Ven, sígueme — Doctrina y Convenios 19
3 – 9 marzo: “Aprende de mí”
Contexto Histórico de Doctrina y Convenios 19
Un Llamado a Sacrificar Todo por la Obra de Dios
Era el verano de 1829, y el joven profeta José Smith estaba en un momento crucial de su misión. Había recibido la traducción del Libro de Mormón, y la publicación del sagrado registro estaba cada vez más cerca. Sin embargo, un gran obstáculo se interponía en su camino: el costo de impresión.
Martin Harris, un agricultor acomodado de Palmyra, Nueva York, se había convertido en un seguidor clave de la obra y ya había demostrado su fe al apoyar financieramente a José. Sin embargo, todavía estaba marcado por la amarga experiencia de haber perdido las 116 páginas del manuscrito y se encontraba en un dilema interno: ¿realmente debía hipotecar su granja para financiar la impresión del libro? ¿Era esta la voluntad de Dios, o estaba arriesgando su estabilidad económica en una causa incierta?
En este contexto de dudas y sacrificio, el Señor le dio a José Smith una revelación dirigida a Martin Harris, ahora registrada en Doctrina y Convenios 19. En ella, el Señor no solo le habló de su naturaleza eterna y del significado del sufrimiento expiatorio de Cristo, sino que también le hizo un llamado directo a la obediencia y al sacrificio. El Señor le aseguró que debía confiar en Él y no temer perder sus bienes terrenales, pues la salvación de las almas valía mucho más.
La revelación fue profunda y poderosa. En ella, Dios habló con gran claridad sobre la realidad del sufrimiento en el infierno, pero también explicó que su castigo es “sin fin” no porque sea interminable, sino porque Él mismo es “sin fin” y su justicia es eterna. Asimismo, testificó de la expiación de Jesucristo de una manera extraordinariamente personal, describiendo su propio sufrimiento en términos desgarradores: “Yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan si se arrepienten.”
Conmovido y convencido por esta revelación, Martin Harris finalmente decidió hipotecar su propiedad para financiar la impresión del Libro de Mormón. Gracias a su sacrificio, E. B. Grandin imprimió 5,000 copias en marzo de 1830, allanando el camino para la restauración del evangelio y la conversión de miles.
Así, Doctrina y Convenios 19 es más que una simple instrucción financiera; es un poderoso recordatorio del sacrificio, la fe y la promesa de la redención. En sus palabras resuena el mensaje de que, aunque Dios nos pide grandes sacrificios, sus bendiciones son infinitamente mayores.
Este pasaje de Doctrina y Convenios 19 contiene profundas verdades sobre la naturaleza de Dios, la expiación de Jesucristo y el juicio divino.
1. La autoridad de Dios sobre la salvación y el juicio (versículos 1–3)
“Yo soy Alfa y Omega, Cristo el Señor; sí, yo soy él, el principio y el fin, el Redentor del mundo.” (versículo 1)
Aquí, el Salvador reafirma su identidad como Alfa y Omega, título que significa que Él es el principio y el fin de todas las cosas (Apocalipsis 1:8). Este versículo establece su papel como Redentor, enfatizando que el plan de salvación es central en su obra.
“Habiendo ejecutado juicio sobre todos, y habiendo redimido a todos los que creen en mi nombre; y en virtud del poder de mi ungimiento, he puesto a mi diestra a los justos en la santa ciudad.” (versículo 2)
Cristo deja claro que su papel como juez y Redentor es inseparable. Los que creen en Él y se arrepienten reciben la redención y son colocados a su “diestra”, lo que simboliza su favor y la exaltación en el reino celestial (Mateo 25:33-34).
“Por tanto, yo mando a todos los hombres en todas partes que se arrepientan, porque vendrá el día en que yo juzgaré a todos según sus obras.” (versículo 3)
La doctrina del arrepentimiento se presenta aquí como un mandato universal. Todos serán juzgados según sus obras, lo que enfatiza la combinación de la misericordia y la justicia en el plan de Dios. El juicio divino no es arbitrario, sino que se basa en las elecciones individuales de cada persona (Apocalipsis 20:12).
2. El significado de los términos “castigo eterno” y “sin fin” (versículos 4–7)
“Porque el castigo que de mí se decreta es sin fin; y el tormento que de mí se decreta es eterno tormento.” (versículo 6)
En este pasaje, el Señor introduce un concepto clave: cuando Él usa términos como “sin fin” o “eterno”, no necesariamente significan un sufrimiento infinito en duración. Más adelante, en los versículos 10-12, explica que estos términos derivan de su propio nombre (“Eterno es mi nombre”), lo que significa que el castigo es de Dios, pero no que no tenga fin.
