Acercarse más a Dios en tiempos de cambio

La hermana Kristin M. Yee enseña que los desafíos, cambios y momentos de incertidumbre pueden acercarnos más a Dios cuando decidimos confiar en Él y permanecer fieles a nuestros convenios. Utilizando ejemplos de las Escrituras, como Nefi construyendo el barco y los hijos de Israel recibiendo el maná diario, junto con experiencias personales sobre plantas trasplantadas, la autora explica que el Señor permite períodos de crecimiento y adaptación para fortalecer nuestra fe, nuestras raíces espirituales y nuestra dependencia de Él. El mensaje central destaca que Dios no está tan interesado en nuestra comodidad como en nuestra transformación espiritual y que, al buscar revelación diaria, guardar convenios y aferrarnos a Jesucristo, podemos encontrar paz, estabilidad y fortaleza aun en medio de las pruebas y los cambios de la vida.


Mujeres del convenio

Acercarse más a Dios en tiempos de cambio

Por la hermana Kristin M. Yee
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro
Liahona Junio 2023

Nuestros desafíos y momentos de “trasplantes” pueden ayudarnos a acercarnos más a Dios.


Hermana Kristin M. Yee

Como mujeres y hombres que guardan los convenios, es probable que estén experimentando o experimentarán desafíos que nunca antes han experimentado. Si es así, continúen y perseveren un poco más. No huyan de lo difícil; más bien, apóyense en el Señor. Aférrense a Él y a Su amor. Aférrense a las promesas de Sus convenios. Él los ama. Debido a que Él los ama, nunca perderá una oportunidad para amarlos y bendecirlos, ni perderá la oportunidad de ayudarlos a crecer.

Afortunadamente, tenemos la bendición de asociarnos con el Señor mediante nuestra relación por convenio con Él y de deliberar en consejo con Él “en todos [nuestros] hechos” (Alma 37:37). Podemos elegir confiarle nuestra vida cada día y recibir Su paz prometida y “Su poder sanador y fortalecedor” a medida que vivimos nuestros convenios.

Dios puede hacer mucho con un corazón bien dispuesto

A Nefi se le mandó hacer muchas cosas que nunca antes había hecho. Entre esas cosas, a Nefi se le mandó construir un barco. Nefi escribió:

“Y labramos maderos con maestría singular. Y el Señor me mostraba de cuando en cuando la forma en que debía yo trabajar los maderos del barco.

Ahora bien, yo, Nefi, no labré los maderos en la forma aprendida por los hombres, ni construí el barco según la manera del hombre, sino que lo hice según el modo que me había mostrado el Señor” ( 1 Nefi 18:1–2; cursiva agregada).

Su vida, sus esfuerzos y prioridades serán diferentes a los del mundo a medida que guarden sus convenios, busquen revelación y “labren maderos con maestría singular” en su propia vida. Ciertamente, los caminos de Dios no son nuestros caminos (véase Isaías 55:9).

El Señor no está mirando su currículum tanto como su corazón. Él puede hacer mucho con un corazón bien dispuesto (véase Doctrina y Convenios 64:34). Y de aparentemente “cosas pequeñas”, como un corazón bien dispuesto, pueden proceder cosas “grandes” (Doctrina y Convenios 64:33).

Cultiven su relación con Él

Aunque los hijos de Israel anduvieron errantes durante cuarenta años, Dios no proveyó un suministro inicial de maná para cuarenta años, ni tampoco para un año o una semana, sino que les dio lo que necesitaban diariamente. Su porción diaria les suministró no solo el alimento temporal esencial, sino también el alimento espiritual, ya que los llevó a confiar en Dios para lo que necesitaban cada día.

Creo que el Señor está más interesado en establecer una relación con ustedes y conmigo que en nuestra comodidad, sabiendo lo que está por venir.

Él ha prometido Su poder, perspectiva y paz a medida que damos prioridad a nuestros convenios y al tiempo que pasamos con Él: en oración personal, estudiando Su palabra, arrepintiéndonos a menudo, ministrando en Su nombre, participando en Su obra de sanación de historia familiar y adorando en Su casa, la Casa del Señor.

He aprendido que tener fe, incluso una gran fe, no excluye que veamos nuestras debilidades y oportunidades para cambiar. De hecho, cuanto más nos acercamos a Cristo y llegamos a ser más como Él, más “vemos”, por medio del Espíritu, las cosas que necesitamos cambiar.

