Ven, sígueme Doctrina y Convenios 98–101

Ven, sígueme
Doctrina y Convenios 98–101
8 – 14 septiembre: “Quedaos tranquilos y sabed que yo soy Dios”


Contexto Histórico

A principios de la década de 1830, los Santos de los Últimos Días enfrentaban una situación muy difícil en el condado de Jackson, Misuri. Desde 1831, José Smith había declarado que esa región sería el lugar central de Sion, la «Nueva Jerusalén». Los primeros conversos comenzaron a establecerse allí con entusiasmo, comprando tierras, levantando casas y abriendo campos de cultivo. Sin embargo, su rápida llegada, junto con las enseñanzas peculiares del evangelio restaurado, despertó la sospecha y la hostilidad de los pobladores locales, quienes temían perder poder político, económico y social frente a este grupo creciente.

En el verano de 1833, las tensiones llegaron a un punto crítico. La población local acusaba a los mormones de ser «forasteros» que pretendían dominar la región, alterar la esclavitud —pues muchos santos venían de estados abolicionistas— y acaparar las tierras. El 20 de julio de ese año, una turba destruyó la imprenta de la Iglesia, donde se publicaba The Evening and the Morning Star. También obligaron a líderes a firmar un acuerdo para abandonar el condado. Poco después, hubo violencia física, saqueos y destrucción de propiedades. Finalmente, en noviembre de 1833, los santos fueron expulsados a la fuerza de Jackson hacia el condado de Clay, cruzando el río Missouri en condiciones durísimas, perdiendo casas, tierras y pertenencias.

En medio de esta crisis, José Smith, que se hallaba en Kirtland, Ohio, recibió revelaciones para consolar y guiar a los santos afligidos.

  • Doctrina y Convenios 98 (agosto de 1833): fue dada antes de la expulsión total, cuando ya se percibían las crecientes tensiones. El Señor enseñó principios sobre cómo responder a la persecución: primero buscar la paz, soportar agravios con paciencia y perdonar repetidamente. Solo después de haberlo intentado todo, los santos podrían defenderse de manera justa. El Señor también reafirmó la importancia de la Constitución de los Estados Unidos como inspirada y como una protección para los santos.
  • Doctrina y Convenios 99 (agosto de 1832, aunque publicada en esta sección de la historia): se trata de un llamamiento misionero para John Murdock. Aunque no está directamente vinculado con la persecución en Misuri, aparece en este bloque de secciones y recuerda que la obra misional seguía adelante pese a las pruebas.
  • Doctrina y Convenios 100 (octubre de 1833): revelación dada a José Smith y Sidney Rigdon mientras estaban predicando en Pensilvania. Les aseguró que sus familias serían bendecidas y protegidas, y que sus esfuerzos en la predicación serían fructíferos, aun en un tiempo de gran angustia.
  • Doctrina y Convenios 101 (diciembre de 1833): fue recibida poco después de que José Smith supiera de la expulsión definitiva de los santos de Jackson. El Señor explicó que estas pruebas eran permitidas “para su bien y para la gloria de Sion”. También dio instrucciones sobre la necesidad de buscar amparo legal y usar los medios pacíficos de la ley antes de recurrir a otra defensa. La revelación incluyó la parábola de la viña y la torre, enseñando que los santos habían descuidado ciertos mandamientos que habrían podido fortalecerlos espiritualmente y temporalmente. Finalmente, prometió que Sion no sería olvidada y que el Señor redimiría a su pueblo en su debido tiempo.

En resumen, Doctrina y Convenios 98–101 se ubican en el contexto de las tensiones, la persecución y la expulsión de los santos de Misuri en 1833. Estas revelaciones fueron un faro de consuelo, instrucción y esperanza en medio de una de las primeras grandes pruebas colectivas de la Iglesia, enseñando paciencia, fe en la justicia de Dios y confianza en que Sion sería finalmente redimida.


Doctrina y Convenios 98:1–3, 11–14, 22; 101:1–16, 22–31, 36
“Mis pruebas pueden obrar juntamente para mi bien”.


Doctrina y Convenios 98:1–3
El Señor invita a los santos —en medio de persecuciones en Misuri— a “regocijarse siempre” y a orar con fervor, asegurando que todas las cosas obrarán para su bien. La clave está en la confianza: aunque los sufrimientos sean reales, Dios puede transformar lo amargo en bendición. Este principio refleja Romanos 8:28: “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. Aquí se enseña que la perspectiva eterna convierte las pruebas en instrumentos de crecimiento espiritual.