Este concepto es vital para comprender la justicia de Dios. No todos los castigos son eternos en duración, pero sí son serios y provienen de un Dios eterno.
“Por tanto, yo os explico este misterio, para que no os destruyáis a vosotros mismos.” (versículo 8)
Dios explica esta doctrina para que las personas no caigan en la desesperación o en la incredulidad. Algunos pueden pensar erróneamente que Dios es cruel si su castigo es interminable. Otros, si no comprenden la severidad del castigo, podrían pecar sin temor a las consecuencias. Al aclarar esto, el Señor equilibra justicia y misericordia.
3. El propósito del castigo y la invitación al arrepentimiento (versículos 9–12)
“He aquí, la sabiduría está en mí; por tanto, no os equivoquéis, ni razonéis en vuestros corazones concerniente a estas cosas.” (versículo 10)
Dios advierte contra confiar en el razonamiento humano por encima de la revelación divina. Esto es importante porque los conceptos de justicia y misericordia pueden parecer contradictorios desde una perspectiva mortal, pero en la sabiduría de Dios se armonizan perfectamente.
“No es escrito que no haya fin a este tormento, sino que es escrito tormento eterno.” (versículo 11)
Aquí, el Señor corrige la falsa idea de que el castigo es sin fin en duración. Se llama “eterno” porque proviene de Él, pero tiene un propósito correctivo.
“He aquí, yo soy Alfa y Omega.” (versículo 12)
El Salvador vuelve a enfatizar su autoridad divina y su papel como principio y fin de todo. Esta frase refuerza que Él es quien establece los términos de la salvación y el castigo, y que su expiación es la clave para escapar del sufrimiento eterno.
La misericordia y la justicia de Dios
Doctrina y Convenios 19:1–12 presenta una enseñanza profunda sobre la naturaleza del juicio de Dios. Se destaca que:
- Cristo es el Redentor y Juez – Su juicio se basa en nuestras obras, pero su expiación proporciona un camino hacia la redención.
- Los términos “eterno” y “sin fin” reflejan la naturaleza de Dios, no la duración infinita del castigo – El sufrimiento en el infierno es real, pero su duración depende del arrepentimiento.
- Dios advierte contra confiar solo en el razonamiento humano – La revelación es la clave para entender la justicia y la misericordia de Dios.
En última instancia, esta revelación reafirma que la justicia de Dios es perfecta y que su misericordia se extiende a todos los que eligen arrepentirse.
¿Por qué era importante para Martin Harris saber esto acerca del Señor?
Para Martin Harris, la revelación en Doctrina y Convenios 19 era crucial porque enfrentaba una decisión difícil y de gran sacrificio: hipotecar su propiedad para financiar la impresión del Libro de Mormón. Como ser humano, Martin probablemente tenía temor de perder su estabilidad financiera y de tomar una decisión equivocada.
El Señor le reveló verdades fundamentales sobre su propia identidad y la naturaleza del castigo eterno. Al explicarle que términos como “tormento eterno” y “castigo sin fin” no significaban un sufrimiento interminable, sino un castigo que proviene de Dios, el Señor disipó posibles malentendidos sobre su justicia y misericordia. Esto pudo haber dado a Martin la confianza de que, aunque el sacrificio era grande, Dios no lo abandonaría y sus promesas eran seguras.
Además, al recordar a Martin que Él es “Alfa y Omega”, el Señor le aseguraba que su obra es eterna, que Él conoce el final desde el principio y que confiar en Él es la mejor decisión. Saber que Dios es el Redentor y el Juez justo le habría dado a Martin la paz para actuar con fe en lugar de miedo.
¿Por qué es importante para mí saberlo?
Estas verdades siguen siendo fundamentales hoy en día. Saber que el castigo divino es real, pero que la misericordia de Dios es infinita, ayuda a equilibrar el temor y la esperanza. Nos recuerda que Dios es justo y que nuestras acciones tienen consecuencias, pero también que siempre hay un camino de regreso mediante el arrepentimiento.
También es importante recordar que Jesucristo es el principio y el fin, lo que significa que Él tiene el control absoluto de todas las cosas. En momentos de incertidumbre, cuando enfrentamos pruebas o decisiones difíciles, podemos confiar en que el Señor conoce el desenlace y que si actuamos con fe, Él proveerá. Así como Martin tuvo que confiar en Dios en un momento de sacrificio, nosotros también debemos aprender a confiar en que Dios cumplirá sus promesas en nuestra vida.
¿Por qué piensas que a Jesucristo se le llama “el principio y el fin”?