La confianza y el amor crecen al volvernos a Él en humildad y en nuestra debilidad.

Aumentar nuestra fe en Cristo aumenta nuestra paz en Cristo.

El Señor, nuestro Redentor, ha dicho: “Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis” (Doctrina y Convenios 6:36).

Miren hacia Aquel que los ve, Aquel que conoce su corazón. Ustedes no están solos. Todo el cielo está con ustedes a medida que procuran hacer Su voluntad y hacer el bien. Caminen con su Señor y Dios, porque Él está con ustedes y se allega a ustedes, y desea que ustedes se alleguen a Él (véase Jacob 6:5) .

Escoger la fe cuando somos “trasplantados”

El verano pasado planté en mi huerto unas plantas de tomates; catorce, para ser exacta. Las planté en un momento en el que normalmente no se planta en un huerto, a mediados de julio, en el calor del verano.

Saqué esas plantitas de sus pequeños recipientes provisionales y las coloqué en un terreno amplio y profundo. Como la mayoría de las plantas que se trasplantan, al principio se veían un poco tristes y se inclinaban hacia un lado. Probablemente ellas dijeron: “¿Por qué me sacaste de mi recipiente cómodo y familiar y me pusiste en este suelo nuevo y desconocido con plantas que ni siquiera conozco?”.

Cuidé especialmente de esas plantitas, ¿y adivinen qué pasó con el tiempo? Esas tiernas plantitas comenzaron a echar raíz, a fortalecerse y a crecer (véase Alma 32:37). ¡Y lo que era un pequeño grupo de frágiles plantas de tomate se convirtió en una jungla de tomates carnosos!

Cuando se nos trasplanta a nuevos lugares, con nuevas experiencias, personas y relaciones, nos toma un poco de tiempo aclimatarnos y, en algunos casos, entender por qué estamos allí. Pero a medida que confiemos en el Señor, escuchemos Su guía y estemos atentos a Su maná día a día, Él caminará con nosotros, nos enseñará y nos ayudará a llevar nuestras cargas. Él nutrirá y fortalecerá nuestras raíces en el calor del día.

Imagínense si estas plantas nunca hubieran sido trasplantadas de sus recipientes originales. Su desarrollo se habría atrofiado y habrían sido más vulnerables al estrés y a las enfermedades.

Aférrense a las constantes eternas

Aunque el crecimiento y el cambio son partes esenciales de nuestro progreso y de lo que por convenio nos hemos comprometido a hacer, afortunadamente hay algunas constantes en nuestra vida que nos son familiares y nos dan equilibrio y estabilidad en tiempos de cambio. Esas constantes eternas son nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador Jesucristo: Su amor perfecto por ustedes, Su plena percepción de ustedes, Su poder y Sus promesas por convenio (véase Isaías 54:10).

A estas constantes es a lo que nos aferramos a medida que el mundo cambia y se desplaza, y cuando se presentan en nuestra vida la angustia y la incertidumbre. El poder y el amor de Dios pueden prevalecer en nuestra vida si escogemos confiar en Él y si guardamos nuestros convenios con todo nuestro corazón.

Puedo decir con certeza que nuestra verdadera estabilidad la encontramos en nuestro Salvador, Jesucristo. Dios es invariable, omnipotente y amoroso.

Al confiar en Dios y poner nuestra relación por convenio con Él en primer lugar, todas las oportunidades y los desafíos que se nos presenten obrarán juntamente para nuestro bien (véanse Doctrina y Convenios 122:7Romanos 8:28). Miraremos atrás en nuestra vida y lo alabaremos por Su bondad para con nosotros.

No hay un plan B para aquellos que guardan sus convenios. No es una cuestión de “si” recibiremos las bendiciones prometidas del Señor, sino de “cuándo” las recibiremos, según la sabiduría y el tiempo del Señor, a medida que nos esforzamos por seguirlo. El presidente D. Todd Christofferson, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, enseñó: “Nadie está predestinado a recibir menos que todo lo que el Padre tiene para Sus hijos”.

Sé que nuestro Padre Celestial los ama y desea bendecirlos con todo lo que Él tiene (véase Lucas 12:32). Él envió a Su Hijo, Jesucristo, para mostrarnos el camino y sufrir y morir por nuestros pecados, a fin de que podamos ser socorridos en nuestras necesidades y participemos de Su mayor don: la vida eterna con aquellos a quienes amamos.

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