Capítulo 9
La redención
El Rescate de la Muerte Temporal
Conforme a nuestra limitada condición, no alcanzamos a comprender cabalmente el proceso por el cual Dios posibilitó la permanencia del hombre en la carne. Tampoco nos es fácil entender cómo podrá ser que el hombre obtenga nuevamente su propio cuerpo de carne y huesos, aun después de corrupto por la muerte. No obstante, esto sabemos: Así como Adán accedió a encabezar la procesión de espíritus hacia la vida terrenal, Jesucristo aceptó la misión de orientarles hacia la resurrección de la carne.
Concerniente a la misión de Jesucristo, Lehi dijo a su hijo Jacob:
Y los hombres tienen el conocimiento suficiente para poder discernir el bien del mal; y la ley ha sido dada a los hombres. Y la ley a ninguna carne justifica, o por la ley los hombres son reprobados. Sí, por la ley temporal fueron desterrados; y también por la ley espiritual son privados de lo que es bueno, y llegan a ser miserables para siempre.
Por tanto, la redención viene en y por el Santo Mesías, porque es lleno de gracia y de verdad.
He aquí, él se ofrece a sí mismo en sacrificio por el pecado, para satisfacerlas demandas de la ley por todos los quebrantados de corazón y contritos de espíritu; y por nadie más se responde a los requerimientos de la ley.
Por lo tanto, cuán grande es la importancia de dar a conocer estas cosas a los habitantes de la tierra, para que sepan que ninguna carne puede moraren la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, misericordia y gracia del Santo Mesías, quien da su vida, según la carne, y la vuelve a tomar por el poder del Espíritu, para efectuar la resurrección de los muertos, siendo él quien resucitará primero.
De manera que él es las primicias para Dios, pues él intercederá por todos los hijos de los hombres; y los que crean en él se salvarán.
Y por motivo de la intercesión hecha para todos, todos los hombres van a Dios; de modo que se hallarán en su presencia para que él los juzgue según la verdad y la santidad que hay en él. Por tanto, lo que demanda la ley que ha sido dada por el Muy Santo, es la imposición del castigo que la acompaña, y este castigo anexo se halla en oposición a la que va acompañada de la felicidad, para cumplir los fines de la expiación. (2 Nefi 2:5-10)
Ahora bien, aunque todos los hombres habrán de resucitar de la muerte,1 no todos serán redimidos de sus pecados,2 y en cuanto a ello nos dice Abinadí:
Más he aquí, temed y temblad ante Dios; porque tenéis razón para temblar; pues el Señor no redime a ninguno de los que se rebelan contra él, y mueren en sus pecados, sí, todos aquellos que han perecido en sus pecados desde el principio del mundo, que voluntariamente se han rebelado contra Dios, y que, sabiendo los mandamientos de Dios, no quisieron observarlos, éstos son los que no tienen parte en la primera resurrección.
¿No deberíais temblar pues? Porque ninguno de éstos alcanza la salvación, por cuanto el Señor a ninguno de ellos ha redimido; ni tampoco puede redimirlos; porque el Señor no puede contradecirse a sí mismo ni puede negarle a la justicia su derecho. (Mosíah 15:26-27)
Y más adelante, leemos:
Y aconteció que después de haber hablado estas palabras, Abinadí extendió la mano y dijo: Vendrá el tiempo cuando todos verán la salvación del Señor; cuando todas la naciones, tribus, lenguas y pueblos verán ojo a ojo, y confesarán ante Dios que sus juicios son justos.
Y entonces los malvados serán echados fuera, y tendrán motivo para aullar y llorar, lamentar y crujir los dientes; y esto porque no quisieron escuchar la voz del Señor; por tanto, el Señor no los redime.
Porque son carnales y diabólicos, y el diablo tiene poder sobre ellos; sí, aquella antigua serpiente que engañó a nuestros primeros padres, que fue la causa de su caída y que causó que toda la humanidad llegara a ser carnal, sensual y diabólica, conociera el bien y el mal y se sujetara al diablo.
Así pues, toda la humanidad estaba perdida; y he aquí, se habría perdido eternamente, si Dios no hubiese rescatado a su pueblo de su estado caído y perdido.