Doctrina y Convenios 98:11–14
El Señor exhorta a buscar y hacer lo justo, incluso frente a la injusticia. Manda soportar la aflicción con paciencia y evitar la represalia inmediata. Las pruebas no se presentan solo como obstáculos, sino como oportunidades de probar la fidelidad del discípulo. El sufrimiento soportado justamente purifica el corazón y lo prepara para bendiciones mayores.

Doctrina y Convenios 98:22
Aquí se afirma que si el pueblo es recto y paciente, el Señor peleará sus batallas. La prueba se convierte en el escenario donde se manifiesta el poder divino. Así, las dificultades no son un signo de abandono, sino de la oportunidad de ver la mano de Dios actuando en favor de sus hijos.

Doctrina y Convenios 101:1–16
Tras la expulsión de Jackson, el Señor declara que ha permitido estas tribulaciones “para su bien”. Esta frase, tan paradójica, enseña que el dolor y la pérdida pueden refinar la fe y fortalecer la confianza en el plan divino. El Señor utiliza la parábola de la viña y la torre para mostrar que parte de la dificultad provino de la negligencia de los santos, pero aun ese error podía convertirse en aprendizaje. Las pruebas corrigen, disciplinan y preparan para mayores responsabilidades.

Doctrina y Convenios 101:22–31
Se promete un futuro glorioso: la redención de Sion, la Segunda Venida y el milenio de paz. Estas visiones de esperanza enseñan que los sufrimientos actuales son temporales y proporcionales a una gloria eterna. La prueba, lejos de ser un callejón sin salida, es el camino hacia una plenitud que solo Dios puede otorgar.

Doctrina y Convenios 101:36
El versículo resume el principio central: “en lo que concierne a lo terrenal, no os preocupéis, porque con el tiempo todo será para vuestro bien”. Este consejo no minimiza el dolor humano, sino que lo sitúa en un marco eterno. La promesa es que ninguna lágrima será en vano si se confía en Cristo.

El conjunto de pasajes enseña que las pruebas no son castigos arbitrarios, sino instrumentos divinos para la exaltación. Dios, en su amor, permite que sus hijos pasen por aflicciones para pulirlos, enseñarles paciencia, y capacitarlos para recibir bendiciones mayores. Así, “mis pruebas pueden obrar juntamente para mi bien” significa que aun lo que parece pérdida, injusticia o sufrimiento, se convierte en parte de la obra redentora de Dios en nuestra vida.


¿Qué consejos y promesas encuentras en Doctrina y Convenios 98:11–12; 101:1–9?

Doctrina y Convenios 98:11–12
Consejos

  • Buscar lo justo: “haced lo que es justo y verdadero continuamente”. El Señor aconseja vivir en rectitud sin importar las circunstancias externas.
  • Ser fieles en las pruebas pequeñas: el Señor enseña que antes de ser honrados en cosas grandes, es necesario ser probados en cosas menores. La fidelidad en lo poco abre la puerta a mayores responsabilidades espirituales.

Promesas

  • Quienes permanecen fieles y constantes en la obediencia recibirán el poder y la confianza del Señor.
  • La justicia y la perseverancia en la rectitud preparan a los discípulos para ser honrados con mayor gloria y confianza celestial.

Doctrina y Convenios 101:1–9
Consejos

  • No desmayar en las tribulaciones: el Señor explica que las aflicciones son permitidas “para vuestro bien”.
  • Aprender de la corrección: las pruebas también sirven como disciplina, invitación a la reflexión y al arrepentimiento.
  • Confiar en que Dios no olvida a su pueblo: se aconseja mantener la fe aun cuando las circunstancias parezcan adversas.

Promesas

  • El Señor asegura que Zion será redimida en su debido tiempo; las pérdidas y sufrimientos no son permanentes.
  • Los fieles recibirán consuelo y misericordia, aun después de las pruebas.
  • La adversidad tendrá un propósito redentor, transformando la dificultad en crecimiento espiritual y preparación para mayores bendiciones.

En resumen, estos pasajes enseñan que la rectitud y la paciencia en la prueba traen honra y bendiciones futuras. El Señor aconseja ser justos y perseverar en la fe, y promete que las aflicciones, aunque dolorosas, obrarán finalmente para el bien de sus hijos.