El título “Alfa y Omega” (Doctrina y Convenios 19:1) proviene del griego y hace referencia a la primera y última letra del alfabeto, simbolizando que Cristo es el principio y el fin de todas las cosas. Hay varias razones por las cuales se le llama así:
- Cristo es el Creador y el Consumador
- En Juan 1:3 se enseña que “todas las cosas por él fueron hechas”. Él fue el agente de la creación bajo la dirección del Padre.
- También será quien lleve todas las cosas a su cumplimiento en la Segunda Venida y en la exaltación de los justos.
- Él es el principio y el fin del plan de salvación
- La expiación de Cristo es el evento central de toda la historia de la humanidad. Sin ella, la Creación y la vida terrenal no tendrían propósito.
- En la eternidad, Cristo también será quien concluya la obra de salvación al presentar el reino al Padre (1 Corintios 15:24-28).
- Él está presente en cada etapa de nuestra vida espiritual
- Desde el principio, antes de nacer, Él nos conocía y preparó el plan de redención (Jeremías 1:5).
- Él es nuestro Salvador en la vida mortal y nos guiará hasta el final de nuestra jornada terrenal.
- Al final, será nuestro Juez y Abogado (2 Nefi 2:5-6).
En resumen, Cristo es el principio porque es el Creador y el Salvador, y es el fin porque es el cumplimiento de todas las promesas de Dios. Esta verdad nos da confianza para seguir adelante con fe, sabiendo que Él conoce nuestro destino eterno y nos ayudará a llegar a Él si seguimos su camino.
Aplicación Personal de Doctrina y Convenios 19:1–12
Las enseñanzas de este pasaje tienen una gran relevancia para nuestra vida diaria. A partir de ellas, podemos extraer principios clave que nos ayudarán a fortalecer nuestra fe, tomar decisiones con confianza y vivir con un mayor propósito.
1. Confiar en el Señor cuando nos pide sacrificios
Martin Harris tuvo que sacrificar algo valioso (su propiedad) para contribuir a la obra del Señor. A veces, el Señor nos pedirá que hagamos sacrificios en nuestras vidas—ya sea tiempo, recursos, comodidad o incluso nuestras propias voluntades.
Pregúntate: ¿Hay algo que el Señor me está pidiendo que haga o que sacrifique por su obra? Puede ser dedicar más tiempo al servicio, pagar un diezmo fielmente, o confiar en Él en decisiones difíciles. Saber que Él es el “principio y el fin” nos ayuda a actuar con fe, sabiendo que todo sacrificio por su causa tiene un propósito eterno.
2. No temer al juicio de Dios, pero tomar en serio el arrepentimiento
El Señor nos enseña que el castigo eterno no significa necesariamente sufrimiento sin fin, sino que es su castigo justo y divino. Sin embargo, también deja claro que el arrepentimiento es la única forma de evitar ese castigo.
En lugar de vivir con miedo al juicio, debemos enfocarnos en vivir dignamente y en arrepentirnos con sinceridad. ¿Estoy aprovechando el don del arrepentimiento cada día? ¿Hay algo en mi vida que necesito cambiar antes de que sea demasiado tarde? El arrepentimiento no es una carga, sino un regalo que nos libera y nos acerca a Dios.
3. Recordar que Dios ve el panorama completo
Jesús se identifica como “Alfa y Omega” porque ve el principio y el fin de todas las cosas. Nosotros solo vemos el presente y, a veces, podemos sentirnos inseguros o confundidos sobre nuestras decisiones.
Si estás en una etapa de incertidumbre, confía en que Dios tiene el control. Aunque no entiendas completamente el propósito de ciertas pruebas o desafíos, recuerda que el Señor ve más allá y sabe lo que es mejor para ti. Esforcémonos por confiar en su guía en lugar de depender solo de nuestro propio entendimiento (Proverbios 3:5-6).
4. Evitar el razonamiento humano que nos aleja de Dios
El Señor advierte en el versículo 10: “No os equivoquéis, ni razonéis en vuestros corazones concerniente a estas cosas”. A veces, tratamos de justificar nuestras acciones o de buscar excusas para no obedecer los mandamientos.
En lugar de racionalizar el pecado o justificar malas decisiones, debemos confiar en la revelación divina y seguir lo que Dios nos enseña, incluso si a veces nos resulta difícil. Pregúntate: ¿Estoy tratando de justificar algo que sé que no está bien en mi vida? ¿Estoy dispuesto a seguir a Dios aunque no lo entienda todo?
5. Vivir con propósito y confianza en Cristo
Saber que Cristo es el principio y el fin nos ayuda a vivir con un sentido de dirección. No estamos en la tierra sin un propósito; estamos aquí para aprender, progresar y regresar a Dios.