Pero recordad que quien persiste en su propia naturaleza camal, y sigue la senda del pecado y la rebelión contra Dios, permanecerá en su estado caído, y el diablo tendrá todo poder sobre él. Por tanto, queda como si no hubiera habido redención, y se hace enemigo de Dios; y también el demonio es enemigo de Dios. (Mosíah 16:1-5)
También el profeta Amulek habló de aquellos que serían redimidos, diciendo con respecto a Cristo:
Y vendrá al mundo para redimir a su pueblo; y tomará sobre sí las transgresiones de aquellos que crean en su nombre; y éstos son los que tendrán vida eterna, y nadie más alcanza la salvación.
Por tanto, los malvados permanecen como si no hubiese habido redención, salvo que quedan libres de las ligaduras de la muerte; pues he aquí, viene el día en que todos se levantarán de los muertos y se presentarán delante de Dios para ser juzgados según sus obras.
Hay pues una muerte que se llama la muerte temporal; y la muerte de Cristo desatará las ligaduras de esta muerte temporal para que todos se levanten de ella.
El espíritu y el cuerpo serán reunidos otra vez en su perfecta forma; los miembros así como las coyunturas se verán restablecidos a su propia forma, tal como nos hallamos ahora; y seremos levantados ante Dios; y conoceremos como ahora conocemos, y tendremos un vivo conocimiento de toda nuestra culpa.
Esta restauración vendrá sobre todos, sean viejos o jóvenes, esclavos o libres, varones o hembras, malvados o justos; y no se perderá ni un solo pelo de sus cabezas, sino que todo será restablecido a su perfecta forma, o en el cuerpo, cual se encuentra ahora; irán para comparecer ante el tribunal de Cristo el Hijo, y Dios el Padre, y el Espíritu Santo, que es un eterno Dios, para ser juzgados según sus obras, sean buenas o malas.
He aquí, te he hablado acerca de la muerte del cuerpo mortal, y también de la resurrección del cuerpo mortal. Te digo que este cuerpo mortal se levantará cuerpo inmortal, es decir, de la muerte, sí, de la primera muerte a vida, para no morir ya más; sus espíritus se unirán a sus cuerpos para no ser separados nunca más, y esta unión se tornará espiritual e inmortal, para no volver a ver corrupción. (Alma 11:40-45)
El Rescate de la Muerte Espiritual
Vemos entonces que Cristo rescata a todos los hombres de la muerte temporal, pero que habrá de redimir sólo a una parte de la humanidad de la muerte espiritual, la cual consiste en la separación del hombre de la presencia de Dios, el Eterno Padre. Y he aquí el interrogante: ¿A quiénes rescatará de la muerte espiritual, y por qué? Nuevamente es el Libro de Mormón quien nos responde. El rey Benjamín, dirigiéndose a su pueblo, dijo:
Pues he aquí, y también su sangre expía los pecados de aquellos que han caído por la transgresión de Adán, que han muerto sin saber la voluntad de Dios concerniente a ellos, o que han pecado por ignorancia.
¡Mas ay, ay de aquel que sabe que se está rebelando contra Dios! Porque a ninguno de estos viene la salvación, sino por medio del arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo.
Y el Señor Dios ha enviado a sus santos profetas entre todos los hijos de los hombres, para declarar estas cosas a toda familia, nación y lengua, para que así, quienes creyesen que Cristo habría de venir, esos mismos recibiesen la remisión de sus pecados y se regocijasen con un gozo sumamente grande, aun como si él ya hubiese venido entre ellos.
Con todo, el Señor Dios vio que su pueblo era gente de dura cerviz, y les designó una ley, sí, la ley de Moisés.
Y les mostró muchas señales, y maravillas, y símbolos, y figuras, concernientes a su venida; y también les hablaron santos profetas referente a su venida; y sin embargo, endurecieron sus corazones, y no comprendieron que la ley de Moisés nada logra salvo que sea por la expiación de su sangre.
Y aun si fuese posible que los niños pequeños pecasen, no podrían salvarse; mas te digo que son benditos; pues he aquí, así como en Adán, o por naturaleza, ellos caen, así también la sangre de Cristo expía sus pecados.
