Capítulo 16
Discernimiento de lo Bueno
Cuando vemos que nuestros vecinos se mofan de la palabra de Dios y aun así prosperan o cuando observamos que los hombres quebrantan deliberadamente los mandamientos de Dios, menosprecian las iglesias y encuentran en la religión y la piedad un motivo de risa o diversión, no podemos menos que preguntarnos si la bondad tiene realmente recompensa. El Salmista dijo:
Jehová prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece.
Sobre los malos hará llover calamidades; fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos. (Salmos 11:5-6)
Pero parece evidente que las lluvias caen tanto sobre los justos como sobre los injustos.1 Las enfermedades no respetan a nadie; las rocas no miran dónde han de caer; las guerras no aceptan “cordón de seguridad” alguno para los inocentes. . . .
También es sabido que en diversos lugares y entre distintas clases de gentes, aquello de “¡Comed, bebed y divertíos, que mañana moriremos!” es una doctrina que ha conseguido miles de adeptos y predicadores.
En realidad, no podemos encontrar en esta vida una total compensación por todo lo bueno o todo lo malo que hacemos. En su obra “Compensación”, Emerson intentó definir el progreso y la condenación correspondientes a cada acto terrenal del hombre, pero muy pocos concuerdan en que su trabajo sea algo acertado y completo. Platón, el famoso sabio griego, creyó evidentemente en una compensación cabal para todas las cosas, y no podía él concebir la existencia de un mundo que ignorara la justicia final, pero tampoco pudo encontrar una completa compensación en la vida mortal y llegó a la conclusión de que el hombre tendría, en consecuencia, que acreditar sus acciones para una vida venidera.
Los escritores del Libro de Mormón testifican haber encontrado muchas compensaciones por sus vidas honestas, y aunque manifestaban que la vida honesta en sí misma, es sinónimo de felicidad, reconocían que ésta continuaría y sería aún aumentada en la vida venidera. A juicio de las profetas nefitas, no se trataba de una mera compensación—tal recompensa por ésta o aquella bondad—, sino de una continuación aun de eternas bendiciones o miserias como resultado de nuestras elecciones en la carne.
Al alentarles a vivir una vida honesta, usando la definición de una idea opuesta (“La maldad nunca fue felicidad”2), Alma enseñó a sus hijos que la bondad y la dicha son sinónimos, agregando:
. . .todos los hombres que se hallan en un estado natural, o más bien, en un estado carnal, están en la hiel de amargura y en las ligaduras de la iniquidad se encuentran sin Dios en el mundo, y han obrado contra la naturaleza de Dios; por tanto, se hallan en un estado que es contrario a la naturaleza de la felicidad. (Alma 41:11)
Esta doctrina nos da a entender que la felicidad no puede ser medida por las manifestaciones exteriores, sino a través de la paz interior. Dejando atrás los placeres de Jerusalén, el gran profeta Nefi soportó en el calor del desierto grandes y agotadoras tareas y tribulaciones, a la par que la persecución y el mal entendimiento de sus hermanos mayores. Y aun así, tuvo su alma expresiones como ésta:
He aquí, mi alma se deleita en las cosas del Señor, y mi corazón medita sin cesar lo que he visto y oído.
Sin embargo, a pesar de la gran bondad del Señor en mostrarme sus grandes y maravillosas obras, mi corazón exclama: ¡Oh, miserable hombre de mí! Sí, mi corazón se entristece a causa de mi carne. Mi alma se aflige a causa de mis iniquidades.
Me hallo sitiado a causa de las tentaciones y pecados que tan fácilmente me envuelven.
Y cuando deseo regocijarme, mi corazón gime a causa de mis pecados; no obstante, sé en quién he confiado.
Mi Dios ha sido mi apoyo; me ha guiado en mis aflicciones por el desierto; y me ha preservado sobre las aguas del mar.
Me ha henchido con su amor hasta consumir mi carne.
Ha confundido mis enemigos hasta hacerlos temblar ante mí.
He aquí, él ha oído mi clamor durante el día, y me ha dado conocimiento en visiones durante la noche.
De día me he esforzado en ferviente oración ante él, sí, he elevado mi voz a las alturas; y bajaron ángeles y me atendieron.
Y mi cuerpo ha sido conducido en las alas de su Espíritu hasta montañas muy altas; y mis ojos han visto grandes cosas, sí, demasiado grandes para el hombre; por lo tanto, se me mandó que no las escribiera.
Entonces, si he visto tan grandes cosas, si el Señor en su condescendencia hacia los hijos de los hombres los ha visitado con tanta misericordia, ¿por qué llora mi corazón, y se detiene mi alma en el valle del dolor, y mi carne se disipa, y mi fuerza fallece por causa de mis aflicciones?
Y ¿por qué he de ceder al pecado por causa de mi carne? Sí, ¿y por qué sucumbiré a las tentaciones, dando lugar al malvado en mi corazón para que destruya mi paz y contriste mi alma? ¿Por qué me pongo enojado a causa de mi enemigo?
¡Despierta, pues, alma mía! No desfallezcas más en el pecado. ¡Regocíjate, oh corazón mío! No des más lugar al enemigo de mi alma.