Reflexiona sobre tu propósito en la vida y en el Evangelio. ¿Estoy avanzando espiritualmente o simplemente viviendo el día a día sin rumbo? ¿Cómo puedo centrar más mi vida en Cristo? Dedicar tiempo a la oración, el estudio de las Escrituras y el servicio a los demás nos ayuda a mantener nuestra mirada en la meta eterna.
Doctrina y Convenios 19:1–12 nos enseña que el Señor es justo pero misericordioso, que nos pide sacrificios pero nunca nos dejará solos, y que nuestra vida tiene un propósito eterno. Podemos aplicar estas verdades al:
Confiar en el Señor cuando nos pide sacrificios.
Arrepentirnos sinceramente sin miedo, pero con un deseo genuino de mejorar.
Creer que Dios tiene el control, incluso cuando no vemos el panorama completo.
Evitar justificar el pecado y seguir con fidelidad las enseñanzas del Evangelio.
Vivir con propósito, centrándonos en Cristo como nuestro principio y fin.
Al aplicar estos principios, encontraremos mayor paz, confianza y propósito en nuestra vida.
Doctrinal de Doctrina y Convenios 19:15–20
Este pasaje de Doctrina y Convenios 19 contiene una de las declaraciones más poderosas y personales sobre la expiación de Jesucristo. En él, el Señor describe su sufrimiento en términos profundamente conmovedores y nos llama a arrepentirnos para evitar sufrir de manera similar.
1. La importancia del arrepentimiento (versículos 15–17)
“Por tanto, os mando que os arrepintáis, arrepintáis, para que no sufráis mi ira en el día de mi ira y en el día del juicio.” (versículo 15)
El arrepentimiento es un mandato divino, no una simple recomendación. Dios no quiere castigarnos, sino que nos ofrece un camino para evitar el sufrimiento eterno.
Este versículo nos recuerda la urgencia del arrepentimiento. No debemos posponerlo ni tratarlo como algo opcional. Si nos arrepentimos ahora, evitaremos el dolor y las consecuencias del pecado en el futuro.
“Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan si se arrepienten.” (versículo 16)
Aquí el Señor introduce la doctrina central de la expiación: Cristo sufrió por todos, pero ese sufrimiento solo nos exime si nos arrepentimos. La expiación es infinita en alcance, pero su aplicación es condicional al arrepentimiento.
Este versículo refuerza la necesidad de confiar en el Salvador y en su sacrificio. Si no nos arrepentimos, estamos eligiendo cargar con nuestros propios pecados, en lugar de dejar que Cristo nos alivie esa carga.
“Mas si no se arrepienten, han de padecer así como yo;” (versículo 17)
El sufrimiento del castigo no es arbitrario, sino la consecuencia natural del pecado no arrepentido. Aquellos que rechazan la expiación deberán enfrentar las consecuencias de sus propias acciones.
Este versículo nos advierte que el pecado tiene un precio real. Si no permitimos que Cristo pague por nosotros a través del arrepentimiento, seremos responsables de ese sufrimiento. Nos invita a tomar en serio la necesidad de vivir rectamente y acercarnos al Salvador.
2. La descripción del sufrimiento de Cristo (versículos 18–19)
“Lo cual padecí yo, que es el mayor de todos, para que no padezcan ellos si se arrepienten;” (versículo 18)
El Señor declara que su sufrimiento fue mayor que cualquier otro. Su sacrificio fue infinito, abarcando no solo el dolor físico sino el espiritual, emocional y mental de toda la humanidad.
Esto nos ayuda a entender que el Salvador comprende nuestras dificultades y aflicciones. No importa cuán grande sea nuestro sufrimiento personal, Él ya ha pasado por ello y está dispuesto a ayudarnos a superarlo.
“Pero si no se arrepienten, han de padecer así como yo.” (versículo 19)
Esta es una repetición deliberada de la advertencia en el versículo 17. El Señor enfatiza que el arrepentimiento es el único camino para evitar este sufrimiento.
Este versículo debe despertar en nosotros una profunda gratitud por la expiación de Cristo y motivarnos a arrepentirnos constantemente. Nos recuerda que el pecado trae dolor, pero el Salvador nos ofrece sanación y liberación.
3. La sumisión total de Cristo a la voluntad del Padre (versículo 20)
“Y padecí tanto dolor que hice sangrar por cada poro, y sufrí en cuerpo y espíritu, y deseé no tener que beber la amarga copa, y desmayé;” (versículo 20)
- El sufrimiento de Cristo fue físico y espiritual – Él no solo sintió dolor en su cuerpo, sino que experimentó el peso de todos los pecados y aflicciones de la humanidad (véase Lucas 22:44).
- Aun el Salvador deseó no tener que pasar por este sufrimiento – En su humanidad, Cristo sintió la angustia de su misión, lo que nos enseña que Él realmente comprende nuestras luchas.