Y además, te digo que no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la salvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo, el Señor Omnipotente, y por medio de ese nombre.
Pues he aquí, él juzga, y su juicio es justo; y el niño que muere en su infancia no perece; mas los hombres beben condenación para sus propias almas, a menos que se humillen y se vuelvan como niños pequeños, y crean que la salvación fue, y es, y ha de venir en la sangre expiatoria de Cristo, el Señor Omnipotente, y por medio de ella.
Porque el hombre natural es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamás, a menos que se someta al influjo del Santo Espíritu, y se despoje del hombre natural, y se haga santo por la expiación de Cristo el Señor, y se vuelva como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente infligir sobre él, tal como un niño se somete a su padre.
Y además, te digo que vendrá el día en que el conocimiento de un Salvador se esparcirá por toda nación, tribu, lengua y pueblo.
Y he aquí, cuando llegue ese día, nadie, salvo los niños pequeños, será hallado sin culpa ante Dios, sino por el arrepentimiento y la fe en el nombre del Señor Dios Omnipotente.
Y aun ahora, cuando hayas enseñado a los de tu pueblo las cosas que el Señor tu Dios te ha mandado, ya no son hallados entonces sin culpa a la vista de Dios, sino de acuerdo con las palabras que te he hablado. (Mosíah 3:11-22)
En consecuencia, sabemos que aquellos que viven sin ley, los niños y los que por alguna razón sean incapaces de entender la ley, no necesitan el arrepentimiento ni ser redimidos de la muerte espiritual, sino sólo ser rescatados de la muerte temporal. Y por ende, la expiación de Cristo es suficiente para ellos. Sobre este particular, Jacob declara:
Por tanto, él ha dado una ley; y donde no se ha dado ninguna ley, no hay castigo; y donde no hay castigo, no hay condenación; y donde no hay condenación, la clemencia del Santo de Israel los reclama por motivo de la expiación; porque el poder de él los libra.
Porque la expiación satisface lo que su justicia demanda de todos aquellos que no han recibido la ley, porque son librados de ese terrible monstruo, muerte e infierno, y el diablo, y el lago de fuego y azufre, que es tormento sin fin; y son restaurados a ese Dios que les dio aliento, el cual es el Santo de Israel.
¡Pero ay de aquel a quien la ley se ha dado; sí, que tiene todos los mandamientos de Dios, como nosotros, y los quebranta, y malgasta los días de su probación! porque su estado es terrible. (2 Nefi 9:25-27)
Y Alma enseña la misma doctrina:
Sí, y sé que el bien y el mal están ante todos los hombres; y quién no conoce el bien y el mal, no es culpable; mas al que distingue el bien y el mal le es dado según sus deseos, sea que busque el bien o el mal, la vida o la muerte, el gozo o el remordimiento de conciencia. (Alma 29:5)
También Mormón levanta su voz y nos dice:
Porque he aquí, todos los niños pequeñitos viven en Cristo, así como todos aquellos que están sin ley. Porque el poder de la redención comprende a todos aquellos que se hallan sin ley; por tanto, el que no ha sido condenado, o el que no está bajo condenación, no puede arrepentirse; y para el tal el bautismo de nada sirve; . . . (Moroni 8:22)
¿Qué pasa con aquellos que conocen la ley y están bajo condenación por causa de sus pecados, pequeños o grandes?
De acuerdo con el Libro de Mormón, no se ha previsto una redención general para este grupo. La justicia establece que una persona que a sabiendas transgrede una ley espiritual, se convierte en un extraño para sus semejantes y para Dios. Esta justicia no puede ser desmentida. El pago del pecado será siempre la muerte—la muerte a toda asociación espiritual, a la individualidad, a la capacidad personal de gozo alguno, a la condición de miembro del reino. Pero también de esta muerte puede ser el hombre redimido. No obstante, esta redención no puede ser lograda por el hombre solo—ni aun por Dios solo: es necesario que haya una reconciliación entre ambos. Un pecador no puede ser restituido a su posición original, a menos que sea perdonado por sus pecados o transgresiones. Consiguientemente, decimos que Cristo puede perdonar al pecador sólo bajo una condición—y esta condición es la de manifestar su fe en Cristo, arrepentirse de sus pecados y mostrar su deseo de venir a Él y de ser Su hijo por adopción, mediante el bautismo y el cumplimiento de Sus mandamientos. Sobre estas bases, Cristo está dispuesto a perdonar—y en consecuencia a salvar.