¿Qué aprendes en esos versículos sobre el Padre Celestial y Jesucristo?

Lo que aprendo sobre el Padre Celestial y Jesucristo

  • Dios es justo y paciente: No exige perfección inmediata, sino fidelidad en las pruebas pequeñas antes de confiar responsabilidades mayores (DyC 98:11–12).
  • El Señor permite las pruebas con un propósito: No porque haya olvidado a sus hijos, sino porque sabe que esas experiencias obran para su bien y los preparan para bendiciones más grandes (DyC 101:2, 4).
  • Cristo es consolador y redentor: Él reconoce el dolor de su pueblo y promete que Sion será redimida. Él es el que da sentido a la tribulación y asegura que nada se pierde en el plan eterno (DyC 101:8–9).
  • Dios nunca abandona a su pueblo: Aun en momentos de exilio, pérdidas o angustia, reafirma: “no temáis, porque aun soy vuestro Dios” (DyC 101:3, paráfrasis).

¿Qué crees que Dios quiere que hagas?

Lo que creo que Dios quiere que haga

  • Vivir con rectitud siempre: Buscar la justicia y la verdad en cada decisión, aunque parezca pequeña.
  • Aceptar las pruebas con paciencia y fe: No verlas como castigos sin sentido, sino como oportunidades de crecimiento.
  • Confiar en Sus promesas: Recordar que aunque ahora no entienda todo, el Señor cumplirá con redimir, sanar y recompensar la fidelidad.
  • Mantener la esperanza: No desesperar en la tribulación, sino recordar que “todas las cosas obrarán juntamente para mi bien” si amo y sigo a Dios.

En otras palabras, estos versículos me enseñan que el Padre Celestial y Jesucristo son amorosos guías que usan incluso mis pruebas para acercarme a Ellos, y que mi parte es vivir rectamente, confiar y perseverar con fe y esperanza.


¿Qué consuelo encuentras en Doctrina y Convenios 98:1–3, 22; 101:10–16, 22?

El consuelo que encuentro

  • DyC 98:1–3: El Señor manda regocijarse, orar siempre y dar gracias en todo, asegurando que “todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien”. El consuelo aquí es que nada de lo que enfrento es inútil o ajeno a Su plan; Él convierte incluso la aflicción en crecimiento espiritual.
  • DyC 98:22: Promete que si Su pueblo es recto, “el Señor peleará sus batallas”. El alivio viene de saber que no estamos solos ni indefensos, pues Dios es nuestro defensor.
  • DyC 101:10–16, 22: El Señor reconoce el dolor de los santos expulsados de Sion, pero les recuerda que esas tribulaciones son para su bien y que Él mismo redimirá a Sion en su debido tiempo. El consuelo está en Su cercanía: aunque la justicia tarde en llegar, el Señor asegura Su intervención.

¿Cómo quiere el Señor que reaccionemos ante el abuso, la intimidación o la violencia?

  • Paciencia y perdón: Estos pasajes muestran que la primera reacción no debe ser la venganza. El Señor pide soportar con mansedumbre y dar espacio a la justicia divina.
  • Rectitud constante: El consejo no es responder con el mismo espíritu del agresor, sino mantenerse en la verdad y la justicia (DyC 98:11–12, en el contexto).
  • Usar los medios correctos: En DyC 101, el Señor manda buscar primero soluciones pacíficas y legales, y luego confiar en Su poder redentor. Esto enseña a no caer en represalias impulsivas, sino actuar con integridad y fe.

¿Qué enseñan esos versículos sobre cómo depositar tu confianza en el Señor?

  • Confiar en que Él ve más allá del momento presente: lo que ahora parece injusticia o derrota, Él lo transforma en parte de un plan mayor.
  • Reconocer que la redención tiene su tiempo y su manera: no siempre inmediata, pero segura si permanecemos fieles.
  • Entender que Cristo es nuestro defensor: no necesitamos responder con odio porque Él ha prometido pelear nuestras batallas.
  • Confiar en que mi dolor no es ignorado: el Señor mismo declara que está al tanto de los sufrimientos de Su pueblo y que Su consuelo está disponible aquí y ahora.

En resumen: estos versículos me consuelan al recordarme que no estoy solo en mis pruebas, que el Señor conoce cada injusticia y que, si confío en Él, aun el dolor puede obrar para mi bien. Él me pide reaccionar con paciencia, justicia y fe, dejando que Su poder y Su tiempo sean los que traigan verdadera redención.