- Pero Él se sometió completamente a la voluntad del Padre – A pesar de su sufrimiento, Él estuvo dispuesto a hacer lo que era necesario para nuestra salvación.
Este versículo nos enseña que cuando enfrentamos pruebas difíciles, podemos acudir a Cristo porque Él nos comprende perfectamente. También nos invita a seguir su ejemplo y someternos a la voluntad de Dios, incluso cuando sea difícil o doloroso.
Lo que aprendemos de la expiación de Cristo en este pasaje
El arrepentimiento nos salva del sufrimiento eterno – Cristo ya pagó el precio, pero depende de nosotros aceptar su sacrificio a través del arrepentimiento.
Jesucristo sufrió más de lo que podemos imaginar – Su sufrimiento fue real y abrumador, pero lo soportó por amor a nosotros.
El Salvador comprende nuestro dolor y nuestras pruebas – No hay aflicción que Él no haya experimentado, lo que significa que siempre podemos acudir a Él en busca de ayuda.
Debemos aprender a someternos a la voluntad de Dios – A veces quisiéramos evitar pruebas y dificultades, pero al igual que Cristo, podemos confiar en que Dios tiene un propósito mayor en nuestras vidas.
Este pasaje nos ayuda a valorar más la expiación y a fortalecer nuestro compromiso de arrepentirnos y seguir a Cristo con más fidelidad.
¿Por qué estuvo dispuesto a sufrir el Salvador?
Jesucristo estuvo dispuesto a sufrir porque nos ama con un amor perfecto e infinito. Su deseo siempre ha sido cumplir la voluntad del Padre y traer la salvación a toda la humanidad. Como se menciona en Doctrina y Convenios 19:16-19, Él padeció el sufrimiento más grande para que nosotros no tuviéramos que padecerlo, siempre que nos arrepintamos.
El Salvador también sabía que sin su expiación no podríamos regresar a la presencia de Dios. Por nosotros, Él eligió beber la amarga copa y soportar un dolor indescriptible, tanto físico como espiritual. Su sacrificio fue completamente voluntario; lo hizo porque nos ama y porque sabía que era el único camino para redimirnos.
“Mayor amor tiene nadie que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13)
¿Por qué el Salvador tuvo que sufrir por mis pecados?
El Salvador sufrió por mis pecados y los de toda la humanidad porque la justicia de Dios requiere que cada pecado tenga una consecuencia. Como seres humanos, no podríamos pagar el precio por nuestros propios pecados sin quedar eternamente separados de Dios.
Cristo, siendo perfecto y sin pecado, fue el único que podía hacer un sacrificio infinito y eterno. Al tomar sobre sí nuestros pecados, Él satisfizo la exigencia de la justicia y abrió la puerta para que podamos recibir la misericordia a través del arrepentimiento.
“He aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan si se arrepienten.” (D. y C. 19:16)
Si Cristo no hubiera sufrido por nosotros, estaríamos condenados a sufrir las consecuencias eternas de nuestros pecados. Su expiación nos da la oportunidad de cambiar, de ser perdonados y de ser limpios para regresar a Dios.
¿Por qué necesito arrepentirme para recibir las bendiciones de Su sacrificio?
El arrepentimiento es el medio por el cual podemos aplicar la expiación de Jesucristo en nuestra vida. Aunque Cristo pagó el precio por nuestros pecados, no podemos recibir ese perdón automáticamente; debemos elegir arrepentirnos y cambiar nuestro corazón.
Si no nos arrepentimos, somos responsables de nuestros propios pecados y tendremos que sufrir las consecuencias. Sin embargo, cuando nos arrepentimos sinceramente, el sacrificio de Cristo nos limpia y nos permite recibir el perdón de Dios.
“El que se arrepienta no será castigado.” (D. y C. 58:42)
El arrepentimiento nos trae paz, nos acerca a Dios y nos ayuda a cambiar para mejor. No solo nos libra del castigo, sino que también nos transforma en personas más justas y felices.
¿Qué crees que el Padre Celestial y Jesucristo querrían que hicieras como resultado de lo que has sentido y estudiado?
A la luz de este estudio, creo que el Padre Celestial y Jesucristo querrían que:
- Valoremos más profundamente la expiación de Cristo. Reflexionar sobre su sacrificio y expresarle gratitud en oración.
- Nos esforcemos por arrepentirnos sinceramente. Examinar nuestras vidas y decidir cambiar cualquier cosa que nos aleje de Dios.
- Confiemos en Cristo y su amor. Saber que no estamos solos en nuestras pruebas y que Él comprende perfectamente nuestros sufrimientos.