Amulek nos advierte que Dios no podrá salvar al hombre si éste no cumple previamente con su parte, y que en tal caso lo hará por intermedio de Su Hijo Unigénito. Leemos en el libro de Alma:
Y Zeedrom preguntó otra vez: ¿Quién es el que vendrá? ¿Es el Hijo de Dios?
Y él le contestó: Sí.
Y Zeezrom una vez más preguntó: ¿Salvará a su pueblo en sus pecados?
Y contestó Amulek, diciéndole: Te digo que no, porque le es imposible negar su palabra.
Entonces Zeezrom dijo al pueblo: Procurad recordar estas cosas; pues él ha dicho que no hay sino un Dios; no obstante, ha declarado que el Hijo vendrá, mas no salvará al pueblo; como si tuviese él la autoridad para mandar a Dios.
Y Amulek le habló de nuevo: He aquí, tú has mentido; pues dices que hablé como si tuviera autoridad para mandar a Dios, porque dije que no salvará a su pueblo en sus pecados.
Y te vuelvo a decir que no puede salvarlos en sus pecados; y yo no puedo negar su palabra, pues él ha dicho que nada inmundo puede heredar el reino del cielo; por tanto, cómo podéis salvaros si no heredáis el reino de los cielos?
Entonces Zeezrom volvió a preguntarle: ¿Es el Hijo de Dios el verdadero Eterno Padre?
Y le dijo Amulek: Sí, es el Padre Eterno mismo del cielo y de la tierra, y de todas las cosas que en ellos hay; es el principio y el fin, el primero y el último;
Y vendrá al mundo para redimir a su pueblo; y tomará sobre sí las transgresiones de aquellos que crean en su nombre; y éstos son los que tendrán la vida eterna, y nadie más alcanza la salvación. . . . (Alma 11:32-40)
El profeta Helamán confirma esta misma doctrina; hablando a sus hijos, dice:
¡Oh recordad, recordad, hijos míos, las palabras que el rey Benjamín habló a su pueblo! Sí, recordad que no hay otra vía ni medio por el cual se puede salvar al hombre, sino por la sangre expiatoria de Jesucristo, que ha de venir; sí, recordad que él viene para redimir al mundo.
Y acordaos también de las palabras que Amulek declaró a Zeezrom en la ciudad de Ammoníah; pues él dijo que el Señor vendría a redimir a su pueblo; pero que no vendría para redimirlos en sus pecados, sino para redimirlos de ellos. (Cursiva agregada)
Y ha recibido poder del Padre para redimir a los hombres de sus pecados por medio del arrepentimiento; por tanto, ha enviado a sus ángeles para declarar las nuevas de las condiciones que encierra el arrepentimiento, que conduce al poder del Redentor para la salvación de sus almas.
Recordad, pues, hijos míos, recordad que sobre la roca de nuestro Redentor, que es Cristo, el Hijo de Dios, debéis establecer vuestra fundación, para que cuando el demonio suelte sus impetuosos vientos, sí, y lance sus dardos en el torbellino, sí, cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azote, no tenga poder para arrastraros al abismo de miseria y angustia sin fin, a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, porque es una fundación segura, una fundación que el hombre que en ella edificare no caerá. (Helamán 5:9-12)
Y Moroni también dice al respecto:
Y ¡ay de aquellos que hicieren cesar estas cosas y murieren, porque morirán en sus pecados y no podrán ser salvos en el reino de Dios! Y lo digo de acuerdo con las palabras de Cristo, y no miento. (Moroni 10:26)
Cómo Redime Jesucristo de la Muerte Espiritual
El Libro de Mormón enseña que Cristo redime al hombre de la muerte espiritual, a través de las tres fases de Su Obra: Primero, Jesús enseñó Sus leyes a los hombres, para que pudieran discernir lo bueno de lo malo. Estas leyes fueron reveladas a los profetas y también dadas por testimonio mediante el Espíritu Santo, que orienta a los hombres hacia toda verdad.3 Segundo, Jesús mostró a los hombres, mediante una vida perfecta cuando habitó entre ellos, el camino que debían seguir.4 Y tercero, Jesús perdona a todo el que a Él viene. Comentando el efecto que las palabras del rey Benjamín causaron entre los miembros de la Iglesia, Mormón dice:
Y se habían considerado a sí mismos, en su estado carnal, aún menos que el polvo de la tierra. Y todos a una gritaron, diciendo: ¡ Oh, ten misericordia, y aplica la sangre expiatoria de Cristo para que recibamos el perdón de nuestros pecados y sean purificados nuestros corazones; porque creemos en Jesucristo, el Hijo de Dios, que ha creado el cielo, la tierra y todas las cosas; que bajará entre los hijos de los hombres!