¿Qué perspectiva obtienes de Doctrina y Convenios 98:1–3; 101:22–31, 36?

Las pruebas no son el fin de la historia: El Señor asegura que todas las cosas obrarán para nuestro bien (DyC 98:3). Eso cambia la mirada: en vez de ver la dificultad como pérdida, puedo verla como preparación.

Una visión de esperanza futura: En DyC 101:22–31, el Señor promete la redención de Sion y la gloria del milenio. Esto enseña que lo que hoy parece insuperable es solo un paso en el plan eterno.

Enfocarse en lo eterno, no en lo terrenal: DyC 101:36 dice que no nos preocupemos de lo terrenal, porque todo finalmente será para nuestro bien. Esta perspectiva me invita a no quedarme atrapado en lo inmediato, sino a mirar con los ojos de la fe.


¿Qué estás aprendiendo de tus pruebas?

Que las pruebas revelan mi fe y mi carácter.
Que a menudo aprendo más en los momentos difíciles que en los fáciles.
Que Dios no me abandona, aun cuando el dolor me haga pensar lo contrario.
Que el tiempo de prueba es también tiempo de preparación, pulido y crecimiento espiritual.


¿Qué estás haciendo para invitar a Dios a que te ayude?

Oro con más sinceridad, expresando lo que realmente siento.
Leo las Escrituras buscando respuestas y consuelo.
Trato de agradecer incluso en lo difícil, recordando la invitación de DyC 98:1 a “dar gracias en todo”.
Procuro ser obediente en lo pequeño, confiando en que esa fidelidad abre la puerta a bendiciones mayores.


¿Cómo te está ayudando Él?

Me da paz en medio de la tormenta, una calma que no viene de las circunstancias, sino de Su Espíritu.

Me muestra pequeños milagros diarios: personas que me apoyan, palabras que llegan en el momento justo, consuelo en la oración.

Me recuerda que no estoy solo, que Cristo ya cargó con mis dolores y que Su expiación me alcanza ahora mismo.

Me da esperanza de que el futuro será mejor y de que mis pruebas de hoy son semillas de bendiciones eternas.

En conclusión, estos versículos me enseñan que las pruebas, aunque difíciles, son instrumentos de Dios para mi bien. Mi parte es confiar, invitarlo a estar conmigo en cada paso y reconocer Su ayuda constante en las pequeñas y grandes cosas.


Doctrina y Convenios 98:1–3, 11–14, 22; 101:1–16, 22–31, 36

Pasaje Consejos Promesas Enseñanzas sobre Dios y Cristo Aplicación personal
DyC 98:1–3 • Regocijarse siempre.
• Orar con fe y dar gracias en todo.
• Todas las cosas obrarán para nuestro bien. • Dios convierte lo amargo en bendición.
• No abandona a Su pueblo.
Aun en el dolor, mantener gratitud y confianza, sabiendo que nada es inútil en el plan divino.
DyC 98:11–14 • Buscar lo justo y verdadero.
• Soportar la aflicción con paciencia.
• Evitar represalias.
• El sufrimiento justo purifica.
• Fidelidad en lo poco lleva a honra en lo grande.
• Dios prueba la fidelidad antes de confiar mayores responsabilidades.
• El sufrimiento es parte del discipulado.
Practicar justicia aun en la adversidad; confiar que la prueba refina y abre paso a bendiciones.
DyC 98:22 • Mantener rectitud y paciencia. • El Señor peleará nuestras batallas. • Cristo es nuestro defensor y libertador. No necesito vengarme; si permanezco fiel, Dios obrará a mi favor.
DyC 101:1–16 • No desmayar en tribulaciones.
• Aprender de la corrección y la disciplina.
• Confiar en el plan divino.
• Las pruebas son “para vuestro bien”.
• La negligencia corregida se convierte en aprendizaje.
• El Señor usa la corrección como un acto de amor y guía.
• Cristo está consciente del dolor de Su pueblo.
Ver las pruebas como preparación y no como abandono; aprender de los errores con humildad.
DyC 101:22–31 • Mantener esperanza en la redención futura.
• Enfocarse en lo eterno.
• Promesa de redención de Sion.
• Segunda Venida y milenio de paz.
• Gloria eterna mayor que el sufrimiento presente.
• Cristo asegura un futuro glorioso.
• Dios nunca olvida Sus promesas.
Recordar que lo temporal es pasajero; el dolor presente se transforma en esperanza y gloria futura.
DyC 101:36 • No preocuparse demasiado por lo terrenal. • Todo será finalmente para nuestro bien. • Dios da perspectiva eterna.
• Cristo ofrece paz más allá de la circunstancia.
Vivir con los ojos puestos en lo eterno, no en lo inmediato; confiar en que cada prueba tiene un propó