- Vivamos con fe y propósito. Si Cristo nos ha dado la oportunidad de ser limpios y tener una vida eterna con Dios, debemos esforzarnos por vivir de acuerdo con esa bendición.
- Ayudemos a otros a conocer Su sacrificio. Compartir nuestro testimonio sobre la expiación con los demás y ser instrumentos en sus manos para ayudar a otros a arrepentirse y acercarse a Él.
En última instancia, el Padre Celestial y Jesucristo desean que aprovechemos el sacrificio expiatorio en nuestra vida. No fue en vano; fue para ti, para mí, para todos nosotros. Al vivir de acuerdo con estas verdades, podemos encontrar verdadera paz y propósito en nuestra vida.
Doctrina y Convenios 19:23
“Aprende de mí, y escucha mis palabras; anda en la mansedumbre de mi Espíritu, y tendrás paz en mí.”
Este versículo contiene una invitación poderosa del Señor que resalta tres principios clave para hallar paz en la vida:
- Aprender de Cristo
- Escuchar Sus palabras
- Caminar en la mansedumbre de Su Espíritu
1. Aprender de Cristo: ¿Qué nos enseña Doctrina y Convenios 19 sobre Él?
En este capítulo, el Salvador nos enseña verdades profundas sobre su expiación, su amor y su papel como Juez y Redentor. Aquí hay algunas enseñanzas clave:
Cristo es Alfa y Omega, el principio y el fin (versículo 1). Esto nos recuerda que Él tiene el control de todas las cosas y que nuestra vida tiene un propósito eterno en Él.
Él sufrió por todos los pecados del mundo (versículos 16-20). Su sacrificio fue personal e infinito. Aprender esto nos ayuda a confiar en que Él entiende nuestras cargas y puede aliviarlas.
Nos llama al arrepentimiento para evitar el sufrimiento eterno (versículos 15-17). Nos muestra que el arrepentimiento no es un castigo, sino un regalo que nos libera de la carga del pecado.
Él nos promete paz si seguimos su Espíritu (versículo 23). La paz no proviene de las circunstancias externas, sino de nuestro vínculo con Él.
Aprender estas verdades sobre Cristo nos ayuda a hallar paz porque sabemos que:
- Él conoce el principio y el fin de nuestra vida.
- Su expiación nos da esperanza y nos permite seguir adelante.
- El arrepentimiento nos brinda alivio y renovación espiritual.
- Su Espíritu nos guía a la verdadera paz, sin importar los desafíos que enfrentemos.
2. Escuchar Sus palabras: ¿Cómo hallar paz al seguir Su voz?
El Señor nos invita a escuchar Su palabra. En un mundo lleno de ruido y distracciones, esto significa que debemos:
Priorizar el estudio de las Escrituras y la revelación moderna.
Prestar atención a la guía del Espíritu en nuestra vida diaria.
Seguir los consejos de los profetas y líderes inspirados.
Cuando escuchamos al Salvador con intención y humildad, encontramos dirección y seguridad en lugar de ansiedad y confusión.
A veces buscamos la paz en lugares equivocados: distracciones, entretenimiento, redes sociales o incluso consejos del mundo. Pero la verdadera paz viene de escuchar y aplicar las palabras de Cristo en nuestra vida.
3. Caminar en la mansedumbre de Su Espíritu: ¿Qué significa esto para mí?
“Anda en la mansedumbre de mi Espíritu, y tendrás paz en mí.”
El término “mansedumbre” se refiere a una actitud de humildad, paciencia y sumisión a la voluntad de Dios. Caminar en la mansedumbre de Su Espíritu significa:
Ser humildes y reconocer que necesitamos la ayuda de Dios.
Aceptar Su voluntad incluso cuando no entendemos todo.
Ser pacientes en nuestras pruebas, confiando en que Él tiene un plan.
Actuar con amor, perdón y bondad hacia los demás.
Cristo mismo es el mejor ejemplo de mansedumbre. A pesar de su poder y gloria, Él siempre actuó con humildad y obediencia al Padre.
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” (Mateo 11:29)
Si deseamos hallar paz en Cristo, debemos abandonar el orgullo, la impaciencia y la autosuficiencia. Al caminar en la mansedumbre de Su Espíritu, permitimos que Su paz llene nuestra vida.
¿Cómo puedo aplicar este versículo en mi vida?
- Aprender más sobre Cristo mediante el estudio diario de las Escrituras.
- Escuchar y aplicar Sus enseñanzas en lugar de confiar solo en mi propio razonamiento.
- Ser manso y humilde al aceptar Su voluntad, confiar en Su tiempo y actuar con amor.
- Buscar la paz en Cristo, y no en las circunstancias externas o en la aprobación del mundo.