No te enojes más a causa de mis enemigos, ni debilites mis fuerzas por causa de mis aflicciones.
¡Regocíjate, oh mi corazón! Clama al Señor y dile: ¡Oh Señor, yo te alabaré para siempre! Sí, mi alma se regocijará en ti, ¡oh mi Dios y roca de mi salvación!
¿Redimirás mi alma, oh Señor? ¿Me librarás de las manos de mis enemigos? ¿Me harás temblar ante el pecado?
¡Estén cerradas continuamente ante mí las puertas del infierno, pues quebrantado está mi corazón y contrito mi espíritu! No me cierres, oh Señor, las puertas de tu justicia, para que pueda andar por la senda del valle dócil y pueda ceñirme al camino llano.
¡Oh Señor, envuélveme con el manto de tu justicia! ¡Prepara, oh Señor, un camino para escapar de mis enemigos! Endereza mi sendero delante de mí. No pongas tropiezo en mi camino, sino despeja mis vías ante mí; y no obstruyas mi sendero, sino más bien las sendas de mi enemigo.
¡Oh Señor, en ti tengo puesta mi confianza, y en ti confiaré para siempre! No pondré mi confianza en el brazo de la carne; porque sé que maldito es aquel que confía en el brazo de la carne. Sí, maldito es aquel que pone su confianza en el hombre, o hace de la carne su sostén.
Sí, sé que Dios dará liberalmente a quien pida. Sí, mi Dios me dará, si no pido impropiamente. Por lo tanto elevaré hacia ti mi voz, sí, clamaré a ti, mi Dios, roca de mi justicia. He aquí, mi voz se elevará sin cesar hacia ti, mi roca y mi Dios eterno. Amén. (2 Nefi 4:10-35)
Los profetas nefitas nos aseguran que la rectitud y la honestidad nos llevan a entender mejor los planes del Señor, y que este mismo entendimiento nos producirá un mayor gozo. Estas fueron las palabras del ángel al rey Benjamín;
. . . Despierta y oye las palabras que te voy a decir; pues he aquí, vengo a declararte alegres nuevas de gran gozo.
Porque el Señor ha oído tus oraciones, ha considerado tu rectitud y me ha enviado para declarártelas a fin de que puedas regocijarte; y para que las declares a los de tu pueblo, a fin de que ellos también puedan llenarse de gozo. (Mosíah 3:3-4)
El ángel explica luego que Jesucristo bajará de los cielos para morar entre los hombres, a fin de enseñarles y sanarles, y de redimirles de sus pecados y levantarles a una vida eterna.3
Hablando del pueblo como una colectividad, los profetas nefitas identificaron un directo valor para una vida buena, en la protección divina y la prosperidad temporal. Con respecto a la historia del pueblo de Israel en la Tierra Santa, Nefi describe una interesante interpretación, mencionando la directa intervención del Señor en los asuntos del país, haciendo destacar que El permitía la destrucción de los pueblos que vivían en la iniquidad y la prosperidad de los que recordaban y respetaban al Señor.4
Nefi enseñó, asimismo, que el Señor no iba a permitir que el inicuo prevaleciera sobre el justo, sino que
. . . protegerá a los justos con su poder, aunque tenga que venir la plenitud de su cólera, y serán preservados aun hasta la destrucción de sus enemigos por fuego. Así pues, los justos no deben temer; porque así dice el profeta: Se salvarán, aun cuando tenga que ser como por fuego. (1 Nefi 22:17; para un mayor comprensión, léanse los versículos 15 al 26)
Hablando también del pueblo como una comunidad, Lehi declaró:
. . .el Señor Dios ha dicho: En tanto que guardéis mis mandamientos, prosperaréis en el país; pero si no guardáis mis mandamientos, seréis desechados de mi presencia. (2 Nefi 4:4)
Y el rey Benjamín repite el mismo concepto:
… he aquí, todo cuanto él pide de vosotros es que guardéis sus mandamientos; y os ha prometido que si guardáis sus mandamientos, prosperaréis sobre la tierra; y él es invariable en lo que ha dicho; por tanto, si guardáis sus mandamientos, os bendecirá y os hará prosperar. (Mosíah 2:22)
Pareciera a veces que la doctrina de la recompensa por lo bueno y el castigo por lo malo no se aplica al individuo. Realmente no es así, sino que una vez que el Espíritu del Señor se aparta de uno, generalmente la pérdida de nuestras bendiciones demora en manifestarse exteriormente. Los injustos suelen beneficiarse, asimismo, indirectamente con las bendiciones que el Señor derrama sobre los justos. Es muy frecuente ver que la caída de una persona inicua es tan paulatina, que hasta pareciera estar siendo bendecida pese a los pecados que comete; pero, a menos que esa persona se arrepienta, su caída es inevitable, no importa cuán lenta sea.
1 Mateo 5:45.
2 Alma 41:10.
3 Ibid., 3:5-17.
4 1 Nefi 17:25-44.

























Gracias por tan importante altura Gracias bendiciones saludos
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Gracias por este bello mensaje Gracias excelente explicacion
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