Estos pasajes enseñan que las pruebas no son castigos sin sentido, sino instrumentos de Dios para refinar la fe, enseñar paciencia y preparar a Sus hijos para gloria y responsabilidades mayores. El Padre Celestial y Jesucristo muestran amor, justicia y cercanía en medio del dolor. La promesa central es que si confiamos en Ellos, aun las pruebas más duras obrarán para nuestro bien eterno.


Aplicación Personal: “Mis pruebas pueden obrar juntamente para mi bien”

Mi prueba Cómo puedo reaccionar (Consejos de DyC) Promesa de Dios (según DyC)
Siento dolor o desánimo en la aflicción • Regocijarme y orar con gratitud (DyC 98:1–3). • Todas las cosas obrarán para mi bien.
Enfrento injusticia o maltrato • Ser paciente, evitar represalias, mantenerme en la rectitud (DyC 98:11–14). • El sufrimiento justo purifica y Dios me honrará con bendiciones mayores.
Me siento atacado o indefenso • Confiar en Dios en vez de responder con odio (DyC 98:22). • El Señor peleará mis batallas; no estoy solo.
Estoy pasando por corrección o disciplina • Aprender de mis errores y confiar en el plan divino (DyC 101:1–16). • Mis tribulaciones son para mi bien; me preparan para responsabilidades mayores.
Veo el futuro con temor • Mantener esperanza y enfocarme en lo eterno (DyC 101:22–31). • Cristo promete la redención de Sion, paz y gloria eterna.
Me preocupo por las cosas terrenales • No obsesionarme con lo inmediato; mirar con ojos de fe (DyC 101:36). • Todo finalmente será para mi bien; Cristo da paz más allá de las circunstancias.

Esta tabla muestra que cada prueba trae consigo una reacción justa que Dios espera y una promesa divina que Él asegura. Así, lo que parece pérdida o dolor se convierte en un medio para crecer, acercarse a Cristo y recibir bendiciones eternas.


Doctrina y Convenios 98:23–48
El Señor desea que busque paz a Su manera.


En Doctrina y Convenios 98:23–48 el Señor revela un patrón divino para responder a la persecución y a la injusticia. No nos deja a merced de nuestras emociones humanas, que suelen clamar por venganza inmediata, sino que nos invita a vivir un proceso espiritual donde la paz ocupa el lugar central. El Señor enseña que debemos soportar las ofensas reiteradas veces antes de considerar defendernos. Cada acto de paciencia no es debilidad, sino una oportunidad de mostrar que estamos dispuestos a confiar en Dios y a seguir el camino del Salvador, quien soportó ultrajes sin responder con violencia.

Este mandato nos recuerda que la verdadera paz no se logra imponiendo fuerza, sino sometiendo nuestro corazón a la voluntad de Dios. La justicia, declara el Señor, está en Sus manos: Él promete que, si buscamos primero la paz y rehusamos la venganza, Él mismo nos recompensará y traerá justicia perfecta en Su debido tiempo. Así, el mensaje central es que la paz que Dios pide no es simplemente ausencia de conflicto, sino un ejercicio de fe, paciencia y confianza en Su poder.

Sin embargo, el Señor también reconoce la necesidad de protegerse en ciertas circunstancias. Después de demostrar una sincera disposición a la paz y de extender repetidamente la mano del perdón, se justifica la autodefensa. Aun así, esta defensa no surge de la ira ni del orgullo, sino del deseo de preservar la vida y la justicia bajo la guía divina. De este modo, el Señor establece un equilibrio entre misericordia y justicia, dejando claro que Su pueblo debe ser conocido por su paciencia, pero también por su rectitud.

Finalmente, el Señor promete que aquellos que sigan este camino serán justificados, bendecidos y protegidos. La paz de Cristo no es frágil ni temporal; es duradera y celestial, y se convierte en un testimonio poderoso de que confiamos en Él más que en nuestras propias fuerzas. Así aprendemos que buscar la paz a la manera del Señor es, en última instancia, caminar tras las huellas del Príncipe de Paz, quien venció al mundo no con violencia, sino con amor infinito y sumisión perfecta a la voluntad del Padre.