Y aconteció que después de haber hablado estas palabras, el Espíritu del Señor descendió sobre ellos, y se llenaron de gozo, habiendo recibido la remisión de sus pecados, y teniendo la conciencia tranquila a causa de la fe que tenían en Jesucristo que había de venir, según las palabras que el rey Benjamín les había hablado. (Mosíah 4:2-3)
Moroni nos indica que Dios perdona abiertamente a los miembros de la Iglesia que verdaderamente se arrepienten. Estas son sus palabras:
Y se juntaban con frecuencia para participar del pan y vino, en memoria del Señor Jesús.
Y vigilaban cuidadosamente a fin de que no hubiese iniquidad entre ellos; y al que hallaban que había cometido iniquidad, y era condenado ante los élderes por tres testigos de la iglesia, y no se arrepentía ni confesaba, borraban su nombre, y no era contado entre el pueblo de Cristo.
Pero cuantas veces se arrepentía, y pedía perdón con verdadera intención, se le perdonaba. (Moroni 6:6-8)
Cuando Cristo resucitado visitó a los nefitas, habló a Sus discípulos acerca de los que se arrepintieran y se hicieran miembros de la Iglesia, y les dijo:
Y acontecerá en los postreros días, cuando el monte de la casa del Señor será establecido en la cima de las montañas, y se elevará sobre los collados, y todas las naciones correrán hacia él. (2 Nefi 12:2)
Cómo Obtuvo Jesús el Derecho y el Poder para Perdonar
Muchos se preguntarán: ¿Qué derecho tenía Jesús para perdonar a los hombres sus pecados, y con qué poder lo hacía?
Para poder comprender por qué no podemos ser salvos mediante otro nombre dado bajo los cielos, que no sea el de Jesucristo, debemos contestarnos primeramente dicha pregunta. El rey Benjamín, hablando del Salvador, dijo:
Ahora pues, a causa de la alianza que habéis hecho, seréis llamados progenie de Cristo, hijos e hijas de él, porque he aquí, hoy os ha engendrado él espiritualmente; pues decís que vuestros corazones han cambiado por la fe en su nombre; por tanto, habéis nacido de él y habéis llegado a ser sus hijos y sus hijas.
Y bajo este título sois rescatados, y no hay otro título por medio del cual podéis ser librados. No hay otro nombre dado por el cual viene la salvación; por tanto, quisiera que tomaseis sobre vosotros el nombre de Cristo, todos los que habéis hecho convenio con Dios de ser obedientes hasta el fin de vuestras vidas. (Mosíah 5:7-8)
Jesucristo se ganó el derecho y el poder para perdonar, mediante Su servicio eterno para con nosotros y a través del sacrificio que lo llevó más allá del valle de las sombras—a la muerte misma—, para que podamos, mediante el arrepentimiento, ser rescatados de nuestros pecados. Él fue el Creador, el Maestro, el Legislador; y finalmente, El permitió que su sangre fuera derramada para beneficio nuestro—llegando a ser nuestro Redentor. Tal como Nefi lo declara:
Por tanto, la redención viene en y por el Santo Mesías; porque es lleno de gracia y de verdad.
He aquí, él se ofrece a sí mismo en sacrificio por el pecado, para satisfacer las demandas de la ley por todos los quebrantados de corazón y contritos de espíritu; y por nadie más se responde a los requerimientos de la ley. (2 Nefi 2:6-7)
Y también Abinadí asevera:
Y así la carne se sujeta al Espíritu, o el Hijo al Padre, siendo un Dios, y sufrirá tentaciones, pero no cederá a ellas, sino que permitirá que su pueblo se burle de él, y lo azote, lo eche fuera y lo repudie.