Cuando seguimos este consejo, el resultado es claro: “y tendrás paz en mí”. La verdadera paz no se encuentra en el mundo, sino en la relación personal que desarrollamos con Cristo.
Doctrina y Convenios 19:26–41
Las bendiciones de Dios son más grandes que los tesoros de la tierra
En estos versículos, el Señor habla directamente a Martin Harris, quien estaba en una encrucijada: debía decidir si confiar en Dios y hacer un gran sacrificio para financiar la publicación del Libro de Mormón. La venta de su tierra implicaba renunciar a la seguridad económica, pero el Señor le aseguró que las bendiciones espirituales serían mayores que cualquier pérdida material.
A través de estos versículos, aprendemos principios poderosos sobre el sacrificio, la confianza en Dios y las verdaderas riquezas.
1. La voluntad de Dios sobre los asuntos temporales (versículos 26–28)
“No codiciarás tu propia propiedad, sino que la consagrarás con un corazón libre y con espíritu voluntario para imprimir el Libro de Mormón.” (versículo 26)
El Señor enseña que el deseo de acumular bienes materiales no debe ser mayor que nuestra disposición a consagrarnos a su obra. Dios no condena la propiedad, pero sí nos invita a tener una perspectiva eterna sobre nuestras posesiones.
A veces, el Señor nos pide que sacrifiquemos cosas que consideramos valiosas—tiempo, recursos, comodidad—para edificar su reino. Podemos preguntarnos:
- ¿Estoy aferrado a algo material que me impide servir mejor al Señor?
- ¿Estoy dispuesto a confiar en que Dios me bendecirá si doy generosamente?
“En verdad te digo que eres llamado a obrar con rectitud en esta causa.” (versículo 27)
Martin Harris no solo debía contribuir económicamente, sino que también debía hacerlo con un corazón puro y sincero. La obediencia externa no es suficiente si no va acompañada de una verdadera intención de hacer la voluntad de Dios.
Cuando servimos al Señor o hacemos sacrificios, ¿lo hacemos con un espíritu dispuesto o con resentimiento? Dios nos invita a entregar lo mejor de nosotros con un corazón alegre.
2. La advertencia contra el orgullo y la confianza en el mundo (versículos 29–31)
“No busques la alabanza del mundo ni los honores de los hombres.” (versículo 30)
El Señor nos recuerda que la aprobación del mundo es temporal, pero Su aprobación es eterna. Buscar la alabanza de los hombres puede alejarnos del propósito divino.
Muchas veces, el miedo a lo que otros pensarán nos impide hacer lo correcto. El ejemplo de Martin Harris nos enseña que el sacrificio por el Evangelio no siempre será comprendido o valorado por el mundo, pero tiene un impacto eterno.
“En verdad te digo que debes humillarte ante mí y no jactarte de tus obras.” (versículo 30)
Dios valora un corazón humilde y sincero. El sacrificio es más significativo cuando se hace sin orgullo ni deseo de reconocimiento.
¿Cómo puedo asegurarme de que mis sacrificios sean realmente para Dios y no para recibir la aprobación de los demás? La clave está en la humildad y la consagración.
3. El sacrificio trae alegría y bendiciones eternas (versículos 32–41)
“Predica el arrepentimiento y la fe en el Salvador nuestro.” (versículo 31)
El Señor instruye a Martin Harris a enfocarse en lo más importante: el mensaje de salvación. Su sacrificio financiero era importante, pero su verdadero propósito era avanzar la obra del Evangelio.
“Haz esto con regocijo y con alegría, para que eches fuera toda iniquidad y seas hallado sin mancha ante mí en el último día.” (versículo 38)
El Señor no solo nos pide que hagamos sacrificios, sino que lo hagamos con alegría y gratitud. El sacrificio no es una carga cuando comprendemos su propósito eterno.
“Yo soy Jesucristo, el Hijo de Dios, que fue crucificado por los pecados del mundo.” (versículo 41)
Cristo mismo realizó el sacrificio supremo. Al recordar Su sacrificio, entendemos que cualquier sacrificio que hagamos es pequeño en comparación con lo que Él hizo por nosotros.
Cuando el sacrificio parezca difícil, podemos recordar el sacrificio del Salvador y sentir gratitud en lugar de pesar.
Comentarios finales de Doctrina y Convenios 19
Doctrina y Convenios 19 es una revelación que el Señor dio a José Smith en 1829, dirigida principalmente a Martin Harris, quien enfrentaba una difícil decisión: hipotecar su propiedad para financiar la impresión del Libro de Mormón. En esta revelación, el Señor le enseña verdades profundas sobre su propia identidad, la expiación y el sacrificio.