Versículos Principio doctrinal Aplicación práctica hoy
D. y C. 98:23–27 El Señor manda soportar repetidas ofensas antes de reaccionar; Su manera de paz comienza con paciencia y perdón. En la familia, cuando surgen discusiones, procurar escuchar y perdonar varias veces antes de responder con enojo. Sembrar reconciliación en lugar de ganar la discusión.
D. y C. 98:28–31 La justicia pertenece a Dios; si el ofensor persiste, el Señor promete que Él mismo traerá la retribución. En el trabajo o con amistades, ante críticas o injusticias, no responder con venganza, sino dejar el juicio en manos de Dios y mantener la calma al expresar lo justo.
D. y C. 98:32–38 Después de demostrar una disposición sincera a la paz, es justo defenderse. La autodefensa debe nacer de rectitud, no de odio. Poner límites sanos en relaciones dañinas o buscar apoyo de autoridades ante abusos. Proteger la vida y la dignidad sin albergar resentimiento.
D. y C. 98:33–38 (ejemplos nefitas) El Señor bendice a Su pueblo cuando busca la paz primero; la violencia injustificada trae condenación. Evitar reaccionar impulsivamente ante provocaciones. Enseñar a los hijos a ser pacificadores, no pendencieros.
D. y C. 98:45–48 Quienes siguen este patrón serán justificados y bendecidos. La verdadera paz viene de Cristo, no de la ausencia de conflictos. Ante recuerdos dolorosos o sentimientos de rencor, acudir a la oración, a las Escrituras y a Cristo para recibir Su paz interior y confianza en Su justicia.

El Señor desea que busquemos la paz a Su manera: con paciencia, perdón repetido, límites justos y plena confianza en Su justicia. Así nuestra vida refleja al Salvador, el Príncipe de Paz.

Cuando enfrentes conflictos o injusticias, no te apresures a reaccionar según tus emociones. Respira, ora y pregúntate: ¿Cómo respondería Cristo en este momento?
Muchas veces, la paz llega no porque la situación cambie de inmediato, sino porque tú eliges confiar en el Señor y actuar con calma, paciencia y amor.

Busca siempre primero la paz en tu corazón, y deja que Dios se encargue de la justicia.


Doctrina y Convenios 99–100
El Señor cuida de las personas que le sirven.


Cuando el Señor mandó a John Murdock a predicar el evangelio (DyC 99), lo hizo en un contexto difícil. Murdock había entregado a sus hijos en adopción tras la muerte de su esposa, y ahora se le pedía que dejara todo para consagrar su vida a la obra misional. A simple vista, podría parecer una carga imposible: ¿cómo abandonar a la familia en circunstancias tan dolorosas? Sin embargo, en medio de esa prueba, el Señor dio la promesa que sostiene a todos Sus siervos: “Yo me haré cargo de tu familia”. Es un recordatorio tierno de que cuando ponemos al Señor en primer lugar, Él no olvida lo que más nos importa. Su mirada es más amplia y Su amor, más profundo que el nuestro.

De manera paralela, en Doctrina y Convenios 100, el Señor dirige Su palabra a José Smith y Sidney Rigdon, quienes estaban angustiados por haber dejado a sus familias en Kirtland mientras predicaban en otra región. La ansiedad natural de esposos y padres los acompañaba en su servicio. Pero el Señor los consoló: “Vuestras familias están bien; están en mis manos”. Esta declaración es profundamente reconfortante: las familias de los siervos de Dios nunca quedan desamparadas. Aunque el servicio en el Reino requiera sacrificio, el Señor asegura que Él mismo es el guardián de los seres amados de Sus siervos.

Además, el Señor añade un principio clave: la obra misional es acompañada por Su Espíritu. Promete a José y a Sidney que abriría sus bocas y llenaría de poder sus palabras para convencer a muchos. No se les exigía hacer la obra con sus propias fuerzas, sino con la ayuda divina. Así como Él cuidaba de sus familias, también los fortalecía en el campo misional.

La narrativa de estas secciones nos muestra un patrón eterno: cuando los hijos de Dios dejan lo que aman para servirle, el Señor multiplica sus esfuerzos, protege lo que ellos no pueden cuidar, y compensa con abundancia espiritual lo que en apariencia se sacrifica. El mensaje es claro: Dios se hace cargo de los suyos.


