Enseñanzas del Libro de Mormón

Capítulo 11

El principio de la fe


Cuando discutimos acerca del principio de la fe, no podemos menos que contar con una comprensible audiencia, puesto que la misma es generalmente aceptada y considerada como una fuerza impulsora a toda acción. Pero cuando decimos que la fe en Jesucristo, el Señor, es el primer principio del evangelio, oímos que las voces de la divergencia se levantan. Aunque la inmensa mayoría desea cultivar su alma, no todos concuerdan en cuanto al mejor camino a seguir para ello. Por ejemplo, los Unitarios no consideran necesaria la fe en Jesús de Nazaret como Señor, pese al noble concepto del desarrollo moral que profesan, mientras que muchísimas personas buenas ni siquiera conocen el nombre de Jesu­cristo.

Debemos reconocer que las leyes del desarrollo moral y espiri­tual no surgieron de las palabras de Jesucristo cuando andaba por las playas del mar de Galilea, ni cuando visitó a los nefitas en el continente americano. El no hizo otra cosa, entonces, que declarar dichas leyes tal como habían existido y existirían siempre. En efecto, el Salvador sólo repetía las grandes verdades que El mismo, cuando era Jehová, había dado a Adán en el principio y reiterado a los profetas, de tiempo en tiempo, a medida que éstos eran dignos de recibirlas. Jesús no estaba tratando de encontrar un nuevo camino: Él estaba mostrándolo. Porque el Camino fue determi­nado antes de que el mundo fuera organizado.

Por consiguiente, no es extraño que haya gentes practicando los mismos principios de vida en diversas partes del mundo sin que lo reconozcan o crean en Jesucristo, que fue quien los dio a los hombres en el principio.

La ley del progreso eterno es parte primordial del evangelio de Jesucristo. Y mientras que su conocimiento reducido esté limi­tado a un mundo temporal y efímero, el hombre podrá entender la vida sólo por medio de las enseñanzas de Cristo, en cuanto a las cosas eternas. Por lo tanto, el primer principio del evangelio es la fe en lo que de tal manera Él nos enseñe, ya que para aceptar todas Sus instrucciones respecto de la vida eterna y seguirlas, de­bemos reconocer y creer primeramente en dicha existencia. Sin esta fe, todas las ordenanzas tales como el bautismo, el casamiento por la eternidad, la obra vicaria y otras prácticas orientadas, al menos parcialmente, hacia una vida posterior a la presente, serían com­pletamente inútiles.

Esta fue la fe que predicaron los nefitas. La fe de esta gente estaba concentrada en Jesucristo; sabían que sólo por medio de El podrán los hombres alcanzar la paz y el gozo eternos. No era pre­cisamente la simple fe de un niño la que tenían, sino la fe profunda del hombre maduro, nacida de la experiencia. Y tampoco era es­téril. La fe de los profetas nefitas fue fructífera; y sus frutos eran buenos.

Los Orígenes de la Fe

Alma enseñó que la fe es nacida de la experiencia. Estas son sus palabras:

Compararemos, pues, la palabra a una semilla. Si dais lugar en vuestros corazones para plantar una semilla, y si es una semilla verdadera o buena, y no la echáis fuera por vuestra incredulidad, resistiendo al Espíritu del Señor, he aquí que empezará a germinar en vuestro pecho; y al percibir este creci­miento, empezaréis a decir dentro de vosotros: Esta semilla forzosamente es buena, o la palabra es buena, porque empieza a ensanchar mi alma y a ilumi­nar mi inteligencia; sí, empieza a ser deliciosa para mí.

Y he aquí, por haber probado el experimento y sembrado la semilla, y porque ésta se hincha, brota y empieza a crecer, sabéis por fuerza que la semilla es buena.

Y he aquí ¿es perfecto vuestro conocimiento? Sí, vuestro conocimiento es perfecto en esta cosa, y vuestra fe queda inactiva; y es por motivo de que sabéis; porque no ignoráis que la palabra ha ensanchado vuestras almas, y también sabéis que ha germinado, que vuestra inteligencia empieza a iluminarse y vuestro entendimiento a desarrollarse.

He aquí, os digo que no; ni tampoco debéis dejar a un lado vuestra fe, porque tan sólo habéis ejercitado vuestra fe para sembrar la semilla, a fin de llevar a cabo el experimento para saber si la semilla era buena.

Pero si cultiváis la palabra, si mientras el árbol empieza a crecer lo alimentáis con vuestra fe, con gran diligencia y paciencia, teniendo espe­ranza en su fruto, echará raíz; y he aquí, será un árbol que brotará para vida eterna. (Alma 32:28, 33, 34, 36, 41)

Y también nos definió lo que es la fe, diciendo:

Por tanto, benditos son aquellos que se humillan sin verse obligados a ser humildes; o mejor dicho, bendito es el que cree en la palabra de Dios, y es bautizado sin obstinación de corazón; sí, sin haber sido persuadido a cono­cer la palabra, o siquiera compelido a saber, antes de creer.