Algunas enseñanzas clave de este capítulo incluyen:
- Jesucristo es Alfa y Omega (versículo 1) – El principio y el fin, el Redentor y Juez de todos.
- El arrepentimiento es un mandato (versículos 15-17) – Dios nos llama a arrepentirnos para evitar el sufrimiento.
- El Salvador padeció un sufrimiento indescriptible (versículos 18-20) – Su sacrificio fue tanto físico como espiritual.
- El castigo eterno no significa que no tenga fin (versículos 6-12) – Se llama “eterno” porque viene de Dios, pero su duración depende del arrepentimiento.
- Las bendiciones de Dios son mayores que los tesoros del mundo (versículos 26-41) – Martin Harris debía confiar en Dios y hacer su sacrificio con alegría.
Este capítulo nos muestra que Dios nos pide sacrificios, pero a cambio, nos da bendiciones mayores y paz duradera.
Este capítulo es una de las revelaciones más personales y profundas sobre la expiación de Jesucristo. A diferencia de otras Escrituras, aquí el Señor mismo describe su sufrimiento en el Jardín de Getsemaní con gran detalle:
“Padecí tanto dolor que hice sangrar por cada poro, y sufrí en cuerpo y espíritu, y deseé no tener que beber la amarga copa, y desmayé.” (D. y C. 19:18-19)
Este pasaje nos permite vislumbrar el peso real de la Expiación. No fue algo simbólico o fácil para el Salvador; fue un sacrificio infinito y personal. Nos ayuda a entender cuánto nos ama y cuánto estuvo dispuesto a sufrir para que no padeciéramos el castigo de nuestros pecados.
El capítulo también enfatiza la importancia del arrepentimiento. Dios advierte que aquellos que no se arrepienten tendrán que sufrir las consecuencias de sus pecados, pero si confían en Cristo, pueden ser liberados de ese dolor.
Además, el Señor le enseña a Martin Harris sobre la verdadera riqueza. El dinero y la propiedad pueden parecer importantes, pero nada se compara con la obra de Dios. Esta es una gran lección para todos nosotros: las riquezas espirituales son eternas, mientras que las materiales son temporales.
Este capítulo nos enseña principios fundamentales sobre la expiación, el arrepentimiento y el sacrificio. A través de la historia de Martin Harris, aprendemos que:
- El sacrificio por el Evangelio es siempre una inversión eterna. Aunque Martin Harris perdió parte de su propiedad, su contribución permitió la publicación del Libro de Mormón, que ha bendecido a millones de personas.
- El arrepentimiento es una bendición, no un castigo. Dios nos da la oportunidad de cambiar y recibir paz en lugar de sufrir.
- Jesucristo es el Salvador que sufrió voluntariamente por nosotros. No hay dolor o prueba que Él no comprenda.
- Las cosas materiales no son lo más importante. Nuestra fe y obediencia nos traerán tesoros mucho más grandes que cualquier riqueza terrenal.
Este capítulo nos invita a confiar en Dios, arrepentirnos con sinceridad y poner Su obra en primer lugar en nuestra vida.
Después de estudiar Doctrina y Convenios 19, puedo aplicar sus enseñanzas en varias maneras:
- Confiar en Dios cuando me pide sacrificios.
¿Hay algo que el Señor me ha pedido que haga pero que me cuesta?
¿Estoy dispuesto a sacrificar mi comodidad, tiempo o recursos por Su obra?
- Arrepentirme con humildad y sinceridad.
No debo posponer el arrepentimiento ni tomarlo a la ligera.
Puedo acudir a Cristo con confianza, sabiendo que Su Expiación es suficiente para limpiarme.
- Recordar que las bendiciones espirituales son más valiosas que las materiales.
En un mundo que valora el dinero y la fama, puedo centrarme en lo que tiene un valor eterno: mi relación con Dios, mi familia y mi progreso espiritual.
- Buscar la paz en Cristo.
El Salvador promete que si aprendemos de Él y seguimos Su Espíritu, tendremos paz (D. y C. 19:23).
En momentos de dificultad, puedo recordar que Cristo sufrió para que yo pudiera encontrar consuelo y esperanza.
¿Qué estoy dispuesto a sacrificar por el Señor? ¿Estoy confiando más en las cosas materiales o en las promesas de Dios? ¿Estoy arrepintiéndome sinceramente y aprovechando la Expiación en mi vida?
Si vivo de acuerdo con estas enseñanzas, encontraré paz y bendiciones eternas.
Doctrina y Convenios Sección 19
Discusiones sobre Doctrina y Convenios 18-19 – El valor de las almas
La Expiación y la Resurrección – Élder D. Todd Christofferson

