¿Qué mensaje tiene el Señor para ti en esas revelaciones?

El Señor me enseña que Él cuida de lo que yo no puedo cuidar cuando estoy en Su servicio. Muchas veces, al tratar de cumplir con mis responsabilidades espirituales, familiares o de la Iglesia, siento preocupación por lo que dejo de hacer o por las cosas que escapan a mi control. Sin embargo, el Señor me recuerda que mis seres queridos, mis necesidades y mis cargas están en Sus manos amorosas.

También me transmite que no estoy solo en el servicio: al igual que a José Smith y Sidney Rigdon, Él promete abrir mi boca, inspirar mis pensamientos y darme poder más allá de mis capacidades naturales. Mi deber es confiar, obedecer y seguir adelante con fe.

En resumen, el mensaje que recibo es:

  • Confía en mí. Yo cuidaré de tu familia.
  • No temas, porque Yo estoy contigo en la obra.
  • Lo que parece sacrificio se convertirá en bendición.

La historia de Manuel


Manuel había sentido en su corazón el deseo de servir como misionero. No era fácil tomar esa decisión: su madre estaba enferma y él era quien más la ayudaba en casa. Sus amigos le decían:
—¿Cómo vas a irte ahora? ¿Quién cuidará de tu madre?

Manuel también se lo preguntaba en sus oraciones. Una noche, mientras leía las escrituras, se encontró con las palabras del Señor a John Murdock: “Yo me haré cargo de tu familia”. Esa promesa le dio paz. Entendió que, si él ponía al Señor primero, Dios mismo velaría por su madre.

Con fe, Manuel aceptó su llamamiento. Partió con lágrimas en los ojos, pero con confianza en el Señor. Durante su servicio, muchas veces sintió debilidad y miedo de no saber qué decir. En una ocasión, al predicar en una reunión, recordó otra promesa del Señor: “Yo abriré tu boca y serás lleno de poder”. Y así ocurrió: las palabras fluyeron con claridad y tocaron el corazón de quienes escuchaban.

Meses después, Manuel recibió una carta de su hermana. Le contaba que, aunque su madre seguía delicada, siempre había alguien que llegaba en el momento justo a ayudar: un vecino que traía comida, un amigo que pasaba a visitarla, o un médico que aparecía en el momento necesario. Manuel sonrió al leer: el Señor realmente estaba cumpliendo Su promesa.

Al terminar su misión y regresar a casa, Manuel comprendió algo profundo: cuando servimos a Dios, no estamos perdiendo, sino ganando. El Señor cuida de lo que más amamos y multiplica lo que ofrecemos.

Esta historia refleja el mismo principio de DyC 99–100: Dios cuida de los suyos. Él guarda a nuestras familias y nos fortalece para servir más allá de nuestras propias capacidades.


Doctrina y Convenios 101:43–65
Seguir el consejo de Dios me ayuda a mantenerme a salvo.


El Señor, al hablar a los santos que sufrían persecución en Misuri, relató la parábola de la viña (DyC 101:43–65). En ella, un señor mandó a sus siervos a edificar una viña y les dio instrucciones muy claras: plantar, poner una torre y un resguardo. La torre representaba la protección y la seguridad que Dios quería darles. Sin embargo, los siervos se desanimaron, se llenaron de dudas y, en lugar de obedecer el consejo, comenzaron a murmurar y a cuestionar la necesidad de la torre. Finalmente no la construyeron, y por esa desobediencia la viña quedó desprotegida y fue destruida por los enemigos.

La enseñanza es directa: cuando ignoramos el consejo del Señor, nos exponemos al peligro espiritual y temporal. A veces Sus mandamientos o las indicaciones de Sus profetas parecen innecesarias o demasiado exigentes; sin embargo, son torres de resguardo que, aunque no comprendamos del todo, nos brindan seguridad contra las amenazas que Él ya ve venir.

Por el contrario, cuando seguimos Su consejo con fe, aunque nos parezca difícil o poco lógico, permanecemos a salvo. El Señor nos conoce mejor que nosotros mismos y entiende los peligros que aún no alcanzamos a ver. Obedecerle no es perder libertad, sino edificar muros y torres que resguardan nuestra paz, nuestra familia y nuestra fe.