Sí, hay muchos que dicen: Si nos muestras una señal del cielo, de seguro sabremos; y entonces creeremos.

Pero yo os pregunto: ¿Es fe esto? He aquí, os digo que no; porque si un hombre sabe una cosa, no tiene necesidad de creer, porque sabe.

Luego ¿cuánto más maldito el que conoce la voluntad de Dios y no la cumple, que el que sólo cree o solamente tiene motivo para creer, y cae en transgresión?

Ahora bien, sobre este asunto habéis de juzgar. He aquí, os digo que así será por una parte como por la otra; y todo hombre recibirá según sus obras.

Y como decía concerniente a la fe: Fe no es tener un conocimiento per­fecto de las cosas; de modo que si tenéis fe, tenéis esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas. (Alma 32:16-21)

Similar es la definición dada por Moroni, quien declaró que:

. . .la fe consiste en las cosas que se esperan y no se ven; así pues, no contendáis porque no veis, porque no recibís el testimonio sino hasta después que vuestra fe ha sido puesta a prueba.

Porque fue por la fe que Cristo se mostró a nuestros padres, después de haber resucitado de los muertos; y no se manifestó a ellos sino hasta que tuvieron fe en él, puesto que no se mostró al mundo. (Éter 12:6-7)

El concepto de Moroni, de que todos los hombres son bende­cidos porque algunos tienen fe, concuerda con la palabra revelada al profeta José Smith en estos últimos días. Así dice el Señor:

A algunos el Espíritu Santo les da a saber que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que fue crucificado por los pecados del mundo.

A otros, el creer en las palabras de aquéllos para que también tengan vida eterna, si es que continúan fieles. (Doc. y Con. 46:13-14. Véase también 42:52 y 88:118. Asimismo, en Éter 12:1-32, 38-41, encontramos un buen tratado sobre la fe.)

Notemos que Mormón destaca una firme relación entre fe y esperanza, cuando dice:

¿Cómo podéis lograr la fe, si no tenéis esperanza? Y ¿qué es lo que habéis de esperar? He aquí, os digo que debéis tener esperanza de que, por medio de la expiación de Cristo y el poder de su resurrección, seréis resuci­tados a la vida eterna, y esto a causa de vuestra fe en él, de acuerdo con la promesa.

De manera que si un hombre tiene fe, es necesario que tenga esperanza; porque sin fe no puede haber esperanza. (Moroni 7:40-42)

El último de los profetas nefitas declaró:

Y si no tenéis esperanza, debéis hallaros en la desesperación; y la deses­peración viene por causa de la iniquidad. (Moroni 10:22)

Posteriormente, manifestó que si algún día dejaran de existir los dones de Dios, sería exclusivamente por motivo de la incredu­lidad.1

Resultados de la Fe Practicada

En el Libro de Mormón encontramos muchas referencias al hecho de que el Señor ha dado luz y conocimiento adicionales a Su pueblo, gracias a la fe de individuos y naciones. Por motivo de su fe, Nefi pudo obtener una visión de la venida del Hijo de Dios en la carne.2 Debido a su fe, Alma recibió la visita de un ángel que le instruyó acerca del mundo espiritual.3 A raíz de la fe que en él observó, el Señor enseñó a Mormón con respecto al bautismo de los niños.4 Y por la fe pudo el hermano de Jared ver el cuerpo de Jesucristo y saber de la misión terrenal del Hijo de Dios.5

Fue también mediante la fe de los de la Iglesia y de Alma, el mayor, que el Señor accedió a rescatar de su maldad al hijo de aquél:

Y también dijo el ángel: He aquí, el Señor ha oído las oraciones de su pueblo, y también la oración de su siervo Alma, tu padre; porque él ha rogado con gran fe en cuanto a ti, para que seas traído al conocimiento de la verdad; por tanto, con este fin he venido a convencerte del poder y la autoridad de Dios, para que las oraciones de sus siervos sean correspondidas según su fe. (Mosíah 27:14)

Por la fe fueron sanados los enfermos y realizados muchos milagros. Pero principalmente por la fe los hombres guardaron los mandamientos de Dios, por lo que encontraron la felicidad en la tierra.


1  Moroni 10:24-25.
1 Nefi 11.
3  Alma 40:11.
 4  Moroni 8:5-8.
Éter 3:1-16.

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2 Responses to Enseñanzas del Libro de Mormón

  1. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Gracias por tan importante altura Gracias bendiciones saludos

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  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Gracias por este bello mensaje Gracias excelente explicacion

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