Y tras de todo esto, después de haber obrado muchos grandes milagros entre los hijos de los hombres, será conducido, si, según dijo Isaías: Como oveja ante el trasquilador permanece muda, así él no abrió su boca.
Sí, de este modo será llevado, crucificado y muerto; y la carne se sujetará aun hasta la muerte, la voluntad del Hijo incorporada en la voluntad del Padre.
Y así Dios rompe las ligaduras de la muerte por su victoria sobre ella, dando al Hijo poder para interceder por los hijos de los hombres.
Habiendo ascendido al cielo, henchidas de misericordia sus entrañas, lleno de compasión hacia los hijos de los hombres; interponiéndose entre ellos y la justicia; habiendo deshecho los lazos de la muerte, tomando sobre sí la iniquidad y transgresiones de los hombres, habiéndolos redimido y satisfecho las exigencias de la justicia.
Y ahora os pregunto: ¿Quién declarará su generación? He aquí, os digo que cuando su alma haya sido sacrificada por el pecado, él verá su posteridad. Y ahora, ¿qué decís vosotros? ¿Quién será su linaje? (Mosíah 15:5-10)
¿En qué manera satisfizo la ley el sacrificio de Jesús? Amulek nos lo contesta:
Y he aquí que ahora yo os testificaré de mí mismo que estas cosas son verdaderas. He aquí, os digo que yo sé que Cristo vendrá entre los hijos de los hombres para tomar sobre sí las transgresiones de su pueblo y expiar los pecados del mundo, porque el Señor Dios lo ha dicho.
Porque es necesario que haya una expiación; pues según el gran plan del Dios Eterno debe haber una expiación o de lo contrario, todo el género humano inevitablemente tendrá que perecer; sí, todos se han obstinado; si, todos han caído y están perdidos, y, de no ser por la expiación que es necesario que se haga, deben perecer.
Porque es preciso que haya un gran y postrer sacrificio; no un sacrificio de hombre, ni de bestia, ni de ninguna clase de ave; pues no debe ser un sacrificio humano, sino un sacrificio infinito y eterno.
Y no hay hombre alguno que pueda sacrificar su propia sangre para expiar los pecados de otro. Porque si un hombre mata, he aquí ¿tomará nuestra ley, que es justa, la vida de su hermano? Os digo que no.
Sino que la ley exige la vida de aquel que ha asesinado; por tanto, nada que no sea una expiación infinita puede responder por los pecados del mundo.
De modo que es menester un gran y postrer sacrificio; y entonces se pondrá, o será preciso que se ponga fin al derrame de sangre; entonces quedará cumplida la ley de Moisés; sí, será totalmente cumplida, sin faltar una jota o una tilde, y nada se habrá pasado.
Y he aquí, éste es el significado entero de la ley, pues todo ápice señala a ese gran y postrer sacrificio; y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios; sí, infinito y eterno.
Por tanto, traerá la salvación a cuantos creyeren en su nombre; pues el propósito de este último sacrificio es poner por obra la misericordia, que sobrepuja la justicia y provee a los hombres la manera de poder tener fe para arrepentirse.
Y así la misericordia puede satisfacer las exigencias de la justicia, y ciñe a los hombres con brazos de seguridad; mientras que aquel que no ejerce la fe hasta arrepentirse, queda abandonado a todas las disposiciones de las exigencias de la justicia; por tanto, sólo para aquel que tiene fe para arrepentirse se realizará el gran y eterno plan de la redención. (Alma 34:8-16)
1 2 Nefi 9:22; Alma 11:41; 3 Nefi 26:4.
2 Véase también Doc. y Con. 19:15-20.
3 Moroni 10:5-7.
4 1 Nefi 11; 2 Nefi 31:1-11; 3 Nefi 27:1-33; Mormón 9:2-36.

























Gracias por tan importante altura Gracias bendiciones saludos
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Gracias por este bello mensaje Gracias excelente explicacion
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