Esta parábola también refleja una verdad consoladora: aunque los siervos erraron, el Señor no abandonó Su viña. Prometió que en el debido tiempo Él mismo lucharía por ella, reuniría a Sus siervos fieles y restauraría lo que se había perdido. Eso enseña que, incluso si hemos descuidado consejos divinos en el pasado, todavía hay esperanza de ser fortalecidos y protegidos si volvemos humildemente a Él.

En conclusión, el Señor me recuerda que mi seguridad espiritual depende de la obediencia humilde a Su consejo, incluso cuando no lo entienda del todo. Cada mandamiento es una torre en construcción para proteger mi vida y la de quienes amo.


Al leer esta parábola me doy cuenta de que me parezco mucho a los siervos de la viña. Ellos no eran personas malintencionadas, sino trabajadores que comenzaron con buena disposición, pero al pasar el tiempo se cansaron, dudaron y dejaron de seguir las instrucciones de su señor. A veces yo también me dejo llevar por la impaciencia, el cansancio o el razonamiento propio, y termino posponiendo o relativizando los mandamientos del Señor o el consejo de Sus profetas.

La semejanza está en que, igual que ellos, puedo caer en la tentación de pensar: “¿realmente es necesario hacer esto? ¿No hay un camino más fácil?”. Esa actitud me hace vulnerable, porque me expone a peligros espirituales que no alcanzo a ver, tal como la viña quedó sin torre y fue saqueada.

Para demostrarle a Dios que estoy “dispuesto a dejarme guiar de una manera recta y propia para mi salvación”, debo:

  • Confiar en Su consejo aun cuando no lo entienda del todo, recordando que la torre siempre tiene un propósito aunque yo no lo vea en el momento.
  • Obedecer con prontitud, sin dejar que las dudas o excusas apaguen mi fe.
  • Buscar la guía del Espíritu diariamente mediante oración y estudio de las Escrituras, porque allí recibo instrucciones actuales para mi vida.
  • Seguir el consejo de Sus profetas y líderes inspirados, viéndolos como instrumentos para mostrarme el camino seguro.
  • Practicar la humildad, reconociendo que el Señor sabe más que yo y que la verdadera libertad está en dejarme guiar.

En otras palabras, demuestro mi disposición al confiar, obedecer y actuar con fe, construyendo las torres espirituales que Él me manda levantar, aun cuando no sepa qué peligros están más adelante.

Versículos Contenido de la parábola Principio doctrinal Aplicación personal
43–46 El Señor de la viña manda a sus siervos plantar y construir una torre de resguardo. Dios da instrucciones claras para nuestra protección espiritual. El Señor me enseña qué debo hacer para estar a salvo, aunque no siempre entienda el propósito.
47–51 Los siervos dudan, murmuran y deciden no construir la torre. Cuando desobedezco o relativizo los mandamientos, me expongo al peligro. A veces pospongo lo que sé que debo hacer y eso me debilita espiritualmente.
52–54 Enemigos aprovechan la falta de torre y destruyen la viña. Ignorar el consejo de Dios trae consecuencias inevitables. El pecado, la pereza o la falta de fe abren brechas en mi vida por donde entra el enemigo.
55–58 El Señor se lamenta de la desobediencia de sus siervos. Dios respeta mi albedrío, pero me advierte del dolor que causa apartarse de Su consejo. El Señor me invita a reflexionar sobre las consecuencias de mis decisiones.
59–65 El Señor promete volver, reunir a siervos fieles y restaurar la viña. Aunque haya errores, Dios ofrece redención y nueva oportunidad si me vuelvo a Él. Puedo arrepentirme y reconstruir lo que descuidé, confiando en que Cristo me fortalece y me salva.

Cada mandamiento es como una torre que el Señor me pide construir. Si la obedezco con fe, estaré protegido; si la descuido, me arriesgo a perder lo más valioso.


— Un análisis de Doctrina y Convenios Sección — 9899100101

— Dándole Sentido a Doctrina y Convenios — 9899100101

— Discusiones sobre Doctrina y Convenios “Os probaré en todas las cosas.”
Doctrina y Convenios 98–100

El Gran Diseño de la Redención para los Vivos y los Muertos  Jennifer C. Lane

Parábolas Reveladoras: Un Llamado a la Acción dentro de Doctrina y Convenios
Amy Easton-Flake

“Probados como Abraham” Kevin L. Tolley

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