verdad. No lo mezclen con las filosofías falsas de hombres y mujeres incrédulos para luego preguntarse por qué se está debilitando.

Practiquen la oración humilde, sincera y diaria. Nútranse con las palabras de los profetas antiguos y modernos. Pídanle a Dios que les enseñe cómo escucharlo mejor. Dediquen más tiempo a ir al templo y a la obra de historia familiar.

Al hacer de su testimonio su prioridad mayor, observen cómo se producen milagros en sus vidas.

Si tienen preguntas, y espero que las tengan, busquen respuestas con el ferviente deseo de creer. Aprendan todo lo que puedan sobre el Evangelio y asegúrense de acudir a fuentes llenas de verdad para encontrar guía. Vivimos en la dispensación en la que “nada se retendrá”24; por ello, con el tiempo, el Señor contestará todas nuestras preguntas.

Mientras tanto, sumérjanse en la rica provisión de revelación que tenemos al alcance de nuestra mano. Les prometo que, al hacerlo, se fortalecerá su testimonio, incluso aunque algunas de sus preguntas todavía no tengan respuesta. Sus preguntas sinceras, hechas con fe, siempre los llevarán a tener mayor fe y más conocimiento.

Si tienen amigos o familiares que se apartan de la Iglesia, sigan amándolos. No les corresponde juzgar las decisiones de los demás, al igual que tampoco ustedes merecen ser criticados por mantenerse fieles.

Y ahora, por favor, escúchenme cuando digo: No sean engañados por aquellos cuyas dudas pueden provenir de cosas que ustedes no pueden ver en la vida de ellos. Por encima de todo, hagan que sus amigos escépticos vean cuánto aman ustedes al Señor y a Su evangelio. ¡Sorprendan a los corazones dudosos de ellos con los corazones creyentes de ustedes!

Al hacerse responsables de su propio testimonio y hacerlo crecer, se convertirán en un instrumento más poderoso en las manos del Señor. Estarán inspirados por “una causa mejor”25: ¡la causa de Jesucristo!

No hay nada que esté ocurriendo en esta tierra que sea más importante para Él que el recogimiento de Israel. Hagan saber a su Padre Celestial que quieren ayudar en esta obra. Pídanle que los ponga a trabajar en esta causa gloriosa. Y luego den un paso atrás y maravíllense de lo que ocurre cuando permiten que Dios prevalezca en sus vidas.

Mis queridos jóvenes amigos, ¡los amo! Gracias. Creo en ustedes. Como profeta del Señor, los bendigo para que conozcan la verdad de quiénes son y que atesoren la verdad de lo que verdaderamente es su glorioso potencial. Los bendigo para que se hagan responsables de su propio testimonio, y los bendigo para que tengan el deseo y la fortaleza de guardar sus convenios.

A medida que lo hagan, les prometo que experimentarán crecimiento espiritual, estarán libres del miedo y tendrán una confianza que ahora escasamente pueden imaginar. Tendrán la fortaleza para tener una influencia positiva mucho más allá de su capacidad natural, y les prometo que su futuro será algo mucho más apasionante que cualquier cosa que puedan creer ahora.

Así los bendigo y expreso de nuevo mi gratitud y mi amor por ustedes en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.


  1. Véanse Génesis 2:18; Moisés 3:18; Abraham 5:14.
  2. Véase Doctrina y Convenios 93:36.
  3. Véase 1 Corintios 15:22.
  4. Véase Juan 11:25.
  5. Véase Mormón 3:20.
  6. Véanse Juan 14:2; 1 Corintios 15:40 (nota a al pie de página con la traducción de José Smith); Doctrina y Convenios 76:89–98; 131:1.
  7. Dallin H. Oaks, “El amor divino en el plan del Padre”, Liahona, mayo de 2022, pág. 101.
  8. Véanse Alma 12:24; 34:32.
  9. Véase Doctrina y Convenios 88:22–24.
  10. Abraham 3:26.
  11. Esto es lo que el Señor enseñó al pueblo de la antigua América cuando habló con ellos. Después de declarar quién era Él, dijo a quienes lo escuchaban quiénes eran ellos: “Y he aquí, vosotros sois los hijos de los profetas; y sois de la casa de Israel; y sois del convenio” (3 Nefi 20:25–25, cursiva agregada). Estas mismas verdades también fueron enseñadas al pueblo en la época de la Biblia (véase Hechos 3:25).
  12. “Soy un hijo de Dios”, Himnos, nro. 196.
  13. Como hombres y mujeres jóvenes, recitan lemas que comienzan con “Soy una hija amada de padres celestiales, con una naturaleza divina y un destino eterno” y “Soy un amado hijo de Dios, y Él tiene una obra para mí” (Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 11.1.2, 10.1.2, LaIglesiadeJesucristo.org).
  14. Adán murió a los 930 años (véase Génesis 5:5); Noé murió a los 950 (véase Génesis 9:29).
  15. El presidente Orson Hyde (1805–1878), presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo que “entendimos las cosas mejor [en el mundo preterrenal] de lo que lo hacemos en este mundo caído”. Luego siguió diciendo, haciendo conjeturas sobre promesas que probablemente hicimos allí: “No es imposible que hayamos firmado los artículos con nuestras propias manos, artículos que se podrían conservar en los archivos del cielo, para sernos presentados cuando nos levantemos de entre los muertos y seamos juzgados con nuestras propias palabras, según lo que está escrito en los libros” (“Remarks”, Deseret News, 21 de diciembre de 1859, pág. 322).
  16. Romanos 8:17.
  17. Véanse Juan 16:33; Doctrina y Convenios 50:41.
  18. Alma 7:14.
  19. El Señor es poderoso para librarnos al igual que libró a Nefi del poder de Labán (véase 1 Nefi 4:3).
  20. Véanse Lucas 4:18; 7:10–12.
  21. Moisés 1:39.
  22. En el idioma hebreo del Antiguo Testamento, la palabra que expresa el amor del convenio de Dios es hesed.
  23. Véase Salmo 116:15.
  24. Doctrina y Convenios 121:28.
  25. Véase Alma 43:45: “… [P]ues no estaban luchando por monarquía ni poder, sino que luchaban por sus hogares y sus libertades, sus esposas y sus hijos, y todo cuanto poseían; sí, por sus ritos de adoración y su iglesia”.
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